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Francia pija, Francia trap: la guerra musical de un país a punto de quebrarse

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Vídeos de rap que suman decenas de millones de visualizaciones, periodistas negros que son confundidos con los empleados de seguridad en conciertos de indie, pop narcótico para escapar de la mediocridad diaria… Probablemente, la música francesa actual es el mejor termómetro que hay para entender la situación política del país

clara gil

04 Diciembre 2016 06:00

Hace poco menos de un mes que Kaaris, uno de los principales iconos del rap francés, publicaba su último disco, Okou Gnakouri. En él hay pistas que ya rondan los 18 millones de reproducciones en YouTube:



La misma semana en la que Kaaris publicaba su disco, el diario británico The Guardian escribía sobre La Femme, a quienes describía como «la banda francesa superchic»: su álbum Mystère, aparecido en septiembre de este año, no tardó en colocarse en las listas de discos más vendidos:



Ambos nombres, Kaaris y La Femme, son dos símbolos de un escenario musical partido en dos: a un lado del mismo, chavales de los suburbios que escriben sobre vivir en los márgenes, el dinero o la fiesta; al otro, grupos que son la banda sonora perfecta para un anuncio de fiesta y perfumes en el centro de París.

Todo ello en un país que en los últimos tiempos viene experimentando numerosas protestas, y que al mismo tiempo se dirige a unas elecciones donde la extrema derecha se despliega con fuerza.

“El mundo, o nada”

La noche del 31 de marzo, en la que miles de jóvenes ocuparon la Plaza de la República de París para protestar contra la ley del trabajo, hubo un eslogan que fue especialmente repetido: “Le Monde Ou Rien”; “el mundo o nada”. Se trataba de una frase perteneciente al grupo de rap PNL.

Las letras de PNL muestran poco interés por la política, pero sus canciones, eso sí, son un auténtico éxito. Le Monde Ou Rie suma ya más de 60 millones de reproducciones en YouTube:



Aparecido en 2014 tras la salida en prisión de sus integrantes, PNL se compone de los hermanos de origen argelino Nabil (27) y Tarik (29). Sus letras hablan de la vida en los suburbios donde se criaron (Corbeil-Essones), de cómo se ganan la vida vendiendo droga y de una generación —la suya— sin esperanzas.

El éxito de este grupo, explica Azzedine Fall, redactor jefe de la sección musical de Les Inrocks, se debe entre otras cosas a su negativa a hablar con los medios y conceder entrevistas.

“El rap actual en Francia no suele salir de los suburbios —dice Azzedie—. Hay excepciones como PNL o Nekfeu, pero la mayoría ni siquiera llega a escucharse en París. El público que lo consume es el de los suburbios”.

Entonces, ¿los parisinos rap no escuchan rap?

“A mí, que soy negro, me confunden con los de seguridad” 

“Es muy difícil ver a un parisino blanco en un concierto de rap y lo mismo ocurre al revés. Como periodista de música cubro varias tendencias musicales. Yo soy negro y  en algunos conciertos de indie pop celebrados en París me han confundido con el equipo de seguridad”, explica Azzedine entre risas.


El periodista musical detalla: “el rap francés vive una regeneración, pero más en su forma que en su contenido. La mayoría avanza hacia nuevas tendencias como el trap y hacia nuevas formas de estilo. Las letras hablan de la vida en los suburbios, de melancolía y de drogas. Y sus vídeos, que alcanzan el millón de reproducciones en pocas semanas, están llenos de ropas de marca y drones”.



Ejemplos de esta nueva ola son Bigflo et Oli, Prince Waly o Ichon.

Aurelien Buret, periodista musical de Booska-P, web especializada en hip hop francés, coincide con el análisis: “El nuevo rap es una nueva forma de marketing. No busca rimas, sino eslóganes pegadizos que repiten los chavales de los suburbios y que se comparten a través de las redes sociales”.

 

París, corazones rotos, fiesta


Y en el otro extremo, el rock francés. 

“El indie pop francés emergente —explica el periodista Charles Binick— está viviendo su mejor momento. Anteriormente no se cantaba en francés porque no vendías discos. Ahora está resurgiendo un nuevo fenómeno del indie que inició el grupo La Femme y que ha facilitado la fama de nuevos grupos como Flavien Berger, Grand Blanc, Cléa Vicent o The Pirouettes”.



Estos grupos, ubicados en el centro de París, hablan de fiesta, de corazones rotos, de intentar ser felices y de olvidar los problemas del día a día.

“Puede que La Femme no sean grandes escritores —explica Binick—, pero sus melodías new wave y surf, que recuperan el espíritu yé-yé de los 60, funcionan”.

El público de grupos como La Femme es, en su mayoría, parisino, de clase media alta, blanco y con edades comprendidas entre los 20 y los 50.

Es casi imposible ver a un parisino en un concierto de hip hop y a un rapero en un concierto de indie pop”, asegura Sebastien Gavignet, periodista musical, miembro de un grupo de slam poetry y empleado en la mediateca de la biblioteca Albert Camus, en Niza.


Gavignet  lleva años analizando la escena musical francesa y coincide en que Francia se está quedando sin referentes musicales y con públicos divididos: “Es el fenómeno de París. Es algo que solo ocurre aquí. Está París y el resto del mundo. Es como si fuesen dos mundos paralelos, dos públicos totalmente diferenciados”.

Para Gavignet la explicación es bastante lógica: “El rap francés y su público ha dejado de ser reivindicativo, ahora se centra en los problemas que surgen en sus barrios. En el caso del indie pop, lo que busca es intentar olvidar la mierda de cada día”. Su esperanza reside en Odezenne (que cruza fronteras entre rock y rap) y el rapero Kery James.

 

De las letras reivindicativas al Frente Nacional


 


Es posible que quien mejor explique este fenómeno sea Virginie Despentes. En una entrevista para Les Inrocks, la escritora francesa aseguraba que la música hip hop seguirá siendo la música de los suburbios, la de las cités donde están apiñados los musulmanes y los árabes.

“A nuestro país —decía Despentes— no le interesa que esa gente se junte, ni se mezcle, porque podrían politizarse y “liarla”. Y mientras tanto, mis colegas de 50 años que escuchaban rock y hip hop se han pasado al lado del indie pop, porque ‘no quieren escuchar música de drogadictos’”.

La escritora concluye:  


Mi generación de clase media que se ha visto afectada por la crisis y el desempleo culpa a los inmigrantes de todo, mientras el partido de Le Pen gana fuerza. Mi generación, que disfrutaba con la letras reivindicativas y se drogaba, es ahora la que vota al FN



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