Reportajes

Patrick Wolf, de confesión en Barcelona

El compositor británico alumbró la noche de ayer con su desparpajo y un repertorio que se supo adaptar perfectamente a las características del acústico

El talentoso multi-instrumentista Patrick Wolf llegó anoche a Barcelona para presentar “Sundark And Riverlight”, su recopilatorio de versiones propias, con un inspirado recital intimista en el que aprovechó para soltar todo lo que tenía dentro.

Fotografías de Noelia Rodríguez

Patrick Wolf parece ser feliz. Así se desprende a través de sus entrevistas, por sus canciones y por su comportamiento encima del escenario. Y es que básicamente tiene motivos para estarlo. Su carrera cumple diez años y lo ha querido celebrar con el recopilatorio de versiones propias “Sundark And Riverlight”, y con una gira acústica que anoche llegó hasta Barcelona. Se encuentra en un punto de su carrera musical y personal cómodo, a pesar de que sus últimos dos discos de estudio no hayan tenido la acogida por parte de la crítica que se merecían. En cierto modo, se le puede considerar un superviviente. En los últimos años no ha ganado seguidores, pero tampoco los ha perdido. Y en los tiempos que corren, esto ya es mucho. Algo de eso hubo en su discurso. Se pudo ver ayer con la sala Apolo prácticamente llena, con la gente sentada, una manera mucho más apropiada de disfrutar de una propuesta como la suya. Se hizo extraño al principio que un recinto como ése estuviese lleno de sillas, ya que no se recuerdan muchos conciertos de este tipo, pero al segundo de empezar la actuación quedó claro el acierto que significaba. El público, no se sabe bien si por estar sentado o por la devoción que siente hacia el británico, estuvo callado durante los más de noventa minutos que duró su recital y eso, hoy en día, es todo un logro.

Quien no calló precisamente fue Patrick Wolf, que aprovechó el concierto para confesarse ante sus seguidores. Introdujo la mayoría de las canciones con unos parlamentos interesantes. En “Overture” habló de que la canción estaba dedicada a su yo adolescente, un tema de reafirmación sobre su persona, sus orígenes y sus inclinaciones sexuales. También explicó cómo afrontó el proceso de grabación de “Sundark And Riverlight”, cómo enfrentarse a textos que tenían años y la consecuente conversación a través de cartas que entabló con la mítica Buffy Sainte-Marie, que le sirvió de grandísima inspiración. Se mostró orgulloso de la ciudad en la que vive, pero a la vez reveló que no puede escapar de ella, ofreció anécdotas de Joni Mitchell y Nick Drake, explicó la evolución instrumental que ha experimentado en los últimos años, aseguró que en estos momentos se siente más cómodo tocando las piezas de esta forma y no tan despendolado como en el pasado, e incidió en la importancia de su último trabajo a la hora de reflejar sus humildes inicios con el acordeón a cuestas.

"Quizá no se mostró tan histriónico como otras veces, pero sí igualmente expresivo y ligeramente teatral al piano"

Si bien es cierto que a simple vista un tipo con canciones como “The City”, o “The Magic Position” no parece el más indicado de ofrecer un concierto en acústico, su actual propuesta no se alejó tanto de sus actuaciones pasadas. En este sentido, supo adaptar tan bien estos temas más movidos, como los números más reposados (“Overture” o “Wolf Song”). También demostró algo muy importante. Aunque en cortes como “Hard Times” se hace indispensable el apoyo del violín, queda claro que en otras piezas como “London” Patrick Wolf se desenvuelve a las mil maravillas a solas ante el piano, por lo que desde aquí le lanzamos un órdago y le proponemos que en un futuro se piense esto de ofrecer un concierto como solista. Se le notó a gusto en todas sus facetas: como cantante (su barítono es cada vez más maduro y poderoso), a la guitarra, al violín, al piano o al arpa. Tuvo sus fallos, pero supo subsanarlos con desparpajo. Quizá no se mostró tan histriónico como otras veces, pero sí igualmente expresivo y ligeramente teatral al dejarse caer del asiento del piano. Como únicas pegas, el quizá algo excesivo tiempo que se tomó en la afinación en algunas canciones y que, en cuanto a repertorio, más bien parecía que estaba presentando “Lupercalia”, pues tocó más de la mitad de sus temas. Un repaso más panorámico como el de “Sundark” se hubiese agradecido, pero sólo por esa preciosa versión que nos regaló de “Into My Arms” de Nick Cave And The Bad Seeds se lo perdonamos. Qué diablos, con ese gracejo se lo perdonamos todo.

Aquí puedes repasar una galería fotográfica de la noche.

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