Reportajes

FIB 2012: la crónica del jueves

Deslumbró el pop gótico de Zola Jesus y arrollaron At The Drive-In en una jornada descafeinada por las cancelaciones

La primera jornada de Benicàssim, aunque accidentada por las caídas del cartel de dos de sus principales reclamos, abrió fuego dignamente con propuestas variadísimas (post-hardcore, synth-pop gótico, rock clasicorro, hip hop…) y alto nivel de actuaciones.

Lo que, a priori, parecía una de las mejores jornadas inaugurales del FIB acabó quedándose algo descafeinada. Y es que cuando la mala suerte se ceba contigo poco hay que hacer. Llegamos a Benicàssim resignados con la idea de que no podríamos ver a Florence + The Machine, aunque el cambio en los horarios motivó pensar en positivo. Había menos solapamientos y podríamos, así, ver a casi todas las bandas, durante más tiempo y en mejor situación. Pero llegar al recinto y enterarte de que Bat For Lashes también cancelaba por problemas de transporte era un jarro de agua fría difícil de superar en primera instancia. Total, tocó amoldarse a las circunstancias y ver el lado bueno de las cosas. Porque lo hay, no olvidemos dónde estamos.

Una cosa queda clara, empezar el festival con Zola Jesus se antojaba casi inmejorable. La americana se amoldó perfectamente a las difíciles circunstancias (ya saben, su música no casa demasiado con la luz del sol) y hasta le echó humor al asunto con un “buenos días”. La puesta en escena cambió radicalmente respecto a su anterior paso por la Península, en el marco del Primavera Club. En lugar de llevar prácticamente todo pregrabado, se trajo consigo una banda de apoyo con batería, teclado y violín, dispuesta en tres tarimas. Ella empezó algo modosita para lo que acostumbra, sin esos movimientos poseídos de antaño, pero en medio de su actual sencillo, “Seekir”, se marcó descalza un baño de masas que ya querría la Pantoja y que volvió locos a los guardias de seguridad. Su chorro de voz resultó imponente en cortes como “Lick The Palm Of The Burning Hands”, uno de los numerosos temas que sonó de su excelente “Conatus”. También escogió los cortes más reposados de “Stridulum II” y hechizó con “Trust Me”, en la que demostró que cuando aparca la épica también puede poner los pelos como escarpias. Corto pero intenso.

El primer contacto con los talentos nacionales no podría haber ido mejor. Pony Bravo demostraron que no se les quedó grande el Maravillas con un cancionero sorprendente por lo ecléctico, que mezclaba influencias que iban desde ESG hasta The Clash pasando por The Doors o Manolo Caracol. Efectivamente, sonó esa versión que rebautizaron como “Ninja De Fuego”. Los sevillanos caldearon con lentos ritmos dub herederos de Lee Perry en “El Guarda Forestal” e hicieron tocar el cielo (aunque lo más apropiado sería decir infierno) en “Noche De Setas”, ese fogonazo psicodélico que bien podría haber formado parte de la banda sonora de “Abierto Hasta El Amanecer”.

Con el tiempo parece que The Horrors han encontrado su sitio. Había quien podía pensar que “Primary Colours” era sólo responsabilidad de Geoff Barrow, que ellos sólo ponían sus figuritas. Pero para despejar todas las dudas sobre su indudable talento, produjeron ellos mismos su tercer largo, “Skying”. En él encontraron un buen equilibrio entre el noise-rock y el krautrock que ya sonó en su predecesor y las nuevas inclusiones, épica rock de estadio y baggy beats Madchester (hasta la nueva camiseta que se podía comprar en el stand de merchandising recordaba a muchas bandas del género). Sin embargo, en los dos ocasiones que tuve de verles el año pasado la maquinaría no estaba del todo engrasada, les faltaba pegada y no acababan de despegar hasta bien entrado el concierto. Anoche nada de eso ocurrió, pese a que el setlist fue bastante similar. Con un sonido impecable y alternando entre lo bueno y mejor de estos dos discos (ignoraron, cómo no, del debut), cada uno de ellos interpretó su rol con solvencia, con poco desmelene pero mucho aplomo. Hay quien pueda reprocharles que fuesen con el piloto automático (apenas se saltaron el guión con un eléctrico y apoteósico tramo central de la ya de por sí colosal “Sea Within A Sea”), pero si de lo que se trata es de sonar bien y transmitir energía al personal, cumplieron de sobra.

Como ocurrió unas horas antes con Pony Bravo, es difícil decir de dónde vienen las numerosas influencias de Kurt Vile. El ex The War On Drugs picotea de entre lo mejor que ha dado el rock. Por ejemplo, en “Freeway”, de su debut como solista, recordó a lo que imaginamos que era Bob Dylan hace unas cuatro décadas. “On Tour”, por su parte, fue un precioso homenaje a Fleetwood Mac (es alucinante como cada vez más grupos se acuerdan de los recién reformados londinenses). Demostró ser un excelente guitarrista en “Jesus Fever”, donde desplegó un brutal riff para despedir la canción. Los cortes de “Smoke Ring For My Halo” se crecieron y demostraron en el terreno del directo que el disco es de lo mejor de la cosecha de 2011. Especialmente brillante fue el tramo en el que enlazaron la versión de Bruce Springsteen de “Downbound Train” con “Hunchback”, con buenos momentos de feedback. Y, como marcan los tiempos, no faltó el momento saxo en “Freak Train”.

De todas las confirmaciones de este Benicàssim, la de At The Drive-In fue, de largo, la más inesperada e impactante. Apenas unas pocas fechas tenían programadas los de El Paso en esta gira de reunión “por la pasta”, por lo que estar en el FIB se antojaba imprescindible. Y lo cierto es que aunque ha pasado más de una década desde que se separasen, siguen rindiendo a un nivel muy alto. Cedric transmitió toda la rabia de las canciones, muchas de ellas clásicos básicos del post-hardcore, con momentos de incontrolada insolencia (sobró que escupiera, golpeara las cámaras y tirase agua a los fotógrafos) y otros algo desconcertantes como cuando alternaba sus rugidos con sorbitos a una taza de café con un Cristo hortera estampado. Tampoco se cortó Jim Ward a los coros. Calcaron el setlist de Coachella, tanto en orden como en selección. Es decir, cayeron todos los pepinazos del esencial “Relationship Of Command”, pero también se acordaron del “In/Casino/Out” y de “Vaya”. Concierto a piñón fijo que acabó, como no podía ser de otra manera con “One Armed Scissor”, que desató salvajes pogos en las primeras filas. Una pena que se olvidasen de la intro de Iggy Pop de “Enfilade”. This station is now operational, ¿pero hasta cuándo?

De La Soul volvieron al FIB dos años después, pero esta vez como banda y no como invitados especiales de Gorillaz. Es curioso que, aunque sea accidentalmente, ocupasen el puesto de cabezas de cartel cuando el año pasado ya lo fue, no sin polémica (absurda), otra banda de hip hop, The Streets. No tendrán el tirón de la Welch, pero su papel en la historia de la música es incuestionable. El trío le echó ganas y contagió buen rollo al personal, que apenas bajó los brazos del aire, invitándoles cuando convenía a seguir los versos de sus temas. Actitud amigable (en algún momento sacaron el móvil para grabar al público), profusión de samples, melodías coloridas, scratches punzantes, rimas lúcidas y la inmortal “Me, Myself & I” fueron los ingredientes de un concierto en el que demostraron, aunque no les haga falta, sus tablas.

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