Reportajes

Club 2 Club: ambrosía electrónica en el corazón del Piamonte

Hemos estado este fin de semana en el afamado festival electrónico que se celebra en Turín y aquí os lo contamos con todo detalle. Por cierto, ¿hay un nuevo álbum de Burial en camino?

Hemos asistido este fin de semana a Club 2 Club, el pujante festival electrónico que se celebra en Turín (Italia) y que nos dejó una serie de certezas: probablemente haya nuevo disco inminente de Burial y que artistas como Scuba, Rustie, Kode9, Teengirl Fantasy, Actress y Marcel Dettmann son dios.

Con más de una década de vida, empezando desde abajo y creciendo exponencialmente, el festival Club To Club de Turín empieza a asentarse como una de las citas a subrayar en calendario del circuito de festivales europeos. Para intentar definirlo, es difícil no caer en las comparaciones. A grandes rasgos, si uno piensa en que saldría de la ecuación entre un Sónar a menor escala, un Unsound menos conceptual y un ADE con reverso arty estará cerca de desentrañar la idiosincrasia de esta pequeña gran cita. Con el festival catalán comparte el choque de fuerzas entre la intelectualización de las jornadas diurnas y la exaltación raver nocturna; con el Unsound el uso de espacios en principio ajenos a las músicas avanzadas y el hecho de incorporar la ciudad como un actor más de su discurso artístico, y con el evento de Amsterdam la integración de muchos de los clubes de la ciudad a su programación.

Que los referentes estén tan claros no significa que C2C no tenga algunas particularidades más allá de los mencionados paralelismos. Una de los más destacadas, visto desde dentro, es que se trata de un evento primordialmente pensado para el público italiano; no es exagerado afirmar que el 90% del público asistente era local. Probablemente esto explica el cierto deje a “colección de grandes cromos” del cartel. Visto desde la perspectiva de alguna gran capital de la electrónica quizá se echa en falta una personalidad más distintiva en la selección, pero cuando uno repasa el gran número de estrenos en tierras italianas que incluye no es difícil imaginar que para la gente de Turín sea uno de los grandes momentos del año. En este sentido hay que valorar la labor de organización a la hora de cultivar el gusto por la electrónica de calidad entre los turineses e italianos, quienes han respondido con los brazos abiertos desde las propuestas más experimentales a las más multitudinarias.

Además de los aciertos en la programación, el festival ha funcionado como un reloj en términos de producción. Es cierto que hay algunos detalles a mejorar, como la fisonomía del backstage de artistas en el recinto de Lingotto o el hecho que algunos clubes estuvieran tan separados entre ellos que hacía difícil compaginar distintos eventos, pero a grandes rasgos ha dado la sensación de que todo estaba planeado al milímetro y que, tanto medios acreditados como público solo tenían que preocuparse por disfrutar de los momentos musicales. Y, a lo largo de tres días, ha habido multitud de ellos.

Tardes en Fondazione Sandretto Re Rebaudengo

El cuartel general del festival y núcleo de actividades diurnas se estableció en el centro de arte contemporáneo Fondazione Sandretto Re Rebaudengo, un robusto edificio con aires a fortaleza situado a unos 15 minutos en coche del centro de la ciudad. Aunque para la prensa acreditada esta ubicación no presentaba ningún inconveniente gracias a las atenciones recibidas por parte de la organización, quienes nos facilitaron los desplazamientos en todo momento, el hecho de estar tan apartada del núcleo urbano desembocaba en la sensación de que ese segmento de la programación estaba exclusivamente dirigido a los círculos más cercanos a la organización del festival. Periodistas, artistas locales y miembros de la escena musical turinesa se mezclaban en un ambiente ambiente íntimo y familiar totalmente ajeno al trajín nocturno y al público en general. Esto no es malo per se, pero quizá juega en contra de una idea más dinámica e integradora de las jornadas de día.

Con DJs locales amenizando la zona del hall y la barra, las actuaciones propiamente dichas se celebraban en un pequeño auditorio y una sala llamada The Cube que, sorpresa, tenía forma cúbica. El pistoletazo de salida lo dio el joven Evian Christ. Armado con un sampler Octatrack y una MPC, el de Tri Angle ofreció un set corto (no llegó a la media hora) e intenso que dejó sensaciones ambivalentes. El planteamiento del directo es atractivo, sobre todo por el hecho de tocar los ritmos en directo a lo AraabMuzik, pero a a la tercera canción se vuelve un tanto recurrente y formulaico. El verdadero problema con la música de Evian Christ, sin embargo, es conceptual. Aunque en el planto estrictamente musical su emulsión entre los preceptos del witch house y el crunk sea atractiva, se hace difícil no arquear una ceja viendo a un tímido post-adolescente de Liverpool apropiándose de a cappellas de dirty south y articulando su discurso en boca de Gucci Mane. Sus visuales repercuten en las mismas referencias, combinando metraje de vídeos de hip hop con texturas abstractos y caleidoscópicas de tendencias lisérgicas.

El directo de Vessel en The Cube, en cambio, no admitió discusión. Con solo un laptop y un controlador, Seb Gainsborough llenó la sala de las mismas fuerzas embrujadas que mueven su fenomenal “Order Of Noise”. Siempre con la densidad y la profundidad como hilo conductor, su set basculó entre el dub fantasmagórico, los beats disgregados de ráfagas punzantes y los acercamiento al techno, ya fuera desde una perspectiva pausada y sumergida o con texturas más afiladas y abrazando las reverberaciones metálicas. En todo caso, una experiencia altamente inmersiva que se convirtió en el primer gran momento del festival.

La jornada del viernes en la Fondazione empezó con uno de esos pequeños lujos que permiten los eventos de estas características. En la primea de las tres citas que tuvimos con él ese día, Kode 9 ofreció una listening session presentada por el artista italiano Painé Cuadrelli en la que trazó el árbol genealógico de sus influencias musicales. Confirmado su condición de devorador omnívoro de música, hubo pocas incursiones en el espectro dub y mucha variedad. Sonó desde post-punk a rap mainstream pasando por Jan Jelinek o clásicos del jungle como el “This Is Los Angeles” de Lemon D. Más allá de las escuchas, la parte más interesante venía cuando Steve Goodman explicaba el modo en que los distintos elementos de la música que ponía habían influenciado tanto sus producciones como el sonido de Hyperdub. Así pues, supimos de primera mano que considera que sin discos como el “ Loop-Finding-Jazz-Records” de Jan Jelinek o el “3” de Pole probablemente no hubiera existido Burial (también cayó la más obvia referencia a Todd Edwards), de su amor por los ritmos asimétricos y fluctuantes de Timbaland o de como los sintetizadores de estética 8-Bit usados en el grime fueron uno de los grandes cimientos de Hyperdub. Un privilegio y una declaración de amor a la música que sirvió para corroborar que además de un gran selector Goodman es un excelente comunicador.

Tras la charla de Kode 9 asistimos a dos actuaciones que compartían su naturaleza desafiante pero con resultados diametralmente opuestos. El italiano Lorenzo Senni se centró en interminables repeticiones de arpegios tranceros que modulaba (mínimamente) con un sintetizador Roland controlado por ordenador y que lejos de resultar hipnóticas inducían al tedio más absoluto. El hecho de que las evoluciones de notas fueran tan simples y que la estética sonora fuera cercana al gabber tampoco ayudó. Roc Jiménez de Cisneros, alias EVOL, en cambio, sí logró convencer con un directo igualmente retador pero mucho más sustancial. Sentado en el suelo de espaldas al público, el artista barcelonés ofreció una descarga de noise en la que llamaba la atención cómo modulaba el sonido con el editor de texto de su ordenador.

Techno en el teatro; Jeff Mills & Claudio Sinatti: Event Horizon

El jueves, la apertura oficial del festival llegó con la actuación de Jeff Mills en el bonito Teatro Carignano. Expectación antes de entrar, alfombra roja e incluso la presencia del alcalde de la ciudad conforman todos los ingredientes de una noche de gala; no en vano era el estreno mundial del espectáculo Event Horizon que Mills comparte con el artista italiano Claudio Sinatti. Dentro del teatro, los protagonistas cara a cara, Jeff Mills armado con su inseparable 909 y dos módulos y Sinatti controlando cinco iPad's con los que modulaba las visuales en directo. El show se desarrolló como un diálogo entre ambas expresiones artísticas. El de Detroit construía ritmos crudos y secuencias minimalistas de tonos alienígenas y Sinatti los envolvía en formas geométricas que mutaban sobre la marcha y partículas de luz blanca que bailaban al son de la música. Mientras que los visuales empezaron siendo muy minimalistas para expandirse a medida que avanzaba el set, el discurso musical que proponía Mills acabó tornándose un tanto plano. La experiencia funcionó durante el primer tramo pero debido a la excesiva duración del set y al hecho de manejar una paleta sonora limitada acabó resultando algo tediosa. En pocas palabras; duró dos horas y con una probablemente hubiera sido suficiente. Quizá en otro contexto más inmersivo, un club a oscuras con pantallas más grandes, por ejemplo, este aspecto su hubiera podido subsanar, pero la solemnidad del contexto no permitía dejarse ir en exceso. Aún así, no faltaron quienes se pusieron de a bailar en los palcos o los que recibían las descargas rítmicas con vítores y acompañándolas con palmas como si de clubbers exaltados se tratara. Este entusiasmo, sin embargo, fue disminuyendo a medida que pasaban los minutos, confirmando la idea de que una extensión más moderada hubiera resultado beneficiosa para todas las partes.

El factor clubber

Más allá de la experimentación y los eventos especiales, el núcleo duro del cartel se repartía en las noches que acogían distintos clubes de la ciudad. El jueves, tras mantener la compostura en la actuación de Jeff Mills flotaba en el ambiente las ganas de fiesta, y eso se confirmó con la cola que se formó delante del club Lapsus, a escasos 50 metros del Teatro Carignano. Al entrar, nos topamos con que la actuación de Lone ya había empezado y con un sonido que dejaba mucho que desear. En un primer momento creímos que se podía achacar al sound system de la sala, pero más tarde se descubrió que el problema era del propio Lone. Por algún motivo el inglés apretaba demasiado los niveles que salían de su laptop provocando el efecto totalmente contrario al deseado; volumen bajo, distorsión exagerada y nula presión en los bajos. Más allá de este importante contratiempo técnico, su directo tampoco resultó demasiado convincente en el plano estrictamente formal. Y es que más que un directo se trataba de un DJ set con sus producciones vía Ableton Live, con el añadido de que las transiciones entre tracks no era del todo fluidas. Su música es grande, no hay duda, pero debe trabajar en su puesta en escena.

Teengirl Fantasy, sin embargo, firmaron el que probablemente fuera el mejor momento musical del día. De buenas a primeras dejaron en evidencia a su predecesor; en su caso el sonido era nítido, potente y corpulento. Con solo este detalle la atmósfera de la sala dio un vuelco y el público pudo sumergirse en condiciones en la exuberancia del sonido del dúo. Pero más allá de sus evocadoras composiciones, esta vez más menos retorcidas y más orientadas hacia a la pista, si hay una palabra que define el directo de la banda es libertad. No hay ordenadores, no hay nada pre-grabado; todo lo que suena está pasando en ese momento. Esto hace que en algunos momentos parezca que todo se vaya a venir abajo, pero Logan Takahashi y Nick Weiss siempre acaban por enderezar el rumbo. Y si la contrapartida a estos momentos caóticos es la increíble intensidad y vivacidad que transmite el show, bienvenidos sean.

La cúspide de la sección clubber de la programación fue la noche Hyperdub en la sala Hiroshima Mon Amour. Tras los warm-ups de DJs locales, sobre las 23:30 apareció Kode 9 en la cabina de la sala principal y se confirmó lo que ya intuíamos; la actuación sorpresa seria una sesión del capo de Hyperdub pinchando exclusivamente temas de Burial. A diferencia de en ocasiones anteriores, esta vez el set estuvo absolutamente dominado por producciones inéditas, lo que nos llevó a una conclusión que nos inundó de felicidad; es más que probable que el nuevo álbum de Will Bevan esté a la vuelta de la esquina. En el plano acústico, los tracks sonaron muy cercanos a lo mostrado en “Kindred EP”; el sonido clásico de Burial pero reforzado con beats más rotundos y atmósferas aún más profundas y oscurantistas, con sus inimitables modulaciones vocales erizando a todo vello que se cruzara en su camino. Fue media hora pero supo a gloria.

Tras eso, la sesión de Jam City sonó un tanto fuera de lugar. La culpa no fue de Jack Latham, quién se mostró de lo más solvente tras los platos, pero con la sala aún a medio llenar y el público en estado catatónico tras la catarsis emocional de la sesión de Kode 9 su sesión de house crudo y percusivo no acabó de enganchar. Si a eso se le suma que Actress estaba a punto de iniciar su directo en la sala contigua la decisión era obvia. Darren Cunningham empezó algo dubitativo debido a ciertos problemas técnicos pero pronto fuimos tomando consciencia de la que se nos venía encima. De todos los sets que servidor le ha visto, este fue el más intenso y descarnado con diferencia. El londinense convirtió la pequeña sala en una olla a presión de la que brotaba techno obsesivo y malsano, con texturas tan grumosas que parecían mancharte la camiseta y ráfagas abrasivas que desembocaron en un inesperado desparrame general. La temperatura subió y al único al que no pareció afectarle fue al propio Actress, quién sorprendentemente permaneció embutido en una chaqueta, bufanda y gorro de los Detroit Tigers.

Volviendo a la sala principal, Laurel Halo apostó por un set altamente hipnótico que basculaba entre secciones más gaseosas y momentos cercanos al techno nebuloso de ritmos repiqueteantes. Quizá hubiera encajado mejor en la sala pequeña pero aún así Halo superó el examen con nota, especialmente en el tramo final, en el que acabó emulsionando atmósferas dub con ritmos jungle en un último track cautivador. Paradójicamente, la actuación de Disclosure debería haber sido en el espacio grande. Y es que más allá de las coordenadas sonoras el set-up del directo del joven dúo no cabía, literalmente, en el escenario de la sala, por lo que tuvieron que dejarlo para otra ocasión y ofrecer un DJ-set en cambio. Su sesión no tuvo mucha historia; house garagero de nueva escuela a base de ritmos rotundos, vocales a mansalva y subidones eufóricos. La gente encantada, claro.

Mientras la noche se encaminaba a su final y el club entraba en un definitivo estado de ebullición, DVA apareció con gorro vietnamita y gafas futuristas para descargar una selección de bangers enfrente de proyecciones de Mortal Kombat. Muy centrado en el UK-Funky y con excursiones a diversas ramificaciones del UK-Bass su sesión fue un tanto populista pero, a decir verdad, fue de los pocos que mantuvo al público en movimiento constante. El colofón fue la última de nuestras tres citas con Kode 9 ese día, esta vez ya para ofrecer un DJ-Set al uso. Goodman empezó con mucho grime para, progresivamente, ir introduciendo hip hop, footwork, garage house, dubstep y jungle, todo ello haciendo gala de su habitual maestría tras los platos. Probablemente la panorámica estilística se estiró aún más a lo largo de la noche pero tuvimos que hacer caso a nuestros castigados pies y retirarnos al cabo de un rato del inicio de su sesión.

La rave del juicio final; Gran Finale a Lingotto Fiere

La gran traca final del sábado tuvo lugar en un pabellón de la feria Lingotto. Con un escenario principal de proporciones mastodónticas (muy en la línea de los espacios del Sónar de noche) y una sala más reducida y mucho más acogedora. Al poco de entrar, Nina Kraviz apareció en escena para ofrecer un directo del todo desconcertante. En pocas palabras; es que como si quisiera boicotearse a sí misma. Y es que si la productora se ha venido ganando el respeto de los seguidores del house underground con sus producciones para sellos como Underground Quality o Rekids y sus estimulantes DJ sets, lo echa por la borda al presentarse en directo como una suerte de pop-star con ínfulas sensuales. Ataviada con un camisón y un antifaz, cantó sobre bases pre-grabadas mientras ofrecía un recital de desafortunadas poses y bailes un tanto bochornosos. Tampoco ayudaban los inoperantes bailarines que la acompañaban ni el hombre obeso vestido en plan sadomaso que la flanqueaba. Una decepción en toda regla no solo porque no hace justicia a su talento (que lo tiene) sino porque va en contra de todo lo que ella mismo se ha ganado como mujer en el contexto de la música de baile.

En la Sala Rossa, que acabó ganando la partida a la sala principal en todos los sentidos, John Talabot confirmó que su directo es cada vez más sólido. El barcelonés y Pional se han pasado una gran parte del otoño de gira y esto se traduce en una mayor soltura en la conducción de su set, así como con un sonido aún más poderoso. Sonaron diversos cortes de “ƒIN” y nuevas producciones como “I'll Be Watching You” en la que destacó especialmente un cada vez más seguro y conjugado juego de voces. La traca final la puso la emulsión entre “Sunshine” y su remix del “Cheaters” de Teengirl Fantasy que, unidas por un efervescente arpegio sonaron del todo exultantes. Otra de las constataciones es que el directo cada vez funciona mejor como propuesta pop, lo que sin duda debería llevar al barcelonés a audiencias más amplias en un futuro no muy lejano.

Mientras tanto, en la sala principal Apparat se adaptó a las circunstancias y ofreció una sesión de techno ruidoso en el que había poco espacio para los matices. Y es que debido a las características del lugar, que a esas horas ya estaba a rebosar, tanto él como Scuba tuvieron que ofrecer sus vertientes más expansivas. El inglés lo solventó con nota, encadenando tracks de sonido rocoso y pulsión jacking entre los que se coló su nuevo single para Hotflush. Pero si alguien se sintió a gusto en este contexto fue Marcel Dettman. El alemán es un maestro a la hora de introducir la sutileza en los reinos de la trucha y volvió a ofrecer una lección de cómo hipnotizar a las masas a partir de la cocción a fuego lento. La música que pone es del todo contundente, no hay duda, pero el modo en que va construyendo la sesión peldaño a peldaño lo convierte en una experiencia mucho más embriagante que de lo que su selección musical pudiera sugerir.

No era el mejor contexto para ver a James Holden, así que después de asistir a un segmento de la sesión de Dettman nos parapetamos en la Sala Rossa hasta el final. Ahí Rustie ofreció su habitual descarga de bajos retumbantes y estructuras híper-fragmentadas para deleite de una audiencia que se desfondó a botar, particularmente en las primeras filas. Personalmente su música me resulta un tanto cargante e histriónica, pero no se puede negar que fue uno de los momentos más desenfrenados del festival. Tras esta descarga de adrenalina el ruidoso directo de Ital fue un plato demasiado difícil de digerir. Su música no está pensada en términos bailables (al menos en el sentido más estructural del término) y los excesos noise acabaron por dinamitar una propuesta que en otros contextos suele ser mucho más seductora; sin ir más lejos, su paso en septiembre por BeCool con Mi Ami no fue demasiado distinto en términos formales pero resultó mucho más disfrutable.

La elección de Shackleton para cerrar la noche parecía arriesgada, pero sin embargo funcionó a las mil maravillas. A pesar de que los ritmos del inglés son intricados y en muchos carecen de bombos al uso, sus secuencias nerviosas tienen un efecto hipnotizador que mantuvieron a la parroquia en un trance sostenido a lo largo de todo su set. Básicamente fue como estar metido en un ritual tribal en el que los instrumentos de percusión hubiesen sido por maquinaria electrónica. Fue una refrescante terminar un festival con una experiencia más cerebral que corporal y algo así como la guinda que terminó de validar el magnífico trabajo de los programadores del evento.

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