Reportajes

Discos internacionales 2009

Del 50 al 21

Discos internacionales 2009Comenzamos a repasar los mejores discos del año según PlayGround: cincuenta razones para perderse en los auriculares y cortar durante días cualquier tipo de contacto con el exterior. Hoy nos adentramos en los puestos del 50 al 21. Mañana, la cuenta atrás definitiva hasta llegar al 1, el primer peldaño del pódium. Y para concluir, una vez terminada la lista, os daremos nuestro resumen argumentado de las razones por las que 2009 debe ser tomado como un año que importa en lo musical. ¿Preparados? ¿Listos? Vamos allá.

50. Cold Cave: “Love Comes Close” (Heartworm Press) En cierto modo hay una identificación entre el sonido de Cold Cave y el de aquellos Crystal Castles que se han acabado llevando el gato al agua del mainstream: una pequeña orquesta sintética, con los timbres más histriónicos de los ochenta, con espíritu de videojuego, estética de capucha y hebilla, y una pegada punk incisiva y veloz. Las canciones se acaban en un suspiro, pero durante esos dos minutos, o tres, que dejan manar su ácido, los efectos que logran pueden llegar a ser destructivos. Javier Blánquez

49. Girls: “Album” (True Panther Sounds-Matador) Girls es un encontronazo entre los tres gafapastas más reconocidos del rock’n’roll. En Girls conviven el espíritu de un Buddy Holly adán, el brío saltarín de Elvis Costello y, sobre todo, el vigor de las baladas de Jarvis Cocker. Y a pesar de todo el desamparo y la aflicción que transpira, en el interior de Album brilla algo risueño que nos hace ser optimistas. Su honestidad duele pero también se baila sin reparos. Cristian Rodríguez

48. Tim Hecker: “An Imaginary Country” (Kranky)

Tim Hecker inventa algo más que un país en An Imaginary Country; crea un espacio sonoro, repleto de imágenes sugerentes, donde la imaginación va dando forma a la abstracción. Paisajes de dolor y calma, repletos de aires gélidos y corpóreos, que recorren el disco al igual que una gran nube de hielo gaseoso se pasea a ras del suelo. Un paraíso digital repleto de texturas que agudizan la imaginación y la proyectan hacia nuevos e inexplorados escenarios. David Pareja

47. Cortney Tidwell: “Boys” (City Slang) Tidwell tiene carencias, pero sus méritos juegan a su favor. La voz ha madurado, es convincente, se hace familiar, raramente se entromete con volteretas extrañas como las de Björk o Newsom. La producción es rica y variada, desde la lynchiana introducción de “Solid State” a la influencia de los Radiohead de “Kid A” que encontramos en “Watussi”, de la intención de hacer una bonita canción de cuna – “Son And Moon”– al folk directo de “Being Crosby”. Tanto da que se tranquilice – “Oslo”, “Oh China”– o se acelere – “So We Sing”, “17 Horses”–, este “Boys” discurre como un LP coherente que pretende crear un ambiente, ser un viaje interior. Juan Pablo Forner

46. HEALTH: “Get Colour” (City Slang) Get Color es todo menos un plato ligero. Los ingredientes ya hablan por sí solos: ritmos tribales con precisión electrónica, distorsiones que rozan lo industrial y voces susurrantes de película de terror. Una locura para los más sensibles, una bomba a punto de estallar para aquellos a los que les van las sensaciones fuertes. Es pura descarga de adrenalina. Un disco con mucha mala leche. Como ponerte a berrear después de un día de mierda. Gabriel Trindade

45. jj: “nº2” (Sincerely Yours) Si los dos temas que componían su single de presentación filtraban un suave brillo a través de la persiana, en nº2 la ventana se abre de par en par y todo se inunda de una radiante luz. 28 minutos encerrados en nueve canciones sin mácula, de colores suaves, fabulosas e imposibles. En ellas cabe imaginar a The Concretes y múm de vacaciones en un resort con pulsera, a High Places y Salako compartiendo hierba en la piscina, a The Avalanches y Pram estrellándose en una isla desierta o a The Postal Service proyectándose a través de un caleidoscopio Cristian Rodríguez

44. Hildur Gudnadóttir: “Without Sinking” (Touch) En su primer disco en solitario, esta dama del frío se aferra al mástil de su cello y bate las cuerdas con la furia lenta de un galeote condenado a muerte en la galera. Le ocurre a “Without Sinking” lo que a la Tercera Sinfonía de Henryk Gorécki: es máximo dolor de alma, pero a la vez con esa beatífica sensación de esperanza, de paz, de calor humano que siempre surge cuando se producen las mayores catástrofes. Este es un hundimiento colosal, como el del Titanic, pero no es un hundimiento masoquista: Hildur quiere que, al final, quede un último aliento para sobrevivir. Lo que no deja de ser una dulce tortura: ese ese aliento de reserva para, como un masoquista, volver a darle al botón del play. Droga durísima. Javier Blánquez

43. Clubroot: “Clubroot” (Lo Dubs) ¿Qué es Clubroot? Dubstep esotérico a la manera de Burial, pero cargado de ambient desvanecido y como ajado por el tiempo, y eso es peligroso porque sugiere –y lo confirman temas concretos como “Low Pressure Zone”– el barniz de Boards Of Canada. Pensémoslo: ¿no sería una mezcla de Burial y los dos hermanos de Edimburgo la consumación de nuestros anhelos? Si alguien lo hiciera como dios manda, acto seguido después de escuchar el disco, podríamos morir. Sería dulce y blanca esa muerte, como el suicidio de Petronio en sus termas, junto a su amada, con un tajo limpio y certero del cirujano. Simplemente fluír… Javier Blánquez

42. Cass McCombs: “Catacombs” (Domino) Catacombs supone un paso de gigante en la carrera de Cass McCombs. Es su título menos grotesco y también el más ambicioso, pero sobre todo es una delicatessen de roots music salpicada de floridos estilismos y exquisitos puntos de fuga sonoros que le acerca sin miedos, y guardando las distancias, a ese olimpo en el que tenemos aupados a referentes como M. Ward, Iron & Wine y Bill Callahan. Cristian Rodríguez

41. Jega: “Variance” (Planet Mu) Variance es un producto con pátina añeja, pero que compensa la falta de temporalidad con una producción donde el detallismo y la perfección son insultantes. Y es que, tanto en el lado suave del asunto como cuando se pone oscuro, Jega da lecciones acerca de casi todo: de cómo construir ritmos quebrados y torcerlos aún más si hace falta, de cómo elaborar melodías encantadas con lo que sobra de un muñón, de cómo edificar colchones ambientales que son pura melancolía. Vidal Romero

40. Elegi: “Varde” (Miasmah) “Varde” prosigue la línea de “Sistereis”: a su partitura ambiental –cuyo calor, inexistente, se mide en un puñado de grados Kelvin–, plagado de sampleos de viento, olas y aves gruñonas, Elegi apenas añade nada: un violín en dos piezas, un serrucho que vibra, un bajo en “Svanesang” y una percusión imperceptible en “Drivis” y “Fandens Bre”. El resto, es el oyente y la naturaleza a solas, y una naturaleza que es el Ártico en su plenitud: por aquí ni chapotean las focas ni trotan los osos; es el silencio muerto y el horizonte eterno y blanco. Es una vista del norte magnético sin apenas vida, sin un atisbo tibio, y sin posibilidad de regreso. Javier Blánquez

Elegi . Svanesang.mp3
Micachu & Shapes: “Jewellery” (Rough Trade) Lo que Micachu & The Shapes han pergeñado en su disco de debut, Jewellery, es pop de muchos quilates, requiebros, cambios de sentido, ritmo, fecha, firma y caducidad. Clásicos del do it yourself en el que se utilizan instrumentos caseros. Actitud punk para melodías folk donde se puede intuir el cruce bastardo que saldría de un encontronazo sexual entre Dani Siciliano y Tara Jane O'Neil. Quince canciones que se adelantan cinco años al futuro del pop. Antonio Bret

38. Little Boots: “Hands” (679) A base de stylophones, con los que ha popularizado una muy particular visión de un género que tira de clichés anodinos, Little Boots supera con creces las expectativas puestas en ella a pesar de conocer de antemano buena parte del material que compone su debut desde hace ya unos meses. Es la puesta de largo de una diva que puede convertirse –si no lo es ya– en un referente mundial del pop en mayúsculas con pretensiones hedonistas apto para todos los públicos. Sergio del Amo

37. Black To Comm: “Alphabet 1968” (Type)

Entre la nostalgia, el miedo, la hipnosis y el ensimismamiento, Alphabet 1968 se suma a la vorágine de propuestas de alta calidad y proyección creativa que se han movido por esas aguas del esoterismo musical a lo largo y ancho de esta temporada. No es un disco plomo que confunde el misterio con el tedio o la somnolencia, sino que estamos ante una obra de envergadura, ambiciosa, imaginativa, vibrante y totalmente emotiva. Julio Pardo

36. Hudson Mohawke: “Butter” (Warp) Mohawke demuestra descaro, yanquifilia y habilidad para romper el guión, tiene ideas, y buena técnica para pintar de flúor y tonos naranja un álbum concebido como unidad de desplazamiento: no explica una historia, sino un viaje, desperdigando todo tipo de sensaciones por el camino. Especialista en editar y recortar sonido en la pantalla del ordenador, Hud Mo demuestra que uno de sus puntos fuertes es la atomización del beat: encaja glitches a lo Scott Herren con punzadas de voz de helio como las que sampleaba el primer Kanye West, y esto alternando cajas y platillos atropellados y alguna melodía de videojuego. Javier Blánquez

35. Sally Shapiro: “My Guilty Pleasure” (Permanent Vacation) Es un álbum breve éste, y eso podría dar pie a pensar que Sally Shapiro han jugado sobre seguro evitando el relleno. Pero incluso evitar el relleno, extirparlo, es una virtud en estos días de sobrealimentación musical. Así, el álbum se acaba y quieres más, garantía de enganche, sobre todo hacia el final, cuando aparece la artillería pesada: “Miracle”, más italo-pop romántico perfecto que ya había aparecido en single, la versión de “Dying In Africa” de Nicolas Makelberge, y “Save Your Love”, que parece un cover camuflado –la estructura y los ‘oh-uh-ohs’ son casi idénticos– del “Hey Hey Guy” de Ken Lazslo, con un toquecito de Fun Fun, y al final acaba apareciendo un trabajo que debe ir sobrado de ditirambos, piropos y olés. Javier Blánquez

34. Mountains: “Choral” (Thrill Jockey) Si en los métodos Mountains son post-rock, en el espíritu siguen siendo free-folk: invocan a la naturaleza sin ser unos hippies ni unos travellers de excursión a Stonehenge, y tienen ese elemento místico, casi de rito solar, pero haciendo un símil prehistórico serían más agricultores que cazadores. El cazador es nómada, se mueve con la presa y no tiene lugar fijo. Mountains, en cambio, son como ese labrador que ara el campo y, por las noches, mientras ve cómo se pone el sol, sorprendido en un momento al azar, observa cómo brota el primer atisbo de tallo entre los surcos. Órgano, voz sintetizada, libros, campanas, agua, guitarra de doce cuerdas, harmónica, acordeón, ordenador y otros objetos: así enumeran Mountains las voces de esta coral hipnótica. Y cantan unos drones cálidos con el vigor de la naturaleza viva, que se repite día a día, sin descanso, y hasta el fin de los tiempos. Javier Blánquez 33. Bat For Lashes: “Two Suns” (Parlophone) Especie de disco conceptual en el que uno puede llegar a perderse, en su segundo largo como Bat For Lashes, Natasha Khan juega a ser muchas mujeres, y recoge, glosa y, finalmente, desintegra, toda una tradición de voces femeninas: desde Stevie Nicks hasta Björk, de PJ Harvey a Tori Amos. Moviéndose entre la nostalgia ochentena y la intensidad existencialista de los noventa, “Two Suns” es, en definitiva, como una fiesta de disfraces con un final inesperado, de cuento fantástico. Fernando Navarro

32. The Field: “Yesterday & Today” (Kompakt) Axel Willner utiliza el bucle como elemento básico de sus construcciones: lo deja sonar y trazar círculos, va añadiendo capas, realiza travesuras sobre ese andamiaje hasta que intuye que el bucle original se ha agotado, y entonces da por terminado el tema. No es difícil imaginar que la extensión del tema vendrá marcada, entonces, por la capacidad hipnótica de ese bucle original: mientras mejor sea, más se podrá dejar flotar en el tiempo y el espacio. En " Yesterday & Today" la selección de esa materia prima, de los bucles iniciales, es excelente, y por eso los temas se expanden más allá de los ocho, de los diez, incluso de los quince minutos sin ninguna dificultad aparente. Vidal Romero

31. Kid Cudi: “Man On The Moon: The End Of Day” (Motown) Kid Cudi aboga en su debut por una ruptura frontal y declarada con el pasado e incluso con el presente del hip hop y da vida a un reto creativo, muy valiente y atrevido, que desemboca en una obra tan desequilibrada como fascinante. A medio camino entre el R&B avant-garde, el pop experimental, el hip hop espacial e incluso el spoken word, “Man On The Moon: The End Of The Day” quiere escribir de su puño y letra las claves del futuro de la música urban. David Broc

30. Harmonic 313: “When Machines Exceed Human Intelligence” (Warp) En el año en el que el subgénero wonky ha entregado sus primeras obras maestras en formato larga duración, Harmonic 313 abría fuego con una pieza futurista a medias entre la IDM y el hip hop abstracto, un tratado de vaharadas hipnóticas con el adorno de bajas frecuencias, bleeps y melodías extraterrestres que conectan el viejo trip hop de artistas como DJ Krush con la nueva ciencia que se está puliendo en las calles de Los Ángeles (Flying Lotus), Londres (Ikonika) y Glasgow (Hudson Mohawke). “When Machines Exceed Human Intelligence” alude por igual a la ciencia-ficción cyberpunk y al humanismo en su título, y en sus surcos consigue entroncar en esa tradición de la música electrónica que persigue el mañana a toda costa. Y visto cómo se ha desarrollado 2009, Mark Pritchard ha resultado ser un visionario. Juan Pablo Forner

29. Anduin: “Abandoned In Sleep” (SMTG) En un año plagado de muy buenos títulos surgidos de la escena dark ambient, el de Anduin se ha convertido en uno de los más sorprendentes y fundamentales de toda la cosecha. Su artífice, Jonathan Lee, ha invertido dos años para perfilar este apasionante juego de sombras y pesadillas nocturnas que redefine por completo la sonoridad y las aspiraciones de la cara más oscura y tétrica del ambient contemporáneo. Julio Pardo

Anduin . Contents Of A Black Box.mp3
La Roux: “La Roux” (Polydor) La Roux –dúo formado por Elly Jackson y Ben Langmaid, que es el productor en la sombra– se ganó la atención de los coolhunters después de que Kitsuné incluyera el pasado octubre “Quicksand” en el sexto recopilatorio de su troupe synth-popera, alimentando (de paso) una rivalidad con Little Boots afianzada única y exclusivamente por las ansias de hacer renacer los sintes de toque retro. Pero mientras Little Boots se presta a ejercer de Kylie Minogue para las minorías, La Roux son la única banda surgida durante el boom electropop que que claramente mama de la estela de Vince Clark o Blancmane a base de melodías juguetonas y falsetes que hubieran quedado la mar de resultones como banda sonora de una máquina recreativa. Sergio Del Amo

27. Shackleton: “Three Eps” (Perlon) El álbum se mueve entre dos sutilezas: el dubstep de película de terror psicológico – “There’s A Slow Train Coming”, que avanza hiperlenta entre ráfagas espaciales que bien pudieran ser library musicpara un giallo italiano– y el dubstep de percusión alucinada, renqueante y religiosa que tan bien asume las ideas del llamado ‘fourth world’ –la música del primer mundo recreando la del tercero– que formuló años ha Jon Hassell y que tanto calaron en cierta escuela industrial, con nombres como Coil de avanzadilla, y de la que sin duda Shacketon bebe algo. El álbum, lejos de amilanarse ante el cambio de hábitat y su transplante en un sello techno sale airoso gracias a que se produce el milagro: es el Shackleton de siempre con la semilla de las ideas que darán forma al Shackleton del futuro. Javier Blánquez

26. Dan Deacon: “Bromst” (Carpark) “Bromst” se revela como un trabajo pretencioso, inabarcable, sugerente, oscuro como una cebolla podrida. Dan Deacon elude cualquier tipo de afectación de autor o de arrebato gafapasta, armando canciones con melodías que se ven alteradas por capas de ruido, de voces de Alvin y las Ardillas (recurso esencial de su discurso), bajos gomosos que se estiran y trotan, percusiones tribales de oriente, xilófonos, melodías surf hinchadas de speed, arpas, trombones, pianos ralentizados, subidones extáticos que aturden el oído... Quizás haya quien no pueda con tanto, con el barroquismo desaforado de Dan Deacon, pero que después no vengan con milongas, con el cuento de que ya todo está inventado. Antonio Bret

25. King Midas Sound: “Wait For Me” (Hyperdub) Waiting For You condensa en un solo átomo los genomas del dubstep, el reggae, el dub, el ambient y aquello que antaño conocimos como trip-hop –¿acaso no es este disco lo más paranoico y fumado que han dado las calles de Londres desde el “Maxinquaye” (1995) de Tricky?–, e implosiona en una suerte de big bang mutante que es pura introspección fumeta. Kevin Martin no se conforma con apretarnos las costuras, lo que él quiere es hundirnos, ahogarnos e incluso sodomizarnos en una poza de fango espeso, pútrido: bajos monstruosos, paisajes devastados, sonidos espectrales, beats reptantes y bpms con menos pulsaciones que un oso polar hibernando. Parece por momentos una inquietante psicofonía cuya profundidad de impacto debemos atribuir también a la voz del inconmensurable poeta Roger Robinson. Óscar Broc

24. Klimek: “Movies Is Magic” (Anticipate) Explica Klimek que “Movies Is Magic” pretende razonar el soundtrack: “su propósito, su significado, sus usos”. El álbum, pues, expone pasajes de sonido puro y en bruto, almidinado con cuerdas, breves pinchazos de percusión o notas de piano sintetizado, para conseguir todos esos efectos, uno tras otro. ¿Un ejercicio tramposo? En cierto modo sí, porque Klimek sabe cómo manipular los resortes del arrebatamiento y en todo momento consigue crear una reacción sin que sea posible por parte del oyente escapar al movimiento de los hilos del titiritero –a menos, claro está, que el susodicho tenga el corazón de piedra y menos sensibilidad que un poste de telégrafo–. Javier Blánquez

23. Trife Diesel: “Better Late Than Never” (Tdl) Abrumadora demostración de las vueltas que puede llegar a dar un rapper del underground neoyorquino y de que quien la sigue la consigue, “Better Late Than Never” es, indiscutiblemente, la joya oculta, la gran perla a descubrir de 2009 en materia hip hop. Y por si a alguien se le ha escapado, el debut oficial de Trife Diesel tiene toda la fuerza, intensidad y ferocidad que le falta al último disco de Ghostface Killah. David Broc

22. Memory Tapes: “Seek Magic” (Something In Construction) Más vertical de lo que pueda parecer en principio, relajado en los polos y con la coraza electrónica más potente en el centro, “Seek Magic” suena presto, precioso y preciso. Todo muy sexy, pistero y liviano a la vez, quirúrgico como aquellos primeros discos que nos enseñaron lo que era la indietrónica, un género al que por momentos este parece una respuesta. Así se construye un refugio estético en el que campa a sus anchas la utopía del baile perfecto con lágrimas en los ojos. Cristian Rodríguez

21. Silkie: “City Limits Volume 1” (Deep Medi) El debut de Silkie para Deep Medi Musik es uno de esos discos que hace que a uno le apetezca hablar de madurez (con todo lo bueno y todo lo malo que eso implica) de un género, el dubstep, que se ganaba su mayoría de edad aún hace menos de un lustro. Madurez porque el de este joven londinense, miembro de la Anti-Social Entertainment crew y camarada del príncipe del grimey dubstep funk (el amigo de lo púrpura, Joker), es un disco prudente, sutil, juicioso y a su manera sesudo; sofisticado en el sentido de elegante y refinado, pero también en su acepción de mecanismo técnicamente avanzado, depurado y complejo, que rebosa intenciones y matices. Quien busque que le zumben a base de wooble y frecuencias enfermas, que mire hacia otro lado. Luis M. Rguez

Discos internacionales 2009 . Del 20 al 1.

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