Reportajes

Rafael Correa: ¿un modernizador a un coste demasiado alto?

El carismático presidente ecuatoriano se despide después de 10 años en los que Ecuador ha pasado a ser un país que ha cambiado por completo. Un país moderno y menos desigual, pero que, al mismo tiempo ha perdido en libertades individuales, según los críticos

“Un modernizador 4x4”. Así es como define el periodista José Hernández al saliente presidente de Ecuador, Rafael Correa. Modernizador porque, en 10 años de sus mandatos, el país ha dejado de ser un rincón insignificante y empobrecido de Latinoamérica para convertirse en una pequeña república orgullosa de su nombre, con infraestructuras y sistemas públicos de salud y educación que envidian todos sus vecinos. Pero también 4x4 porque, a lo largo de esta década, para sus críticos, Correa se ha llevado por delante lo que hiciera falta para ejecutar su programa político, dejando al país en una grave crisis institucional.

Mañana se celebran las primeras elecciones en las que el presidente no competirá por el sillón del Palacio de Carondelet en Quito. Lo hará en su lugar Lenín Moreno, que se enfrenta a una oposición dividida pero que sueña, al menos, con no ser vapuleada por el carisma y la popularidad de un líder Correa— que en 10 años ha transformado Ecuador, para bien, según él y los suyos; para mal, según todos sus enemigos.

Sonrisa ancha, determinación implacable

En un país que siempre había sido gobernado como una hacienda, con patrones arriba y súbditos sin derechos abajo, hundido económicamente por los bancos desde 1999, un joven ministro de Economía y profesor universitario, educado en Bélgica y en Estados Unidos —pero de clase media—, con la sonrisa ancha pero con una determinación implacable, se propuso revolucionar el país desde el progresismo. El hartazgo por lo de antes, sumado a la ilusión que generó, le dieron un apoyo arrollador, tanto desde la derecha, como desde la izquierda. Ganó.

Ya en el poder, sus ideas de cambio quedaron plasmadas en una nueva Constitución, redactada en 2008. El texto proclamaba los principios que acercaban a la pequeña república al ideal de las democracias del Norte de Europa.

La Economía del Buen Vivir — tomada como ejemplo mundial de postcapitalismo y de respeto al medio ambiente— y la Revolución Ciudadana perseguían un modelo de economía mixta, socialista, redistributiva, igualitaria y sostenible y, al mismo tiempo, respetuosa con el emprendimiento, la propiedad privada, la innovación y el crecimiento: Correa no era tan malo como Chávez, ni tan flojo como Bachelet.

La Revolución Ciudadana perseguía un modelo de economía mixta, socialista, redistributiva e igualitaria y, al mismo tiempo, respetuosa con el emprendimiento, la propiedad privada, la innovación y el crecimiento: Correa no era tan malo como Chávez, ni tan flojo como Bachelet.

Lo primero que hizo fue cortar lazos con las instituciones financieras globales que habían tutelado al país, como el FMI. Acometió una profunda reestructuración de la deuda pública, que en 2009 pasó a ser del 17% del PIB (cuando venía de un 28% en el momento en que asumió el poder).

También endureció la fiscalidad a las grandes empresas, sobre todo renegociando los márgenes de las petroleras, dejando al Estado en una posición más ventajosa. Esto, junto a los elevados precios del crudo, generó unos ingresos que le permitieron acometer grandes obras públicas, reflejadas en autopistas, hospitales y escuelas de primer nivel.

Desde que Correa es presidente, unos dos millones de personas han salido de la pobreza en Ecuador. La pobreza extrema pasó de un 16,9% de la población en 2006, a un 8,7% en la actualidad.

Petropopulismo

Todo lo anterior, sin embargo tiene también otra lectura. El veterano periodista colombiano José Hernández, con dos décadas de experiencia al frente del los principales medios privados del país, dice:

“Ecuador ha recibido en esta década unos ingresos de entre 250.000 y 280.000 millones de dólares por los altos precios del petróleo. Tenía que haber algo tangible. La pregunta es, ¿cuánta más inversión social podría haberse hecho? Nunca hemos visto la factura completa. Es una tendencia que se ha replicado en todos los países del entorno por la locura del precio de las commodities. No se puede considerar un mérito especial de Correa. Más bien, con las obras públicas solo afianzó una clientela electoral”.

Por otro lado, la deuda solo ha cambiado de manos. Antes eran el FMI y el Banco Mundial, ahora es China. El país tenía una deuda de 11.000 millones cuando entró Correa. La reestructuró pero, con la caída de los precios del petróleo, la ha dejado en 50.000 millones, lo que es alrededor del 36% del PIB, casi un 10% más de lo que tenía cuando llegó”, continúa Hernández.

Ecuador ha recibido en esta década unos ingresos de entre 250.000 y 280.000 millones de dólares por los altos precios del petróleo. Tenía que haber algo tangible. La pregunta es, ¿cuánta más inversión social podría haberse hecho? Nunca hemos visto la factura completa —José Hernández, periodista

Según el periodista, todo esto se debe a la excesiva dependencia del petróleo que han tenido los gobiernos de Correa. La Constitución prometía un cambio en la matriz productiva que implicase el desarrollo de otros sectores económicos más estables y sostenibles en el largo plazo. Pero parece que todos los intentos se han quedado en eso: “Este y muchos otros puntos de la Constitución se han quedado en promesas. Las nacientes industrias nacionales de software o de medicamentos, incluso la exportación de bienes como el banano, el café o el cacao son prácticamente insignificantes”, dice Hernández.

No lo ve así, sin embargo, Fernando Cornejo, actual viceministro de Salud y que estuvo al frente de los proyectos de Ciencia y Tecnología del Gobierno: “Es evidente que la matriz productiva no puede cambiar de la noche a la mañana. Pero hemos sentado las bases para ello, con las infraestructuras necesarias. Ahora tenemos autonomía energética, exportamos energía; somos el país de la región que más ha invertido en innovación, hemos enviado a 20.000 becarios a las mejores universidades del mundo para que luego regresen al país... El cambio es real”.

Pero, nuevamente, sobre algunos de estos proyectos pesa la sombra de la corrupción. Por ejemplo, en Petroecuador, la empresa pública de hidrocarburos, hay 24 procesos abiertos, entre ellos, varios por licitaciones dudosas. Cornejo defiende que el Gobierno ha sido el primero en perseguir a los corruptos y que el sistema de Justicia ha actuado con contundencia contra ellos.

Por su parte, Esteban Ortiz, académico de izquierdas, exfuncionario y simpatizante del movimiento de Correa, apunta a que la corrupción ha frenado muchos proyectos públicos prometedores, como era la empresa de medicamentos públicos Enfarma EP en la que trabajó.

“La instutucionalidad mejoró mucho, hubo un cambio de 180 grados pero es cierto que, cuando hubo dinero, parte la burocracia estatal vivió por encima de sus posibilidades, que hemos tenido consultorías y asesorías innecesarias y que ha habido proyectos interesantes que han terminado frenándose. Los grandes corruptos están fuera del país”, dice Ortiz.

Medioambiente y movimientos sociales

Otro de los aspectos críticos de esta década ha sido la explotación minera y petrolera en territorios naturales con presencia indígena. El caso más sonado fue el del Yasuní-ITT, una reserva natural del pleistoceno en la selva amazónica que alojaba a comunidades milenarias como los tagaeri y los taromenane. El Gobierno lanzó una innovadora iniciativa en la que pedía responsabilidad compartida al mundo para conservar ese espacio. A cambio, como se trataba de un país en desarrollo, el mundo debería ayudar a Ecuador compensándole económicamente por los 900 millones de barriles de petróleo que dejaría bajo el suelo de aquella región selvática.

El proyecto no funcionó y el Gobierno mandó las perforadoras al Yasuní. Correa defendió que los hospitales no podían esperar y que el dinero era necesario. Desde antes, por polémicas parecidas, el movimento indígena se ha dividido en el apoyo y la lucha contra Correa. Carlos Andrés Vera, activista, cineasta y ecologista, señala: “Prometió mantener la frontera extractivista lejos, prometió consultar a las comunidades... Lo que ahora tenemos son a 300 activistas indígenas juzgados por terrorismo y al menos 3 dirigentes condenados a prisión”.

Vera cree que, con la excusa de salir de la miseria, “se han atropellado derechos”, y que “se ha dividido al movimiento indígena después de décadas de trabajo por la unidad”. “Los movimientos sociales están fracturados: tienes a los del Gobierno y tienes a los que van en contra, cuando siempre debieron mantenerse independientes”, apostilla.

Los movimientos sociales están fracturados: tienes a los del Gobierno y tienes a los que van en contra, cuando siempre debieron mantenerse independientes —Carlos Vera, cineasta y activista

En el terreno de las libertades individuales, sus críticos, sobre todo por la izquierda, han denunciado a Correa por un pensamiento contrario a la igualdad de género, a los plenos derechos LGBTI o a la despenalización del aborto. “Correa destituyó a una ministra de Salud con ideas muy innovadoras para incorporar a una que desarrolló el Plan Familia, que es completamente reaccionario y que recupera las políticas sociales de gobiernos anteriores”.

Cornejo, el viceministro, reconoce que queda todavía por avanzar en este campo, pero destaca que Ecuador ha sido uno de los países que más terreno ha conquistado en estos aspectos: “ En los organismos públicos la paridad e igualdad de género es una norma. Hay ministras mujeres, asambleístas... Esto sería impensable hace 10 años. Las uniones de hecho reconocen los derechos de las personas homosexuales y, sobre el aborto, el presidente solo se ha mantenido alineado con lo que dice la Constitución, que es el respeto a la vida desde su concepción”.

En la misma línea, el sociólogo e investigador Andrés Groner apunta a que "estos derechos ya tienen instituciones que los defiendan" y que, en todo caso, es necesaria una ingente tarea de comunicación para promover un cambio cultural.

Vera, el cineasta, asegura que, por el contexto de la sociedad ecuatoriana, cualquier avance ambicioso en este campo no hubiese sido posible, ni siquiera aunque Correa hubiese tenido la determinación: “Si se despenaliza el aborto en Ecuador habría una revolución a lo largo y ancho del país. Somos una sociedad curuchupa (refiriéndose a conservadora) y es la sociedad quien tiene que abrir esas ventanas”.

¿Líder progresista o acaparador de poder?

A pesar de esto, lo que es indudable es que Correa se ha ganado la fama de líder progresista mundial moderado. “Es un referente para la izquierda de la región, un líder de los que aparece cada 100 años que ha orientado de manera firme un cambio radical en este país”, asegura.

Ortiz, el académico, dice en la misma línea: “ 10 años después, Ecuador es otro. Tenemos una buena educación, un buen sistema sanitario universal, servicios, infraestructuras y un desarrollo incipiente de sectores que nos harán dejar atrás la dependencia petrolera”.

Los partidarios de Correa señalan que la oposición, normalmente dominada por oligarquías, no es capaz de reconocer unos méritos que no solo vienen por el superávit del petróleo: “Es cierto que ha habido muchos ingresos, pero los gobiernos de Correa han priorizado como nunca la inversión social y la redistribución de la riqueza. No hay ninguna evidencia de despilfarro, sino lo contrario. Por primera vez hemos tenido a un presidente que ha puesto a los más desfavorecidos por delante, algo que nunca hicieron los gobiernos neoliberales”.

A esto, Groner, el sociólogo, añade: "Siempre dirán que se pudo haber hecho mejor, pero quienes critican el gasto social, cuando tuvieron el poder, lo único que hicieron fue quebrar al país".

Hernández, que ahora dirige el blog 4 pelagatos (en alusión a las palabras que el presidente ha usado para atacar a la prensa crítica con él), dice que esa imagen solo la ha construido “un aparato de propaganda masivo y por la connivencia y el interés otros líderes de la izquierda mundial”.

Los gobiernos de Correa han priorizado como nunca la inversión social y la redistribución de la riqueza. No hay ninguna evidencia de despilfarro, si no lo contrario. Por primera vez hemos tenido a un presidente que ha puesto a los más desfavorecidos por delante, algo que nunca hicieron los gobiernos neoliberales —Fernando Cornejo, viceministro de Salud

Sus ataques a la prensa también han suscitado la preocupación fuera de las fronteras ecuatorianas, desde instituciones como la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) hasta ONG como Human Rights Watch. Todas sus conquistas, además, han tenido un alto precio, para sus críticos, para la vida política y para las instituciones del país. “Correa no ha tenido ningún miedo en teorizar con la democracia para conseguir lo que quería”, dice Hernández.

En 2011, legitimado por una consulta popular, Correa asumió más poder, aprobó una ley de Comunicación que controlaba más a los medios y reformó la Justicia. Los críticos apuntaron a la ruptura de la independencia del sistema judicial y denunciaron la intromisión del Ejecutivo en todas las instituciones. “Hay edificios bonitos y la justicia es más ágil. ¿Pero de qué sirve todo eso si ya no es independiente?”, se pregunta Hernández.

Vera, el cineasta, añade: “No se puede valorar toda la obra pública y social sin pensar en 10 años de amasamiento de poder, donde el Ejecutivo se ha metido en todo. La Justicia, el Consejo Nacional Electoral... Nada es independiente. Yéndonos a un ejemplo extremo, podríamos decir que Corea del Norte tiene una obra pública increíble, pero no hay libertad. En Ecuador tenemos hospitales y autopistas, pero hemos perdido el Estado de Derecho”.

Cornejo se defiende y dice que todo esto es “una construcción mediática de quienes perdieron el control de las Cortes”. “Existe plena división de poderes en Ecuador y tenemos instituciones más estables y fuertes que nunca. Veníamos de un país desintegrado”, añade. En este aspecto, ´por ejemplo, Correa sobrevivió a un intento de Golpe de Estado en 2010 y acometió una fuerte reforma de las fuerzas de seguridad. "Ahora están al servicio de la ciudadanía", apostilla Ortiz, el académico.

El propio Correa, saliendo al paso de todas las críticas, definió su legado así, en una reciente comparecencia: "Todos se han beneficiado en la década ganada, los trabajadores más que duplicaron sus salarios, los empresarios triplicaron sus ganancias, nuestros campos y ciudades mejoraron sensiblemente". Nuevamente, ¿a qué precio? ¿Será la "década ganada" sostenible en el tiempo?

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