Reportajes

Estreno exclusivo de “Mandorle”, el excelente primer trabajo de TERRITOIRE

El nuevo proyecto del sello Envelope Collective, encabezado por Olivier Arson, ofrece paisajes ambientales delimitados por estructuras rock de pulso lento

Olivier Arson, alma del proyecto y cabeza de Envelope Collective, nos presenta las canciones de su nueva encarnación, más enfocada hacia el trabajo colectivo y ubicada en lo sonoro entre el ambient drone sosegado y un rock de pulso lento y matiz ‘post’ sobrado de perfiles.

Tres años dan para muchas vueltas. Para muchas torceduras de cuello, ilusiones que se desgastan por la falta de uso, sensaciones que parecen nuevas, gente que se nos cruza dejando traza, picores que nos empujan de nuevo y que, casi sin darnos cuenta, nos obligan a cambiar de postura. Hace tres años el francés Olivier Arson, ya afincando en Madrid tras una experiencia iniciática sobre el terreno de la húmeda Islandia, se presentaba en sociedad con Sorger Était Allé Dehors, Comme Après Un Triomphe (Envelope Collective, 2009), un surtido de paisajes impresionistas tan serenos como bellos, ocho piezas de orfebrería electroacústica aparentemente calmas, extrañamente fluidas, de naturaleza casi amniótica, edificadas a base de planos de un ambient templado, profundos pulsos bajos, samples con regusto a serialismo clásico y a folktronica de alma húmeda, guitarras como de cristal líquido, magmas de teclas y grabaciones de campo una y otra vez procesadas. Aquel sugerente álbum, firmado en solitario como The Folding And The Point, sirvió además para inaugurar la andadura del proyecto editorial de Envelope Collective, plataforma encabezada por el propio Arson.

Con el tiempo los impulsos fueron variando, demandando nuevos giros. Con el tiempo surgieron también nuevas alianzas y complicidades, una constelación de músicos de sensibilidad afín en los que Arson vio florecer un nuevo abanico de posibilidades que invitaban a alterar el planteamiento sonoro de cara a su segundo disco. Como él mismo cuenta en la descripción de la génesis de su nuevo proyecto, “el enfoque instrumental dejó paso a las letras, y el trabajo individual y solitario fue perdiendo atractivo ante la idea de abrirme a la colaboración de otros. La meta en TERRITOIRE era lograr una música más física, más orgánica y narrativa, que fuese a la vez más personal y más colectiva.”.

El francés estrena ahora esa nueva aventura, fruto del trabajo obsesivo y del esfuerzo económico de muchos meses (el disco ha sido en buena medida autofinanciado por el propio Arson). Una obra de gestación lenta y rumiada, de un perfeccionismo tenaz, para la que ha contado con la colaboración de músicos amigos como Miren Iza (Tulsa), Abel Hernández (ex Migala, Emak Bakia, El Hijo, aquí en calidad de coproductor), Maite Arroitajauregi (Mursego), Miguel Marín (Arbol), Sara Galán (Cello + Laptop), Ángel Mancebo (Ann Deveria), Javier Monserrat (El Hijo, Litoral), Greg Gobel (Tripulante y Crucero, Marcus Doo), Santiago Latorre, Edu Comelles o los chicos de McEnroe, banda en la que Arson también milita. De sus encuentros, mantenidos de forma intermitente a lo largo de los dos últimos años en distintas ciudades de nuestra geografía, ha surgido el fruto maduro de “Mandorle”. Ocho canciones misteriosas que son un todo intrigante, magnéticas en su conjunto. Ocho escenas mudas o narradas en francés que se debaten entre el ambient de tonos oscuros, el drone flotante y traslúcido, los acentos de la poesía sonora, una suerte de canción de autor tendente a la lentitud, preocupado por los gestos físicos y por articular silencios, y un post-rock de zonas grises y múltiples perfiles que a veces recurre a la sazón de la microedición digital –a la que ha sabido darle el punto perfecto Taylor Deupree, patrón del sello 12k, encargado de la masterización– y otras se escora hacia la tensión dinámica del jazz, la exploración de timbres, texturas y espacios propia de la escuela improvisadora de tendencias reduccionistas o el arrebato de ascendiente krautrock.

El propio Olivier Arson nos introduce hoy al mundo de “Mandorle”, una de las gratas sorpresas que de fronteras adentro nos ha dejado esta segunda mitad del 2012. El disco estará disponible a partir del 20 de noviembre a través de Envelope Collective. Puedes reservar tu copia aquí.

1. Ouverture

El disco se abre con 20 segundos de silencio seguidos de esta introducción que presenta algunos de los instrumentos que luego aparecerán de forma repetida a lo largo de todo el trabajo: guitarra, chelo, órgano, clarinete.

2. Blanc

Muchas veces Blanc es el color de la oscuridad: es el color de la soledad, de los espejos, de las verdades que por fin llegan a tus ojos. El chelo de Maite [Arroitajauregi, Mursego] me revuelca las tripas y los gritos del final vienen de ahí.

3. Ton Père

Escribí la línea de pizzicatos en estado de embriaguez avanzado y Sara [Galán, Cello+Laptop] sudó la gota gorda para reproducirla. A nivel de letras, actúa como desenlace, recogiendo imágenes ya presentes en los demás temas.

4. Vesica Piscis

Grabamos la batería con Edu [Gúzman, McEnroe] como si fuese un combate de boxeo. Yo estaba frente a él golpeando con mis manos en el aire y él respondía a mis movimientos con sus platos y cajas. La letra habla de carne reptando y tierra en la garganta.

5. Resplandor II

Quería dejar esto lo más bajo posible, como si fuese una caricia al oído, una capilla donde acudir en busca de sosiego. En un momento mágico de la grabación, Gonzalo [Eizaga, McEnroe] se sacó esa guitarra de inspiración clásica, a lo Bach.

6. Le Désert Du Namib

Desde el principio este tema fue pensado para la voz de Miren [Iza, Tulsa] y era todo muy sensorial hasta que el bajo de Angel [Mancebo, Ann Deveria], el ritmo, idea de Edu, y el trabajo de Abel [Hernández, co-productor] pusieron alma al desierto.

7. Autodafé

La letra es de un poema de José Ángel Valente. El cello de Sara son distorsiones amplificadas y creo que las cuerdas de Gonzalo terminaron manchadas de sangre. El final cortado es un guiño al mejor disco de la historia, “Laughing Stock” [Talk Talk; Verve Records, 1991].

8. Resplandor IV

Era un experimento en frecuencias extremas. Babe [Pablo Pulido, mezcla adicional] tuvo que parar porque le daba ganas de vomitar. Luego se suavizo con los coros de Abel y una nueva incursión de esa guitarra de corte bachiano, que cierra el disco y pone fin a tres putos años de trabajo obsesivo.

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