Reportajes

Cisne Negro

La pasión de Portman

Ha entrado de manera sólida en la carrera por los Oscar –el premio a Natalie Portman como mejor actriz parece cantado– y se consolida poco a poco como una de las películas más perturbadoras de los últimos años. Darren Aronofski, director megalómano atraído por el lado oscuro del ser humano, firma en otra obra mayor en su carrera que, desde PlayGround, entendemos que vale la pena ir a verla. “Cisne Negro”

Por Laura Gamundí

Exceso, mutaciones, derivas camp y mucho, mucho maquillaje. En “Cisne Negro”, Darren Aronofsky estira el cuerpo (y el talento) infinitos de Natalie Portman para arrastrar a la actriz por un laberinto de espejos. Nos encontramos en los pasillos de “Repulsión” de Roman Polanski: todo en esta oscura fábula sobre la sexualidad reprimida recuerda a ella, de la atmósfera de ansiedad y terror a su alucinada heroína, cambiando el camisón retro de Catherine Deneuve por unas mallas color carne y un tutú de denso plumaje. Con ese ligero uniforme se ha propulsado, ingrávida, Portman (ahora con 10 quilos menos y alguna lesión de más) por la escalinata del Oscar.

En la película, Portman es Nina Sayers, una inocente bailarina del ballet de Nueva York que vive bajo el yugo de una madre castradora (Barbara Hershey), réplica de la que Michael Haneke ideó en “La Pianista”, y un coreógrafo sexy y manipulador (Vincent Cassel), convencido de que su joven alumna sólo podrá alcanzar la excelencia si deja aflorar su lado oscuro en una nueva versión de “El Lago De Los Cisnes”. Nina es empujada a la perfección extrema, por los demás y por sí misma, en la interpretación de dos roles completamente opuestos: uno virginal y benigno (el cisne blanco) y otro seductor y maléfico (el negro). Resultado: la quiebra de la razón de la bailarina, demasiado técnica, sobre todo en comparación con la sexual Lily (Mila Kunis), una admirada rival con la que establecerá una relación vampírica de obsesión autodestructiva.

Como vemos, “Cisne Negro” contiene todos los rituales de dominación y masoquismo que encontramos en cualquier filme sobre la danza con coartada cerebral: el arco que va del clásico de Powell & Pressburger “Las Zapatillas Rojas” a la fantasía de Guy Maddin “Dracula: Pages From A Virgin’s Diary”, pasando de puntillas por la infravalorada joya kitsch “Showgirls”. Pero la película de Aronofsky es, sobre todo, un compendio de lecciones bien aprendidas de los grandes maestros del thriller y la mutación contemporánea. Hitchcock y su obsesión por las rubias falsamente angelicales y los moños frígidos es el primer eslabón de una catarata de referentes que cae sobre la pantalla a un ritmo tan hipnótico como vertiginoso: la dualidad femenina y bestial contenidas en “La Mujer Pantera” (Jacques Tourneur), “Hermanas” (Brian De Palma) e incluso “Mulholland Drive” (David Lynch) flotan en esta caja de resonancia pop, donde las formas más primitivas de la cultura (el motivo del doble, el mito de Narciso o la figura del vampiro) parecen fundirse con el melodrama posmoderno. Y con la exploitation: aquí queda el clímax de la película, esa escena cargada de sexo y glamour lésbico entre la virginal Nina y la tatuada Lily, su némesis. Hablando en términos musicales, ¿Tchaikovski versus techno?

Es un momento de placer (turbulento) para una heroína sometida a castigos del primer al último minuto, como buen personaje de Aronofsky, grandilocuente obsesivo. Nina es un añadido al plantel de sufridores que integran el matemático protagonista de “Pi”, el ama de casa alterada por la química en “Réquiem Por Un Sueño” y el casi resucitado Mickey Rourke de “El Luchador”. ¿Cultura del sadismo? Desde luego. Valiéndose de una puesta en escena apabullante –ecos del mejor giallo– y un diseño de producción de alto nivel, no sería arriesgado afirmar que “Cisne Negro” representa la culminación de la filmografía de un director condenado a hacer emerger la pulsión autodestructiva que anida en toda obra de arte. Puede que sobren algunos subrayados de guión, o que la simbología del doble resulte, en algunos casos, demasiado literal (¿demasiados espejos, quizás?). Y sin embargo, pese a todas sus imperfecciones, “Cisne Negro” supone una de las mejores aportaciones al cine moderno que han surgido en lo que llevamos de año y, si me apuran, de década. Un ejercicio de sofisticación y riesgoreivindicable al 100%.

“Cisne Negro” se estrena hoy en los cines de toda España. La película opta a los Oscar en cinco categorías: mejor película, mejor director (Darren Aronofski), mejor actriz protagonista (Natalie Portman), mejor fotografía (Matthew Libatique) y mejor montaje (Andrew Weisblum). Hoy se estrena “Cisne Negro”, la película en la que Natalie Portman ejerce de bailarina sometida a todo tipo de vejaciones, heridas y salvajadas masoquistas. ¿Quieres saber más? Lee atentamente. Cisne Negro  La pasión de Portman

Natalie Portman

Nos encontramos en los pasillos de “Repulsión” de Roman Polanski: todo en esta oscura fábula sobre la sexualidad reprimida recuerda a ella.

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