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Conoce a la compañia que hace teatro para los cerebros criados con Internet

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Hablamos con uno de los directores de El Conde de Torrefiel, una compañía que hace teatro para la generación que ya no puede ver una película sin distraerse

María Yuste

18 Agosto 2016 11:33

¿Cómo no va haber diferencia entre hombres?

¿Cómo no va a haber locos?

Si hay hombres que cobran 9 millones de euros al año y otros 5,50 la hora.

Si se trabaja por 5,50 la hora...

¿Cómo no voy a llegar a casa y querer explotarle la cara a mi mujer?

Quien no lo haga...

Quien no maltrate a su mujer es un radical.

Quien llegue a casa y, aun vendiendo su vida a 5,50 la hora, no necesite maltratar a alguien, es un radical.

Que nadie se lleve las manos a la cabeza. De hecho, para empezar este artículo, escucha tú mismo Trabajar por 5,50 euros la hora entero y quédate con la boca abierta. No porque vayas a descubrir que Pablo Gisbert es un maltratador o que hace apología del maltrato en su teatro (que, por supuesto, NO es el caso), sino porque, a pesar de su crudeza, ha encontrado la forma exacta de describir la “esquizofrenia” en la que discurren nuestras vidas hoy en día


Tomándonos una pequeña licencia comparativa, este texto, parte de una obra de la compañía El conde de Torrefiel, podría considerarse una versión sin pelos en la lengua del famoso discurso inicial de Trainspotting. Aquel sobre “elegir la vida, elegir un empleo y un televisor grande que te cagas...” que cuelga de muchas paredes en forma de póster.

Solo que, probablemente, la industria del cine nunca se hubiera atrevido a estrenar nada tan descarnado y radical.

Por suerte, todavía existe el teatro, donde se puede decir mucho con muy poco. En ese sentido, El conde de Torrefiel es una compañía hija de su generación. Esa a la que ni se le pasa por la cabeza ver una obra cuando busca planes para el fin de semana.

No porque no estemos interesados en la cultura, sino porque solemos pensar en el teatro como en algo caro y aburrido, que no va con nosotros.

Probablemente, porque nos han dado motivos para ello. Tal y como me confiesa Pablo Gisbert: “La mayor parte del teatro en España es como follar con una persona de 100 años”.

Sin embargo, ver una obra de El conde de Torrefiel, no es muy diferente a ver una película de Haneke o de Lars Von Trier. Aunque sí más barato que una entrada de cine (unos 5 euros).


La mayor parte del teatro en España es como follar con una persona de 100 años



El propio Pablo, director junto a Tanya Beyeler de la compañía y autor de todos los textos, no empezó a interesarse por el teatro hasta la universidad, cuando descubrió algo que era más parecido a la música hardcore o a la performance que a una obra clásica de Sócrates o Shakespeare. Una “mezcla extrañísima” en la que se juntaba gente de fuera del teatro: gente de bellas artes, del punk, de la electrónica, del cómic, de la danza... para crear algo “muy divertido”.

Gisbert nació en Valencia en 1982 y, por lo tanto, ve más cine que teatro, lee más literatura que teatro, ve más vídeos de un minuto en internet que obras de teatro. Y, claro está, todo eso afecta...

“En nuestras obras, se juntan muchas cosas pero a mí me gusta seguir llamándolo 'teatro”', aunque la palabra huela un poco a mierda y nos refiera a otra época o a algo viejo”.

Pablo Gisbert y Tanya Beyeler

Los textos que siguen son de una contundencia muy inmediata y poco refinada. Costumbristas y visuales como un feed de Instagram. De escenas tan breves como un vídeo de YouTube y frases cortas como un tweet. Narrados con el ritmo rápido de quien ya no puede ver una película entera sin aburrirse y mirar el móvil cada 15 minutos. Y, sobre todo, con una exhibición autobiográfica muy propia de un blog.

En obras como La chica de la agencia de viajes nos dijo que había piscina en el apartamento o Escenas para una conversación después del visionado de una película de Michael Haneke está presente, en definitiva, todo aquello que ha moldeado nuestra forma moderna de entender el mundo, pero sin necesidad de aparecer explícitamente o sin ser, necesariamente, referentes directos.


En nuestras obras, se juntan muchas cosas pero a mí me gusta llamarlo 'teatro' aunque la palabra huela un poco a mierda


Ya de por sí, el propio nacimiento de la compañía estuvo marcado por un acontecimiento tan generacional como la crisis económica. En 2011, cuando muchos de los colegas de Tanya y Pablo se largaron a Berlín o a Londres para buscarse la vida, ellos decidieron quedarse en Barcelona y montar la compañía.

Tal vez por ello, sus textos sean en ocasiones tan duros y pesimistas. Esa misma tristeza de “hay mierda por todas partes” tan propia del siglo XX pero mezclada con el cachondeo del siglo XXI. "Llámale sátira, ironía o cinismo".

Sus obras hablan de cómo es estar vivo ahora mismo desde el mismo punto de vista de quien consume telebasura o va a veranear a Benidorm sabiendo que es “un contexto kitsch enorme y que da mucha risa”.

La editorial La uña rota acaba de reunir sus obras completas (no más de 172 páginas) en un libro rosa por fuera y negro por dentro cuyo título resume su esencia: Mierda bonita.



En él, no hay ni un solo diálogo y el libro funciona perfectamente como un libro de relatos cortos, a pesar de que lo primero en lo que piensen Tanya y Pablo a la hora de concebir una obra sea en la imagen y en la estética.

“Nosotros trabajamos al revés del teatro convencional. Lo importante es lo que ves, no lo que escuchas. Los textos son como un guión de cine”.

Una de sus obras más recientes consiste en un concierto en el que no hay cantante y los asistentes tienen que leer en una pantalla lo que va sucediendo.

“Es un experimento. Le damos un susto a la gente que va a ver un concierto y no se espera que van a pedirse una birra y, de repente, van a tener que ponerse a leer. Les rompemos los esquemas”.

Otra transucrre durante un partido de baloncesto:


El único problema es que, actualmente, este tipo de obras hay que buscarlas "casi como se busca un buen disco en un mercadillo". Pablo cree que tienen que cambiar muchas cosas en España para poder llegar a ver obras como la suya en los grandes teatros. Tampoco es que les haga falta porque El conde de Torrefiel ya ha recorrido gran parte Europa y América del Sur valiéndose únicamente del boca a boca.

Incluso Pablo Gisbert lo admite: no le “pone” actuar en el Teatre Nacional de Catalunya. Su mayor recompensa es que la gente que nunca se había interesado por el teatro, de repente, descubra que también es para ellos.

Al fin y al cabo, lo que se hace en dicho ámbito tampoco es tan extraordinario como la gente se piensa...

Yo trabajo con la mentira y con la abstracción, que es lo mismo que con lo que trabaja una cura o un político. La única diferencia es que yo lo puedo decir”.




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