Reportajes

El sello Memphis Industries hace entrar en calor a San Miguel Primavera Sound

Crónica del primer ensayo, a modo de showcase, de la gran bacanal festivalera que se nos viene encima

Los primeros conciertos con bandas internacionales de San Miguel Primavera Sound ya han comenzado, y ayer martes nos acercamos a la sala Apolo de Barcelona para ver cómo suena la nueva camada del sello Memphis Industries. Hubo de todo.

Ha llegado el momento de las alegrías, de las fiestas y de los momentazos, pero también el de las decepciones, los novatos vitoreados y el moquillo agridulce que baja por la garganta. El San Miguel Primavera Sound en pocas horas empezará a explotar algunas de sus grandes bazas, pero ayer por la noche –martes 29 de mayo–, y con motivo del showcase que celebró el sello Memphis Industries en la Sala Apolo de Barcelona, llegaron las primeras paletadas de cal (y las de arena). Tres bandas – Elephant, Dutch Uncles y Hooray For Earth– se enfrentaron en la sala 1 del club a los primeros barómetros de aplausos. Y, como era de esperar, hubo para todos los gustos, que es lo que ocurre siempre en la ecléctica cantera de artistas que luce la discográfica británica. Vayamos por partes.

Ante un recinto aún algo desangelado Elephant, el dúo –reconvertido en trío cuando toca sacar a pasear su reciente “Assembly EP”–, tuvo la difícil tarea de calentar al personal. Fueron poco más de 20 minutos de concierto, aunque suficientes para dejar claro que todavía tienen que engrasar la maquinaria de su pop sintético de cámara. Sonaron más hipnagógicos que en el estudio, pero la tediosa instrumentación de piezas como “Assembly” o “Wolf Cry” poco ayudó a que el concierto diera una (falsa) sensación de naturalidad, al menos por momentos. No hacía falta presumir de cátedra para darse cuenta de que el bajista estaba de decoración y los pregrabados lo inundaban todo. No obstante, hay que reivindicar a Amelia Rivas como una nueva dama del canto orgásmico. Los sinuosos movimientos erótico-festivos que se marcó coparon todo el show y cumplió con creces en su papel de Lolita meets Amancio Ortega. No nos escandalizaríamos lo más mínimo si alguna vez compartiera confidencias con Lana del Rey, ya que ambas han pasado por manos del mismo coreógrafo.

Con Ian Parton de The Go! Team ejerciendo con desgana de pinchadiscos entre grupo y grupo (ya que le han obsequiado con un abono para el festival no estaría de más que dejara esa cara de pena en casa), y el público asentando sus posaderas en los bancos de turno como respuesta, emergieron los británicos Dutch Uncles. Y eso sí que fue un gustazo. Se engrandecieron, dieron una lección sobresaliente de arritmia indie y se vinieron con todo. Su líder, Duncan Dallis, demostró ser el hijo aventajado de Alexis Taylor y nos dejó extasiados mientras observábamos atónitos esos bailes imposibles que poco tenían que envidiar a las dislocaciones que Ed Macfarlane, de Friendly Fires, se marca cuando tiene un foco cerca. Desde que sonó el torbellino de “Dressage” (el orgullo de Devo) en segundo lugar, su directo fue apuntando por minutos más y más alto, y nos dejó a todos con cara de tontos de tanto gustirrinín. Piezas como “Orval” o “The Ink” (incluidas en su último LP, “Cadenza”) y “Face In” (el obligado recuerdo a ese homónimo debut que editaron en 2009 en el sello alemán Tapete Records, antes de formar filas en Memphis Industries) sonaron con una mayor garra que en el estudio y se llevaron los primeros ensordecedores aplausos del respetable. Que a nadie le extrañe que, en futuras ediciones, pongan patas arriba el Parc del Fòrum. Tienen talento para dar y tomar.

Para cualquier grupo liquidar “Sails”, la petardada new wave “Bring Us Closer Together” y la titular “True Loves”, nada más salir al escenario, sería algo así como disparar a bocajarro e ir a por todas. Para Hooray For Earth, por supuesto, también. Pero lo que Noel Heroux se tenía callado era que sus conciertos, lejos de retroalimentar el sinfín de influencias ‘poperas’ y electrónicas que pululan por su hiperdisfrutable debut (desde Depeche Mode hasta Yeasayer), ceden todo el protagonismo a las guitarras. Si quieres escuchar los juguetones sintetizadores de “No Love” no te queda otra que jorobarte y ponerte el CD, porque lo que anoche pudo verse en la sala del Paral·lel fue una reinterpretación en clave rockera de cómo Heroux visualiza sus canciones. Acompañado de un bajista (y un teclista en tercer plano), así como un hiperventilado batería, el estadounidense consiguió noquear a todos aquellos que han escuchado su primer LP de manera enfermiza. Qué los temas difieran de lo que la memoria custodia con tanto cariño es una putada. Al menos para quien esto escribe.

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