Reportajes

Lady Gaga, enferma y alienígena

Sentimientos encontrados en la noche en que la matriarca de los ‘little monsters’ llenó el Palau Sant Jordi de Barcelona

No se notó en el escenario, pero Lady Gaga ofreció en Barcelona su exagerado show, el The Born This Way Ball, ligeramente indispuesta. Quizá eso explique la falta de ritmo en ciertos momentos, pero tampoco hay que negar que fue todo muy divertido.

Buscábamos excentricidad y divertimento palomitero, y lo tuvimos. Puede acusarse de muchas cosas a Lady Gaga, pero atendiendo a lo que vimos y escuchamos el pasado sábado en el Palau Sant Jordi de Barcelona durante la única escala española del Born This Way Ball Tour, lo que quedó claro es que con tan sólo cuatro años de carrera la última diva de lo transgénico cuenta con el arsenal suficiente de hits como para liderar un espectáculo de algo más de dos horas. Los medios generalistas ya han dado su parecer de la noche dejando por escrito cómo floreció de un útero hinchable al interpretar “Born This Way” o como antes de presumir de voz (sin artificios y únicamente acompañada de su piano-moto) en “Hair” se colocó una camiseta del Barça para evitar un pezongate después de que el sujetador le jugara una mala pasada. De modo que, sin necesidad de entrar en la vacua crónica que narra al detalle qué cantó y qué modelito se cascó (para eso tienen YouTube, donde hay algunos de sus más recientes conciertos colgados íntegramente), lo que viene a continuación es una retahíla de impresiones y esputos viscerales de un fan que pasó como cualquier hijo de vecino por la taquilla y salió levemente desencantado de ese batiburrillo trash. Aunque, eso sí, antes de conocer que la protagonista de la noche, en realidad, estaba enferma. Así fue la cita con la matriarca de los ‘little monsters’.

1. El castillo de la bruja al final tenía su qué

Poniéndoles en situación, el escenario no dejaba de ser algo así como una versión pasada de vueltas de los típicos trenes de la bruja que proliferan en las ferias de pueblo, presidido por una pasarela circular a imagen y semejanza de las que recientemente han empleado Madonna o Kylie Minogue en sus últimas giras para acercarse a los fans. Hasta aquí nada que objetar. Es más, el castillo en sí, lejos de ser tan de cartón-piedra como uno maliciosamente sospechaba antes de verlo en vivo, dio mucho juego. Escalinatas móviles, torres desde las que Gaga se asomaba (o más bien se escondía) sacando a flote la folclórica que lleva dentro y unos juegos de luces algo rácanos pero que funcionaban en su cometido de convertir el escenario en un cuarto oscuro del Medievo que apestaba a látex y fluidos varios.

Lo arriesgado de la propuesta, de todos modos, fue renunciar a las vídeo-proyecciones. Uno de los puntos más llamativos de su anterior gira, The Monster Ball Tour, precisamente eran aquellas obras de arte hechas interludios en las que Gaga aprovechaba para variar de ropaje. Aquí, más allá de aquella cansina cara proyectada que aparecía de tanto en cuanto (y que tuvo hasta la osadía de cantar “Paparazzi”), la división de los ‘actos’ se producían con algún número de baile lascivo por parte de sus bailarines (“Americano”) o bien cuando Gaga se perdía por algún recoveco del escenario. Por supuesto, tiene muchos años por delante para remediar estos bajones de ritmo tan escandalosos entre canción y canción. No obstante, tras ver en casa ese vídeo que ya circula en la red en el que se la ve vomitando mientras entona “ The Edge Of Glory”, entiendo por qué entre ese y el último highlight de la noche, “Marry The Night”, me dio tiempo para miccionar, dejarme el sueldo en una cerveza a precio de oro y jugar al Apalabrados. Eso nos lleva al siguiente punto.

2. La enfermedad puede deslucir tu fiesta

Durante el concierto ella no se pronunció en ningún momento sobre esto, pero ayer mismo, luchando contra la resaca, nos enteramos de que Gaga andaba resfriada y había sufrido un golpe de calor en el escenario. Aparte de estar a punto de pegarse un hostiazo histórico cuando la moto móvil de “Heavy Metal Lover” casi se descarrila, hubo momentos en los que la diva se las veía canutas para mantener en condiciones su voz. Durante “Telephone” desde donde me encontraba no escuché nada, y en “Bad Kids”, por citar sólo dos ejemplos, se pasó literalmente por la peineta el micrófono. Aunque gracias a los astros del pop, o probablemente al médico que andaba entre bambalinas, en momentos como la desenchufada “Hair”, esa oda a Queen que realmente es “Yoü and I” y la intro a cappella de “The Edge Of Glory” (momentos antes de vomitar sin que nadie se diera cuenta), Gaga se vino con todo y consiguió, pese a la adversidad, dejarse el alma cantando y ponernos los pelos como escarpias. Vozarrón de los grandes a años luz de todas las aspirantes que también quieren aposentar sus nalgas en el trono del pop mayestático.

Como era de presuponer, su mash-up de “Express Yourself” (piensen mal y acertarán) y “Bad Romance” incendiaron el coloso de Montjuïc. Pero lo que para nadie pasó desapercibido fue su performance de esa sucia obra de ingeniería trancera más grande que la vida llamada “Schei b e”. Sin ningún tipo de atrezzo, sólo acompañada de su fibrado cuerpo de baile, Gaga se marcó la coreografía más exitosa y precisa de toda la noche. Quitarte dos kilos de un plumazo en poco más de tres minutos no tiene precio.

3. La folclórica agradecida y emocionada siempre sabe mejor

La jodía, con esos kilillos de más, lució muchísimo más bella que en su anterior visita a España (papadilla mediante). Y puestos a encontrar diferencias con aquella ocasión, este sábado se mostró más simpática y agradecida que entonces sin necesidad de recurrir a aquellos interminables speeches guionizados en los que se autoproclamaba la voz de los jóvenes desarraigados. Recordó su doblete en el Ocho y Medio (ese “club gay”, según ella) cuando aún era una don nadie, se ganó a las masas agradeciendo que se hubieran dejado un pastizal por verla atendiendo a la galopante crisis que vivimos, y bromeó acerca de que esta era la primera vez que veía a los poseedores de una entrada vip (la grada más cercana al escenario) en pie durante todo su concierto. A simpática y cercana únicamente la Minogue puede hacerle sombra, pero eso no quita que fuera un gustazo ver cómo, pese a no encontrarse en su mejor día, aguantó el tipo con una profesionalidad y una sonrisa envidiable.

¿Fue el mejor show pop de la historia? Me remito a lo que mi santa madre (también presente allí porque no quería perderse el sarao) soltó nada más encenderse las luces del Sant Jordi: “oye, pues la verdad es que me lo pasé mucho mejor en Madonna…”. Lo que dice una madre siempre va a misa, pero ya le advertí de que seguramente cambiará de parecer cuando vuelva a verla en futuras giras y no se encuentre indispuesta.

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