Reportajes

Laurel Halo, de su cara más amable a la posesión por el baile

La artista presentó anoche “Quarantine” en el Matadero de Madrid, de la mano de Rara Avis

Sin más acompañamiento que los visuales de Konx-Om-Pax, Laurel Halo sorprendió con un directo mucho más cercano y accesible que el que se podía esperar en la presentación de su primer largo para Hyperdub.

Fotografías de Nacho G. Riaza.

Laurel Halo presentó ayer en Madrid “Quarantine”, sin duda uno de los discos más difíciles y emocionantes que nos dejará este 2012: adentrarse en “Quarantine” es hacerlo en un mundo sombrío, desasosegante y complejo. Cuesta entrar en él, pero salir es aún más difícil. Tal vez por eso de su directo se podía esperar algo intimista, casi solemne. Sin embargo, quienes acudimos ayer a ver a Halo nos encontramos con algo bien distinto: un directo basado en el techno y en el hedonismo, a años luz del de sus grabaciones de este año. Con ese planteamiento, no era de extrañar que empezara con “Holoday”, sin duda su tema más accesible de “Quarantine”, con ese “just wanna be with you” que resultó una perfecta declaración de principios de lo que estaba por venir. Desde el principio quedó claro que Halo no iba estar hierática, micrófono en mano, reproduciendo al pie de la letra las texturas más rugosas de “Quarantine”. No. Aquí la cosa se trataba de retorcer las canciones del álbum hasta convertirlas en melodías de techno, con BPM elevados y beats mucho más lúdicos que los de su último trabajo.

Pertrechada tras la mesa, Halo apenas dejó intuir los temas de “Quarantine”: en directo, “Thaw” o “Years” sólo se podían reconocer por alguna que otra voz programada o algún que otro sample, pero en absoluto por su fidelidad al original, que durante la escasa hora que duró la actuación fue uno de los elementos que brilló por su ausencia. La de anoche no fue esa exaltación de la soledad y la distopía que parece ser “Quarantine”, sino una celebración de la música electrónica en toda regla, que invitaba al baile y a abandonarse al ritmo. Ni siquiera Halo respondía a lo que uno podía esperar: pese a su aparente lejanía (nada de frases facilonas para meterse al público en el bolsillo ni de guiños ‘humanos’ a la audiencia), en realidad pudimos disfrutar de una artista que parecía dispuesta no sólo a hacer que la gente lo pasara bien, sino a disfrutar ella misma, lejos de los corsés que le podía imponer el disco. Un ejemplo: dejó de lado por completo su faceta como cantante, y no se hizo con el micrófono hasta casi al final del set, cuando decidió grabar su voz para usarla como base en un loop continuo que no hacía más que revestir a su directo de una capa más, porque si hay algo que sí mantuvo en directo fue esa superposición de sonidos que ensambla con tanta maestría. Pero lo que en “Quarantine” es sosegado, íntimo y personalísimo, en su directo es una nueva personificación de unas canciones que adoptan vida propia, que se niegan a sonar como los demás esperan. Sin duda, una apuesta arriesgada pero ganadora y que sólo hacia el final nos hizo recordar el álbum de la mano de unos sonidos agudos, orgánicos y violentos que sirvieron de despedida, algo brusca pero sin duda epatante, de Halo. Lástima que una sala excesivamente iluminada y un público poco dispuesto a escuchar lo que no fuera su propia cháchara deslucieran la noche.

*Puedes ver las fotos del evento aquí

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