Reportajes

Día de la Música 2012: la crónica del sábado

El fútbol, cabeza de cartel improvisado en la segunda jornada del festival

Sin duda, el sábado fue el día con el cartel más heterogéneo del festival: Julia Holter se las tuvo que ver con un adelanto de horario, Star Slinger compitió con el fútbol y Apparat y Metronomy prácticamente se pisaron los talones.

Ya de por sí, los festivales de música se prestan mucho al picoteo, pero si además se suma al cartel un partido de fútbol en un improvisado escenario “copa de Europa”, son muchos quienes pueden padecer el solapamiento. Cuando se abrieron las puertas entre los asistentes había más camisetas de “la Roja” que de cualquier otro grupo. Afortunadamente, el partido no restó protagonismo a algunas de las actuaciones más esperadas de la segunda jornada del Día de la Música, en la que Mercury Rev, Metronomy y Apparat congregaron a buena parte del público. El gran “pero” del festival, una vez más, se lo debemos a la política de la comunidad de Madrid y ese toque de queda velado que impide celebrar conciertos más allá de la 1 en el Matadero. Esto es lo que vimos y así te lo contamos.

Frankie Rose. Escenario Spotify.

A las 17.30 horas –una hora a la que debería estar prohibido programar conciertos en verano– saltó al escenario Frankie Rose con unos ‘short’ negros cortitos enseñando jamones. Aunque la chispa de “Interstellar” se mantiene en directo gracias a la crudeza de la batería (inevitable recordar el trabajo en el pasado de la neoyorquina en Dum Dum Girls, Crystal Stilts y Vivian Girls) y a las atmósferas galácticas que alcanza a través de los sintetizadores, la primera parte del show quedó muy deslucida. Faltaba agresividad, alma y cierta continuidad entre los temas. Tanto es así, que a los 20 minutos la cantante dijo que la siguiente canción sería la última, debido a “los problemas técnicos”. Pero hete aquí que el anunciado final con “Pair Of Wings” salió redondo y nuestra protagonista se animó. Ahora sí, sacó la rabia punk y su chorro de voz y por fin el público se quitó de encima la modorra del calor de la tarde. Todavía disfrutaríamos de media docena de temas más, que dejaron muy buen sabor de boca. José Fajardo

Julia Holter. Escenario UFI.

Fue una auténtica lástima que el concierto de Julia Holter se adelantara casi dos horas. Muchos no se enteraron y el público fue, probablemente, menor del esperado (a su favor, en cambio, tuvo uno de los escenarios con mejor acústica del festival). Pese a todo, Holter cumplió con alegría casi contagiosa ante quienes se congregaron para verla sobre el escenario UFI. Su propuesta es arriesgada: su último disco, “Ekstasis”, gana con cada escucha y además invita a ser interpretado durante la noche, y no a la hora de la siesta (había quien parecía estar a punto de dormirse durante el concierto). Nada de esto pareció achantar a la artista. Holter logró recrear la atmósfera de “Ekstasis” con un teclado, una batería y un chelo. Sonó como una Diamanda Galás contenida, a ratos se acercó a planteamientos jazzísticos y en otros a la vanguardia más rupturista. “ This Is Ekstasis” y “ Moni Mon Ami” sonaron espectaculares, e impresionó la capacidad de Holter para sostener notas altísimas casi sin esfuerzo. A ratos sumergió al público en un mundo etéreo y atemporal. Sin duda, una de las grandes actuaciones del festival. Carolina Velasco

Spoon. Escenario rtve.es.

Britt Daniel y los suyos demostraron que tienen el culo pelado y que su fama de ser uno de los mejores grupos de indie-rock norteamericano no es baladí. Tocaron con solvencia y lograron hacer bailar a quienes se acercaron a verles, que recibieron con entusiasmo canciones como “I Turn My Camera On”. Aunque Spoon lo dieron todo sobre el escenario, a su propuesta le sigue faltando algo de riesgo: aciertan de pleno yendo a lo seguro, y apenas se salen un ápice de su guión, interpretando sus canciones con fidelidad a lo que graban en el estudio. No van a redefinir el rock, eso está claro, pero convencieron a quienes se acercaron a verles con ganas de echarse unos bailes y saltar con las manos en alto durante los momentos más épicos de su repertorio. CV

Mercury Rev. Escenario Radio 3.

“Vamos a cantar canciones de la noche bajo el sol”, bromeaba un elegantísimo Jonathan Donahue, con pantalones de pana granates y camisa a juego, grandilocuente y cercano, que tuvo a su lado una botella de vino durante todo el concierto. En efecto, el disco con el que llevan girando desde hace tiempo, “Deserter’s Songs” (grabado en 1998 y que supuso la resurrección de Mercury Rev tras varios problemas con las drogas y discusiones internas que estuvieron a punto de acabar con el grupo), es un trabajo pensado para disfrutar en el refugio de la oscuridad y no con 40 grados golpeándote la cabeza. Fue una pena que la actuación no la hubieran colocado en uno de los dos escenarios cerrados del festival (cabe preguntarse quién es el responsable de estas decisiones, pues este año ha habido varios errores incomprensibles) y que la gente prefiriera abandonarse a sus estúpidas charletas antes que tratar de escuchar lo que los estadounidenses habían preparado. La delicadeza de algunas canciones, los sonidos de campanillas, esos extraños cánticos navideños atiborrados de psicodelia, quedaban tristemente diluidos más allá de la cuarta fila. Hay que recordar que con este disco la banda aparcó el ruido y la distorsión que venían practicando en favor de unos desarrollos mucho más lentos y barrocos. Lógico, por tanto, que sólo en un par de momentos el bajista restregara su instrumento contra los amplis (una de sus imágenes características en los 90s) en busca de algún chispazo eléctrico. JF

Breton. Escenario Spotify.

Mientras muchos tomaban posiciones ante la pantalla al aire libre en la que iban a echar el partido de fútbol de España-Francia dentro del festival, en la Nave 16 iba a comenzar una de las actuaciones más excitantes del segundo día. Breton despertó cierto interés a principios de este año con su excelente “Other People’s Problems”. Poco se sabía hasta ahora por aquí de los londinenses, un colectivo multimedia que ha remezclado a The Temper Trap, Local Natives y Tricky y que ha cultivado cierto misterio en torno a su identidad. De hecho, ésta era la primera vez que tocaban en España. En el escenario aparecieron cinco jovenzuelos modernetes (con sus gorras y sus pantalones pitillo con camisas chingonas) que se las apañaban con guitarra, bajo, batería, teclados y sintes. Al ritmo de la música –una energizante mezcla de rock guitarrero, música experimental y pasajes elecrónicos–, la pantalla escupía imágenes inquietantes en blanco y negro. Es triste decirlo, pero da gusto ver a un grupo como Breton que siente lo que hace y disfruta de sus directos, tan acostumbrados como estamos a poses absurdas de auténticos don nadies del universo indie nacional. Habrá que estar muy atentos a sus próximos movimientos. JF

Star Slinger. Escenario Spotify.

Todo festival que se precie programa algo de “zapatilla”, y el Día de la Música no iba a ser menos y ofreció zapatilla de calidad de la mano de Star Slinger. Mientras cientos de personas se reunían en ese improvisado escenario “copa de Europa”, unos cuantos acudieron a ver cómo las gastaba Darren Williams. El de Manchester no convocó a demasiada gente, pero no por ello dejó de ofrecer una entretenida sesión con la que quedaron colmadas las ganas de baile de muchos de los asistentes y en la que se dieron la mano sin complejos las canciones de M.I.A. y Rihanna pasadas por el particular tamiz del productor británico. Si en vez de competir con el fútbol lo hubiera hecho más tarde sobre un escenario grande con propuestas como la de Mäximo Park, la suya sería a estas horas una de las actuaciones más comentadas de la jornada. CV

Apparat. Escenario Spotify.

Lo de Apparat sobre el escenario Spotify en el Día de la Música fue algo de otro planeta. Al principio, lo confieso, era un poco reacia: “The Devil's Walk” es buen disco, pero la idea de ver a Sascha acompañado de una banda para presentarlo en directo al caer la noche no me seducía demasiado. El comienzo del directo, sin embargo, aunque sosegado fue absolutamente hipnótico. A partir de ahí, todo fue in crescendo y Apparat se convirtió en el gran triunfador de la noche ante un concurrido público que, curiosamente, guardaba bastante silencio. “ A Bang In The Void”, “ Black Water”, “ Ash / Black Veil” y hasta un arrollador “ Rusty Nails” se dejaron caer en un concierto que se pasó por el forro el toque de queda del Matadero (Sascha y los suyos siguieron tocando como si nada cuando amagaron con encender las luces y echar a todos del escenario). Apparat cogió lo mejor de ese rock intimista que gasta ahora y le dio una vuelta de tuerca con esa electrónica tan berlinesa y retorcida que tan bien maneja, logrando que las canciones se convirtieran en loops infinitos con graves capaces de meterse bajo la piel. Por unos momentos pudimos cerrar los ojos y sentir que estábamos en un club berlinés mientras el sol se asomaba por el Spree. El puto amo. CV

Metronomy. Escenario rtve.es.

A muchos les vino a la cabeza el recuerdo de Caribou cerrando el festival del año pasado mientras bailaban y se dejaban las últimas fuerzas con Metronomy. ¿Superaron los británicos el grandioso recital del canadiense? Posiblemente, no. Pero nadie salió defraudado tras el apabullante derroche de clase y ritmo de los autores del excelente “The English Riviera” (2011). Hubo baile y sudor, bromas sobre el partido de fútbol a costa de Francia y picos como “The End of You Too” en los que se alcanzó el éxtasis. El quinteto (¡hay que ver qué elegancia la de la batería Anna Prior y la del bajista Gbenga Adelekan!) apostó por su faceta más hedonista, aunque no titubeó en regalarse algunas improvisaciones instrumentales. JF

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