Reportajes

Primavera Club 2009

9 ? 13 Diciembre, Barcelona

Primavera Club 2009Corriendo de una sala a otra por las calles del Gótico barcelonés con la esperanza de no encontrar el aforo completo (algo que sucedió en más de una ocasión) me vienen a la mente imágenes y sonidos lejanos de aquellos BAMs en que Belle and Sebastian, Tindersticks, Lambchop, Billy Bragg, Piano Magic y muchos otros actuaban gratis y al aire libre en lo que constituía un auténtico maratón musical (y también pedestre) por una Barcelona de fiesta mayor. Muchos años más tarde recorro las mismas calles con la misma prisa para ver a grupos mucho menores (y también para calmar el frío) con una pulsera que acredita que ya he pagado por algo que quizás no llegue a ver. Estos son los pases que pudimos presenciar:

The Pastels (Miércoles, Apolo) Con la débil excusa de la presentación de “Two Sunsets” (Geographic / Domino, 09) el nuevo disco de los escoceses The Pastels (junto a los japoneses Tenniscoats) tras ¡¡12 años!! de autismo –si no contamos la banda sonora de “The Last Great Wilderness” (Geographic / Domino, 03)–, Stephen Pastel (voz y guitarra) y Katrina Mitchell (batería y voz) acompañados por Gerard Love ( Teenage Fanclub) al bajo y por otro (prescindible) guitarra además de flauta y trompeta se presentaron en Barcelona dispuestos a demostrar que durante este tiempo habían ensayado lo suficiente para hacer olvidar su desastroso papel el día de apertura de la primera edición (1995) del Festival Independiente (antes de que la denominación pasara a “Internacional”) de Benicassim. Poco más ofrecieron los de Glasgow. Abusaron de los instrumentales (aunque “Slowly” tiene madera de gran canción), aunque eso casi sea un consuelo ante un grupo con los cantantes más desganados de la historia, y dejaron pasar el tiempo mientras sonaban perlas de sus grandes discos de los noventa y hasta un par ( “Nothing To Be Done” y “Baby Honey”) de los ochenta.

The Black Heart Procession (Miércoles, Apolo) Empezó Pall Jenkins el concierto sentado y manipulando la sierra acompañado de teclado y violín. La noche se presentaba amenazadoramente tranquila hasta que se completó la formación con bajo y batería que dieron un toque mucho más sofisticado (y contundente) a una banda de honda tradición cortavenas. También ayudaron los temas del reciente “Six” (Temporary Residence, 09), que han llevado a Jenkins del rock torturado hacia unos artefactos con groove y cierto regusto nuevaolero ( “Rats”), siguiendo la tradición de Greg Dulli ( The Afghan Whigs) o más allá, el gusto por las baladas de Nick Cave (una “Drugs” jocosamente presentada). En todo caso, nos alegramos de que por fin entre el sol en casa de The Black Heart Procession.

HEALTH (Miércoles, Apolo) La guinda de la noche ha de ser breve por definición. Más aún si lo que recetan HEALTH es un pildorazo sónico directo a la espinilla: patadón y a correr. Los redobles continuos de BJ Miller, apoyado ocasionalmente por Jupiter Keyes (bajo cuando no le da por los timbales) elevan una tensión que John Famiglietti (que casi toca más su melena que su guitarra) esparce por el suelo y que Jake Duzsik endulza con su vocecilla de desubicado chiquillo emo (y sus más que correctas presentaciones en castellano). Apenas veinticinco minutos de pura agresión sin demasiado discurso, pero con total efectividad. ¿Pá qué más?

Me and the Bees (Jueves, Monasterio) Reconvertidas en apenas unas horas de dúo a quinteto con la adición de Carlotto ( Half Foot Outside) a la guitarra y Rubén ( Tokyo Sex Destruction, It’s Not Not) al contrabajo las barcelonesas Eli (guitarra) y Esther (voz) practican un folk-pop de raíz americana ( Mazzy Star, Luna…) en el que destaca la combinación de guitarra acústica (Eli) y eléctrica (Carlotto) y, sobre todo, la voz de Esther, frágil y fuerte a la vez. Todo se emborrona cuando Eli cambia a la eléctrica, pero su frescura (aunque sería bueno evitar las dudas y bromas privadas entre tema y tema) y desparpajo les da hasta para regalar una copa al que acierta la versión de cierre ( “Strange” de Galaxie 500) ¡¡sin dejar de cantar!!

Jeffrey Lewis (Jueves, Monasterio) Sólo por el bonito gesto de complicidad de empezar su set con la misma versión con que acabaron Me and The Bees ya nos ganó a todos, pero además Jeffrey Lewis, con su peinado imposible y una guitarra acústica que parece que se aguanta a base de pegatinas y suena como una eléctrica, se mostró sobre el breve escenario del Monasterio ( “caerme de este escenario sería mi consagración como estrella del rock” sentenció a menos de un palmo de altura) como un Jonathan Richman con acné: superdotado con las melodías y negado con los idiomas. Alternando canciones con proyecciones de sus cómics musicadas en directo (especialmente irreverente la versión de “Sifting” de Nirvana con un Kurt Cobain que se mea en la cama) el de Nueva York demostró que la proximidad es una de sus mejores armas al no poder estar tan redondo al día siguiente en el Apolo.

Beach House (Jueves, Sidecar) Sin ninguna duda el ambiente claustrofóbico y humeante del minúsculo Sidecar es ideal para una banda como Beach House. Pese a presentar multitud de nuevos temas contenidos en el inminente (enero 2010) “Teen Dream” (Sub Pop) en ningún momento se perdió la comunión del público con Alex Scally y una enérgica Victoria Legrand. Su gusto por la saturación, al límite del ruido, pero flirteando con la distorsión (salvo cuando sus numerosos problemas con los monitores les hacían descontrolar) potencia un sonido reconocible en el que las melodías que diferencian las canciones (enorme “Gila”, brillante el nuevo single “Norway”) son juguetes para que la Legrand se luzca con su sinuosa voz.

Zs (Jueves, Jamboree) El trío neoyorquino Zs presenta en esta gira la reciente incorporación de Ammon Friedlin a la guitarra, pero ello no socava su monolítica contundencia. Con tan sólo dos extensos temas en treinta minutos (frenético el primero, más peligrosamente contenido el segundo) el combo de acelerado post-jazz-rock (por decir algo) demuestran una conjunción estratosférica (más cercana al jazz que al rock, por supuesto) y una capacidad de ejecución que la dimensión de la sala y el escaso público permite observar (disfrutar) en toda su extensión. Un set refrescante, una reconciliación con una vanguardia desgraciadamente ausente de los escenarios barceloneses, aunque, comprensiblemente, no del gusto de todos los públicos.

Tara Jane O’Neil (Viernes, Bikini) El largo periplo en transporte público hasta la sala Bikini (muy alejada del resto de las salas del festival) era un serio inconveniente que obligó a escoger muy bien los conciertos a seguir en esa sala. Quizás por eso la platea era un auténtico desierto cuando la de Chicago (aunque afincada en Portland) salió al escenario acompañada de batería, violín y bajo. Ajena a la escasa respuesta del público y en consonancia con su último disco en K Records “A Ways Away”, la O’Neil insistió en dar un barniz eléctrico a sus temas llevando el peso de las canciones con su guitarra, incluso improvisando ante unos músicos quizás no debidamente advertidos. Pese a rebuscar en lo más añejo de su repertorio con nueva versión de “Howl” (de “You Sound, Reflect”, –Quarterstick, 04–) incluida en “A Ways Away” y dejando “Dig in” como bello final con panderetas y cascabeles repartidos entre el público, este es uno de esos conciertos que merecían un escenario más propenso a la intimidad.

A Place to Bury Strangers (Viernes, Bikini) Si has sido fan de Jesus and Mary Chain y nunca has podido verlos en directo, A Place to Bury Strangers son tu grupo. Formato trío, ruido ensordecedor bajo el que el rock’n’roll primigenio (ecos de The Cramps y My Bloody Valentine) repta sepultado por la muralla de sonido, humo, luces bajas dirigidas al público; pero sin una sola melodía aprovechable en veinticinco minutos de concierto: otro de esos grupos que juegan la carta del “homenaje” (nada de medias tintas: del plagio) y que parece que no tiene nada propio que decir. De pronto, Oliver Ackermann deja su guitarra y se encarga personalmente de cegar los focos al fondo del escenario. En la oscuridad, se disparan las luces estroboscópicas y asistimos atónitos a unos buenos veinte minutos de orgía de acoples y maltrato de guitarras. Un espectáculo de puro ruido sin coartada intelectual, pero sin excesos tremendistas, ejecutada con una pulcritud y una profesionalidad que nos hace suspirar por una reconversión ruidista de estos tres chavalotes.

Retribution Gospel Choir (Viernes, Bikini) La vida debe de ser muy dura en Duluth, Minnessota. De aquel frío agujero minero huyó Bob Dylan, pero allí viven Low y los Retribution Gospel Choir de Alan Sparhawk que deben de ser los reyes de esos sábados por la noche en que sólo quieres cerveza fría, mujeres calientes y olvidar los problemas del curro (o del paro) con una buena banda de rock’n’roll que trace ese puente glorioso que une a Neil (Young) con Angus (Young). Sin pretensiones, pero con canciones; sin querer caerte bien (prácticamente no se dirigieron al público), pero con una conjunción a prueba de bomba (no dejaron de tocar “Poor Man’s Daughter” mientras Alan reponía una cuerda de su maltratada guitarra) el power trío más poderoso del festival arrasó repartiendo estopa sin dejar de ser cool. Mejor imposible.

The Ladybug Transistor (Viernes, La 2) Un largo desplazamiento en metro me permite asistir a los últimos minutos del pase de la banda de Gary Olson. Reforzados por Mark Monnone de los australianos Lucksmiths y con la magnética Julia Rydholm al bajo, la multitudinaria banda sonó pletórica en un escenario repleto y con un sonido brillantísimo que ni siquiera la incomodidad de una sala abarrotada pudo emborronar. Especial mención a la recta final de su concierto con “Today Knows”, “Three Days From Now” y la preciosa y adhesiva “Always on the Telephone”. Además, volvieron para un bis no previsto, por lo que aceptaron la petición de la primera fila: “Splendor in the Grass”. Insuperable.

School of Seven Bells (Viernes, Apolo) Ya en la sala grande, las hermanas (gemelas) Deheza, a quienes conocíamos por sus colaboraciones con Prefuse 73 decepcionaron al no poder trasladar al directo el electropop quebrado de “Alpinisms” (Ghostly International, 08) que podía convertirlas en una réplica femenina (y estadounidense) de Hot Chip. Quizás reparamos demasiado en sus estilismos imposibles, pero no pudimos ver sobre el escenario los guiños noventeros a lo Wendy & Lisa (es decir, “soy hippie, pero moderna”) que pueblan su LP. Su estatismo y la eterna problemática con la sonorización de los instrumentos sintéticos (todas sus bases están programadas) les restó la brillantez que su repertorio merece.

Port O’Brien (Domingo, Apolo) Aunque “Threadbare” (TBD, 09) sea bastante más soso que “All We Could Do Was Sing” (City Slang, 07) en él se esconden joyas como “My Will is Good” o “Sour Milk Salt Water” que sobre el escenario del Apolo supieron a gloria bendita. Tras reformar ampliamente su banda de directo (más centrada que la que le acompañó en el Primavera Sound 2008) Van Pierszalowski cumplió con creces con lo que se esperaba de él: ejecución pulcra y sonido de country rock agradable y sin excesos. Sin embargo, quizás abusó de los desarrollos tópicos (inicio con la acústica, progresión y final con tormenta sónica) y de un repertorio (todavía) algo plano. Mención aparte merece la improvisada encuesta en la que quedó patente la fría acogida del público barcelonés al pase de Devendra Banhart el día anterior.

Cass McCombs (Domingo, Apolo) Con una resaca considerable que, curiosamente, sólo parecía afectarle entre tema y tema cuando agobió al técnico de luces pidiendo una y otra vez “una luz más suave” y explicó los peores chistes que servidor ha escuchado últimamente, el californiano demostró que no es necesaria la contundencia ni la pirotecnia para llevar adelante un show memorable. Demostrando carácter al evitar la tentación de “endurecer” su sonido en directo, sus sutiles formas a la guitarra, la cálida modulación de su voz y, sobre todo, un repertorio de gran categoría le encumbraron como uno de los grandes triunfadores del festival con un pase ideal para una última jornada: tranquilo y sin sobresaltos, pero lleno de grandes momentos como “Dreams-Come-True-Girl” donde la bajista Christian Owens ( Bishop Allen) cantó los versos de la veterana actriz Karen Black.

Standstill (Domingo, Apolo) Y como colofón, un concierto especial (todos lo son) a cargo de los barceloneses Standstill. De entrada, Enric Montefusco nos avisaba de que aquella noche finalizaban los conciertos en que los temas de “Vivalaguerra” (Buena Suerte, 06) eran protagonistas absolutos aunque eso no significaba que renunciaran a volver a tocarlos. Tocaron “ ¿Por qué me llamas a estas horas?”, ”Víctor San Juan”, “El porqué de hablar solo” y “1,2,3 Sol” y pasaron, acompañados del Quartet Brossa y de una pequeña sección de vientos, a presentar algunos temas del que ha de ser su nuevo trabajo (inicialmente, tres EPs con tres facetas muy diferenciadas). Montefusco nos agradeció la gran acogida dispensada a los temas nuevos: “no es fácil aplaudir cuando oyes un tema por primera vez”. Al contrario, es muy fácil aplaudir cuando los nuevos temas son aún mejores que los ya conocidos al rebajarse la “épica cotidiana” que tanto critican sus detractores y añadirse nuevas tonalidades experimentales gracias a la perfecta conjunción de su potente sonido (Piti Elvira dejó la guitarra para pasar a la percusión) con la sutileza de las cuerdas. Impresionante concierto y cierre perfecto de un festival que, pese a los problemas de concepto, se salda con una excepcional nota artística.

Half Nelson

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