Reportajes

Demdike Stare + Andy Stott: Maniobras rituales en la oscuridad

Noche de miedo en CaixaFòrum (9 de marzo, Barcelona)

El viernes, Demdike Stare y Andy Stott ofrecieron una noche de techno y miedo en el auditori de CaixaFòrum en Barcelona. Estuvimos ahí y te lo contamos.

La noche del viernes tenía que ser una noche de miedo. Teníamos dos maneras de hacerlo: poniéndonos dos películas de zombis y vampiros en casa, como en los antiguos programas dobles de los cines más cutres, o ir a CaixaFòrum a ver cómodamente sentados a Demdike Stare y Andy Stott, los dos primeros invitados de un mini-ciclo de música electrónica –el próximo será Rustie, el 23 de marzo– que amenazaba con ponernos los pelos de punta. El ambiente nada más entrar en el auditorio ya se notaba cargado: lleno absoluto, gente con la cabeza alta y el rostro serio, ambiente solemne y mucho sospechoso habitual del circuito experimental en Barcelona, ese público al que no le asustan ni el ruido ni las tinieblas, y que sin embargo se adentra en lo desconocido para sentir ese cosquilleo del mal.

La sala, cómo no, se volvió oscura como la noche sin Luna nada más empezar Demdike Stare a maniobrar con sus laptops y sus máquinas. Sonaron zumbidos insolentes y varias ráfagas de ruido blanco para entrar rápidamente en situación, una situación que comprendía el uso de voces fantasmagóricas y crujidos de vinilo generados con el manejo, en tiempo real, de un plato al que se le aplicaban todo tipo de efectos de reverb y eco a medida que iba rascando la aguja. El ritmo de Miles Whittaker y Sean Canty era lento, pesado, duro: era el bombeo de un corazón moribundo que gastaba sus últimas energías.

El apoyo visual del concierto, a partir de imágenes de Jonny Redman, ayudaba a que se nos hiciera ese nudo en la garganta tan habitual en las situaciones tensas y al límite: niñas diabólicas con túnicas, mujeres con tijeras que se acercaban las puntas a las cuencas del ojo, imágenes de cementerios nevados y las alusiones al agua, ese elemento enemigo de las brujas. Las imágenes turbadoras se maridaron perfectamente con las texturas que iban extrayendo Demdike Stare, cada vez más áridas, en la línea del Aphex Twin de “Selected Ambient Works II” si les quitáramos aquella percusión insistente que nunca dejaba de golpear, y que se fue incrementando progresivamente –hasta llegar a un terreno fronterizo con el techno– que despejó las tinieblas y se abrió a una luz pálida justo cuando Andy Stott entraba en escena.

Por desgracia, el concierto de Stott no rayó a la misma altura que el de sus compañeros de sello en Modern Love. Apareció sólo con un laptop y un controlador, y por una vez la tecnología fue su peor enemigo: algún fallo con el software plagó de pequeños cortes el desarrollo de su techno lento y reptante, en los mismos 100-110 bpms de sus dos EPs del año pasado. Aguantó el tipo con entereza, a pesar de la incomodidad –se le notaba de lejos–, y acabó salvando los muebles y dejando entrever que, en condiciones mejores o con más suerte con el arrancado del Mac, su idea del techno como una materia viva, pero en coma, puede también dejarte el estómago revuelto y los pies molidos. Valió la pena; con Rustie repetiremos.

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