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"El outlet de la humanidad": crónica de un mes enganchada a apps de ligue

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He visto cosas que no creeríais

María Yuste

04 Noviembre 2015 13:29

*Aviso a navegantes: dado que en PlayGround hemos publicado un montón de anuncios que venden apps para ligar (anuncios que, por otro lado, pagan los sueldos de los esforzados escritores que dan vida a esta humilde publicación), finalmente decidimos cambiar los nombres de algunos de los sitios mencionados. A fin de cuentas, lo cierto es que el tema de esta crónica es la soledad en los tiempos de Internet, y no el buen o mal funcionamiento de estas apps, así que recuerda: cualquier parecido entre las marcas mencionadas y la realidad es PURA COINCIDENCIA. Disfruta de la lectura :-).


1. Una tarde con un extremista polaco

En nuestra primera y única cita, Simon decidió él solo el lugar en el que cenaríamos y pidió por mí. Nos habíamos conocido a través de BESA UN SAPO (Besaunsapo.net) y era la primera vez que quedábamos.

Por chat, la conversación había fluido. Sin embargo, no es hasta que tienes delante a la persona y la realidad rellena el hueco que hasta entonces tapaba la imaginación cuando descubres con quién has estado hablando realmente.

Besaunsapo es la web que se vende como la actualización moderna de los clásicos portales de encuentros que emparejan a sus usuarios por afinidad. O, al menos, eso es lo que dicen porque, después de rellenar un cuestionario inacabable, había terminado quedando con la persona menos afín a mí posible.

Simon era un informático de origen polaco y trabajaba en un importante estudio de desarrollo de videojuegos. Sin embargo, salir con él era como salir con tu abuelo en los años veinte.

Había nacido en la Polonia comunista y su forma de reaccionar al pasado de su país había sido construyendo su identidad en torno al extremo ideológico opuesto: la extrema derecha y el conservadurismo.

Durante la cena despreció mis estudios humanísticos y, cuando nos quedamos sin temas de conversación, empezamos a discutir sobre los servicios públicos, los impuestos y el matrimonio homosexual.

Al final de la velada, como si el desastre no hubiera quedado lo suficientemente patente, me invitó a ir a su casa porque, si hay algo que debes aprender rápidamente conociendo a gente en internet es que, en cuanto a inteligencia emocional se refiere, hay que bajar las expectativas.


2. Breve historia de cómo había llegado hasta allí

Cuando estaba en mis últimos años de universidad, alguien me dijo: "Aprovecha ahora porque, cuando termines de estudiar, el número de gente que conozcas se reducirá drásticamente”.

Entonces pensé que aquella persona exageraba porque, al fin y al cabo, a los 20 años la falta de tiempo del trabajo, la soledad del paro, el peso de las relaciones fallidas y demás frustraciones de la vida adulta son solo cosas que le pasan a tus primos mayores.

 



Sin embargo, a la que te descuidas, estás sentado en una oficina comiéndote un donut y dándote cuenta de que el número de personas que has conocido ese año se puede contar con los dedos de las manos.

Algo que entra completamente en contradicción con una época en la que no hace falta ni levantarse del sofá para conocer a alguien. Así que decidí sumergirme en los bares virtuales del siglo XXI y ver qué era lo que me estaba perdiendo.


3. Del Follador Pasivo-agresivo al “violador” de LIGUE®

Como las cosas en Besaunsapo no estaban yendo bien, me pasé a Ligue, la app de la que todo el mundo habla como si estuviera provocando la mayor revolución sexual desde el amor libre.

Efectivamente, no tardé mucho en darme cuenta de que Ligue es un auténtico mercado de la carne. En Ligue, conseguir follar es más fácil que mantener una conversación.

Uno de mis primeros objetivos fue Carlos, un diseñador gráfico a 3 km de mí. Debo confesar que me sorprendió su profesión porque, cumpliendo tristemente con el cliché, había observado una fuerte presencia de ingenieros, informáticos y científicos en el catálogo.

A pesar de todo, nuestra conversación duró poco. Antes de seguir hablando, Carlos quería cerciorarse de que, si quedábamos, íbamos a follar porque él estaba allí exclusivamente para eso.

Cuando le contesté que solo buscaba conocer gente, Carlos pareció ofenderse y se puso pasivoagresivo:

—¿Es que no has oído hablar de Facebook? 'Añadir amigos', ¿te suena de algo?

—Oye, ¿acaso te molesta que no quiera acostarme contigo? No te conozco...

—Pero a ver, si nos vemos y te apetece, ¿no lo harías? ¿Es que eres de hielo?

—Madre mía, tú si que sabes dejarlo fluir...

Ligue es estresante. Registrarse es tan fácil como loguearse en Facebook y su interfaz, muy simple. Son esas las características que han propiciado que se una gente que siempre había renegado de los portales de encuentros.




Con varios millones de usuarios repartidos en casi doscientos países y decenas de millones de matches al día, Ligue es el lugar en el que se puede encontrar mayor variedad de personas.

Sin embargo, usar Ligue está bien visto precisamente porque no es una app para conocer gente sino para encontrarla. Usarla lleva implícito un complejo contrato no escrito en el que ambas partes sobreentienden un encuentro sexual en torno al que gira todo y que podría derivar, o no, en otros posteriores.

Hasta el chat de la aplicación parece hecho para que lo abandones pronto y sigas en otro lugar. Funciona tan mal y falla tanto que, cuando encontré a Jordi, en seguida me pidió el número de teléfono.

Decidí dárselo porque había sido el único con el que la conversación no se había atascado en las primeras preguntas. Jordi había sido el único que había mostrado un interés genuino en mí y no uno vacío y superficial como parte de la pesca de arrastre que muchos ponen en práctica.

Sin embargo, aún estábamos intercambiando gustos y primeras impresiones por WhatsApp cuando le pareció buena idea decirme:

—María, ¿tu tienes algún secreto oscuro que te gustaría compartir conmigo?

En aquel momentos solo pude pensar una cosa:

LE HE DADO MI NÚMERO DE TELÉFONO A UN VIOLADOR.

—Mmmm, no. ¿Tú sí?

—Sí...

—Es que creo que debería ir al psicólogo…

Probablemente, esta sea la peor cosa que le puedas acabar diciendo a alguien a quien acabas de conocer y a quien, encima, estás intentando tirarte, pero la buena noticia era que no era un violador, solo alguien muy traumatizado.

A pesar del susto, aquella confesión me pareció tan humana y tan poco propia de un lugar como Ligue que accedí a quedar con él.

Jordi era programador y apareció en nuestra primera cita sin camiseta. Venía de hacer deporte y se le había olvidado llevarse una muda limpia, así que no pudo quitarse la chaqueta en todo el tiempo y sudaba.



Una vez más, había acabado quedando con alguien con quien la química y las chispas brillaban por su ausencia. Pero, si la primera vez, había compartido velada con la extrema derecha y la había pasado discutiendo por la privatización y los desfavorecidos, ahora lo hacía con la extrema izquierda.

Jordi me aburría con historias de la Unión Soviética y propaganda antiyanki, tanto que llegué a pensar que se trataba de un misionero comunista que iba de puerta en puerta predicando su mensaje.

Al final de la noche me vi obligada a hacerle una cobra y acto seguido me puse a llorar en lo que interpreto como una acción involuntaria de mi cuerpo intentando espantar al oponente.

Aún así, la geolocalización de Ligue parecía haber funcionado mucho mejor que el algoritmo de afinidad de Besaunsapo.

Aunque no era suficiente...

4. El outlet de la humanidad

La soledad es un problema serio. El último informe del INE señala que más de 4,5 millones de personas viven solas en España. De entre ellas, otro estudio paralelo ha determinado que hasta un 41% lo hace porque no tiene más remedio. Sus autores definen, además, la soledad como uno de los problemas más relevantes de la actualidad.

Tal vez, para no pasar a engrosar esos números y conocer a alguien a quien poder decirle medio moribunda: “por favor, llévame al hospital”, tenía que invertir el proceso y conocer primero a las opciones en persona.

Así acabé en una sesión de speed dating en la noche de Halloween. Sobre todo, porque no se me ocurre nada más terrorífico que tener que hablar seguidamente con 12 tíos diferentes en tandas de 5 minutos. Una forma fallida más de intentar adaptar el sistema de producción capitalista al mundo de las citas y la intimidad.

Probablemente, hayas visto alguna sesión de speed dating en alguna película estadounidense en la que parecía algo divertido y glamouroso...

Pues no.

Olvídate.

En la vida real solo es sórdido. Un Primark del amor. La última parada en las afueras de un tren que pasa por Nueva York.

Sin embargo, al contrario de lo que me había sucedido en internet, la gente sí parecía estar allí realmente interesada en conocer a los demás.




Por algo habían llegado a pagar hasta 25 euros con una consumición...

La media de edad entre los hombres era bastante mayor que la de las mujeres. Unos 35 años ellos y 29 ellas. Las vidas de los chicos eran estables, con buenos trabajos en sectores relacionados con, ¡sorpresa!, la ingeniería, la informática y la ciencia. A los que, inesperadamente, se sumó el sector financiero.

Hombres cuyas vidas habían progresado desequilibradamente en cuanto a éxito profesional y personal se refiere. Hombres con el mismo nulo gusto estético por la ropa que por las fotos que se ponen en Ligue o en Besaunsapo.




Por otro lado, entre ellas abundaba el universo cani. En especial llamaron mi atención dos amigas de una comunidad autónoma vecina que se habían desplazado hasta Barcelona solo para la ocasión y que decían estar allí porque ya se conocían a todos los de su pueblo.

Antes de que empiecen las mini citas, la organización te da un cuaderno y un boli para apuntar el código, nombre y otras observaciones de cada candidato.

Da igual. Al final del evento eres incapaz de recordar quién era quién y qué hacía con su vida.

El speed dating me sorprendió como la opción menos forzada de todas para conocer a alguien pero, también, la más difícil para conocer a alguien que te guste.


Aunque, en general, la gente parecía bastante equilibrada y con la única expectativa de probar suerte, un inspector de Hacienda virgen con ropa de comunista del este llegó a confesarme haber repetido nueve veces porque estaba allí buscando el amor de su vida.

Aquel encuentro marcó el final de mi experiencia. Había pasado semanas hablando y quedando con más gente de lo que lo había hecho en todo el año y, sin embargo, me sentía más sola y desesperanzada que al principio.

Un par de días después, la empresa que organizaba el speed dating me envió los resultados. Cinco chicos estaban interesados en seguir conociéndome y, entre ellos no estaban los que yo había juzgado más desesperados. Ni siquiera el funcionario virgen estaba interesado en mí.

5. Epílogo

No sé si será culpa de internet, del ritmo de vida que nos marca la sociedad o si es algo que está en nosotros pero, después de todo, he decidido dejarme instaladas todas esas apps.

Soy hija del siglo XXI y ya no entiendo otra forma de buscar gente.

A fin de cuentas, puede que la que esté rebajada sea yo.






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