Reportajes

Entrevistas con antiguos acosadores de colegio

Ya hemos escuchado a las víctimas de bullying, ¿pero qué tienen que decir los agresores?, ¿qué se les pasa a ellos por la cabeza? ¿Son de algún modo, también, víctimas de algo?

A los 15 años, cuando el arbitro no miraba, Oriol le metió el stick en la boca a un jugador del equipo contrario. L e rompió todos los dientes.

Hoy, 9 años después, todavía recuerda su mirada de incomprensión mientras sangraba tirado en el suelo.

Se trataba un jugador violento que llevaba todo el partido molestándole para evitar ocasiones de gol, así que decidió darle una ración extra de su propia medicina.

Oriol juega al hockey desde los cuatro años y podría haber sido profesional si, finalmente, no hubiera preferido dedicarse al diseño gráfico.

Ciertamente, Oriol no encaja en la imagen preconcebida de un matón. No es un tipo de extrarradio con pelo cenicero y vaqueros de mercadillo. Si tuviéramos que colgarle una etiqueta, Oriol se parece más a un hipster vegano y pacifista que a una persona relacionada remotamente con la violencia.

Oriol no es la clase de matón que te imaginarías

Sin embargo, a pesar de su apariencia de artista tranquilo y sensible, Oriol cree en la violencia.

Un accidente trágico

Todo empezó a los siete años. Hasta entonces, Oriol había sido el niño cariñoso que daba besos a las niñas de clase. Pero todo cambió cuando, de un día para otro, su hermana pequeña murió accidentalmente.

Entonces cambiaron las dinámicas familiares, cambió el trato de padres a hijos y Oriol se refugió en un grupo del colegio del que se convirtió en su cabecilla. En el tocacojones de la clase que hizo de un buen amigo suyo el principal objetivo de su rabia.

“No sé por qué cambiaron las tornas con él, pero en el deporte era de los malos y yo de los buenos, y bueno... la violencia está muy metida en el hockey. Para mí todo era como una pelea del hockey”.

Oriol nunca llegó al límite de pegarle una paliza propiamente dicha pero entre él y sus amigos crearon una dinámica en la que se acostumbraron a abusar de él de una forma cotidiana y sibilina.

“Jugábamos a cualquier cosa con el único propósito de putearle. Ganar no era meter más goles; era conseguir molestarle el que más”.

El bullying más peligroso

Era el tipo de cosas que muchas veces no se definen como bullying, y que adultos y antiguos acosadores suelen quitarse de encima con un “cosas de críos”. Sin embargo, Oriol reconoce que hay cosas mucho peores que dar un puñetazo.

“El bullying más peligroso es ese que no se ve. Cuando le pegas a alguien en el instituto, en seguida te penalizan. Sin embargo, el acoso sutil, ese que hace que tu vida se convierta en un infierno es más difícil de detectar y castigar".

El bullying más peligroso es el que no se ve

En aquella época, él mismo ni siquiera era consciente de que lo que le hacía a aquel niño era acoso.

Me iba a casa enfadado con él y pensando que se lo merecía por haber intentado defenderse. No me daba cuenta de que si me contestaba o él también me agredía era porque yo le provocaba”.

De acosador a víctima

Sin embargo, un día sus amigos y él se pasaron de la raya y acabaron todos en el despacho del director. L e afectó tanto darse cuenta de lo que había estado haciendo que, después, en el instituto, ya no quiso formar parte de ningún grupo y se convirtió él en la víctima.

“Pensaba que me lo merecía, que era un castigo divino”.

Oriol estaba tan deprimido y era tan consciente de que lo mismo que él estaba sintiendo se lo había hecho sentir él a otra persona antes que se quería suicidar.

Cuando se dio cuenta del daño que había causado, se convirtió en víctima

Aunque, en vez de eso, acabó optando por salir del pozo partiéndole la cara a uno de sus agresores.

Nunca más volvieron a molestarle y, desde entonces, defiende que, en el acoso, l a culpa nunca recae al 100% sobre una de las partes.

El agredido tiene parte de culpa porque es responsabilidad de uno mismo ser lo suficientemente fuerte para defenderse en la vida. Las reacciones pasivas de la víctima hacen que el atacante lea que puede seguir atacanado”.

Ningún adulto va a venir a salvarte

Durante la etapa en la que Oriol fue víctima, él siempre confió en que hubiera en su entorno alguien adulto que se encargara de resolver aquella situació n, pero se dio cuenta de que eso no iba a suceder nunca.

“En el acoso, la tercera parte de culpa siempre se la lleva el entorno porque presenciarlo y no pararlo es también formar parte del bullying”.

Desde luego, Oriol no es de lo que piensen que la violencia genera más violencia. Al contrario, a él le ha funcionado para pararla y la considera algo natural y, en determinadas circunstancias, la mejor respuesta.

La víctima tiene parte de culpa porque tiene el deber de defenderse

La violencia forma parte de la naturaleza e igual que si te ataca un cocodrilo y no lo matas, te va a matar él a ti, lo mismo sucede con las personas. Hay cosas que no se pueden razonar”.

Aunque Oriol también reconoce que él es alguien que, de vez en cuando, tiene ansias de violencia.

Vías de escape

“No es que me pegue mucho pero, si tengo que pegarme, me pego. De todos modos, intento sacar esas ansias de otra forma. Pinto, me pongo a lijar o, si voy a un partido, insulto al arbitro”.

Con respecto a aquel chaval del que abusó me cuenta que ahora son “amigos de Facebook” y que, en alguna ocasión, han coincidido de cañas. Aunque nunca le ha pedido perdón.

“Le va muy bien a pesar de que sé que después sufrió casos de bullying mucho más graves. Pienso que lo mío lo ha superado y que ni siquiera le da importancia. Es más, probablemente ni se acuerde y sea yo el que esté magnificando todo y dándole más importancia de la que tiene”.

Probablemente él ni se acuerde y yo le esté dando más importancia de la que tiene

El testimonio de Oriol es valiente porque no es nada fácil encontrar a alguien que admita abiertamente y con tal honestidad que fue un acosador adolescente. Sin embargo, cuando encuentras otros testimonios, casi siempre prevalece una cierta amnesia. Pocos de ellos reconocen abiertamente haber sido acosadores.

Bonus: "Sufrir bullying es bueno"

Este último es, sobre todo, el caso de Nerea que, desde la primaria y hasta finales de la ESO, participó en la dinámica de acoso de una clase entera hacia una sola persona. En esta ocasión, una compañera de clase de la que también había sido amiga.

“Ahora ella me echa en cara que yo le hiciera bullying pero yo le digo que no. Para mí insultarla y tirarle cosas no es hacer bullying”.

Para mí, insultar y tirarle cosas a alguien no es bullying

Después de aquel caso, le "suena" que participó en alguno más, pero no lo recuerda.

En el caso de Andrés, él sí que se arrepiente de lo que hizo y hasta se ha disculpado con algunas de las personas a las que agredió, enfrentándose cara a cara con las secuelas y el dolor que provocó.

Me gustaría saber qué es de mis víctimas en la actualidad y conocerlos

Andrés tenía el rol de líder. Se burlaba de los defectos de los demás para tapar los suyos propios. Algo que dice ser muy común en los colegios de la costa Caribe de Colombia, donde reside. Allí, según cuenta Andrés, molestar al más débil es algo que se hace por supervivencia.

“Así que pienso que, en general, sufrir cierto grado de bullying es bueno porque te ayuda a formarte desde pequeño contra todos los abusones, de un tipo o de otro, que vas a ir conociendo a lo largo de tu vida”.

No son víctimas

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