Reportajes

ECO, el comienzo de un camino prometedor

El nuevo festival madrileño para la música electrónica de vanguardia arranca con buen pie y con mejor ambiente

Este fin de semana se ha celebrado la primera edición de ECO, un festival atrevido y centrado en la mejor hornada de música electrónica experimental actual. Una primera experiencia que debe empezar a crecer con el tiempo. Estuvimos y te lo contamos.

Madrid parece que por fin tiene su festival de música electrónica experimental, el que durante tanto tiempo lleva mereciéndose, más allá de los clubes y las largas raves. Eso es, al menos, lo que promete ECO, una iniciativa que ha comenzado con buen pie y que ha ocupado durante todo este fin de semana largo el Matadero de Legazpi con artistas de primer nivel enmarcados en las disciplinas neoclásicas, el post-dubstep y el techno más áspero. Para ser una primera edición –y además organizada con muy poco tiempo de margen–, el espacio de ECO ha lucido vistoso, con un público entusiasta que interactuaba con los artistas creando una atmósfera de comodidad e intercambio, un espacio móvil más pensado para sentir experiencias musicales que para asistir a conciertos. Estuvimos allí los tres días y ahora te lo contamos.

Viernes, 16 de marzo

Andy Stott consiguió llevar al público a un estado de trance al atardecer que se rompió abruptamente al cumplirse la hora de su directo.

Abraham Rivera –comisario de ECO, junto a José Manuel Costa– dibuja con el brazo hasta dónde llega el sonido en la sala principal de este encuentro de nuevos sonidos; traza un ángulo de más 180 grados y con una sonrisa enorme explica orgulloso que lo han diseñado para que sea envolvente y una experiencia completa en sí mismo. Y así es. El sonido es brillante y el lugar es perfecto: una nave industrial de columnas, abierta al cielo en la que las plantas crecen y reptan a su antojo y el sol de la tarde hace todo aún más estético. Esta nave del Matadero de Madrid demuestra lo que muchos habían pensado al pasar por los complejos industriales de esta zona de la ciudad: lo bien que sonaría y se ambientaría la electrónica en un espacio así. Es una sala gigantesca, tranquila y tan bien dispuesta que cuando Andy Stott empieza a arrancar, invita a cerrar los ojos y dejar que mil imágenes emerjan del subconsciente.

El viernes de ECO estaba dedicado a lo que evocadoramente los comisarios habían definido como “pop oscuro”, y fue Andy Stott –uno de los nombres más efusivamente repetido el año pasado por “Passed Me By” y “We Stay Together”– el que mejor se ajustó a esa definición; especialmente a la parte oscura. En una hora se ciñó al mejor patrón que hilvana la electrónica: contar, desarrollar e intentar hacer experimentar un viaje. Andy Stott lo hizo espectacularmente bien, con esa mezcla suya apabullante y cavernosa de música jamaicana y techno berlinés. Modulando y graduando un directo que fue mutando y creciendo de unas bases esqueléticas a un todo dulcemente asfixiante, Andy Stott consiguió llevar al público a un estado de trance al atardecer que se rompió abruptamente al cumplirse la hora de su directo.

Después llegaría oOoOO, pero sin su vocalista –según se contaba, habían tenido una pelea durante la prueba de sonido y ella había decidido no actuar–. Con la capucha puesta y una mirada desafiante, desgranó sin mucha empatía la esencia de una de las formaciones witch house con más predicamento. Las atmósferas opresivas y espectrales que oOoOO suele crear en sus directos se diluyeron en algo inofensivo y el guiño súper pop a Lady Gaga quedó forzado en un directo corto, gélido y desaprovechado, sobre todo si se marcaba como baremo lo que acababa de mostrar Andy Stott.

Rrose tiene varias cosas que le confieren un aura de interés irresistible: su identidad desconocida –un factor que siempre resulta chiflante; no saber quién te hace bailar de esa manera siempre es fascinante–, su techno metálico, perfecto y frío tan a lo Sandwell District y los directos tan experimentales y espasmódicos que se gasta. Fue el momento más festivo de la jornada: brazos al aire, rítmicos pitidos pidiendo jarana y ese sonido envolvente de la sala alcanzando cotas emocionantes. El colectivo Old Apparatus siguió la senda que había marcado Rrose, pero solo en la primera parte de su actuación. Un techno denso y drónico que sincronizó en un movimiento casi coreográfico las cabezas de los asistentes y que se fue deconstruyendo en un ambient demasiado frío y desconectado, pero que dejó resonando un eco industrial en la fascinante nave que auguraba todo lo bueno que estaba por venir en las jornadas siguientes. Marta Hurtado de Mendoza

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Sábado, 17 de marzo

En la primera mañana de ECO nos encontramos con un showcase del sello 100% Silk y ese house confortable que se mueve entre lo orgánico y lo sintético, y en ocasiones con tintes de música disco, una muy buena elección para que el público fuera entrando en calor, disfrutando de esos rayos de sol de media mañana –aunque quizás no tanto para los artistas, JMII, Bobby Browser, Fort Romeau y Octo Octa, que tuvieron que enfrentarse a un paisaje desolador, con menos de cincuenta personas disfrutando de su saber hacer, debido quizá a un fin de semana repleto de actividad musical en la ciudad–. Algo parecido fue lo que le pasó al asturiano Kresy, que expuso su directo de house también ante poco público –y unos pocos reenganchados de la noche, cuyos números circenses no ayudaron mucho al resto a centrarse en el trabajo del artista–.

Lo que pudimos disfrutar a continuación resultó ser de lo mejor que vimos en el Matadero ese fin de semana. Morphosis diseñó de manera magistral una sesión que empezó con techno de sabor experimental y planeador, con el público sentado y poco motivado, hasta llegar a recorrer paisajes de Detroit y Chicago. En un momento dado bajó al infierno y, con la misma suavidad, elevó al cielo a un público entusiasmado que no se reconocía apenas diez minutos antes. Había comenzado el festival.

Midee realizó una sesión muy fina y atractiva, con sonidos que se movían entre los beats abstractos, el boogie y el house de última generación. Por su parte, Guido ofreció un directo con banda en el que él mezclaba recursos digitales extraídos de su portátil con sintetizadores, mientras los músicos (todos excelentes) añadían batería, bajo y guitarra eléctrica. Aunque a pesar del sonido dub del bajo y lo interesante de la propuesta en su conjunto, el de Bristol emborronó su directo con detalles pop-rock –algunos punteos y otro tipo de arreglos– que parte del público interpreto como horteras. La propuesta nacional más interesante fue Pyrenees, quien ofreció un directo de house orgánico con un Korg Triton, un laptop y un controlador: elementos del UK Garage de última generación y otros sonidos de bass music. Ése fue el primer set en el que se empezó a echar de menos un volumen alto que jamás llegó. El directo de Conforce fue más que recomendable, techno de gran calidad con un sonido entre Detroit y Berlín con las consabidas influencias dub.

Hieroglyphic Being realizó una sesión ecléctica donde la única regla era pinchar temazo tras temazo

Uno de los artistas más esperados de la tarde era Tevo Howard. Su directo no decepcionó: se pudo escuchar un house con todo el pedigrí de Chicago en el que, en ocasiones, se advertía una fuerte influencia electro. El directo de Gerry Read, por su parte, estuvo a medio gas: su techno, de sonido muy particular, alcanza un excelente equilibrio entre la contundencia y la suavidad –e incluso así no alcanzó a convencer a gran parte del público–. También es muy personal el sonido de BNJMN, mezclando ritmos de baile noventeros con pads paisajísticos y texturas oníricas, y ligando elementos de estilos como el house, el dubstep y el techno. Su live fue realmente bueno. Quizás no era el momento adecuado para gran parte de la audiencia, que no lo asimiló del todo bien en ese momento en el que ya empezaba la noche y parecía apetecer más otro tipo de discurso musical, como el del incombustible Hieroglyphic Being, que realizó una sesión ecléctica donde la única regla era pinchar temazo tras temazo, con muy poca técnica, pero muy divertida en la selección. Para concluir, los esperados Magic Mountain High, el nuevo proyecto del inquieto Move D, y el dúo Juju & Jordash, también convencieron. A modo de jam session, armados con un montón de hardware, diferentes sintetizadores, TB-303, TR-808 y asistidos por laptop e iPad, pusieron el broche final con un directo de lo más vistosos que, esta vez sí, se celebró con unanimidad.

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Domingo, 18 de marzo

Fue un momento algo triste, era imposible para los artistas motivarse con un público casi inexistente y de "domingo por la mañana”.

Durísima prueba a la que se tuvo que someter el showcase de Type Records el domingo a primera hora, con Svarte Greiner, Rene Hell, Jefre Cantu-Ledesma y Nicholas Bullen. Durante el showcase pudimos escuchar diferentes propuestas que fueron desde el ambient hasta el glitch, pasando por el shoegaze y el techno. Fue un momento algo triste, era imposible para los artistas motivarse con un público casi inexistente y de “domingo por la mañana”. Mientras, Krapoola Manos Ligeras ofrecía en la sala Lounge una performance en la que se pinchaban vinilos de diferentes estilos musicales, repartidos por todo el suelo de la sala.

Indignant Senility planteó su directo con un lector de CDs, una mesa analógica y numerosos pedales, con los que iba creando loops y añadiendo capas, para dar forma así a drones y glithes de diferente textura. Una propuesta interesante para la que seguramente una cafetería no era el lugar más apropiado. Los afortunados que encontraron asiento en el directo del veterano BJ Nilsen, por su parte, supieron lo que era vivir una experiencia extracorporal: lo suyo fue ambient del mejor, en estado puro. El directo de Kreng, a su vez, estuvo basado en su más reciente álbum, “Grimoire”: melodías de instrumentos clásicos, como el piano y el violín, mezcladas con texturas electrónicas acompañadas en ocasiones con baterías de jazz que daban como resultado composiciones cargadas de dramatismo y sentido cinematográfico, con las que casi se podían ver las imágenes creadas por Abattoir Fermé sin necesidad de abrir los ojos. Sin duda, estuvo entre lo mejor del domingo.

Mark Fell desarrolló un directo basado en el mismo concepto de sus últimos discos para Mego y Raster-Noton, la exploración de patrones rítmicos irregulares con un sonido muy característico. Gran parte del público, seguramente desconocedor del trabajo del artista, esperaba un desenlace que no iba a llegar nunca. Para cerrar la sala RBMA Lounge, The Haxan Cloak se marcó primero una excelente sesión, en la cual confluyeron diferentes estilos como IDM, hip hop y techno mezclados con gran sentido, demostrando gran maestría en el manejo de las capas de texturas. Pudimos disfrutar más tarde de un viaje intergaláctico en una nave espacial pilotada por Stephan Mathieu, mientras procesaba ondas de radio, y la argentina Caro Mikalef. Esta colaboración tiene su origen en una obra encargada para el Espacio Fundación Telefónica de Buenos Aires que posteriormente fue publicada en el sello Line. Y como cierre del festival, A Winged Victory For The Sullen: Dustin O’Halloran y Adam Wiltzie, acompañados por un violonchelo y dos violines, ofrecieron un directo de increíble belleza. Fue algo casi mágico, después de lo que había sido el fin de semana. Al final, ECO ha sido una historia con una conclusión feliz. Sergio Gómez

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