Reportajes

Crónica de MiRA 2012: el sueño de una noche de otoño

El festival barcelonés celebra su segunda edición consolidándose como una alegre excepción en el destemplado otoño barcelonés

Buen cartel, buen ambiente y buenos precios colman de satisfacción a los asistentes de esta segunda edición de MiRA en la Fabra i Coats barcelonesa. El horario “europeizado”, su cuidado por la parte visual y lo especial del enclave ayudan a romper la gris rutina sabática de la ciudad. Ojalá estas cosas pasaran cada tres meses.

Fotografías de Paloma Wool

Es de necios decir que Barcelona no tiene buenos festivales de música. Por suerte –o por desgracia, dependiendo de lo que se quiera–, tanto Sónar como Primavera Sound se celebran en la Ciudad Condal, la llenan de guiris, hipsters y melómanos que alimentan esa idea de que Barcelona es así todo el año. Por suerte –o por desgracia, dependiendo de lo que se quiera– Barcelona no es así todo el año. Y hay tramos del año donde la actividad cultural se torna monótona y gris. ¿Quién viene al Apolo? ¿Y al Razz? ¿Hay algo en BeCool? ¿Quién viene al Moog este mes? Así, fin de semana tras fin de semana con alguna excepción materializada en peña poniendo pasta de su bolsillo para traer a determinado DJ o eventos de materia artística que incluyen actuaciones excepcionales. Por eso, cuando una propuesta como la del MiRA irrumpe en el monótono otoño barcelonés (estaremos de acuerdo en que, desde septiembre al Primavera Club, todo lo dominan las salas) no podemos más que celebrarlo. Si el primer año –al que no tuve el gusto de asistir– la acogida fue buena, con esta segunda edición tanto organización como público revalidan que cosas así son reconfortantes y necesarias.

Cosas así, entiéndase, un festival pequeño, sin aglomeraciones. No conozco cifras de asistencia pero podías prescindir del móvil para localizar a los amigos. Un festival barato, aunque suene trivial, con la que está cayendo importa y mucho. 25 euros la anticipada, 30 en taquilla, dos la cerveza… Un festival que invierte en el valor añadido a la música apostando por el videoarte, por utilizar un espacio público al que debería darse más uso y por crear un entorno agradable. Y, por supuesto, un festival que trata de construir un line-up haciendo balance entre lo de aquí y lo de allí, buscando la originalidad pero sin dejar de lado el afán de rentabilizar el chiringuito con la venta de entradas (obviamente). No todo fue al 100%, pero las grietas del festival os las puedo contar en dos líneas aquí y ahora y así luego empiezo con todo lo bueno. En la segunda sala no se escucharon los graves hasta Alizzz. En el escenario principal hubo un retraso en los horarios por problemas técnicos. Son humanos, estas cosas pasan y se perdonan mientras la voluntad de haberlo hecho todo bien prevalezca.

El retraso afectó la actuación de Ametsub. Problemas técnicos con las visuales de Alba G. Corral de las que conozco su existencia por chivatazo. Mientras acompañaron la actuación de los Eedl expuestos en esos tres altares blancos con formas y volúmenes funcionaron. Lo del dúo de spa.RK en directo no incita al baile pero sí a prestar atención a los detalles, a los cambios de ritmo y a las atmósferas. Ha oscurecido, es media tarde y todo parece casar con el ambiente. Las nueve de la noche ya es tiempo para ir pensando en moverse, será el turno de Ametsub y, teniendo en cuenta lo que hizo en 2010 en el L.E.V., el japonés se encargará de subir la intensidad de la música. Pero antes me voy a ver a Crisopa en la segunda sala habilitada, un espacio diáfano, blanco y de techos bajos. Las mismas gasas superpuestas que usa Flying Lotus en su nuevo directo esconden la mesa del escenario. Lo dicho, buenas intenciones. Aunque la falta de graves del sonido afearon la actuación del madrileño, que aún así aguantó el hándicap y firmó un directo en constante in crescendo. Entre las nueve y las diez se puede considerar la hora zulú de cualquier fiesta con horarios cívicos de nuestros vecinos del norte. Se atraviesa el ecuador de la velada y, por cómo nos encontramos la sala principal de vuelta al final de Ametsub, se puede decir que el japonés cruzó la hora zulú aumentando la intensidad.

O eso, o había muchas ganas de ver a Hyetal. Dave Corney estrenaba directo conjuntado con el trabajo visual de Dan Tombs. Desde los primeros compases de “Beach Scene”, el chorro colorista tanto visual como musical encandiló, costaba decidirse entre darse al baile o prestar atención a los detalles, dolía alejarse de la primera fila para ir al baño, a fumar un cigarro o a comprar bebercio. Y rememoramos “Broadcast”, el debut de Hyetal del año pasado, para rezar por más material de Corney pronto. Con el ánimo muy en las nubes, tanto como lo épico de la música de Hyetal, vuelta a la segunda sala para ver a Alizzz. La metamorfosis colorista de Pisu en su nuevo alias, su trabajo para MoFoHifi Records y su reciente fichaje por Arkestra serán celebrados a final de año, de eso no cabe duda. La gran afluencia de público que estaba viéndole en el MiRA no hace más que confirmarlo. Esas buenas sensaciones se complementaron con su directo, que pese a los problemas de sonido de la sala dejó muy buen sabor de boca.

Sistema es carnaza de “diosismo”. Es leyenda viva en esta ciudad y, si en algún momento ha habido escena en Barcelona, el debió, debe y debería de ser uno de los cabecillas de la misma. Presentaba en directo su último álbum para Natura Sonoris, otra jefada de las suyas cuya repercusión nunca hace justicia a su calidad objetiva. El directo fue cadencioso, loopeado, tendiendo al detalle nimio, pero al detalle al fin y al cabo, de una manera obsesiva. A toro pasado, igual hubiera deseado que Lone actuara a la hora de Sistema para que la actuación del barcelonés se hubiese comparado con la de Actress. Lone lo tiene ensayadísimo y lo sirve muy clubber. La pátina rave orgánica de sus producciones resplandeció con el sonido y por el contexto. Pero fue un impasse raro para un hombre que ya de por sí acostumbra a hacer cosas raras. Actress. Si lo viste en Sónar, hablarás maravillas. A partir de ahí, con su último álbum ya en la calle, todo son medias tintas. Ni tuve buenas sensaciones la última vez que lo vi, ni me han llegado buenas sensaciones de su paso por Barcelona este año o de su actuación en el 981Heritage. Partiendo de tan baja consideración, no extraña que no me defraudara. El sonido y el ambiente volvieron a empujar la propuesta, mucho más technoide y dura que la última vez que lo vi. Sin embargo, hay algo de aburrido siempre que estropea el rollo. Creo que él mismo está aburrido de sus directos.

A las dos de la mañana uno podía estar enfilando la cama después de haber visto, escuchado y sentido más de 10 horas de música y videoarte, compartiendo el momento con amigos, saludando a conocidos, conociendo nueva música… Rompiendo la rutina de Barcelona en otoño. Propuestas así dan sentido al término escena y ayudan a mantener la fe porque otro tipo de consumo de la música electrónica es tan posible como excitante.

*Puedes ver todas las fotos del evento aquí

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