Reportajes

Día de la Música 2012: la crónica del viernes

Triunfo absoluto de Azealia Banks en una jornada sin sobresaltos en Madrid

La expectación por ver a Azealia Banks fue la nota dominante en el primer Día de la Música: muchos se acercaron para ver si hacía “un Coachella” desapareciendo del escenario... Pese a las dudas de muchos, Azealia, sin embargo venció y convenció, logrando eclipsar al resto del cartel en tan sólo media hora.

No nos engañemos: los grandes reclamos de este primer día eran Twin Shadow y Azealia Banks: nada como un directo para comprobar dónde termina el hype y dónde empieza el talento. Los suyos, de hecho, fueron dos de los nombres más repetidos entre los asistentes del festival. Pero el Día de la Música no se alimenta sólo de carne fresca, y St. Vincent, James Blake o Sr. Chinarro también congregaron numerosos fieles. Tal vez por la hora, o por el sol de justicia que hacía en el Matadero, la actuación de Lee Fields no reunió a tanto público como debiera: acompañado de una orquesta más que solvente y con una energía propia de un veinteañero, hizo gala de un soul enérgico y con clase. Por desgracia, un retraso en el vuelo de Tindersticks hizo que su actuación se retrasara a las 21, pisando los talones a un James Blake que salió perdiendo con la competencia. Unos minutos más tarde Mendetz y Raveonettes saciaban las ganas de fiesta de un público ávido de pasarlo bien. A continuación repasamos lo que el día dio de sí.

St. Vincent. Escenario Spotify.

Annie Clark no para de crecer y cada vez tiene más papeletas para convertirse en firme sucesora de PJ Harvey. Si en disco a veces sabe a poco, sobre el escenario se crece, hace de su guitarra una extensión más de su cuerpo y su voz suena mucho más contundente. St. Vincent salió a escena dejando claro que lo suyo no iba a ser uno de esos conciertos “íntimos” a los que se puede prestar su música. En su lugar optó por ese sonido áspero del que hace gala en Strange Mercy y en el que basó buena parte de su repertorio: “ Cheerleader” y “ Chloe In The Afternoon” ganaron fuerza y dotó a “ Save Me From What I Want” de esa textura rugosa tan característica de Clark. Supo a poco. Carolina Velasco

Twin Shadow. Escenario rtve.es

Qué pena que Twin Shadow no sonara mejor. El eco de los instrumentos en la Plaza del Matadero, al aire libre, se escapaba por todos los recovecos, de forma que los poderosos teclados del grupo neoyorquino quedaban sepultados por las líneas de bajo. Lo que en Forget (su muy recomendable debut, de 2010) sonaba sugerente y evocador, en vivo quedó en una cascaja inaudible. No falló la estética, eso sí. Alrededor de George Lewis Jr. (camisa sin mangas y una gorrilla) se repartía una explosión de colores que mezclaba la blaxploitation con el nerdismo más exagerado. Cayó algún tema nuevo, que ayudó a que los más fans siguieran el concierto con atención, en especial cuando el solazo empezó a esconderse y la brisa suavizó unas melodías construidas para el baile despreocupado. Y, de ahí, al mogollón despavorido para ver a Azealia Banks… José Fajardo

Azealia Banks. Escenario Radio 3.

Un show que se abre con el DJ dándole al “ Romeo” de Basement Jaxx empieza bien, las cosas como son. En el público se notaban la expectación, la curiosidad y sobre todo las ganas de pasarlo bien. Y en estas que aparece Azealia, sin grandes estridencias ni aspavientos: una entrada sencilla, casi imperceptible, pero que inmediatamente arrancó vítores y aplausos. Se podría pensar que la Banks venía con el pescado vendido, pero no era el caso: durante toda la tarde se escucharon frases como “a ver qué tal”, “es que sólo tiene cuatro canciones”, “pues en Coachella desapareció del escenario y dejó ahí a los bailarines un buen rato”. La gente iba preparada para casi todo menos para lo que pasó: un auténtico caso de veni, vidi, vinci. Acompañada tan sólo por dos bailarinas y un DJ y en apenas media hora (que es lo que duró su show, ni más ni menos), puso en pie al público del Matadero y no dejó indiferente a nadie. Azealia lo petó, así de claro: demostró que ella sola se basta y se sobra para comerse el escenario, que lo suyo es vozarrón y de los buenos (cuidado Beyoncé) y que se mueve como mandan los cánones. Lo da todo y encima derrocha (y contagia) buen humor. Además tiene hits incontestables como “ 1991” (que presentó como su canción favorita) o “ 212”. Sí, sólo duró media hora, pero fue tan arrollador que no hizo falta más: eclipsó al resto del cartel con sólo un chasquido. Azealia no apunta maneras: es la manera. CV.

Bear in Heaven. Escenario Spotify.

Lo primero que sentimos al escuchar a Bear In Heaven fue frío. Pero no un frío desangelado. Aquello era un fresquito de lo más agradable con la que estaba cayendo afuera. La organización ha tomado nota este año del infierno que era ver a cualquier grupo en la edición pasada dentro del horno de la Nave 16 (Lykke Li, Lüger…). Ambiente idóneo para dejarse llevar por la oscuridad expansiva de la música del trío de Brooklyn, apoyada en una puesta en escena tenebrosa con fogonazos azules. El concierto fue intenso, mezclando rabia nihilista (ese momento en el que Jon Philpot rompe el teclado contra el suelo, como enloquecido) con energía discotequera. Las voces, el ritmo guitarrero y, sobre todo, la batería, una especie de andanada brutal, a ratos, unos tamborines melódicos, en otros, dirigieron al público, bien gozoso, hacia un estado de embriaguez suicida y lamento por un mundo que se cae a cachos delante de nuestras narices. JF.

James Blake. Escenario rtve.es

Lo avanzábamos al comienzo: James Blake fue el principal daño colateral del retraso de Tindersticks. Cuando Blake comenzaba su set la cola para ver a Staples y los suyos era considerable. Pese a todo, Blake logró convocar a buena parte del público y no se achantó con un repertorio que no es precisamente el más apto cuando cae la noche en un festival. Defendió con dignidad su repertorio, no hizo concesiones y se marcó un tremendo “ Limit To Your Love” que nos habría sabido mucho mejor en un escenario cerrado y con mejor acústica en el que apreciar ese soul electrónico que le caracteriza. Un público con ganas de fiesta tampoco ayudaba a meterse en situación. Tal vez por eso, tal vez sólo por salirse del guión, tal vez porque le apetecía, en algún que otro momento le dio duro al dubstep con el que sorprendió en su “CMYK EP”. Dejó un sabor agridulce y la sensación de que éste no era su escenario ni su hora. CV.

Mendetz. Escenario Spotify.

“Buenas noches y viva la música”. Mendetz aterrizaban con ganas de agradar ( “hace muchísimo que no veníamos a Madrid. Es un orgullo estar en esta salvajada de festival y de cartel”). Y vaya y si lo hicieron. Quizá el éxito del grupo de Barcelona con su muy conseguido último disco, “Silly Symphonies”, no es comparable al fenómeno que han desatado Delorean y John Talabot, pero es evidente por qué estos chicos ya han despertado ciertas expectativas en Estados Unidos. Mendetz ha dejado atrás el sonido robótico de sus comienzos, apostando sin cortarse por los ritmos discotequeros, con sus subidones y unas curradas progresiones. Para cuando los cuatro se vinieron arriba al grito de “vamos a liarla”, los bailes rompetobillos y el cachondeo ya se habían desatado. Como sucede con Delorean, ellos no son los tíos con más carisma del mundo, ahí les ganan We Are Standard, pero sus canciones satisfacen a todo quisqui con ganas de jarana. Y en su caso se trata de una jarana elegante, ojo. JF.

The Raveonetts. Escenario Spotify.

Cuando el primer día de festival se acerca al final y sólo hay un grupo programado en ese momento, no es lo más adecuado empezar con retraso. The Raveonettes subieron al escenario más de un cuarto de hora después de lo programado. Para entonces, una marea de jóvenes se había embutido en el recinto de la Nave 16, una especie de hangar gigantesco que, en realidad, es el escenario más conseguido del festival, el que genera las mismas sensaciones que una buena sala de conciertos, por su sonido y proximidad con el público. Al parecer, la excusa de la espera es que los daneses venían de Nueva York y el viaje en avión había sido muy duro. Mal comienzo. Sin embargo, pronto se encargaron de solventar el embrollo. Su show fue el único momento de la jornada en el que en ese recinto hizo calor. Auténticas estrellas en el norte de Europa, por estos lares el grupo quizá no es tan masivo, pero en directo consigue meterte dentro de su propuesta, que va de lo gélido a lo energético, que juega con la fuerza de la batería, con las voces envolventes, la guitarra acelerada y la capacidad de atrape del bajo. Aunque sus discos no te parezcan ni fu ni fa, cuando les ves en directo acabas chocando palmas con tus colegas, tienes tu momento de introspección, el de sentirte conectado con la banda, incluso hay amago de ligoteo. Se cumplen todas las fases en las que se divide un buen directo. Al final, escuchándoles, era como estar en un pedo de MDMA, justo cuando todavía la droga no ha estallado, y sientes el placer por todo el cuerpo, con la sonrisa perenne de idiota y los ojos medio cerrados. JF.

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