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Monogamia, machismos y medicinas: diario oculto de una stripper

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Gala Brown y Carol Vega son dos artistas encantadoras que trabajan en la Sala Bagdad

Antonio J. Rodríguez

06 Febrero 2015 06:00

Ilustración de portada: Hoyron Lee / Fotos interiores: Mai Love

PRELIMINARES

—Gala, Carol, os presento a Antonio, viene a hacer porno con vosotras —Juani, la magnética directora de la sala Bagdad, me presenta a dos de sus artistas más jóvenes—. Tenéis que hacer un casting con él. —Evidentemente yo me pongo rojo como un tomate y Carol y Gala me examinan de arriba abajo, como si acabaran de recibir la orden de salir a descargar un palé de ladrillos en pleno invierno soviético. Al lado de la gente con la que acostumbran a tener relaciones, sencillamente soy escoria, mugre. Es broma. Antonio es periodista y viene a hablar con vosotras.

Es medianoche del viernes 30 de enero. Estamos en el despacho de Juani, un sitio en donde al menos hay cuatro detalles llamativos. El primero es la caja fuerte empotrada en la pared. El segundo la televisión que emite Telecinco en silencio. El tercero es la pantalla donde se ven todas las cámaras de seguridad del local. Por último, hay una pared pintada con una palmera y un ocaso naranja que contrasta con las otras tres paredes de gotelé blanco. Esto es kitsch y encantador. Bienvenidos al Bagdad.


«LA OFICINA ERA UN COÑAZO»: ASÍ EMPECÉ EN ESTO

Carol Vega nació hace 21 años en algún rincón de Uruguay. A los 12 voló con su madre a Barcelona; su padre permanecería al otro lado del Atlántico trabajando como empleado de la construcción. Al acabar el instituto, Carol entró en la industria del porno. Tres años después sigue ahí. Ahora Carol estudia arte dramático y admite que le gustaría aparcar el porno en algún momento. Su sueño es viajar a México y convertirse en actriz de telenovelas. También le gustaría formar una familia, tener hijos. Entretanto hace porno en directo en Bagdad.

Gala Brown tiene 23 años, nació en San Feliú de Llobregat y es hija de un empleado de la SEAT y una ama de casa. También trabaja aquí. Hace un año era administrativa. ¿Problema? La oficina era un coñazo. Monótona, sin emoción. El cuerpo le pedía otra cosa. “Empecé a hacer de stripper los fines de semana como hobbie, para sacarme un extra”. Como Carol, Gala también piensa en viajar. “Quiero irme a Nueva Zelanda, tener mi casa, mi familia y mis hijos. Es por eso por lo que estoy aquí. Algún día me gustaría grabar en Australia, Estados Unidos, Europa… Al final todo va de lo mismo: vivir en paz y disfrutar del camino”.

Pregunta: ¿Qué lleva a dos chicas de veintipocos años a trabajar en la Sala Bagdad, ese monumento a la España del destape?

De eso mismo trata esta historia.

Carol, a la izquierda y Gala, durante nuestro encuentro.

HAMBURGO, BARCELONA

En 2015 Bagdad cumplirá 40 años. Juani recuerda que la primera década vino de la mano del impacto del striptease que siguió a la dictadura. “Ver el pecho de una mujer era un escándalo. Nosotros fuimos más allá y empezamos a hacer porno. La gente daba la vuelta a la manzana para entrar aquí. Había llegado el cambio y la transición”.

En aquel tiempo la inspiración venía de Europa. Juani y su marido hicieron algunos cuantos viajes al barrio rojo de Hamburgo, Sankt Pauli. “En el puerto había locales preciosos donde se hacía sexo en vivo; había sex shops, peep shows, prostitutas en vitrinas, calles donde no se permitía la entrada a las mujeres… Al principio importábamos artistas. Luego llegó la segunda década y creamos nuestra propia escuela”.

Finales de los ochenta, el Bagdad se consolida. La industria del porno en España se erige alrededor de la sala barcelonesa: “Gracias a esto empezaron a hacerse muchas películas porno. De ahí salieron Nacho Vidal, Sophie Evans, Toni Ribas, Marco Banderas y otros tantos reconocidos a nivel internacional”. Juani recuerda que en ese tiempo recibió la visita del responsable del Salambó, uno de los mejores locales que había en Hamburgo. Resulta que quería contratar la producción de aquí. El alumno acababa de dar una lección al maestro.

Llegó el prestigio. Todas las cadenas de televisión querían hacer reportajes sobre el Bagdad. Se hicieron un nombre. La sala era reconocida. Remontó y se consolidó. “Apostamos por Internet y las nuevas tecnologías, abrimos el primer videochat con un estudio de chicas en directo. Empezamos a emitir conjuntamente con Private”. Todo bien.

Uno se imagina que bajar a Bagdad es como entrar en una máquina del tiempo. ¿Sexo en directo y destape en 2015? Parece una buena manera de reaparecer en 1975. No obstante, Juani dice que este negocio exige reinventar escenarios, vestuarios, sensibilidades, guiones, bandas sonoras y demás. En este sentido, Gala y Carla son el rostro juvenil del Bagdad, la generación destinada a repensar el ADN de este sitio. Y en eso están.

Tras varios números acompañados por bachata, Barbie Girl de Acqua o algún clásico de soul, llegan ellas. Todo cambia.


NYMPHO

Se abre el telón y aparece semidesnudo un tipo de más de dos metros con un pene en erección del tamaño de mi tibia. Es Rob Diesel, actor porno nacido en Suecia. Rob abandonó su país hace unos cuantos años para ir a Canarias. Allí pasó un tiempo trabajando como portero de discoteca. En algún momento de la noche, Juani me cuenta su historia: “Una chica lo conoció allí, me trajo fotos de él y me dijo que quería venir a Barcelona a hacer porno. Me enseñaron fotos de él y vi que calzaba bien. Vino, hizo la prueba y se quedó”. Eso es todo. Ahora Rob aparece en el escenario escoltado por Carla y por Carol. Hora de ponerse a trabajar.

Suena dubstep. Nympho, de Borgore. Es el toque fresco de la noche.

Carla y Gala le hacen una felación a Rob mientras Rob permanece de pie en la plataforma giratoria con los brazos en jarras. Otea el horizonte.

La sala está ocupada mayormente por parejas y algún que otro hombre solitario. Delante de mí hay un chico de mi edad con gafas (no, no soy yo) que lleva toda la noche introduciendo y extrayendo consoladores de la vagina de las artistas. Las chicas se le ponen delante, suben una pierna a la balaustrada que separa el escenario de la primera fila de butacas y le entregan falos de plástico. Él opera. Se inclina hacia la balaustrada y se esfuerza porque el brazo le llegue bien. Es un buen cooperante. Parece un espadachín manco con su consolador.

Rob empieza a penetrar a Carol y Gala se acerca a la balaustrada. El chico de gafas blande y agita el pene de goma con vehemencia, un poco como si raspara la guarrería de un váter con una escobilla. Pim, pam, pum. Dentro plástico.

Yo permanezco sentado en la segunda fila, que es la fila de los voyeurs, los que no colaboran con el show, los que evitan la mirada directa de las chicas avergonzados por la perspectiva de tener que salir ahí y hacer el ridículo. Cruzo las piernas. De pronto, un tipo que es exactamente igual que Irvine Welsh pero en pequeño —calvo, británico, con aspecto de skinhead y borracho como un ñú— se sienta a mi lado. Me da conversación. A ratos habla en un idioma que a mí me suena a neerlandés y otros me dice cosas en inglés. En un momento en que me ve aovillado contra la butaca, el Irvine Welsh falso me vocea al oído: «ARE YOU A LITTLE BIT GAY?», «¿NO SERÁS UN POQUITO GAY, NO?», y la verdad es que puede que lo parezca. Él bebe cerveza. Yo no bebo nada.

Carol y Gala hacen un 69 y Rob penetra a una de las dos. Los tres están en la plataforma giratoria.

Se cierra el telón.

Todos aplaudimos.

LOL.


DE LA SUBVERSIÓN CULTURAL AL MOBILE WOLD CONGRESS

Juani me está explicando la clientela del sitio cuando de pronto dice algo que me gusta mucho.

—Aquí vienen un montón de ejecutivos del Mobile World Congress

—¿Sí? —en realidad esto no debería ser ninguna sorpresa. La idea de un montón de geeks viendo porno en directo suena a gag de Silicon Valley—. ¿Notáis pico?

Juani se ríe.

—A tope. Ojalá hubiese uno de estos congresos cada mes. Al mes siguiente nos iríamos todos al Caribe —ríe otra vez.

Juani y yo hablamos de Pigalle, el barrio parisino organizado alrededor del Moulin Rouge donde se amontonan sex shops y clubes de striptease. Entonces le pregunto si Barcelona podría tener su propio Pigalle en Paral.lel.

—Lo tendrá.

—¿Confías en la transformación del barrio?

—Las aceras se han ensanchado y hay muchos restaurantes. Ahora están intentando hacer un Broadway, una segunda rambla para cuando los cruceros lleguen a Barcelona. De esa manera evitarán que la gente se concentre en Las Ramblas y conseguirán que vengan a El Paralelo. Este es un espacio que hay que potenciar con luces, espectáculos, seguridad… Los tiempos están cambiando. Cuando oigo a un nostálgico reclamar que el Paralelo ya no es lo que fue, yo pienso que los tiempos son otros. Confío en que El Paralelo pueda tener un interés turístico.

—Pero la reforma de El Paralelo ha tenido un montón de críticas. ¿No te preocupa el turismo masificado?

—Barcelona no solo se puede llenar con turismo de primera calidad; se necesita un turismo de clase media. A partir de ahí habría que diseñar unas normas o contar con más seguridad para controlar los apartamentos alquilados a turistas, y asegurar que no interrumpan el descanso de los vecinos. En cualquier caso, Barcelona es turismo. Si lo quitamos, la mitad de los establecimientos cerrarían. Es cierto es que necesitamos más vigilancia, más luz y más normas. El turismo es muy bueno.

Anteriormente bromeaba con Juani sobre el hecho de que ella fue una emprendedora mucho antes de que todo el mundo hablara de emprendedores. Salta a la vista. Ella misma dice que su gran talento es el coaching y las negociación en las distancias cortas. Bagdad es el único espectáculo de Europa con sexo en directo. Su orgullo es ese. Ella asegura que los turistas visitan la Sagrada Familia por la mañana y por la noche van al Bagdad. La sala es un auténtico mundo de ilusión. O como ella misma expresa: «aquí dentro entras en una burbuja». ¡POOP!


LA PEOR PARTE DEL PORNO

Sábado, 02.15 a.m., después del show de Carol, Gala y Rob.

¿La peor parte del porno?

Gala Brown: Lo que más me preocupa son las enfermedades.

—¿Os ha tocado alguna vez?

GB: Sí. Nunca nada grave. Tenemos controles, las posibilidades son mínimas, siempre que puedes lo haces con preservativo, aunque en España no es fácil. Si pasa algo, te medicas. Pero no es agradable. Aunque pilles una tontería. Nosotros nos hacemos analíticas cada 15 o 20 días. De sangre y orina. Nunca damos tiempo a que pase nada.

Carol Vega: Pero el miedo siempre está ahí.

GB: A la larga, si entras mucho en contacto con estas enfermedades te puedes quedar estéril, tu cuerpo se vuelve más vulnerable. No es algo que pase todos los días, pero siempre está el riesgo. Esto está en la calle y en todos lados. Sin embargo, aquí el número de posibilidades aumenta. Todos estamos con todos.

—En 15 días cualquier enfermedad se puede extender.

GB: Si eso ocurre, es como una plaga.

—¿Alguna vez ha pasado?

GB: Una vez cundió el pánico con la hepatitis. Fue con una chica que llevaba poco en el porno. Se puso malita, la ingresaron y los anticuerpos de la hepatitis le dieron positivo. Pero al final fue un error. La cosa es que ella lo publicó y todo el mundo se alarmó. El sector se preguntaba con quién había estado ella y al final resultaba que tú te lo habías hecho con un actor con el que ella había estado… Imagínate, ¡hepatatis! Fue una falsa alarma, pero si llega a ser real, la industria hubiese cerrado durante tres meses. En Canadá, cuando hay alerta de SIDA, paran todas las producciones hasta que encuentran al transmisor original. Siempre que te enfrentas a los resultados experimentas nervios. Vas con pánico. Estás alerta.

—¿Todo el mundo lo vive así?

GB: Hay gente muy relajada, gente a la que le da igual. No hay que ser hipocondríacos, pero si todos nos preocupásemos un poco más…


«¡PERO SI TÚ TRABAJAS DE LO MISMO!»: PORNO Y MONOGAMIA

—¿Tenéis pareja?

CV: Yo llevo cinco meses con un chico.

GB: Yo un año.                                                              

—¿Es fácil?

GB: ¡No!

CV: No.

GB: Son dos casos diferentes. Su pareja está fuera del sector y la mía dentro, ¡y los rollos son los mismos! (risas)

CV: Es comprensible. El mío es un chico que no tiene que ver con el porno; no lo ve bien. Es como: “Eres mía; no quiero que estés con otros chicos”. Están tocando lo que es suyo. Es complicado.

GB: Pero lo entienden muy bien. Lo respetan.

CV: Saben que es temporal.

GB: Tienen la idea en la cabeza, pero el corazón les dice otra cosa. En mi caso pasa lo mismo. ¡O peor! (risas).

CV: ¡O peor! (risas)

GB: Y yo le digo: «¡Pero si tú trabajas de lo mismo!

—Siendo él del sector, ¿cómo llevas tú que él se acueste con otras chicas?

GB: Preferiría ser yo la que trabajara con él, claro. Pero los chicos tienen un instinto más posesivo. Cuando ellos trabajan, su idea es: “Yo me las folló”; cuando trabajas tú, es como: “A ti te follan”.

—¿Os parece machista?

CV: ¡Síiii!

GB: Totalmente.

—¿Os consideráis feministas?

GB: No.

CV: No.

GB: Yo defiendo mi posición en el porno, pero no me considero feminista.

—¿Cómo gestionáis las emociones cuando estáis trabajando y cuando estáis con vuestras parejas?

CV: Yo estoy enamorada. Lo hago con mi pareja porque le amo. Aquí en el escenario estoy fingiendo. Igual que cuando grabo: hago lo que el director me dice. Es teatro.

—Pero un buen actor se mete en el papel…

CV: El porno no es comparable con el cine…

GB: Cuando trabajas, de algún modo tu cuerpo está un poco frío. Los chicos lo sienten mucho más.

CV: Sólo es trabajo.

GB: No es lo mismo lo que siento trabajando y lo que siento en mi intimidad.


CLÍMAX

A Carol le gusta levantarse pronto, el cine, la bachata, las películas de acción, las cintas románticas de Mario Casas, Romeo Santos…

Gala también es madrugadora y le gusta la música electrónica, el cine gore, las novelas juveniles y las historias eróticas.

Carol dice que su madre aceptó sin problemas que fuese actriz porno.

A Gala le preocupaba perder amistades. No pasó nada. “Tu familia entiende que si tienes la cabeza en su sitio, esto del porno sólo es algo temporal”.

Carol cuenta que en su adolescencia fue una chica tímida que no miraba porno porque no le llamaba la atención.

Gala dice que tuvo una adolescencia tranquila, “era obediente y buena estudiante, no miraba porno de manera habitual, solo para hacerme una paja”.

Carol tiene la cabeza en México y en las telenovelas.

Gala cuenta que no sale mucho con la gente del porno. Añade: “Solo salgo con ella —señalando a Carol—, ella es la clase de chica de la que mi madre nunca diría: ‘no salgas con ella”.

Ni a Carol ni a Gala les interesa mucho internet; prefieren el mundo real.

En una época en la que todo el mundo habla de porno cool, de sexo hipster, de actrices que se erigen como nuevos ídolos digitales, de productoras aspiracionales, de sexo con filtros de instagram… Carol y Gala representan la absoluta normalización del porno. Sin más aspiraciones.

O como bien dijo Gala:

—Se trata de vivir en paz y disfrutar del camino.

Son encantadoras.


Aquí dentro entras en una burbuja



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