Reportajes

981 Heritage: Holy Other, Chelis y DMX Krew triunfan en La Coruña

El festival gallego clausura su edición 2012 en su ciudad de nacimiento tras los pasos previos por Madrid y Londres. Esta es nuestra crónica

El festival 981 Heritage concluyó este fin de semana su agitada edición 2012, con paradas previas en Madrid y Londres, con una noche de apretones y buena música regada en ácido y techno en la ciudad que lo vio nacer, La Coruña. Estuvimos ahí y te lo contamos.

Fotografías de Susana Díaz Otero

Llueve en La Coruña, que el sábado 15 de diciembre centra su actividad nocturna en el Playa Club a orillas de Riazor. Mientras gran parte de la juventud de la ciudad recibe el festival 981Heritage con alegría –es uno de los acontecimientos del año a nivel musical, con el plus de que se celebra en temporada invernal, cuando la oferta se ciñe a lo que las salas gallegas tengan por bien programar–, algunos asistentes me advierten de los “peros”. El primero, el aforo de la sala, que con toda seguridad se rebasará haciendo que el baile se convierta en una defensa a codo de tu zona de confort vital. El segundo, la decisión de separar la programación, dejando al equipo nacional de DJs y productores como avanzadilla en la tarde y colocando a los artistas internacionales en el club de noche. ¿Un oprobio más para nuestro producto nacional o una manera de promocionarlos, al ser la programación de la tarde en la cafetería del Playa gratuita? Existen ambas lecturas y, a falta de una explicación por parte de la organización, hay que tener ambas interpretaciones en cuenta.

Lo cierto es que la cafetería del Playa Club (un bonito establecimiento que funciona en horario diurno, con el suelo de damero aburguesado, mobiliario en blanco y vistas de lujo a la playa de Riazor) ya estaba abarrotada a las seis de la tarde, cuando Mwëslee se colocaba tras los platos. Antes de eso, DJ Sith y Judah habían amenizado el cafetito de allegados, madrugadores y señoras con accesorios de piel, el primero con una selección muy similar a la que hace para su show de radio en Nasty FM; Judah tampoco se salió de su guión habitual a pesar del contexto. Con Mwëslee, sin embargo, no se puede decir lo mismo. No porque el vigués tenga un guión establecido, sino porque verle pinchar no es tan habitual como verle tocar, además de que sus mixes enlatados suelen ser temáticos y mucho más escasos de lo que quisiéramos. Autechre, Sade, Active Child, algún inédito de BFlecha o Brandy pasaron por los platos, instigando a algún presente a acercarse después preguntando intrigado por el tracklist.

A partir de este punto la tarde se empezó a dislocar; FatFish, mítico DJ coruñés con muchos años a sus espaldas, viró estilísticamente la tarde, llevándola a terrenos más IDM y menos negroides; terrenos estos últimos que recuperaría Niño con un directo espectacular que tuvo a gran parte del público pendiente de sus movimientos. Chelis cerraba la tarde en la cafetería y él sí que se salió del guión establecido. En estricto vinilo (esto es habitual en el maño), la sesión fue, sobre todo, imbailable. Pero puso el punto “über docto” a la música de todo el festival coruñés con una mezcla de drones, ambient, música concreta, aleatoria y otras variantes que sirvieron de biombo entre la tarde y la noche.

Tal y como me habían advertido, el Playa Club es un club de capital de provincia; aunque mítico (me dice mi tía que era su garito favorito cuando salía con mi tío, hace unos 25 años) y con unas vistas espectaculares, su aforo no supera las 1000 personas. Y, creedme, en Galicia hay más de 1000 almas entre fans de François Kevorkian, Holy Other, Actress o Lindstrom. Así que, para cuando no habíamos trasladado al club (justo debajo de la cafetería) para ver a DMX Krew, las colas y los roces involuntarios ya empezaban a asomar tanto en la sala grande con Pantha Du Prince como en la pequeña con DMX Krew.

Por otro lado, las diferencias de expectación y asistencia entre ambos espacios permitían valorar si, como algunos apuntaban, el público coruñés acude con los ojos y los oídos cerrados al 981 porque no hay nada más que hacer o si, por el contrario, existe en la ciudad herculina interés suficiente para celebrar este tipo de eventos y no perder dinero. DMX lo acabó petando todavía más en su segunda hora de sesión. La razón: la propuesta de Actress no debió gustar a los más animados. Yo no lo sé porque estoy bastante harta de bostezar con Cunningham y sus directos y lo de Ed Upton estaba siendo demencial, del house histriónico al acid más químico. Al que sí que me había acercado a ver fue al alemán Pantha Du Prince que, en los escasos minutos que presencié, tiró de techno suavizado de genoma europeo pero sin mucha personalidad, lo que me destempló bastante (con lo “culo-fino” que se puso Weber en “Black Noise”…). Después del paso de Actress por la sala principal le tocaba el turno a François Kevorkian y sus gafas de montura al aire de cincuentón interesante. El americano era uno de los principales atractivos del cartel –mítico y ageneracional–, por lo que no resultaba raro que el espacio principal empezara a empequeñecer debido al goteo constante de nuevo público.

Para esas horas de la noche, el aforo ya resultaba prácticamente insostenible y Snuff Crew en formato dúo enmascarado ya estaban atizándole ácido a sus cacharros. Enmascarados gracias a pasamontañas y su hoodie corporativa, los dos artistas –nunca supimos si se trataba o no de KiNK y Neville Watson– protagonizaron la mejor actuación de la noche. No importó que poca gente tuviera controlada la trayectoria del proyecto; incluso solapados con Kevorkian, duplicaron la asistencia de DMX Krew y triplicaron el ambiente de fiesta y las oleadas de ácido. Bravísimos. Por otro lado, Kevorkian cumplió, para quien suscribe, sin más pena ni gloria aunque para las 15 primeras filas (media de edad en los 30, usuario tipo de foros Techno Astur) fue, seguramente, la hostia. La cuestión es que mítico pinchadiscos fue nuestro aperitivo para Holy Other, y ahora valoraremos el orden de aparición de los artistas, que fue el tercer gran pero de este 981 Heritage Coruña.

Mientras la sala pequeña, la Boite, congregó a artistas con similitud estilística –diferentes tonalidades de acid en progresión decreciente con DMX, Snuff Crew, Byetone y Boddika cerrando–, en la sala principal las diferencias de concepto de una actuación a otra acabaron poco a poco con el mood de la sala, que pasaba de la euforia frívola a la introspección techno con minutos de diferencia. Quizás, haber mezclado artistas nacionales e internacionales hubiera facilitado una linealidad en el continuum del festival que el sábado no existía. Pero bueno, hasta que la organización dé una explicación oficial, aplicaremos la presunción de inocencia y atribuiremos este hecho a algún tipo de problema logístico. La cuestión es que Holy Other aparecía pasadas las cuatro y media de la mañana en el escenario, justo cuando se cumplía para mí las 12 horas de evento.

Sin capucha y sin laptop (algunos decían que sí lo llevaba pero con la tapa bajada; yo como mido metro y medio no alcancé a verlo), el rey de las sábanas dio salida a los temas del magnífico “Held” cuidando los tempos, los susurros, las transiciones. Custodiado por una nube de humo y la escasez de luz, ver al de Tri Angle mientras subía la marea en Riazor y el faro de la Torre de Hércules hacía su trabajo tuvo un punto místico exquisito, pero también nos sumió a todos en el cansancio anticipado. Demasiado tarde para sacarle todo el jugo a la música de este artista. Demasiado etéreo como para sacar fuerzas de donde no las había y quedarse a bailar el nu disco elegante y quetaminoso de Lindstrom o ir a ver a Boddika repartir zapatilla a un target que, muy probablemente, estuviera buscando a esas horas ya otro tipo de caña.

Sin haber pisado las nuevas ediciones de Madrid o Londres, 981Heritage de La Coruña le da la oportunidad a la gente del frontal cantábrico de ver cosas interesantes entre los festivales de verano y el L.E.V. asturiano, aunque para ello tengan que compartir el aire que respiran con gente que ni le va ni le viene si el disco de Holy Other es mejor que el de How To Dress Well o el EP de Evian Christ. No obstante, comer, beber y disfrutar de las espectaculares bondades geográficas de la capital coruñesa compensa, aunque lluevan chuzos de punta.

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