Reportajes

Kanye West

Mr. Untouchable

Kanye West David Broc Por David Broc

1. Endtroducing

Kanye West pasará a la historia por cinco motivos.

Uno. Por salvar al hip hop cuando éste atravesaba su peor momento. Literalmente. En pleno cambio de siglo, con la supremacía del bling bling y el declive irrefrenable de toda una tradición, de un sonido y de una forma de crear, cuando parecía que el género ya no tenía remedio, su fórmula redentora a base de beats analógicos y samples acelerados de soul y funk no sólo dio forma –y constitución física y conceptual– a “The Blueprint”, el mejor álbum de rap de la década pasada, sino que revalorizó un modus operandi –el corta y pega sampladélico, la MPC, la búsqueda de muestras en viejos discos raros de soul– que parecía condenado a la extinción y que devolvió alma, vida y fuerza a las producciones de rap de la época. Pero también, y a la postre un motivo quizás más trascendente, por cómo ha perfilado un discurso universal, global e integrador que ha permitido el crecimiento social, popular y mediático del hip hop sin restarle ni un ápice de su credibilidad.

Dos. Por convertirse en el artista más expuesto, cercano y tangible para los fans que ha dado nunca el hip hop. Blogs, internet, YouTube, Twitter: consciente de los medios, la repercusión y el impacto que proporciona la red en la actualidad, Kanye West ha cambiado por completo la relación que los rappers de éxito mantenían con el mundo, y de su estrecho vínculo con estas herramientas digitales ha logrado extraer el máximo provecho posible, incluso cuando tanta exposición pública le ha reportado numerosos quebraderos de cabeza.

Tres. Por decir públicamente que a George Bush no le importaban los negros. Por fastidiarle a Taylor Swift la noche más importante de su carrera. O por enseñar su miembro viril en una sesión de cibersexo. O incluso por ponerse a rapear en pleno vuelo a través del speaker de las azafatas. Por ser incapaz de medir sus reacciones e impulsos, por vivir enganchado, consciente o inconscientemente, al escándalo: por haberse convertido, en definitiva, en el personaje más mediático y necesario del panorama musical contemporáneo.

Cuatro. Por haber rediseñado por completo la estética del hip hop, ya no sólo su discurso musical. Sin tan siquiera pretenderlo, ha acabado ejerciendo de trendsetter y referencia absoluta para entender los cambios y la evolución visual y estética de todo un género, tanto desde un punto de vista explícito como creativo y expresivo. La planificación de sus conciertos, la puesta en escena, el diseño de sus videoclips o el cuidado de los packagings de sus discos ha aportado un plus de autoría y ambición que ha marcado un antes y un después en los ademanes del hip hop.

Cinco. Por haber patentado y dado alas al emo-rap y por haber tenido el atrevimiento y la lucidez de implantar una nueva sensibilidad en un estilo musical históricamente reacio a hablar de sentimientos y emociones íntimas. Y, por extensión, claro está, por haber ejercido de guía espiritual y creativo de la nueva savia del hip hop del siglo XXI: de Drake a B.O.B.

Hechas las presentaciones de un personaje que ya no las necesita, a continuación desarrollamos los cinco puntos clave de su trayectoria y personalidad con el objetivo de explicar por qué Kanye West se ha convertido en el músico más relevante, importante y necesario de nuestro momento.

2. Negro sobre blanco

La revolución más importante que ha vivido el hip hop en la última década no ha sido ni musical ni comercial. Llegaron nuevos productores, nuevos sonidos, nuevos rappers, nuevas escenas y nuevas tendencias, pero el factor más decisivo en la expansión popular y mediática del género ha venido dada por el ascenso y consolidación radical de la clase media negra como buque insignia de esa reforma. Kid Cudi, Drake, Lupe Fiasco o J. Cole representan a una estirpe afroamericana más cultivada, instruida y global en la que parece haber tenido peso un espectro cultural más amplio, con innegable influencia blanca, desde la estética a la música pasando por el lenguaje o la manera de interactuar. Todos ellos han tenido a Kanye West como el verdadero referente e instigador de este cambio de hábitos y dogmas, el gran puente de unión entre las grandes estrellas del firmamento gueto, de Young Jeezy a Lil Wayne, pasando por el propio Jay-Z, todavía hoy el gran ídolo para la comunidad negra estadounidense pese a su estatus, y una nueva hornada de autores para los que el target de público es más ecléctico y mezclado. Antes de que Jigga confesara su admiración pública por Grizzly Bear, ‘Ye ya llevaba tiempo anunciando en su blog su pasión por Radiohead, Franz Ferdinand o TV On The Radio, entre otros, y anexionando públicos, sensibilidades y universos dispares con su discurso creativo y también estético.

Kanye es la única gran estrella contemporánea del género que mantiene un equilibrio simétrico entre sus seguidores. Si Jigga, 50 Cent o Lil Wayne siguen teniendo su mayor núcleo de fans entre el público negro y Eminem, por ejemplo, entre el blanco, West ha logrado que sea más complejo y difícil decidir esa disyuntiva. Aunque “The College Dropout” es un álbum de eminentes e inapelables directrices de hip hop ortodoxo, su posterior recorrido discográfico incorpora decenas de elementos sonoros que permiten su ampliación del campo de batalla y su definitiva entrada en los márgenes de un gusto mayoritario y universal. La ecuación viene dada por la carga melódica, por el uso de arreglos, por el sonido más domesticado y por una visión global que lo absorbe todo y de la que es imposible huir o escapar, para bien o para mal. Su plan de conquista está perfectamente medido en ese sentido, pero no es forzado ni prefabricado: fuera de los límites de un gueto degradado o de una infancia traumática entre disparos y drogas, West, como también Cudi o Drake, es un tipo que ha crecido expuesto por igual a la influencia del soul o del funk y a la influencia del pop, la música electrónica o el indie-rock, y eso se traduce en un concepto artístico que no tiene límites ni horizontes y que indudablemente ha posibilitado la entrada de un perfil de seguidores o consumidores con el que antes no se contaba ni se pensaba.

El mérito es enorme, porque con Kanye West muchos blancos reticentes a entrar de lleno en el hip hop han podido encontrar a ese referente que necesitaban para descubrir un mundo que les era más bien ajeno o que entendían de una manera diferente o más opaca. En ese sentido, su influencia en el género es incalculable y siempre reivindicable, pues no sólo ha logrado mejorarlo musicalmente sino que además ha sido capaz de atraer a miles de potenciales clientes y seguidores que estaban a la espera de un anzuelo como el suyo para picar de una vez por todas. Las futuras generaciones de MCs con ambición y expectativas le deben pleitesía y agradecimiento eterno.

3. Blogconfesionario

El aprovechamiento extremo de los medios de comunicación y, sobre todo, de internet como vehículo de autopromoción, acercamiento al público y notoriedad las 24 horas del día, 7 días a la semana. Tiempo antes de que Twitter se convirtiera en una de las herramientas de autobombo y difusión más eficientes del momento –también en la portería más concurrida y activa del universo rap, donde el cotilleo y los beefs se suceden a la velocidad de la luz sin apenas dar tiempo a digerirlo todo–, West convirtió su blog personal en una plataforma multimedia sorprendentemente activa –él mismo confesó en varias ocasiones que tenía un equipo de gente detrás que le ayudaba a colgar nuevos contenidos– en la que, además de poner al alcance de todos sus gustos y preferencias en ámbitos como la música, la arquitectura, la moda, la pintura o las mujeres, también volcaba pensamientos, opiniones, confesiones y reflexiones en primera persona que sólo hicieron que reforzar su tendencia al exhibicionismo público.

En una industria en la que la gran mayoría de blogs simplemente ejercen de comparsas promocionales, o peor aún, de diarios de ruta sin personalidad, neutros, de manifiesta aspiración informativa en los que la aportación más interesante del día puede ser el nombre del restaurante en el que ha comido el artista de turno, el blog de ‘Ye no tardó en devenir una anomalía que despertaba seguimiento, fidelidad y atención incansable. Difícil acordarse de un referente de semejante envergadura mediática, popular y social que se haya desnudado de esa forma en una página personal de internet. Aún menos en el universo rap, donde las grandes estrellas siempre transmiten una imagen de distanciamiento, frialdad y superioridad moral de muy difícil acceso. Cada incidente, cada polémica, cada problema acaecido en su vida tenía continuación, tratamiento de shock, catarsis y desenlace en su blog, y todo al alcance del lector. Por voluntad propia, por egocentrismo, por necesidad de comunicarse con sus seguidores, también con sus haters –gran fuente de retroalimentación de toda su carrera, desde que en sus inicios le quisieron convencer de que no servía para rapear y que sería mejor que no saliera de la pecera–, por ansias irrefrenables de explicarse al mundo, por adicción a esa presencia constante en el candelero, fuera cual fuera la causa, el productor y MC siempre ha rendido cuentas de puertas para afuera, sin importarle el hecho de que esto todavía amplificaba aún más la repercusión de sus palabras.

¿En qué se queda, pues, la idea tergiversada, manipulada y devaluada de realidad televisada de Gran Hermano si la equiparamos a la que nos ha propuesto ‘Ye todo este tiempo? Migajas. Poco después de presenciar su incidente con Taylor Swift, la atención de todos nosotros no estaba en lo que podía decirse en la propia cadena MTV o en los informativos, sino que era tan fácil como conectarse al blog del artista y esperar su reacción, que no tardaría en aparecer. Es un ejemplo que recuperamos aquí mismo, pero que se pudo aplicar en cada uno de los incontables sucesos que le han acompañado: reacciones a su enfrentamiento con un paparazzi en el aeropuerto de Los Ángeles, su beef con 50 Cent antes del lanzamiento de “Graduation”, sus problemas con asociaciones como PETA, las críticas a su egocentrismo o supuesto divismo. Siempre ha habido respuesta y confesión, haciendo de su blog un show de Truman con fundamento, sinceridad y honestidad desmedida.

Desgraciadamente, en marzo de este año ‘Ye rediseñó el blog para convertirlo en una suerte de web arty en la que apenas tiene presencia su palabra y su testimonio. Ahora sus anotaciones personales hay que buscarlas en su cuenta de Twitter, nacida a finales de agosto y que ya dispone de más de un millón y medio de seguidores. En cierto modo, su Twitter recupera parte de la esencia de aquellos primeros años de blog, hasta el punto de que webs como la de MTV elaboran de vez en cuando una lista de los diez mejores tweets de la semana. Interesante ha sido, también, comprobar cómo Twitter se ha convertido en lanzadera de la serie G.O.O.D. Fridays, en la que cada viernes de los últimos tres meses el artista ha volcado una canción nueva surgida de su estudio. El debate está en si anticipar con tanta insistencia los temas de “My Beaufitul Dark Twisted Fantasy”, su nuevo álbum, puede haber perjudicado al impacto y la capacidad de sorpresa del mismo o si, por el contrario, esto ha servido a West de barómetro e indicador del camino a seguir durante la grabación final. Quién sabe. Lo que está claro es que, de momento, Twitter nos permite seguir conectados las 24 horas del día al canal ‘Ye, y eso sigue siendo algo especial, único e inimitable.

4. Escándalos y marketing

Si tecleamos en el buscador de Google “Kanye West + Taylor Swift”, obtendremos más resultados de búsqueda que si tecleamos Bruce Springsteen, Bob Dylan o, no sé, por citar a algún coetáneo, Outkast. Es una buena medida para calibrar el impacto que tiene en internet, pero también en la sociedad actual, cada escándalo protagonizado por nuestro hombre. El productor tiene el récord de movimientos y apariciones polémicas por metro cuadrado en estos últimos años, pero sorprendentemente, y eso es una virtud que merece consideración y estudio, éstas nunca le han pasado factura artística y, además, han ayudado a aumentar e incrementar su notoriedad en los medios. Ha salido bien parado de todas ellas, como si fuera intocable o impermeable a este tipo de situaciones y tuviera el don de reconducir estos dramas para su propio beneficio, de ahí que en muchas ocasiones se le haya acusado de aprovecharse de su presencia mediática para autopromocionarse a costa de otros. Pero no estaría del todo de acuerdo con esta afirmación.

Es cierto que arengó de forma poco prudente a la población negra cuando proclamó aquello de “George Bush doesn’t care about black people” en plena crisis post-Katrina, pero ningún asesor de marketing en su sano juicio hubiera promovido semejante locura para ganar un poco más de share. Pese a todo, y sorprendentemente, los efectos de su declaración se puede decir que fueron más positivos que negativos para su imagen. En una declaración propia de un líder de Nation Of Islam, sus palabras resonaron y consiguieron más eco y relevancia que cualquier acusación justificada y probada de organizaciones no gubernamentales sobre el papel del Presidente de Estados Unidos y las maniobras de FEMA, e incluso le llevaron a ganarse el crédito de un sector de la población negra que quizás antes le había visto más como un producto de diseño que como una cara con conciencia y compromiso. Y los ecos de ese momento todavía retumban hoy, después de la aparición del libro de Bush “Decision Points” y de las declaraciones del ex presidente señalando esas palabras como uno de los peores y más desagradables momentos de su mandato. Incluso en el momento de arreglar cuentas, ‘Ye no ha podido evitar recientemente provocar otro cisma, esta vez con el presentador Matt Lauer y el programa de la NBC “Today Show”, en una nueva polémica de la que hemos podido seguir sus pasos vía Twitter y que tuvo como gran desencadenante el vídeo de otro suceso marcado con letras de oro en el currículo del artista: la interrupción de los VMA para protestar por la victoria de Taylor Swift en un premio que le correspondía, según su opinión, a Beyoncé.

Para Kanye, aquella interrupción fue un gesto “muy punk rock e idealista”, para otros una machada fruto de una ingesta excesiva de alcohol y para muchos otros una nueva treta publicitaria para seguir presente en los medios incluso cuando no le correspondía. La publicidad gratis, se quejan los más críticos, es una constante en su carrera, desde el incidente con Bush a sus trifulcas con paparazzis, pasando por el caso Taylor Swift y acabando en su enfrentamiento con Matt Lauer y, en el último escalafón ya de la lista, en la filtración de un par de fotos suyas desnudo que él mismo habría enviado a algunas chicas en sesiones de cibersexo. No cuesta nada ceder ante la teoría de quienes ven en toda esta retahíla de desencuentros una estrategia de marketing, pero soy de los que prefiere sumarse a la hipótesis del carácter impetuoso, imprevisible, impulsivo y caótico de West, a todas luces una causa más interesante y coherente encuadrada en su trayectoria musical que una simple campaña publicitaria para armar jaleos catódicos o cibernautas. Incluso cuando, arrepentido, pidió perdón a Taylor Swift en su propio blog o se personó en el programa de Jay Leno para disculparse ante millones de personas, su gesto parecía sincero y honesto, con su punto justo de patetismo, más como resultado de una personalidad dual, ambivalente y muy inestable que como fruto de un plan maquiavélico para vender más discos.

En realidad, esta idea de artista polémico y siempre al filo del escándalo público mantiene una estrecha relación con la exposición manifiesta y explícita de la que hablaba en el punto anterior. Personaje negado para la contención, la mesura o el control, ‘Ye televisa y radia su vida en todo momento, incluso cuando comete errores o traspasa líneas de corrección política, y esa sobreexposición motiva que todo se redimensione y adquiera más protagonismo del normal. La importancia del escándalo es directamente proporcional a la importancia del personaje. ¿Realmente a alguien le importaría que un tipo como Pete Doherty interrumpiera a Taylor Swift en una ceremonia de entrega de premios? La gracia de Kanye es que no hay término medio ni equilibrio en su carrera, y eso lo hace todavía más fascinante e imprescindible en el panorama socio-artístico actual. El mundo necesita salidas de tono y actos de sinceridad, por equivocados o desubicados que estos le puedan parecer a la gente.

5. Faro para hypebeasts

La penetración de Kanye West en el tejido social urbano no se ha debido únicamente a su música y sus apariciones públicas. Existe un factor que podría parecer menor o intrascendente en cualquier otro ámbito o contexto, pero que en el currículo del artista ha cobrado vital relevancia desde sus inicios. La fascinación que siente ‘Ye por la moda y por una idea estética en todos los frentes, desde la ropa a la arquitectura, pasando por el arte, los coches, la decoración o el interiorismo, ha marcado su trayectoria y ha sido determinante también en su capacidad para influir y afectar a la gente. Cuando a inicios de esta década imperaba la estética bling bling importada del dirty south, West aparecía con náuticos, chaquetas universitarias y polos color pastel, y aquellos que le acusaban, entre otras cosas, de maricón y loco, al cabo de poco tiempo vieron cómo su estética rediseñaba por completo la imagen de los rappers y reconducía toda una manera de vestirse en el universo negro.

Muchas veces olvidamos que los rumbos estéticos y los cambios de tendencia en la moda forman parte indisociable de la evolución de la música, pero sobre todo en un ámbito como el del hip hop, siempre ligado estrechamente a su apariencia y manera de presentarse al mundo. Que Kanye diseñe una colección de zapatillas para Louis Vuitton no es una anécdota ni una anotación exótica a pie de página, ni mucho menos. Su participación en ese proyecto se debió, primero, a su amistad con Marc Jacobs, pero sobre todo al hecho de que gracias a la influencia de rappers como él las grandes firmas de lujo, Gucci, Prada, Vuitton, Lanvin, se han dado cuenta de que existía un nicho de mercado urbano en sus colecciones de zapatillas. La incidencia que ha tenido alguien como ‘Ye en el auge del consumo de sneakers de prêt-à-porter no está al alcance de muchos y ratifica por qué en publicaciones como Askmen le han elegido el músico más influyente del momento. Por no hablar de sus Nike Yeezy, un prototipo diseñado exclusivamente para el atrezzo de la gira de “Graduation” y que Nike se vio obligada a comercializar en ediciones limitadas a precios estratosféricos para satisfacer la fuerte demanda popular.

Todo cuanto ha llevado o se ha calzado Kanye se ha convertido en trending topic y motivo de búsqueda por parte del público. Hemos hablado de zapatillas, pero también podemos hacerlo de ropa ( Bape o, por encima de todo, la implantación de los skinny jeans o tejanos estrechos como principal cambio estético entre la comunidad rap), arte ( KAWS o Takashi Murakami), mochilas (Louis Vuitton) o relojes ( Nooka), hasta el punto de que el rapper se ha convertido en una presencia constante y referencial para webs como Hypebeast o Highsnobiety, dos piedras angulares en la difusión y propagación de contenidos relacionados con la cultura urbana y sus satélites: zapatillas, arte, tecnología, diseño o streetwear. Indudablemente, ‘Ye es uno de los grandes culpables de la relevancia y vigencia que ha cobrado el término hypebeast en estos últimos tres años, y todavía hoy surge como uno de sus máximos referentes y gurús. Cuando una publicación como Complex dedica un especial a repasar toda la colección de zapatillas con la que se ha podido ver a Kanye West, entonces es que algo monstruoso sucede con este tipo.

Este refinamiento estético también se ha reflejado en el cuidado con el que West ha organizado todas sus giras y ha diseñado las puestas en escena de sus shows, auténticas filigranas más conectadas, desde un punto de vista de grandeur y espectacularidad, con un gran concierto de U2 o Peter Gabriel que con una actuación de un MC (el tour “Glow In The Dark” sigue siendo el espectáculo en vivo más inspirado, especial y deslumbrante que un servidor ha podido ver nunca). Por no hablar de sus videoclips: desde aquel portentoso “Good Morning” que le fabricó Takashi Murakami al corto “We Were Once A Fairytale”, pequeña obra maestra de Spike Jonze, pasando por los 35 minutos de “Runaway”, clímax absoluto, a medio camino entre Bergman y una editorial de Purple, con el que se ha presentado “My Beautiful Dark Twisted Fantasy”.

6. Emo

Todas las implicaciones negativas que ha podido acaparar el concepto emo en los últimos tiempos entre los adolescentes y el espectro musical rock, Kanye West consiguió traducirlas en aire fresco, inquietud y ademanes rupturistas para el rap con la publicación de “808s & Heartbreak”. Género eternamente apegado a una idea vigoréxica y poco romántica de los sentimientos, el hip hop descubrió para sí mismo una cara y una faceta hasta entonces poco o nada explorada –en todo caso nunca en planteamientos conceptuales ni en álbumes al completo– en un título que pasará a la historia como una de las grabaciones peor entendidas por la crítica que soy capaz de recordar. Es una lástima que no todos supieran o quisieran ver el carácter revolucionario y regenerador de esa obra y solo atendieran al rastro del autotune, pues ahí se dio inicio y fundación al emo-rap, variante que hoy en día ya parece plenamente aceptada vía Drake o Kid Cudi y que será de gran importancia y relevancia en el futuro.

Incluso la estética general del disco ha calado hondo: las gafas de nerd, moneda común ya entre la población negra; el uso de la 808, arma indispensable para los productores que más pegan en la actualidad, sobre todo Boi-1da; la combinación de fraseados rap y estribillos cantados, piedra filosofal del discurso de Drake, Cudi o Theophilus London; y la utilización dramática, emocional e introspectiva del autotune, el caso de The-Dream, nada que ver con la esencia festiva de garrafón con la que había sido tratado hasta la fecha por T-Pain o Lil Wayne. El gran hallazgo de ese disco, que será superado con el tiempo por nuevas propuestas más consistentes y certeras pero que ya tiene reservado su hueco en la historia por su atrevimiento abrumador, estriba en la traslación de ideas, recursos y argumentos de clarísima herencia pop, folk y rock, esa idea de disco de ruptura y de depresión emocional, a territorios musicales vírgenes en materia de confesiones personales, introspección y exorcismo sentimental. Es como si a raíz de su impacto el universo hip hop hubiera perdido el miedo o la vergüenza para hablar de aspectos como la tristeza, el miedo, el desamparo o el desamor y como si se hubiera desprendido de una imagen arquetípica de agresividad mal entendida.

La influencia es musical, pero sobre todo generacional. “808s & Heartbreak” es, por encima de todo, el manifiesto de un cambio de rumbo y de un relevo. El relevo que quieren coger todos aquellos nuevos gatos que apuestan por alejarse del tópico y el cliché y que encontraron en ese disco la antorcha que iluminara su camino. Se diría que es casi más relevante para los propios artistas, a modo de toma de conciencia, que para el público, quizás porque para una buena parte de los seguidores de Kanye, en especial aquellos que no proceden de un background rap, ya estaba más que asumida y entendida esa faceta más emocional de las letras y las melodías. El problema, si es que se puede entender como tal, está claro que no, es que en apenas un año el propio West ha dejado atrás por completo la estela de ese álbum para levantar una nueva revolución, la del hip hop épico de grandes estadios, que reclama ya mismo su papel y protagonismo en el futuro más inmediato del género.

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