Reportajes

FIB 2011, parte 2

Emoción, épica y nostalgia entre la muchedumbre

FIB 2011 Arcade Fire

El viernes

Tras una jornada de sorpresas llegó el viernes, cuando de verdad se iba a calibrar si la decimoséptima edición del Festival Internacional de Benicàssim sería un éxito. Y por lo menos, en cuanto a público así lo fue. En su programación aparecían grandes nombres de ayer y de hoy como The Undertones, The Stranglers, The Strokes, James Murphy, Brandon Flowers, Elbow, Art Brut y Friendly Fires. Aunque muchos de ellos eran británicos, por lo menos no se llegó a los niveles del jueves, en el que había figuras que en España aún no han calado pero que en el Reino Unido tienen toda una legión de fans (véase Paolo Nutini y Plan B).

Pese a las tímidas gotas de lluvia que amenazaron Benicàssim a primera hora de la tarde, el sol no dio tregua, pero se comportó mejor que el día siguiente. La primera actuación reseñable del viernes fue la de O Emperor, una banda irlandesa que se dedicó a desplegar sus influencias musicales a través del cancionero de su debut “Hither Thither”. Empezaron con “All Worked Out”, que recordó a Elbow y sirvió de anticipo de lo que se iba a vivir horas más tarde en el Maravillas. Llegó “Po”, ese tema que ya desde sus primeros acordes hace entender por qué Spoon los escogieron como teloneros. En “Sedalia” ya asomó su referente más claro, Grizzly Bear. Como la banda de Ed Droste, los irlandeses gustan de tirar de juegos vocales y, aunque no llegaron a las cotas de emoción de los neoyorquinos (acaso por los arrebatos rasgados del vocalista), los chicos van por buen camino. También sonaron mucho más Fleet Foxes que en disco, y esto siempre es una buena noticia.

La gran propuesta española del viernes respondía al nombre de Nudozurdo. Llegaron con la difícil tarea de defender en directo “Tara Motor Hembra”, el que a todas luces es el mejor disco español de este 2011 con el permiso del debut de Odio París. Aunque tocaron pronto su reciente hit, “Prometo Hacerte Daño”, no fue hasta la segunda mitad que el concierto llegó a la intensidad que la banda parecía buscar. En “Prueba/Error” mostraron su lado más ruidoso, acercándose por momentos al sonido de Triángulo de Amor Bizarro. Pero mientras los gallegos son todo ironía, ellos fueron todo visceralidad. Construyeron temibles muros de sonido en “Dosis Modernas” y llegaron al clímax con una sublime “Negativo”.

Como comentábamos antes, ésta también era una noche para los nostálgicos. Primero tuvieron una buena ración de The Undertones, que demostraron por qué siguen siendo todavía una de las máximas leyendas vivas del primer punk. La gente respondió con sorprendente entrega, pues a esa hora estaba tocando en el Maravillas un caprichoso Brandon Flowers que, por cierto, no dejó a la prensa que se le tomasen fotos. Los norirlandeses acribillaron al público con todas las canciones que debían sonar: “Male Model” –con un Paul McLoone haciendo poses de modelo–, “I Gotta Getta”, “Jump Boys”, “You’ve Got My Number”, “True Confessions”, y así llegar a la deseada por todos, “Teenage Kicks”, que no cerró ni mucho menos esta fiesta de frenéticos temas de dos minutos. Tres cuartos de lo mismo ocurrió con unos más sofisticados The Stranglers, aunque en el Fiberfib.com mostraron su vena más belicosa. No les importó desplegar su arsenal de éxitos en el primer tramo del recital, con “Peaches” y “Golden Brown” del tirón.

Elbow sabían a lo que venían a Benicàssim, a ganarse al público desde el primer segundo y para ello cedieron toda la responsabilidad a un muy activo y hablador Guy Garvey. Desde la conmovedora de “The Birds” ya tenía a todo el mundo en el bolsillo. Escogieron sus canciones más épicas, pero nunca se les fue de las manos ni se recrearon en ella tal y como sí les ocurre a otros compatriotas como Coldplay y Muse. Demostraron, pues, ser una rara avis dentro de las grandes bandas británicas. Con todo, no rehuyeron los números más reposados, como una reluciente “Mirrorball”. Tras calentar los ánimos de los asistentes durante un par de minutos, Garvey desenfundó las primeras estrofas de su gran éxito, “Grounds For Divorce”, y se animó a acompañar en la percusión a Richard Jupp. La única pega al mejor concierto de la noche fue que el acompañamiento de violines no sonó tan bien como debería en varias ocasiones y eso deslució algunas piezas.

Y así hasta llegar al momento más esperado de la noche, The Strokes salieron al Maravillas con ocho minutos de retraso, algo que poco importó a la gente. A la altura de “Reptilia” (tercera en su setlist), las avalanchas humanas en primera fila eran tales que empezaron a llegar los primeros desmayos. Seis años de silencio discográfico parecieron demasiados para sus fans, que poblaban el recinto con camisetas de los neoyorquinos demostrando así que no se habían olvidado de ellos. Lo que realmente no nos quedó claro es qué hacían The Strokes ahí. Julian Casablancas parecía como una seta plantada en el centro del escenario, ajeno a lo que ocurriese a su alrededor y sólo pendiente de él mismo. No hubo interacción con el resto de la banda, algo que no hizo más que contribuir al mito de que no se aguantan y que están en esto por dinero. A saber. El caso es que pese a que, como por otro lado es lógico, cargaron el repertorio de canciones de “Is This It”, las piezas de su discutible “Angles” ganaron entidad en directo y no palidecieron al lado de semejantes himnos atemporales.

Y que nadie piense que no hubo sorpresas en la segunda jornada. El Maravillas lucía abarrotado, lleno hasta la bandera en Friendly Fires, una banda que no imaginamos que pudiese tener tanto tirón. Les faltó el carisma de Hot Chip y las soberbias composiciones de Cut Copy, pero en materia de directo, ganan a los australianos, por lo menos, en comparación con su concierto en el pasado FIB. Todo sonó mucho más orgánico y en ningún momento dio la sensación de que tuviesen piezas pregrabadas. Literalmente, se prendieron bengalas entre el público en “Blue Cassette”. Con las ganas de fiesta de los fibers y la incansable entrega de Ed Macfarlane se consiguió que canciones como “True Love”, que en disco no pasan del notable, bordeasen el excelente en vivo. Otro verano del amor.

El sábado

La tercera jornada se recordará por ser una de las más calurosas vividas en la historia del festival. Los asistentes buscaban furtivamente la sombra y los grupos se quejaban por el sol e intentaban paliar el calor quitándose la camiseta. Y musicalmente también fue muy importante. Pudimos ver a Arctic Monkeys en el punto álgido de sus carreras, ya como cuatro tipos maduros; el panorama español se presentó más esperanzador que nunca; las nuevas canciones de Beirut maravillan como ya viene siendo costumbre en el de Santa Fe; y Primal Scream presentaron impecablemente el vital “Screamadelica”. Una auténtica lástima que por logística no se pudieran ver más de quince minutos de Big Audio Dynamite.

No era mala tarde la del sábado para los amantes del indie castizo. Los Ginkas demostraron una vez más por qué se les compara tanto con Buzzcocks, aunque en su fórmula añaden en cuentagotas pequeñas dosis azucaradas de Los Fresones Rebeldes. Una combinación que sienta perfectamente para abrir un festival al ritmo de “ De Golpe Y Porrazo”, “Rayos De Plasma” y “Fórmula 86”. Se rebajó la intensidad en McEnroe, que centraron su repertorio en “Tú Nunca Morirás”. El suyo era un pop para corazones rotos en el que el vocalista emulaba con gran acierto al Nacho Vegas más trágico. Supieron defender sus canciones con solvencia pese al abrasador sol que caía sobre el Maravillas y del que se quejaron con resignación. Ya enamoraban en disco y lo volvieron a hacer en directo, confirmándose así como una de las bandas a seguir del panorama patrio. Acto seguido, tocó el turno a unos Nadadora que, desde la publicación de su “Luz, Oscuridad, Luz”, se parecen cada vez más a The Pains of Being Pure At Heart (comprueben si no “Deshazte De Mí” o “El Sueño Ardiente”). Los juegos vocales de Sara y Gonzalo, funcionaron, como siempre como un sólido engranaje.

De cara a las 8 de la tarde el calentamiento ya había terminado, y nunca mejor dicho. Arrollador fue el directo de los australianos Tame Impala, que elevan a la máxima potencia el rock psicodélico que practicaron en su debut “Innerspeaker”. Había ganas de verlos y los chicos se confirmaron como uno de los mejores debutantes de 2010. Asombra, además, la solvencia con la que afrontaban sus temas, pues su look era el de unos estudiantes universitarios. Pasajes instrumentales embriagadores, riffs a lo Cream, incontables guiños a los Beatles circa 1966, certera improvisación y reverbs interminables conformaron una de las mejores actuaciones de lo que llevamos de FIB 2011. Recuperaron “Skeleton Tiger” y “Half Glass Of Wine” de su EP homónimo de 2008, pero no tocaron esa versión de “Angel” de Massive Attack de la que tan bien hablan quienes han podido escucharla.

Después de los riffs plomizos y excursiones psicotrópicas de Tame Impala, la música desenfada, refrescante y veraniega de Spectrals sentó de maravilla. Seguimos sin creernos que el tipo sea de Leeds y no de California, pero su acento le delató y se disiparon por fin las dudas. Entre su legión de fans se encuentra, además, Bethany Cosentino, cosa que no nos extraña, pues la líder de Best Coast y el inglés comparten similares inquietudes musicales: ambos se mueven con comodidad por ese pop de baja fidelidad con influencias de los cincuenta y sesenta. Al británico le sobra talento, “Dip Your Toe In” no tiene nada que envidiar a cualquier canción de Girls. Además de repasar lo mejor de “Extended Play”, también nos brindó con algunas piezas inéditas, que esperemos que formen parte de ese ansiado debut que parece resistirse a llegar. Lo que se hace incomprensible es que su actuación no tuviese mejor acogida, y más teniendo en cuenta que las alternativas no eran nada del otro mundo.

Si a alguien de verdad se le tenía ganas de ver, ese era Beirut. En el FIB 2008 ya se escapó y esta vez nadie quería perdérselo. Como siempre, los solapamientos obligaron al público a dispersarse más de lo que hubiese querido, pero los que ahí se quedaron pudieron ver a un Zach Condon muy activo, a veces con trompeta, otras con ukelele. Como cabría esperar, el despliegue de instrumentos fue espectacular: tuba, trombón, trompa, xilófono, viola, acordeón… y seguro que aún nos dejamos alguno más. Esto dio mucha riqueza al sonido de la banda, algo que se empañó por la floja acústica del lugar. Los vientos levantaron enfervorizadas pasiones en “Postcards From Italy”, como si se tratase del mejor himno de Arcade Fire. Pero lo mejor aún estaba por llegar: “Nantes” fue recibida con brutales gritos y coros. Sonaron canciones de todos sus trabajos, desde la casi desconocida “Mimizan” hasta éxitos como “The Gulag Orkestar”. Sin apenas tiempo para saborear ese delicioso bombón que es “Cherbourg” y con ganas de quedarnos a ver qué más tenía preparado el de Nuevo México, nos tuvimos que ir corriendo al concierto de Arctic Monkeys, que ya hacía unos minutos que había empezado.

Arctic Monkeys son, sin ningún género de dudas, el grupo británico que más en forma está, superándose a sí mismos disco tras disco. Llegaban a Benicàssim con una presión extra, defender “Suck It And See”, una gran colección de canciones que muestras trazos de todos los sonidos que han definido a los de Sheffield a lo largo de su carrera. Y lo hacían ante un público que era mayoritariamente de las islas; jugaban en casa, vaya. Su repertorio bordeó el sobresaliente. Se permitieron el lujo de tocar su manido hit “I Bet You Look Good On The Dancefloor” a medio concierto y, en cambio, cerrar con un número más relajado como es la exquisita “505”. Por el camino fueron cayendo trallazos de stoner rock como “Crying Lightning” y “Brick By Brick”; la entrañable “Suck It And See”; el homenaje a décadas pasadas que es “The Hellcat Splangled Shalalala”; y una bomba de relojería – “When The Sun Goes Down”– antes de encarar los bises. Colosos.

Las coincidencias horarias son dolorosas, cualquiera sea el festival del que estemos hablando, pero es una verdadera lástima que dos de las mejores bazas que tenía este FIB 2011, Big Audio Dynamite y Primal Scream, coincidieran casi por completo. Nos acercamos el tiempo que pudimos a ver cómo se desenvolvía Mick Jones como líder de los primeros. Apenas pudimos ver tres canciones porque queríamos coger buen sitio en el Maravillas. Sin embargo, sólo por poder escuchar “Medicine Show” ya valieron la pena esos 20 minutos con el ex The Clash.

Al final resultó que tanta prisa no sirvió para demasiado. A falta de unos cinco minutos para que empezasen Primal Scream, el Maravillas no estaba ni la mitad de lleno que unas pocas horas antes en la actuación de los lánguidos Mumford & Sons. Y es algo que resulta preocupante, teniendo en cuenta que Bobbie Gillespie venía a celebrar el vigésimo aniversario de uno de los discos claves de la historia del pop, pero será el signo de los tiempos. Tampoco parecieron poder conectar con los asistentes en las canciones menos conocidas de “Screamadelica”, faltaron los éxitos del final ( “Rocks”, “Country Girl” y “Jailbird”) para despertar a la gente de su letargo. Y no es que los de Glasgow no pusiesen empeño, pues llevaron al directo con mucha solvencia un álbum difícil. Sólo por “Movin’ On Up” y “Higher Than The Sun” se merecen la gloria.

El domingo

Estés hospedado en un hotel o en el camping, está comprobado que el domingo pisarás el recinto con todos los músculos y huesos del cuerpo destrozados. Pero, por costumbre, la jornada de cierre siempre suele ser la mejor, así que hay que tirar de pundonor y heroica para despedirte del FIB por todo lo alto. Sobran alicientes. Portishead y Arcade Fire se presentaron como unos platos fuertes difícilmente superables, pero también hubo algo de tiempo para los siempre efectivos y fiesteros The Go! Team y para interesantes propuestas de primera hora como Noah And The Whale, confirmados como una de las grandes sensaciones del folk-pop británico gracias a su “Last Night On Earth”, y The Joy Formidable, apuesta segura para aquellos que quieran que sangren sus oídos. Si los horarios se hubiesen comportado algo mejor, el día ya hubiese sido perfecto con Veronica Falls y Anika, pero no hay duda de que pronto se les podrá ver.

Si de todo este festival se tuviese que destacar una sola figura, por su inigualable carisma, su infatigable entrega y su entrañable simpatía, el premio se lo llevaría el huracán Ritzy. La vocalista de The Joy Formidable es un auténtico prodigio de la naturaleza, y eso que la chica es más bien menudita y, como recordó en el concierto, viene de un pequeño pueblo de Gales. Su fuerza y prodigio a la guitarra le acerca a otras diosas como Marnie Stern y Kelley Deal. Las ráfagas de sonido que salían del escenario despeinaron al personal y, no contenta con agitarles con la guitarra, en “Buoy” se armó con una baqueta rosa con la que aporreó a la batería y a su propio instrumento. Una infinita “Whirring” puso el broche a la actuación. La galesa apoyó la guitarra en un amplificador y se arrastró hasta los pedales para maltratar los oídos de los asistentes con el feedback.

Pese a que la música de Noah And The Whale suena reposada en casa y aparecieron en el FIB 2011 bien trajeados, el directo fue todo lo contrario de lo que cabría esperar. Sus canciones de folk-pop vitalista y eufórico ganan intensidad tocadas a alto volumen, suenan más eléctricas y borran parte de esa delicadeza tan intrínseca en la banda londinense. Pese a los toques operísticos que aportó el violín en “Just Me Before We Met”, el tema les acercó a los The National más épicos. Los chicos se crecen sobre el escenario, han madurado, pero eso no deja de resultar lógico teniendo en cuenta que el reciente “Last Night On Earth” es su mejor disco.

Portishead deben ser uno de los pocos grupos que se pueden permitir ser uno de los grandes reclamos del cartel de un festival después de tres años de silencio discográfico y, por tanto, que no presenten ningún material nuevo, y aún así nadie en su sano juicio podría cuestionarse por qué están ahí. Será por sus dos décadas de impecable carrera. Ofrecieron un setlist casi calcado (en selección y orden) al de su anterior paso por el Primavera Sound 2008. De hecho, sorprendió esto mismo, pues no incluyeron “Chase The Tear”, único tema que han grabado después de “Third”. Así bien, el concierto se sostuvo en el primer y tercer álbum (sólo hubo dos inclusiones del homónimo, “Over” y “Cowboys”, pero parece que acertaron, visto cómo se celebraron los scratches de Geoff Barrow). Sorprendió cómo abordaron “Wandering Star” en una versión desnuda, casi acústica, en la que la voz de Beth Gibbons parecía un susurro espectral. Cambió completamente de registro en “Threads”, donde se la vio más feroz y se recreó en un virtuosismo vocal que se ganó un caluroso aplauso. Vengan cuando y como quieran.

Llegar tarde a The Go! Team tras el éxtasis Portishead no debería suponer ningún drama, pero lo acaba siendo cuando te enteras de que ya había sonado “Secretary Song”, para servidor una de las canciones más frescas y divertidas de lo que va de año y, probablemente, lo mejor que ha escrito la banda de Brighton. Sin embargo, si algo tienen es éxitos por doquier (cayeron “Huddle Information”, “Buy Nothing Day” y “The Power Is On”, entre otras). Y si con eso no basa, siempre quedará la rebosante energía de Ninja. La vocalista y showwoman se dedicó a animar al personal sin parar quieta ni un segundo, como una Yelle negra. Se convirtió en la indiscutible protagonista del concierto, a la que sólo le dieron unos minutos de descanso en la instrumental “Yosemite Theme”.

Otros que también llegaron a Benicàssim con un repertorio casi idéntico al de su anterior gira, aunque, en este caso, sólo mediaban ocho meses de diferencia, fueron Arcade Fire, espina clavada del festival. El concierto tuvo absolutamente todo lo que se le puede pedir a una banda que se dice la mejor en directo del panorama alternativo. Hubo momentos intimistas en “Crown Of Love”; arrebatos de épica en “Rebellion:Lies”; pop azucarado en “Haiti” y “Sprawl II”; e himnos a la nostalgia como ese “The Suburbs”. Lo poco que cambió fue una escenografía muy cinematográfica en la que se pudo leer en un rótulo luminoso “Arcade Fire Presents The Suburbs”. Se vio a los canadienses más entregados que de costumbre, que ya es decir. Pero ya avisó Win antes de empezar “Keep The Car Running”: éste era su último concierto de la gira y venían a darlo todo. PlayGround es media partner de FIB

Fotografías de Noelia Rodríguez

FIB 2011, jueves. Primera toma de contacto con el parque de atracciones indie.

O Emperor O Emperor

The Undertones The Undertones

The Strokes The Strokes

Friendly Fires Friendly Fires

Tame Impala Tame Impala Spectrals Spectrals

Arctic Monkeys Arctic Monkeys

Big Audio Dynamite Big Audio Dynamite

Noah And The Whale Noah And The Whale Portishead Portishead The Go! Team

The Go! Team

Arcade Fire Arcade Fire

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