Reportajes

Fly Me To The Moon

El hombre versus la máquina

Beach House Fly Me To The Moon

Noches de verano. Calor aguantable. Y dos citas promovidas por las buenas gentes de Primavera Sound en ese parque temático de las Autonomías que responde al nombre de Poble Espanyol, en la barcelonesa montaña de Montjuïc. Fly Me To The Moon nos ha ofrecido dos veladas llenas de dicotomías. El hombre que lucha contra la máquina, por ejemplo. O la dialéctica marciana que se abre paso entre lo pastoril. La urbe demoníaca que se conjura contra los paisajes bucólicos. La frialdad que se da de bruces contra los sentimientos nacidos del corazón. En definitiva, lo electrónico y lo orgánico que actualmente convive en el bullicioso panorama musical. En el lado derecho del ring, abriendo fuego, la cacharrería de The Suicide Of Western Culture y un nuevo ejercicio de jam inclasificable sólo apta para pacientes a cargo de Animal Collective. Y en el lado opuesto, volviendo del universo élfico, Joanna Newsom, junto a los sueños a ralentí de unos Beach House en estado pletórico. ¿Quiénes ganaron por K.O.?

Miércoles, 27 de julio

Los últimos rayos del sol invitaban a guardar a buen recaudo las gafas de sol. En ese momento, tres jinetes camuflados bajo sus capuchas subieron al escenario acompañados de la canción republicana “Ay, Carmela”. Tras su siniestra sombra, se polarizaron a sus espaldas unas proyecciones del pueblo de Guernica. La pesadilla tenía unos claros culpables. Tras su reciente paso triunfal por la última edición del San Miguel Primavera Sound, The Suicide Of Western Culture volvieron a reconfirmar lo que ya sospechábamos: su directo en breve podrá vacilar sin remordimientos al de Fuck Buttons. Lo suyo, lejos de poder etiquetarse como una de las revoluciones del panorama electrónico patrio, es ya una de las propuestas con mayor calibre efectivo que puede verse. Desmenuzaron su álbum de debut con maña, con más fiereza que en el estudio (bueno, el hostal de Londres en el que la leyenda cuenta que se rodearon de sintetizadores ahogados entre efectos) y dejando al respetable con el corazón en un puño. Abriéndose a espacios industriales desoladores (las tres icónicas chimeneas del Besòs) y de supervivencia animal (peces y hormigas salidas del muestrario de National Geographic), el dúo, mutado en trío para ocasiones de relumbrón como este, tiñó el cielo de sangre mecánica y enfermizos ritmos krautrock en llamas.

Lo de Animal Collective ya es otra historia. Antes de salir de casa había preparado la escopeta teniendo presente lo que hicieron, hace apenas dos meses, en el Parc Del Fòrum. Al final no disparé con ella, sino con una pistola de balines, que a no ser que apuntes a un ojo duele menos. El colectivo animal, siguiendo el mismo guión que llevan paseando desde hace meses, se ha propuesto tomarnos como conejillos de indias de lo que será su nuevo largo. Así, cogido al vuelo, “A Long Time Ago” apunta maneras, del mismo modo que “Knock You Down”, abrasando a su paso y despertando los aplausos de ese paciente público que únicamente pudo reconocer cinco de sus temas anteriores: “Did You See The Words”, la conga marciana de “Brothersport”, “We Tigers” y “Summertime Clothes” antes de los bises, y “Taste” como cierre de su trabajo de campo. Tras presenciar varios de sus conciertos aún no he visto uno que me haya dejado sin habla. Y quizás aquí está la gracia: en no esperar absolutamente nada de ellos (salvo de Noah Lennox, que siempre sale triunfante haga lo que haga) radica su identidad sui generis. Jugando al despiste con su público demuestran que la fama y las mamadas que les han dedicado no les importan lo más mínimo. Guste o no, nadie les podrá cambiar.

Jueves, 28 de julio

La segunda jornada del festival invitaba a tener un paquete de klennex a mano. Nunca está de más. Con un vestido campestre de cuadros vichy rojo, Joanna Newsom se abrazó a su arpa con una sonrisa tatuada y se hizo el silencio. Atacó sola “Bridges And Ballons” antes de desplegar la artillería de su banda en esa “Have One On Me” que, a pesar de sus doce minutos de duración, podría durar toda una eternidad si la vida fuera justa. Acompañada de una violinista, el meticuloso Neal Morgan a la batería y Ryan Francesconi (guitarra, banjo, flauta y todo lo que se le pusiera por delante), cautivó desde el primer momento tanto a aquellos que la tachaban horas antes de ser un “coñazo andante” como a los que traíamos los deberes hechos desde que la oímos entonar aquel “Peach, Plum Pear” de su debut (revestida con las guirnaldas esculpidas por sus acompañantes) que marcó el punto y final a su actuación sin opción a bis. Ya fuera con su inmaculada arpa o sentada al piano (como en “Good Intentions Paving Company”, donde me quedé sin las yemas de los dedos del hartazgo de aplaudir que me pegué), Newsom demostró estar por encima del bien y el mal de la etiqueta del folk (progresivo). De su modulada garganta y sus manos sale magia y emociones a raudales. Sólo digo una cosa: si llega a tocar “Emily” me tienen que ingresar de urgencias por un brote de síndrome de Stendhal.

El final se avecinaba, pero no antes sin ver a Victoria Legrand y Alex Scally en su momento más dulce. Ha pasado un año y medio desde que publicaran “Teen Dream” (Sub Pop, 2010) y Beach House son los primeros conocedores de la magnitud de su último álbum. Con una puesta en escena exquisita (las estrellas brillaban a sus espaldas, no en el cielo), fueron a lo seguro mostrando una de las mejores cartas de su repertorio: ni más ni menos que “Gila”. A partir de aquí, sólo se podía soñar despierto observando los melenazos de Legrand y comprobar el arsenal de hits con los que durante estos años nos han brindado. Los temas de su último largo vertebraron el espectáculo (sonó casi en su totalidad), aunque a pesar de renegar de su debut no se olvidaron de referenciar en un par de ocasiones a “Devotion” ( “Astronaut” y “Heart Of Chambers”). E, incluso, estrenaron un par de piezas inéditas que nos hace pensar que en breve pueden volver al ruedo. Difícil lo tendrán para superarse a sí mismos. Pero dado el indudable magnetismo de su directo, ya tienen el meritorio derecho de codearse con los más grandes. Fotografías de Noelia Rodríguez y Tana Latorre

PG Podcast 041: The Suicide Of Western Culture

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