Reportajes

DCode: lluvia de ‘hitazos’

The Killers animan la segunda jornada del festival madrileño mientras Sigur Rós, el viernes, firmaron una actuación impecable e introspectiva

DCode Festival saldó su edición 2012 con una buena entrada pero, sobre todo, con dos conciertos que revolvieron al público. Sigur Rós lo hicieron de manera interior, con melancolía e introspección; The Killers lo hicieron por fuera, con hits y alegría desbordada.

La segunda edición de DCode, que se ha celebrado este fin de semana en un campo de rugby de la Ciudad Universitaria de Madrid, deja opiniones encontradas. A pesar de unos precios nada baratos (65 euros un día, 95 los dos), cerca de 14.000 personas acudieron el viernes y algo más de 18.000 el sábado. Buenas cifras de asistencia, que afianzan la marca como uno de los festivales de referencia en la capital, como bien se encargaban de apuntar desde la organización (Live Nation). Buena culpa de ello la ha tenido el tirón de The Killers, el gran reclamo de este año. Más allá del cuarteto de Las Vegas, el nivel de las bandas ha sido irregular: pocas actuaciones memorables y una sensación general de que las novedades que más se esperaban han resultado ser fallidas e insulsas. Poco le habrá importado al perfil medio del público, chavales más preocupados por el botellón en los alrededores que por los horarios de los conciertos. Un acierto, por lo tanto, la apuesta por cerrar cada noche con una sesión de DJs para aplacar los instintos etílico-fiesteros de la multitud.

Viernes 14: la grandeza de Sigur Rós (o cómo combatir a una horda de enanos enloquecidos con un salmo extraterrestre)

Un festival es uno de esos sitios en los que se pueden dar situaciones realmente grotescas, casi incomprensibles. Uno no entiende por qué hay chavales que se dejan la paga del mes en un abono para hacer lo mismo que harían en el parque de al lado de su casa. Es difícil entender por qué hay niñatos que se disfrazan de los Strokes para ponerse hasta las patas y gritar cánticos futboleros. Esas sensaciones se intensifican cuando esa horda de enanos enloquecidos se cuela ¡en las primeras filas! de un concierto de Sigur Rós. A pesar del molesto guirigay circundante, los islandeses cuajaron un show arrebatador, en el que lejos de querer contentar al sector más farandulero del público, obviaron sus temas eufóricos (algunos de su penúltimo disco, del que sólo sonó “Festival”) y apostaron por la calma crepitante, la intensidad y esos salmos extraterrestres que les han hecho grandes. “Svefn-g-Englar”, “Sæglópur”, “Hoppípolla”… Así, diez temas, hasta llegar a “Popplagid”. Jónsi demostró que el regreso del grupo con “Valtari” (del que apenas sonaron un par de cortes) no es pasajero. Tras su aventura electrónico/jipi en solitario, el cantante quiere volver a la esencia del sonido que comenzó a explorar junto a sus compañeros a mediados de los 90. El poderío instrumental de la banda (una decena de músicos, incluyendo un trío de vientos y otro de cuerda) y las impactantes imágenes de las pantallas del escenario (montajes en blanco y negro de los artistas tocando en directo y en primer plano) contribuyeron a aumentar la sensación de haber asistido a algo único.

Los mismos problemas que Sigur Rós los encontraron Kings Of Convenience. Sin embargo, mientras los primeros combatieron el ruido y la mala educación incrementando su faceta más introspectiva, el dúo noruego acabó ganándose a la gente gracias a un show mutante, que comenzó como un ejercicio de folk delicado en pareja y terminó como un pasatiempo pop con guiños a la música de baile, divertido e inteligente, apoyado por una banda muy apañada. Y ahora que hablamos de excelencia, mencionaremos aquí a Triángulo De Amor Bizarro, sin duda la mejor actuación española del día (a años luz de los previsibles Dorian, los intensos Dinero o los viejunos Niños Mutantes). Los gallegos cada vez supuran más rabia en directo, sus canciones son trallazos antisociales parapetados tras una agresiva capa de ruido y distorsión. Estrenaron un par de canciones que sonaron todavía más punk, especialmente una en la que atiborraron los ritmos con sintetizadores terroristas, a la manera de Crystal Castles. El fin de fiesta junto a Justice no pudo ser mejor. A día de hoy, el dúo francés, desprejuiciado y talentoso, es una de las apuestas más seguras para encender a las masas. Desde su ya clásico escenario con la cruz luminosa, dispararon bombas de neutrinos directas al cerebro. Quizá su actuación fue menos desbordante que la del San Miguel Primavera Sound de este año, quizá estuvieron más contenidos. Aún así, más de uno se dejó allí la suela de las zapatillas.

Por último, las decepciones: Kimbra, porque no es suficiente con vestirse de espantajo (un chaleco de ¿plumas? y una falda tutú) y aparentar ir borracha para convertirte en una estrella cuando casi todas tus canciones suenan sosas e inofensivas; The Shoes, porque cuando escarbas un poco debajo de su impactante puesta en escena (dos músicos/agitadores y dos tamborileros) no queda más que aburrimiento y una sensación de déjà vu, y dEUS, porque cuando todo el mundo comenta que “su mejor época terminó hace ya muchos años”, será por algo.

Sábado 15: ¿A qué huelen los ídolos de las quinceañeras del siglo XXI? A The Killers

Hay muchas razones por las que uno podría reírse de los Killers: sus pintas de tontainas horteras, su actitud de chulazos ‘empanaos’, su ridícula grandilocuencia. Uno puede ir a sus conciertos con la certeza de que verá un espectáculo bochornoso, cargado de razones por las que no conceder ni un guiño de complicidad a esos cuatro soplagaitas del pop. Y toda esa fanfarronería y postura crítica salta por los aires a poco que uno se abstraiga de sus prejuicios y se deje llevar por la despreocupada felicidad de la masa. De repente, canciones como “Somebody Told Me” o “Human” saben a gloria cuando tus amigos te abrazan y saltas junto a ellos, gritando enloquecido estribillos sin sentido, pero con una evidente fuerza aglutinadora. Lejos queda la época en que The Killers iban de modernos, lejos también su periodo ultra kitsch (léase palmeras en los escenarios y abrigos de pelo de kobe); ahora el grupo es una mezcla de todo ello, con alguna dosis de ‘horterismo’ (ese púlpito en forma de rayo, esa K luminosa en medio del escenario), pero con un objetivo mucho más ambicioso: el de convertirse en los nuevos reyes del pop de estadio, en los ídolos de las quinceañeras que gozan con “Jersey Shore”. En DCode sacaron todas sus armas a la palestra, y vencieron. Repasaron sus éxitos ( “Spacemen”, “Read My Mind”, “Mr. Brightside”, “All These Things That I’ve Done”), adelantaron algún tema del nuevo disco, “Battle Born”, que sale a la venta el 18 de septiembre (abrieron con “Runaways”, ampliamente coreada), e incluso se permitieron dos versiones, “Shadowplay” (Joy Division) y “Forever Young” (Alphaville). Para los bises, con “Jenny Was A Friend Of Mine” y “When You Were Young”, aquello parecía el estallido del apoteosis que habría de dar paso a una nueva era.

Un espejismo de lo que fue la jornada, aburrida y muy poco interesante a nivel musical. Entre todas las actuaciones del sábado, sólo será digna de recordar la de Django Django, que tocaron cuando todavía daba el sol en el Complejo Deportivo Cantarranas. Había ganas de ver en directo a estos debutantes, que ya triunfaron este verano en el FIB. Tienen fama los británicos de hacer unas actuaciones sorprendentes, en las que no faltan los disfraces y una increíble ristra de instrumentos raros. En Madrid aparecieron los cuatro (voz y guitarra; bajo, percusión y coros; teclados, y batería) vestidos con la misma camisa de lunares granates y armados con varios artilugios caseros (maracas, unos aros gigantes con cascabeles, bongos, gadgets electrónicos). Aunque poca gente les conocía, convencieron con su particular y esquizoide propuesta, mezcla de Primal Scream y ritmos africanos, psicodelia y spaghetti western, una hipnotizante coctelera sonora que dará mucho que hablar en los próximos años. Y poco más en el frente. The Kooks sonaron tan melosos e insustanciales como siempre y sólo los desconocidos Capital Cities (música de baile refrescante sin grandes pretensiones) y los madrileños Lüger (como siempre, hipnóticos y fieros) ofrecieron algo valioso y recomendable. Lástima no haber podido comprobar el estado de forma de Cápsula y fIRa fEM, dos propuestas bien atractivas, que tocaron a primera hora de la tarde.

Puedes ver todas las fotos de los conciertos del viernes en nuestra galería.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar