Reportajes

Cómic y política, una complicada relación de amor a la española

Hablamos con autores de cómic social y político sobre cómo está evolucionando un género cada vez más presente

A las librerías españolas está llegando una nueva hornada de cómics que antes no solían estar.

Políticos corruptos, jóvenes en busca de un futuro en el extranjero, situaciones ridículas en hospitales y escuelas… los temas recurrentes en los tebeos se presentan, cada vez más, como los que vivimos en nuestro día a día.

El cómic social y político se hace un hueco en el mercado

Este nuevo avance hacia lo social y lo político se ve representado por obras como ¡García! de Santiago García y Luis Bustos, El Mundo a tus pies de Nadar o Gran Hotel Abismo de David Rubín. Son cómics que  reflejan problemas muy actuales y muy españoles, obras del día a día apoyadas por un medio directo y claro en el que los autores pueden expresarse libremente.

En parte, el reflejo de un país así viene dado por la situación que los propios autores viven en el día a día.

  El cómic está considerado un arte de segunda… o ni siquiera como un arte. En España, hay una serie de convenciones sobre lo que es y lo que no es arte. Parece que solo es arte lo que sale en las páginas de estilo de El País”, explica Nacho Fernández, creador de Tijeras y Tiritas: La sanidad se va a hacer puñetas.

Cuentan los dibujantes de cómics que ellos siempre se han acercado más a la situación de un trabajador cualquiera que a la de famosos artistas reconocidos por el público mayoritario.

“El problema viene de base, de cómo entendemos el arte en nuestro país. La cultura se ve como algo prescindible, y el cómic en concreto todavía más. Es incomparable la industria del cómic en Francia o Estados Unidos con la que se vive en España”, añade Santiago García, quien con ¡García! trata de devolver el franquismo a la actualidad de nuestro país.

Las nuevas obras se han vuelto más críticas, más satíricas, más españolas

La situación por la que han pasado los creadores de viñetas se ha visto todavía más perjudicada por la entrada en la crisis. Y esto ha afectado a sus obras: las ha hecho más críticas, más satíricas, más "españolas".

“Con el cómic dispones de una libertad que en otros medios, debido a que reciben una mayor atención, no tendrías.  Es un medio perfecto para poder expresarte con libertad”, explica Ricardo Vilbor, guionista de  Chorizos: Atraco a la española.

Este cómic, publicado por la editorial Grafito, explica  cómo sería un  Ocean’s Eleven —o Twelve, o Thirteen— protagonizado por españoles. Vilbor coloca al político corrupto Manolo Terroba al frente de un grupo de personajes que tienen como objetivo atracar el Casino de Montecarlo.

“Los personajes de  Chorizos identifican a una parte de la sociedad. Hemos intentado que ciertos estereotipos culturales y arquetipos sociales —la vieja facha, el viejo republicano, el ni-ni, la inmigrante, el conformista— funcionaran como arquetipos de cómic”, comenta el autor.

Fuera de banalizar la crítica política que se intenta hacer en este cómic, los prototipos funcionan para desarrollar situaciones de todo tipo que satirizan con mayor concreción escenarios nada difíciles de ver en nuestro día a día.

De hecho, este recurso también se utiliza en ¡García!, donde se recupera el franquismo en forma de un supersoldado que trabajó para Franco durante la dictadura. El agente es resucitado en la actualidad, debiéndose adaptar a las novedades del siglo XXI a la vez que tiene que cumplir con la tarea que le ha sido encomendada.

En este país, el pasado nunca muere

En este país, el pasado nunca muere” reza su eslogan promocional. Y en este caso está más justificado que nunca.

“Tenía la idea de ver  qué pasaba si tomabas a un personaje del viejo tebeo español —de los años 40— y lo trasladabas a la actualidad. Es algo que se ha hecho mucho en los cómics de otros países, pero en España era algo nuevo. Me parecía interesante que surgieran de forma natural estos temas de contraste”, cuenta García.

El problema que tienen estas dos obras, sin embargo, es que están ligadas estrictamente a la actualidad. Eso les ha pasado factura.

Actualidad: la gran amenaza del cómic político

En el caso de  ¡García!, vemos cómo PP y PSOE han pactado para hacer frente a la izquierda alternativa que ha crecido con fuerza en España, es decir, Podemos. Pero con este argumento, los creadores se enfrentaban a  una situación concreta que podía cambiar en cuestión de semanas.

“Mientras preparábamos el argumento del cómic, hace dos años, nos parecía una gran idea que podíamos plantear. Cuando pensábamos en esta posible coalición, el ascenso de Podemos parecía imparable. Pero  han pasado unos cuantos meses y ahora ha aparecido un actor que ni siquiera teníamos en cuenta: Ciudadanos” explica el guionista de  ¡García!

Por su parte, en  Chorizos, si bien hay un pequeño cameo de UPyD, ni Ciudadanos ni Podemos tienen espacio. Mientras creaban el cómic, el primero no existía y el segundo solo era la última fuerza en Cataluña. La España que se refleja, más bien,  retrata perfectamente la que nos llevó a la crisis y por la que surgieron tantas obras de este tipo.

“Por desgracia, pase lo que pase con estos nuevos partidos, creo que  Chorizos   seguirá siendo vigente. Nuestra intención no era solo retratar un momento determinado de nuestra historia, sino el  carácter español. Y eso no lo cambian unas elecciones”, argumenta Ricardo Vilbor.

¿Hasta qué punto hay libertad para hablar de política?

 “Varios autores de El Jueves nos quedamos en la calle y sin trabajo a causa de un  escandaloso, vergonzoso e inaudito caso de censura por parte del dueño de  la revista. Como no teníamos dinero ni queríamos volver a tener dueño, nos embarcamos en nuestra propia revista”, explica Guillermo, uno de los historietistas de  Orgullo y Satisfacción, otro de los nombres clave para entender este nuevo auge de cómic social.

No era para menos. La división vino después de que la editorial RBA prohibiera una portada de  El Jueves en la que  el rey Juan Carlos I entregaba a su hijo Felipe VI una corona llena de excrementos y moscas revoloteando a su alrededor.

Pero esta censura da pie a otra pregunta: ¿hasta qué punto se puede hablar de política sin pasar por una censura de este tipo?

El problema se centra, básicamente, en las revistas. Cuando se publica en tomo, además de aportar profundidad, los autores tienen mucha más libertad a la hora de plasmar lo que les da la gana. Y esto se agradece.

Gracias al auge de las novelas gráficas, llegan temas poco recurrentes hasta el momento. Por ejemplo, Nacho Fernández publicó a finales de 2013  Tijeras y Tiritas: La sanidad se va a hacer puñetas, un dossier de situaciones diversas en las que el autor retrata  la situación tan inestable por la que estaba pasando la sanidad después de los recortes  que sufrió por parte del gobierno de Rajoy.

“Es un volumen en el que hay un poco de todo. Hay historias que me han contado, otras que he vivido yo y otras que lees en los medios. La mayoría   son anécdotas que tienen un aspecto muy ridículo sin alejarse de la vida cotidiana”, declaró Fernández para el periódico  20 Minutos.

Alejada de la sátira se encuentra la obra de Nadar  El mundo a tus pies, un reflejo sobre  la fuga de cerebros y la precariedad laboral a la que los jóvenes se ven sometidos en la actualidad.

También, junto a esta novela gráfica, el polémico David Rubín está preparando una obra sobre la  Ley Mordaza Gran Hotel Abismo.

Existe una tendencia en el cómic crítico de favorecer a la izquierda política

Pero lo que se observa en la mayoría de obras es una tendencia hacia tirar a la izquierda política. En Orgullo y Satisfacción, Gran Hotel Abismo y ¡García! se ve claro. Pero, en Chorizos, la cosa cambia. Todos reciben su dosis satírica sin importar que sean políticos, sindicalistas o simples conformistas de a pie de calle.

“Creo que se abusa de cierta condescendencia con algunos partidos y comportamientos de la izquierda.  Hay que darles cera a todos", afirma Vilbor.

El cómic social y político es una fuente de nuevos lectores

Todos confluyen, no obstante, en que la sátira política atrae a personas que no están habituadas a leer este tipo de obras. “Las tiras cómicas o satíricas sobre política  gustan a todo el mundo, ya sean lectores de cómic o no”, explica el autor de  Chorizos.

Y pese a que Santiago García defiende que no pensó en ningún tipo de público particular a la hora de realizar su cómic, es indudable que  un thriller con un franquista recuperado como protagonista se antoja jugoso para un público poco habituado a leer historietas. 

El panorama se ve claro cuando se observa al mismísimo Francisco Ibáñez apostando cada vez más por historias de carácter político. Los dos últimos álbumes de Mortadelo y Filemón han sido  El Tesorero –donde el mismísimo Bárcenas tiene un papel protagonista– y  ¡Elecciones! sobre lo que se nos avecina en las elecciones del 20-D  con tantos candidatos al poder.

Quizás sea el cómic político una  nueva manera de atraer lectores.  A través de la visión popular de estas nuevas obras, el público es capaz de verse reflejados en un humor y unas historias mucho más comprometidas con su propia realidad que aquellas que vienen desde otros países. 

¿Será este uno de los secretos para  salir del agujero de la industria del cómic actual?

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