Reportajes

Madonna: ¿quién sigue mandando aquí?

Asistimos al primero de los dos conciertos del MDNA Tour en España y te lo contamos todo

Anoche pasó el MDNA Tour por Barcelona y estuvimos ahí para verlo desde primera fila. Os contamos las claves del espectáculo horas antes de que esta noche Madonna dé su último concierto en España de esta gira.

Volvió el montaje milimetrado, el espectáculo por el que todas las monárquicas del pop matarían y el mayor despliegue técnico puesto al servicio de la música en vivo. “The MDNA Tour” recaló anoche en Barcelona (hoy mismo lo hará por segunda y última vez en España) y nos dejó nuevamente claro que Madonna es de otro planeta. A sus 53 años sigue llevando a su antojo un show que requiere de una gran destreza física, capaz de dejar atónito a todos los que pasan vírgenes por su directo. Ciertamente, la perfección artística del mitificado “Confessions Tour” es imposible de superar, pero eso no quita que con esta nueva gira la diva nos haya hecho olvidar aquel defectuoso “Sticky & Sweet Tour” de baratillo que ya hemos enterrado de nuestra memoria. Las magníficas plataformas móviles o el atino del vestuario hacen de esta tournée una experiencia irrepetible para los toxicómanos del pop de masas. Aunque siendo un poco tocapelotas (llámese fan crítico), también hemos encontrado alguna pequeña tara. Lo sentimos, a Madonna siempre se le exige más que a nadie por muy Reina que sea.

1. El LED como mejor amigo de la diva

Tres pantallones de una definición increíble. Eso y un Botafumeiro es lo que necesitó en “Girl Gone Wild” para marcarse una de las intros más apabullantes que le recordamos (por detrás de la insuperable bola disco con la que daba bienvenida al “Confessions Tour”). Las pantallas escupieron durante toda la noche demoledores visuales que dejaron a los del “Sticky & Sweet Tour” en ridículo. Y, sin duda, gran parte de culpa del impacto visual corrió a cargo de esos interludios que volvieron a hacer más amenos los cambios de modelito exprés que se gastaba la folclórica de Michigan. A destacar ese “Nobody Knows Me” con el que volvió a encararse con la clase política y, ya de paso, denunciar los recientes suicidios de varios jóvenes víctima de la homofobia.

2. Las viejas zorrupias nunca mueren

En Estambul lució pezón durante “Human Nature”. Y en Roma, como ocurrió anoche, esas posaderas tan bien puestas de las que aún puede presumir. El grado de puterío, obviamente, no ha estado a la altura de aquellos tocamientos simulados del “Blonde Ambition Tour” ni aquella lascivia inherente en el “Girlie Show” (más que justificada al ser la gira de promoción de “Erotica”), pero los más sucios del cortijo no pudieron quejarse. No sólo recuperó el espíritu de la gran Dita en la proyección-interludio de “Justify My Love” (algo así como la versión extendida del anuncio de Truth Or Dare, su último perfume), sino que se magreó a base de bien con su último toy boy, el bailarín Brahim Zaibat, durante la puesta en escena, muy del rollo proxeneta, de “Candy Shop” (tema innecesario donde los haya). Por mucho que otras se empeñen en superarla, ella siempre será la gran zorraca del show business.

3. “Vogue”: Biblia inmortal del mamarracherío ilustrado

Da igual que la interprete en versión sardana, en arameo o con una sinfónica de apoyo. “Vogue” es la quintaesencia del pop. Mientras la entonaba, miles de cámaras se quedaron sin batería. Había razones de peso: no sólo recuperó el espíritu del inmejorable vídeo de David Fincher luciendo toda su chulería junto a ese cuerpo de baile pintarrajeado y disfrazado de mariliendre, sino que encima volvió a llamar a su querido Jean Paul Gaultier para que le reinventara ese icónico corsé cónico que nadie en su sano juicio puede cansarse de ver. Ya sólo por ese momentazo vale la pena pasar lo que queda de mes a base de arroz hervido.

4. Clásicos de ayer, hoy y siempre

Se le debería caer la cara de vergüenza por no incluir en la gira ni un solo tema de “Ray Of Light”, “Music” o “American Life” (el interludio de “Nobody Knows Me” no contabiliza). Así que seguimos a la espera de que algún día se dé cuenta de que el populacho quiere ver en directo, al menos una vez en la vida, singles tan maltratados históricamente como “Nothing Really Matters” o “Love Profusion”. Aun con esas, hubo un buen chorreo controlado de hits de antaño para contentar a los nostálgicos: desde “Papa Don’t Preach” pasando por la perfecta performance en clave majorette de “Express Yourself” (con mensaje envenado hacia Lady Gaga tras meter en la licuadora del mash up “Born This Way” y “She’s Not Me”) y ese “Like A Prayer” que volvió a recuperar a los figurantes del coro góspel que le acompañaron en el medio tiempo de la Superbowl. Aunque puestos a quedarnos con un momento, sorprendió muchísimo ese “Like A Virgin”, con el único acompañamiento de un piano, que parecía una invitación de amor a Lana del Rey.

5. Hasta los mismísimos de músicos apadrinados.

En el “Re-Invention Tour” fue el gaitero, en el “Confessions” la incorporación de Yitzhak Sinwani como corista, en el “Sticky & Sweet” aquella banda balcánica que daba vergüenza ajena y, ahora, el trío vasco Kalakan. La leyenda cuenta que les conoció mientras andaba de vacaciones por Biarritz y no dudó ni un segundo en ficharlos como parte de su troupe. Pero qué quieren que les diga: aburrieron soberanamente durante su participación en “Open Your Heart” (y más cuando se pusieron a interpretar su “Sagarra Jo”) y estaban de prestado durante ese tráiler audiovisual de “W.E.” que fue “Masterpiece”. Nos parece muy bien que la Ciccone acoja en sus senos a descarriados que ella considera exóticos, pero si no se pone una txapela en una ocasión como esta, nada tiene sentido.

6. “MDNA”: los pasivos al poder

A priori, la intención de esta gira era la de promocionar su reciente “MDNA”. No obstante, teniendo en cuenta la respuesta del público mientras interpretaba sus últimos temas, hay cosas que se me escapan. A 100 metros a la redonda absolutamente nadie pestañeó durante “I’m Addicted” (sacrilegio es poco), “I’m A Sinner” pasó del todo desapercibida (lo cual no se entiende teniendo en cuenta que es la hermana bastarda de “Beautiful Stanger”), y “Turn Up The Radio”, su próximo single, sonó tan descafeinada y con los decibelios tan bajos que nadie tuvo huevos de alzar los brazos como si la vida la fuera en ello. Vale, con la violenta performance de “Gang Bang” se vino con todo y “Give Me All Your Luvin’” se salvó de la quema gracias a esos pompones que siempre acaban luciendo en cualquier escenario. Así que no quiero ni imaginarme qué hubiese ocurrido si se hubiera atrevido a incluir la demoledora “Love Spent” (al menos para quien esto escribe) en el setlist a cambio de esa morralla titulada “I Don’t Give A” que sólo valió la pena por la aparición video-proyectada de Nicki Minaj. ¿Bolas de paja quizás?

7. A mí no me tocó el bingo

Sí, fui un seguidor de segunda. Antaño estaba pegado a la valla delantera quién más pagaba (si existía una zona acotada para ello), o bien quién más madrugaba. A la mierda todo de golpe y porrazo. La disposición de la pasarela en forma de V hizo que algunos privilegiados estuvieran, literalmente, metidos dentro del escenario. Al invento se le llama ‘Golden Triangle’, y no es más que un coñazo para todos aquellos que no estamos dentro de él. No hay entradas disponibles para acceder ni madrugón que te asegure nada. Sólo hay tres opciones para poder entrar en susodicho palco de excepción: ganar un sorteo a través de la web de Madonna, ser de los primeros de la cola y tener la posibilidad de que te toque la lotería (sólo unos pocos cantaron bingo después de que un iPad les dijera que podrían ver todas y cada una de las arrugas de la mano derecha de la diva) o chupársela a Guy Oseary, el mánager de la Ciccone, la noche anterior en un tugurio de mala muerte. Desde aquí hago un llamamiento para que se dejen de moderneces discriminatorias y vuelva la pasarela democrática de toda la vida.

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