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Más allá de chicos, sexo y sueños. Así se gestó el papel histórico de Súper Pop

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Hablamos con Ana Rius, directora en los ochenta de Súper Pop, la revista preferida de la juventud durante la Transición

María Yuste

01 Diciembre 2015 11:26

En mayo de 2011, una “defunción” sobrecogió a la sociedad española. La prensa se llenó entonces con su nombre grabado en tinta y, en redes sociales, miles de dolientes lloraron el cierre de una revista que hacía años que ya no leían.

Se trataba del cese de la publicación en papel de Súper Pop, la revista para adolescentes en plena edad del pavo que, a finales de los setenta, le había descubierto a una España negra el color del fenómeno fan.

“Las cosas se ven diferentes con la perspectiva del tiempo. Yo realmente me di cuenta de lo que había supuesto culturalmente Súper Pop en el momento en que dejó de publicarse. Todos los medios cubrieron su cierre y se habló mucho de lo que había significado. Ahí me di cuenta de que era un icono.”, cuenta Ana Rius entre trago y trago de su copa de vino blanco.


Ana fue directora de Súper Pop recién salida de la facultad de periodismo en plena Movida. Ahora acaba de publicar, junto a Javier Andrados, Yo también leía Súper Pop (Libros Cúpula), una especie de primeras memorias de la revista que desgrana sus inicios y que, sobre todo, pone de manifiesto la importancia de una publicación a la que, en vida, siempre se infravaloró.

Ser un adolescente enamorado en tiempos de la Transición

El primer número de Súper Pop llegó a los quioscos en 1977, dos años después del final de la dictadura y uno antes de que se aprobara la Constitución actual.

Ese fue el mismo año en el que se aprobó la ley de libertad de expresión, que abolía la censura y daba paso a una situación política que permitía la creación de una revista para adolescentes enamorados.

Por eso, para Ana, hablar del fenómeno fan es como hablar de la Movida madrileña. Ambos fueron una explosión cultural espontánea en la que la música, el cine y las artes plásticas eclosionaron tras años de contención.

Nadie se planteaba que existieran. Nadie los interpretaba como fenómenos frívolos que pudieran adormecer a las masas en un momento en el que, por fin, se tenía la oportunidad de cambiarlo todo.

“Al contrario. En aquella época, la gente pensó mucho en cambiar las cosas. De hecho, era lo que casi todo el mundo quería y, para ello, ya existían otras publicaciones de corte político. Lo que no habría tenido ningún sentido habría sido crear una publicación seria para adolescentes. A los 14 ó 15 años no se tiene conciencia política y menos viniendo de lo que veníamos porque la actitud que se adoptó era la de ir en contra de lo que se había vivido”.


Ana señala, sobre todo, la universidad como el lugar en el que uno empezaba a entrar en contacto con un mundo marcado por la efervescencia política. El lugar en el que la juventud empezaba a manifestarse y donde ella misma, antes de ser directora de la publicación, había corrido delante de los grises.

De Camilo Sesto a Justin Bieber

Súper Pop era una publicación para fans en la que los protagonistas eran la música y los ídolos. Algo cuyo valor hay que entender dentro del desierto informativo que era España a finales de los setenta o en la era preinternet.

“Por temas políticos, porque no habían salas adecuadas ni mánagers profesionales, a finales de los setenta, las giras de artistas internacionales no pasaban por España”.

Descubrir lo que se estaba cociendo en el mundo no era tan fácil para un adolescente como teclear y esperar unos segundos delante de una pantalla. Ana pone como ejemplo el caso del coautor del libro Javier Andrados. El único contacto que tenía Javier con el mundo exterior se producía a través de las páginas de la revista que, a su vez, tenía que encargar previamente al pescadero de su pueblo.

“Para entender el éxito de Súper Pop hay que situarse en un momento en el que había solo dos canales de televisión, no existían las tiendas de todo a un euro, ni había un fácil acceso a tantos objetos. Con los obsequios de la revista, lo que intentábamos ofrecer, junto a la información, era ese merchandise que los fans españoles no podían conseguir de otra forma”.

Porque, ¿qué antigua lectora de la revista no se ha recorrido alguna vez los quioscos de su barrio en busca de la bolsa playera de Madonna o, años más tarde, la carpeta agotada de las Spice Girls?

Lo más curioso es que fue el propio progreso del que la revista había sido abanderada lo que acabó matándola de forma natural.

“Porque los ídolos tampoco han cambiado tanto. Sigue habiendo grupos y artistas como Justin que tienen muchísimos fans. La gran diferencia está en el público. El público es el que ha preferido tener acceso a la misma información de forma diferente”.

Querido Súper Pop...”

Sin embargo, no todo era artisteo y faranduleo entre las recargadas páginas de la revista. Los propios lectores participaban activamente en su elaboración.

“Los lunes nos llegaban sacas enteras de cartas. Te ponía la piel de gallina”.

Los famosos testimonios de chicas que contaban sus primeras historias de pasión o hacían consultas de índole sexual, eran totalmente reales.

“A finales de los setenta tiene lugar el destape, que se produce a todos los niveles. Los temas sexuales empezaron a plantearse de una forma mucho más abierta y eso también llego a Súper Pop”.

Unas consultas que entonces sorprendían por atrevidas y que, cuando se siguen planteando en las revistas juveniles de hoy, lo hacen por anacrónicas.

“En los setenta era normal que hubiera temas que no se trataran en casa, pero me sorprende mucho que las jóvenes de hoy sigan teniendo las mismas dudas puesto que ya se han salvado muchos tabús”.

Aquellos consejos que esperábamos un jueves sí y un jueves no, se encuentran hoy en la base de nuestra educación sentimental. Aunque, una vez vez más, se transforman cuando se los mira bajo la óptica del tiempo. Aquellas secciones acabaron recibiendo, más tarde, críticas por conservadoras y hasta machistas al tratar, la mayoría de las veces, sobre cómo agradar al chico.

“Yo no era consciente de que los consejos pudieran resultar machistas hasta, hace poco, que lo leí en un blog. Entonces empecé a recapacitar y me cuesta pensar que yo, con lo rebelde y liberal que era en los ochenta, hubiera permitido aquello”.

Aunque, como señala la misma Ana en el libro, lo que es seguro es que aquellas secciones eran más liberales de lo que se les había permitido a las madres de las lectoras, nacidas en una sociedad reprimida.

Detrás del papel

Ana Rius junto a Simon Le Bon de Duran Duran

Trabajar en Súper Pop no era muy diferente a trabajar en cualquier otra redacción.

“Eramos solo 3 ó 4 personas en redacción. Sobre las 10 de la mañana venían las agencias, que te traían toda la información para que la vieras. Recibías continuamente llamadas de las compañías discográficas, etc. Yo la recuerdo cómo una época muy dura porque trabajaba muchas horas. Me fui después de 5 años porque necesitaba hacer otras cosas pero fue una muy buena escuela”.

En la época de Ana alcanzaron los 300.000 ejemplares vendidos pero, a finales de los años noventa, se llegó al millón. Súper Pop era la revista a la que diarios y publicaciones más solemnes miraban por encima del hombro cuando coincidían en ruedas de prensa pero, en realidad, eran los que tenía acceso a cualquier camerino gracias a su ejército fiel de, nunca mejor dicho, fans.

“La revista fue infravalorada por aquellos que no fueron lectores pero ahora, tras su cierre, parece que se la ha situado en su justa medida. Puede que si se siguiera publicando no se le hubiera llegado a dar ese valor”.

Al fin y al cabo, ya lo dicen por ahí: nadie es profeta en su tiempo.

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