Reportajes

Daniel Lopatin

Recuperando la memoria en Red Bull Music Academy

Lopatin El cerebro le va a mil por hora, y por eso parece que hable raro: se le amontonan las ideas y es incapaz de organizarlas de una manera ordenada. Salta de un pensamiento a otro a velocidades inimaginables, y por eso su discurso parece fragmentado, a veces incompleto: deja colgadas frases que luego retoma tras un rodeo de dos minutos, o que no recupera jamás. Es más alto y más fornido de lo que en un principio uno pensaba –a Daniel Lopatin te lo imaginas tan traslúcido como su música–, y es que en el fondo por sus venas corre sangre de cosacos. Él es el músico detrás de Oneohtrix Point Never y Ford & Lopatin –junto con su amigo de adolescencia Joel Ford–, uno de esos autores que definen un momento preciso de la historia de la música moderna: obsesionado con la electrónica doméstica, el jazz fusión, las texturas ambientales y la economía de medios, sus producciones exploran rincones olvidados de la memoria y trazan un dibujo nostálgico ligeramente borroso. Es una de las figuras centrales del H-Pop (o pop hipnagógico), uno de los grandes defensores de la recuperación de los sonidos cósmicos y un inesperado consumidor de músicas alejadas incluso de la electrónica. De su vida y de su obra estuvo departiendo con Todd L. Burns, ayer en Red Bull Music Academy Madrid, y nos pudimos colar en la sala para poder, ahora, extractar algunas frases de su intervención.

1. Orígenes

“Mis padres emigraron de Rusia cuando yo era muy pequeño, así que en cierto modo yo doy comienzo a la primera generación de americanos en mi familia, junto con mi hermana, que nació aquí. Nos establecimos en las afueras de Boston. ¿Por qué se fueron mis padres de la Unión Soviética? Es difícil de explicar. Lo más sencillo sería decir que ellos tenían ambiciones que allí no se podían cumplir. Mi padre siempre decía que estar en la URSS era como tener la carrera de ingeniero de telecomunicaciones y acabar trabajando en una fábrica de zapatos. En aquella época era un aventurero, estaba preocupado por el futuro de sus hijos”.

2. Primeros recuerdos musicales

“Mi madre estudió piano. Mi padre tocaba en bandas, pero venía del otro lado del espectro, no tenía nada que ver con la música clásica. Tuvo unos años de crecimiento muy raros en Ucrania. Así que en mi familia se dio una mezcla entre alta cultura clásica y baja cultura popular, y cada uno intentó enseñarme cosas. Mi madre me dio lecciones de piano de pequeño, aprendí algo de armonía, pero no me interesaba y siempre hacía trampas. Yo era más como un mono en un árbol: no quería hacer nada, sólo jugar a videojuegos”.

3. Videojuegos

“Me compraron una Nintendo. Para mí fue un shock, porque mis padres nunca me compraban cosas, y una Nintendo por aquella época era bastante cara, unos cuantos cientos de dólares. Sólo recibía regalos cuando estaba enfermo, como aquella vez que me compraron unos G.I. Joe. Pero en general no recibía nada, éramos pobres. ¿A qué jugaba? Básicamente ‘Mario’, que era el juego que traían todas las Nintendos. Pero no era bueno. Mis amigos siempre podían encontrar la canoa, y yo no. Así que lo que más me gustaba era ver jugar a otra gente. Me gustaba mucho la experiencia de los juegos, era una inmersión absoluta en un nuevo mundo psicodélico”.

4. Música primeriza

“De joven no me gustaba estar en bandas. Quizá es porque soy un egomaníaco: no puedo trabajar con otra gente. Tenía varios amigos en aquella época de adolescente que ya se montaban bandas. Me invitaron a hacer una prueba en una y fui, se suponía que yo debía tocar el bajo. Pero yo no sabía. Ni siquiera conocía la técnica, tocaba con el pulgar cuando no debía. Así que me rechazaron. Entonces fue cuando hice cosas por mí mismo. Esa sería mi primera época experimental de adolescente, de la que no queda prácticamente nada, es todo irrelevante”.

5. Primeros experimentos electrónicos

“En mi instituto no había gente metida en el punk o en el rock alternativo. Era muy extraño, porque debía haber chicos en esa onda, pero no había. Y eso me llevó en una dirección musical muy distinta. La música electrónica la descubrí tarde. Yo aún no sabía de la existencia de Neu! o de Kraftwerk, todo lo que escuchaba en el instituto era jazz fusión, y esa fue mi puerta de entrada a la música experimental, ese fue mi krautrock. Es la música con la que descubrí ciertas texturas, me gustaban las partes de sintetizador que tocaba Chick Corea y las de Jan Hammer en Mahavishnu Orchestra. Descubrí que mi padre tenía un Juno 60 en el sótano de casa, y empecé a usar el sinte para imitar la manera de tocar de Jan Hammer. No estaba muy interesado en las letras, no tenía la capacidad de apreciar la letra en una canción pop, y todo eso me fue llevando poco a poco hacia lo abstracto”.

6. El sintetizador Juno 60

“Mi relación con ese instrumento es sentimental por varios motivos. Primero, es un objeto que pertenecía a la familia y con el que aprendí de joven. Segundo, es un sinte muy básico que te permite muy pocas opciones, aprendí con él y me fue muy bien para concentrarme en explotar unos recursos muy básicos a los que tenía que sacarle mucho partido. Esto es lo que ha hecho que, de mayor, no me obsesione con el exceso de equipo. Mi manera de crear viene dada de la limitación de posibilidades del Juno 60. Así fue como hice temas como “Russian Mind”, que están grabados en una sola pista: hay muchos acordes, un falso contrapunto; este tema fue el primero que edité después de un tiempo probando cosas parecidas en el sótano de una casa en la que estaba de alquiler, con una casera muy aficionada a los gatos”.

7. “Rifts”

“Publiqué tres discos en No Fun Productions que luego se reunieron en un doble CD titulado “Rifts”. Básicamente, eran pruebas de ensayo con arpegiadores, música muy inspirada en bandas sonoras y library music, mi intención era referenciar esos géneros. Estaba muy metido en esa música, pero muy a mi manera. A los cortes les ponía títulos muy de ciencia-ficción, muy inspirados en Philip K. Dick, pero sin ninguna solemnidad. A veces son tan retorcidos que parecen bromas, y en el fondo lo eran, quería exagerarlo para que pareciera que le estaba quitando hierro al asunto. Yo no era el típico chaval que, de pequeño, quería ser un astronauta”.

8. Punto de vista

“Hay algo innegociable en mi vida. Necesito escuchar música y necesito hacerla. En la universidad estudié la carrera de biblioteconomía, quería ser archivista. Y la música la hacía como algo obligatorio, para mí no era nada efímero. Era una forma de abstraerme del mundo, es algo que necesito de verdad. Aprendí que tu punto de vista es importante y la música me ha ayudado a dar mi punto de vista sobre las cosas, a conectar con el mundo. Recuerdo haber visto el documental “Burden Of Dreams”, que trata sobre el rodaje de la película “Fitzcarraldo” de Werner Herzog, y ahí comprendí que, estés de acuerdo o no con lo que dice, acierte o no, todo gran artista tiene un punto de vista propio e innegociable”.

9. Música new age

“Hay discos de música new age que me gustan. Hay muchísimos que no, son horribles. Pero siempre puedes usar ciertas partes de esa música de otra manera, yendo más allá del cliché. Es como la música chill out: el concepto en sí puede ser discutible, pero luego hay material aprovechable. En realidad, a mí la new age no me interesa. Pero sí me gusta la idea de gente simulando, ahora y antes, ideas como la meditación zen y los sonidos de la jungla. Son ideas tan terribles que, de alguna manera, se vuelven atractivas. Cuando hice “Returnal” (Editions Mego, 2010), estaba muy inspirado en cierta pintura francesa de finales del XIX, casi fauvista, que intentaba reproducir la naturaleza de manera exótica”.

10. “Returnal”

“Este disco no lo grabé en el sótano de la casa de alquiler, con los gatos y la señora, sino en casa de mis padres, en verano, con las persianas bajadas y el aire acondicionado a tope. Odio el verano porque sudo mucho. Estaba en los últimos años de universidad, fascinado con estas pinturas francesas de la jungla, y quise reproducir esas imágenes en música. Cuando acabé ‘Returnal’, se lo envíe a Carlos Giffoni, del sello No Fun, que me había editado los tres primeros álbumes, y me dijo que no lo iba a editar, que los anteriores discos le habían gustado, pero éste no. De hecho, ni siquiera me invitó al festival No Fun de música experimental de aquel año. Así que lo mandé a otros sitios, Mego entre ellos, y Pita, después de pensarlo un tiempo, me dijo que lo quería”.

11. Mego

“No hay muchos sellos que respete, y Mego es uno. Pete Rehberg es un personaje muy parecido a Carlos Giffoni en muchos sentidos: alguien que no se aferra a una idea fija y que es capaz de editar mucha música distinta. En Mego hay discos de ruido, como los de KTL, o de brutalismo digital, todo lo de Russell Hasswell o Florian Hecker, pero a la vez cosas más tranquilas como Emeralds”.

12. “Replica”

“Mi nuevo álbum se titula ‘Replica’ y la gran novedad es que lo hemos grabado en un estudio profesional. Para mí ha sido mucho mejor así, porque he aprendido más sobre cosas de las que no sabía mucho. Por ejemplo, a usar el ProTools y conseguir un sonido más trabajado, con un ingeniero de sonido que me ayudaba a conseguir un tipo de sonido que yo era incapaz de obtener por mí mismo. Trabajábamos con mucha tranquilidad, haciendo jams de sintes, grabando muchas tomas y buscando ese sonido difuminado, crudo, simple, como si se estuviera desintegrando”.

13. Software

“¿Por qué no grabé el disco en casa, en el salón o el sótano, como los anteriores? Porque tengo problemas de concentración. En casa me distraigo mucho. Tengo todas mis cosas alrededor, y a veces tiendes a no concentrarte en la música y a trabajar menos de lo que deberías. En el estudio me concentro mejor. Una de las razones por las que hemos creado el sello Software al amparo de Mexican Summer es que Mexican Summer, junto a las oficinas, tienen un estudio propio, bien equipado, profesional, que lo ponen a la disposición de sus músicos. Yo quería trabajar en un estudio, pero el alquiler es caro y no tienes nunca dinero para estar allí tres o cuatro meses, todas las horas que quieras. Mexican Summer prometió distribución y visibilidad de los discos de Software, plena libertad creativa y pleno acceso al estudio. Y fue eso último lo que me hizo tomar la decisión”.

Crítica: " Replica"

Crítica: " Returnal"

Crítica: " Rifts"

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