Reportajes

Los Oscar 2012, según el modelo Kübler-Ross

Negación-Ira-Negociación-Depresión-Aceptación

Los Oscar siempre son un puñetazo. Es un combo de puñetazos, mejor dicho. Siempre me dejan dolorido y con resaca. Por eso voy a tratarlos como lo que representan para mí: un dolor muy severo.

1.

No quiero ver los Oscar. No quiero pasarlo mal otra vez. El año pasado fue un horror toda esa lluvia de premios para “El Discurso Del Rey”. Los Oscar son una convención de la farándula y la frivolidad vista por millones de personas en el mundo. Son el escenario donde se premia la arrogancia y el dinero, donde se celebra la corrección y el estándar. Son un peñazo casi por completo. Todavía no entiendo por qué, año tras año, sigo viendo la ceremonia. Incluso esperándola con expectación. Además, no me gusta que Canal Plus haya echado a Ana García Siñeriz y no sé en qué universo puede sustituir el inefable Pepe Colubi a Jaume Figueras. No quiero pasar la noche en vela, mañana tengo que trabajar. Es demasiado pronto para que vuelvan a ser los Oscar, todavía no han estrenado todas las películas aquí, estoy mal documentado. No quiero hacer esta crónica.

2.

¡Por los clavos de Cristo! Cada año igual con las pelmazas de las estilistas comentando los vestidos de ésta o aquélla con la alcachofa en la mano. Nunca me acuerdo de que la gala no empieza hasta las 3:00 de la madrugada. Odio esta parte, es insoportable. Hay una mujer de la cadena ABC que me da miedo, parece Sarah Jessica Parker pintada de negro. Pero, ¿por qué existen estas mujeres equinas? ¿Por qué las ponen a entrevistar a los actores? ¡Es la más alta de toda la alfombra roja! Hasta Brad Pitt se giña al verla. Y las conexiones con Canal Plus y el bigote invisible de Colubi. Un bigote hecho de grasa y moscas. Qué asco de divinos de Twitter. Y el sursum corda de colaboradores que parecen sacados de una película de Jean-Pierre Jeunet. La gala no empieza ni a tiros. Qué novia más rara tiene Clooney, ¿será una escort? ¡Hostia! Sandra Bullock parece que esté disfrazada con una máscara de sí misma, es un Inception muy raro.

3.

Ah, vale, bien. Oh, qué bueno es Billy Crystal, ¿Justin Bieber? ¿Qué hace esta niña aquí metida? Ay, que Crystal hace de Sammy Davis Jr. Bueno, si la gala va a tener este nivel de humor, bien. A ver qué pasa con “The Artist” y “La Invención De Hugo”. No creo que vayan a darle Oscar a “Los Descendientes”, es la cuota de cine “normal” como “Los Chicos Están Bien” de la pasada edición. “Moneyball” la descarto porque no me parece que compita en serio. Creo que “War Horse” es una broma y, por desgraciada, “El Árbol De La Vida” no va ni a oler un premio. Ah, mira, la cosa va igualadita: premios técnicos para “Hugo” y “The Artist”. Me sabe muy mal alegrarme de que gane “Rango” la mejor peli de animación por delante de “Chico Y Rita” pero Mariscal se va a tener que fastidiar: “Rango” está a la altura de lo mejor de Pixar. Le Cirque du Soleil ha empezado muy bien, pero luego se han puesto a hacer el imbécil.

Bueno. Actriz secundaria para Octavia Spencer por “The Help”, que huele a la cuota racial y, oh grande, mejor actor secundario para Christopher Plummer. ¡Ya era hora! Nos entendemos más o menos, gala de los Oscar, nos vamos entendiendo. Montaje para “The Girl With The Dragon Tattoo”: estos dos están tan sorprendidos como yo. Hostia, qué majos, hacen mutis por la izquierda de lo descolocados que están. Ahora silencio, que llega el ‘In Memoriam’: Sydney Lumet, Ben Gazzara, ¡buf!, dos de mis personas favoritas de este planeta. No me acordaba de Liz Taylor –qué vergüenza–. ¡Eh, un momento! ¿Y Angelopoulos? No sé si me he dormido pero no le he visto. No puede ser.

4.

¿Cómo es posible que no le hayan dado el Oscar a Gary Oldman? Gana Jean Dujardin por “The Artist”, mi corazón está dividido. No, no lo está: Oldman se merece un premio desde hace eones. Para colmo se lo dan a Meryl Streep, de la que no me creo sus lágrimas, su discurso es de veterana, pero la emoción no me la creo. Es normal, ¿no? Tres estatuillas, 17 nominaciones: esta mujer puede hacer nevar si quiere. Por cierto, el disgusto no me lo quita ni el de mejor guión para “Midnight In Paris”, que tampoco es tan buen guión, ni mucho menos. Por cierto, ¿dónde se ha metido Billy Crystal? ¿Y quién es este señor que se le parece pero que no hace risa ninguna? Aquí no hay sorpresas, esto viene bendecido por los BAFTA, los Globos de Oro y los Spirit Awards: mejor director para Hazanavicius por “The Artist” y, como suele ser habitual, se lleva la mejor película ésta misma. Qué previsible todo, qué falta de frescura. “El Árbol De La Vida” no ha ganado ni la simpatía de la gente y además Canal Plus sigue agrediendo la poca inteligencia que le queda a uno a estas horas. Hablan más de Twitter que de la gala. Qué aburrimiento, qué basura, qué grandes pianos de cola.

5.

No tengo Canal Plus, así que no he visto la gala en mi casa. Mientras vuelvo para terminar de escribir estas líneas, la calle está en silencio absoluto, son las 6:00 de la madrugada. Para aliviar el hambre, decido comprarme algo de bollería industrial en la gasolinera, pero antes paso por un cajero. Hay tres personas durmiendo dentro: una pareja abrazada y un tipo más allá. Saco dinero en silencio, avergonzado. Se mezcla todo. Pienso que ha arrasado en los Oscar una película francesa, cuyo cine está en plena forma y que es una gran noticia para Europa. Pienso también que este año no se puede decir que haya habido ninguna película ganadora que estuviera fabricada para los Oscar y eso es un triunfo. Me da pena que España no haya tenido representación y deseo que el año que viene lo consiga. Me acuerdo de Trueba y de Almodóvar recogiendo sus estatuillas y me jode en el alma tres veces de nuevo los Goya de este año: nadie estaba a la altura. Mucho menos de la gran ganadora, y eso que Francia está a un tiro de piedra. Me embarga por encima de todo el contraste entre los tres mendigos del cajero y la soberbia de la gala y la mía propia por cubrirla. Me doy cuenta de que el cine es muy grande. Tanto como para darnos coraje e inspirarnos para estos tiempos de mierda en los que los príncipes son ladrones y los ladrones más malos ofrecen dormitorio ocasional a los pobres de solemnidad. Me dan ganas de trabajar y de ser mejor. Me doy cuenta de que estas dos crónicas que os he echado encima son un llamamiento a subir las expectativas. Por supuesto del cine, pero también de lo demás. Me doy cuenta de que “The Artist” ha llegado a lo más alto partiendo de la humildad de un grupo de amigos. Entiendo, al fin, por qué no me gustan los Oscar: porque quiero que ganen todos, no solamente los que están fabricados para ello.

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