Reportajes

Roldán: peripecias de gira por un lugar llamado mundo

La nueva esperanza del post-rock psicodélico español nos cuenta anécdotas de sus días de conciertos

Juan Carlos Roldán, líder de la banda Roldán, nos explica lo que le puede ocurrir un día normal antes de un concierto, todo tipo de peripecias que incluyen accidentes, encuentros fantásticos, detalles de ciencia-ficción, bebida y chicas guapas.

Roldán no tiene nada que ver con Luis Roldán, el infame ex director general de la Guardia Civil, prófugo de la justicia y convicto. Roldán, en cambio, lo tiene que ver todo con su artífice, Juan Carlos Roldán, un músico de registros variados y ambiciones grandes que comenzó a urdir su proyecto sonoro en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca hace años y que ahora mismo lo tiene situado en ese punto en el que las cosas empiezan a evolucionar de manera adecuada y satisfactoria. De momento tiene publicado un álbum, “El Cantar” (AA Records, 2009) y este verano ha dado a conocer un nuevo EP, vía Repetidor Disc, titulado “Te Tenemos Muy Cerca”: son cuatro canciones en las que Roldán experimenta con diferentes estilos y los amalgama en un resultado sorprendente y variopinto, con elementos de hip hop, psicodelia rock, percusión tribal y melodías pop irresistibles, algo que viene a ser muy parecido a una interpretación 2012 de la idea primigenia del post-rock que se hacía en Chicago a mediados de los años 90.

Roldán estará actuando en San Miguel Primavera Club: será dentro del marco del showcase de Repetidor Disc (con Alado Sincera y Ghandi Rules OK) en el Mercat de les Flors de Barcelona, en la sala PB. Ahí podrás ver cómo este hombre-orquesta, acompañado de su banda, dinamita todos los géneros que conoces en una mezcla nueva y estimulante. Tanto como su imaginación: así nos cuenta Juan Carlos Roldán cómo es un día antes de un concierto. Advertencia: muy normal no es.

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Gira Pársec

Aquel día íbamos a dar un concierto de Roldán en una sala de conciertos. Antes tenía unos recados que hacer. Mis padres me habían enviado un paquete con viandas y cosas útiles a través de unos amigos suyos que vivían a las afueras de la ciudad.

Me entretuve con la televisión después de desayunar. En las noticias hablaban de un nuevo logro científico relacionado con el universo cuántico y la teoría de cuerdas que estaban aplicando experimentalmente a un niño para curarle una enfermedad muy rara que padecía. Se veía al niño rodeado de científicos con batas blancas y un hombre vestido de chándal que debía ser su padre. El niño en un momento estaba tranquilo en medio de la sala, y seguidamente se dirigía corriendo hacia su padre gritando “¡Pársec, pársec!” Ocurría entonces que el niño se multiplicaba sobre su propio espacio, esparciendo decenas de copias de sí mismo por la sala, cada una haciendo una cosa distinta, unos gritando y llorando, otros sentados en el suelo, otros corriendo alrededor de los científicos mientras reían…

Era tarde, así que apagué la tele y salí apresuradamente con el coche a acometer el encargo.

En el trayecto tuve que esquivar un animal, un anciano que cruzaba la ato-vía y un accidente de tráfico. Sólo una de las tres cosas fue cierta. El caso es que la cosa que de verdad se me cruzó al paso lo hizo dos veces en el mismo trayecto…

Al llegar a mi destino, los amigos de mis padres, que me esperaban en un bar bajo su casa, me ofrecían beber unas cervezas con ellos antes de subir para darme el paquete. Debíamos esperar a su hija, que venía de la autoescuela. Cuando ella al fin llegó, me fijé en que su mano sangraba abundantemente…

Al volver a casa, me equivoqué de salida y acabé sin querer en un camino agreste, fatal para los bajos de mi vehículo, un utilitario hecho para la ciudad (nada de furgonetas para las giras. A día de hoy este coche está minado a base de kilómetros y bifurcaciones como las de ese día).

El camino moría en una entrada de una finca. Paré a preguntar, la verja estaba entreabierta. Entré y avancé un poco por un sendero que cruzaba un jardín con setos. Al fondo había una maceta bastante grande con una planta ardiendo en su interior…

Di media vuelta y volví al coche. Después de muchas vueltas por caminos volví a la carretera. Luego entré en la ciudad a través de un barrio de fábricas abandonadas y chabolas. Paré un momento para orientarme otra vez. Me bajé del coche y me acerqué a una acequia que bordeaba la calle. Al darme la vuelta, mi coche estaba rodeado de chiquillos que jugaban con los instrumentos que causalmente tenía en la parte trasera del coche para el concierto. Al ir a ahuyentarlos, percibí que uno de ellos era nada menos que Freddy Mercury de joven…

Estaba muy desorientado. Me pidió que le acercara a su casa. En el trayecto me contó que le habían secuestrado, le habían contado no se qué de la Reina, y que después le habían metido en una taquilla de colegio. Eso era lo último que recordaba.

Mientras me contaba esto, me empecé a sentir raro. Cada vez que hablaba, sentía mi voz con un eco artificial. Freddy me miraba horrorizado de pronto. Paré el coche otra vez, y al salir me di cuenta de todo. Tenía varios brazos y piernas de más. Empecé a gritar “Pársec!, pársec!...”

Entonces me sentí mejor. Volví al coche y me encontré un manuscrito con las instrucciones precisas escritas por mí mismo para volver a hacer todo lo que hice esa mañana, pero bien…

Tras la siesta, conseguí reunir a mis músicos, llegar a tiempo a la prueba de sonido y dar un concierto correcto y sin mayor dificultad. Esa noche estuvo bien. Hubo amigos, cena, bebida, alguno hasta ligó. No hubo mucho festejo, pues el músico, a pesar de lo que se cree, tiene que recoger por la noche y casi siempre se pierde la fiesta después de tocar, pero ¿qué más quieres? ¿Eh? ¿Te apetece un agua o algo?

Muchos besos.

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