Reportajes

Vida y desdichas de una ‘yonqui star’: un viaje a la cara menos amable de la heroína

Conversamos con Sonja Vukovic, biógrafa del mito del underground berlinés, al hilo de la publicación de ‘Yo, Christiane F. Mi segunda vida’

Primera mitad de los 90. Mi yo adolescente regresa de madrugada a casa. Todos en mi familia están de viaje. No hay ojos de los que haya que cuidarse, nadie que vaya a fiscalizar mi comportamiento esa noche. Así que decido acampar en la cama grande de mis padres. Me sirvo dos dedos de whisky barato, me tumbo entre cojines y enciendo la tele pequeña que hay sobre la cómoda. Empiezo a hacer zapping en busca de porno, pero algo muy distinto me atrapa. El porno puede esperar.

Frente a mí, una película empezada de la que no sé absolutamente nada. En la pantalla hay una chica adorable, de melena larga y lacia, con cara de ángel y patas finas de potrillo a medio formar. La chica escucha sus discos de David Bowie mientras sueña con visitar el nuevo club de moda en su ciudad, un Berlín Occidental donde la vida transcurre tediosa entre edificios grises y largos trayectos de metro en vagones mal ventilados. Así comienza su historia. Dos horas después, el descenso al infierno yonqui de aquella frágil adolescente me tiene con la boca seca y los ojos en órbita. ¿Qué es lo que acabo de ver?

Aquel fue mi primer encuentro con Christiane F., la yonqui adolescente que años atrás se había convertido en un inesperado fenómeno mediático en su país al narrar su vida entre pastillas, picos de heroína, tricks y chaperos en el entorno de la Bahnhof Zoo de Berlín. Significando la distancia entre ambos, una película que aún hoy sigue palpitando.

El mito que se tragó a la persona

"En Alemania conoces la historia de Christiane incluso sin haber leído el libro. El mito que rodea a su figura era y sigue siendo algo muy extendido. Yo tuve que leer algunos extractos de Los chicos de la estación del zoo cuando estaba en la escuela primaria, pero no leí el libro entero ni llegué a ver la película. Mucho más tarde, cuando estaba terminando mi período de prácticas en la Axel Springer Akademie —una de las dos principales escuelas de periodismo en Alemania—, recibí la tarea de documentarme sobre lo que podía ser una historia de investigación. De ahí surgió la idea de investigar qué había sido de Christiane. Eso fue a finales de 2010, principios de 2011. Habían pasado exactamente 30 años desde la publicación de Los chicos de la estación del zoo, así que ahí había una percha. Cuando descubrí dónde vivía ella, me presenté allí y llamé a su puerta".

Son palabras de la joven periodista Sonja Vukovic, responsable junto a la propia Christiane del libro Yo, Christiane F. Mi segunda vida que ahora publica Alpha Decay. La historia de drogas y prostitución que elevó a Christiane F a la categoría de mito sucedió cuando ella aún no había nacido. Pero las sombras del personaje, el extraño magnetismo que aún hoy rodea a aquella yonqui adolescente de cara preciosa, acabó aproximándolas treinta años después.

"No tenía una idea clara de lo que quería averiguar", comenta Vukovic. "Yo quería el encuentro, libre de prejuicios. Ella me quería guiar, yo quería aventurarme con ella; tal vez sea la primera vez que a ella le sucedía algo así".

Christiane Vera Felscherinow comenzó a consumir heroína a los 13 años. A los 14 costeaba su vicio con la prostitución callejera

Con el roce fue creciendo el afecto, el material comenzó a acumularse y lo que iba a ser un simple artículo acabó convertido en algo mucho más grande que tardó cuatro años en concretarse.

"La razón por la que nunca llegué a terminar aquel artículo es que después de cada encuentro que tuve con ella me surgían aún más preguntas. Ella bullía, se daba a sí misma palabras clave para ir pasando de un tema a otro, las cosas de las que quería hablar, que quería que fueran escuchadas, cosas que quería aclarar. Después de un año, tuvimos la idea: si ya hemos trabajado tanto juntas, ¿por qué no hacer un libro?"

Así nace Yo, Christiane F. Mi segunda vida, un libro que retoma la narración en el punto en el que la dejó Los chicos de la estación del zoo y que confirma que lo peor aún estaba por llegar para Christiane.

El primer relato autobiográfico de Christiane F. fue un gran hit a finales de los años 70. Descubierta por dos periodistas de la revista Stern cuando ejercía como testigo en el juicio contra un hombre acusado de entregar heroína a menores a cambio de sexo, Christiane F. accedió a contar con todo lujo de detalles su historia, desde sus años de infancia en un hogar roto hasta sus días de mono y jeringuillas compartidas en los lavabos de la estación del Zoo. Una historia que no es tan diferente a la de muchos otros adolescentes en el Berlín de los 70, salvo por un detalle mayor: la edad de nuestra protagonista.

Christiane Vera Felscherinow comenzó a consumir heroína a los 13 años. A los 14 costeaba su vicio con la prostitución callejera. A los 15 logró desengancharse por primera vez. Pero ya nada volvería a ser igual para ella: toda su vida terminaría girando, irremediablemente, alrededor de aquellos primeros años de adicción.

Sus andanzas de adolescente dieron lugar a un libro superventas primero, y a una película de culto luego ( Los niños de la estación del Zoo, dirigida en 1981 por Uli Edel). Al llegar a la mayoría de edad, Christiane había acumulado casi medio millón de marcos en derechos de autor, y el dinero por las ventas de ambos productos sigue llegando a su cuenta con regularidad aún hoy. ¿Cómo cortar lazos con un pasado que te sigue alimentando?

Ser un yonki célebre también significa que eres famoso precisamente por razón de tu adicción. Lo que te alimenta, te daña

Sin buscarlo, Christiane convirtió su adicción en su principal fuente de ingresos. Es el relato de sus primeros años de agujas lo que le ha permitido llevar una existencia suficientemente cómoda, lo que le ha permitido seguir costeándose sus dosis durante años, esquivando así uno de los aspectos más duros de la drogadicción (los monos terribles, los robos desesperados). Pero a la vez esa fama ha sido una gran losa en su vida: aunque pasaran los años, en ella nunca se ha querido ver nada más que a la chica de Bahnhof Zoo, una adolescente perdida en las drogas, condenada a un estrepitoso fracaso. ¿Se arrepiente Christiane de haber dado pie al libro que la convirtió en una de las celebridades yonquis más reconocidas de la segunda mitad del siglo XX?

"Creo que a este respecto tiene el corazón dividido", responde Vukovic. "Alguna vez ha dicho que, si pudiera volver atrás, no volvería a hacerlo. Pero también fue una oportunidad. Vale, sería justo si alguien dijera: una oportunidad que no aprovechó. Sin embargo, no fue culpa solo de ella, porque Christiane tenía 16 cuando se publicó el primer libro. Tal vez deberían haberla protegido mejor de la posibilidad de que su historia se convirtiera en estigma y en una especie de profecía autocumplida. Ser un yonki célebre también significa que eres famoso precisamente por razón de tu adicción. Eso quiere decir que vas a recibir atención por eso. Así se gana su dinero. Lo que te alimenta, te daña al mismo tiempo. Es un dilema difícil. Es complejo, cuando uno llega a ver eso, a lo que te ha conducido".

Refutando la influencia desde la propia experiencia

Esa tensión a la que alude la coatura del libro es una de las razones que late detrás de Mi segunda vida. Por un lado, Christiane F. aspira a vivir su vida madura en tranquilidad, apartada de los focos, como una persona normal al principio de la cincuentena, simplemente Frau Felscherinow. Por otro existe una pulsión, una rémora, que la empuja a saldar cuentas con su pasado, a reflexionar sobre la vida que tuvo y la que pudo haber tenido, siempre condicionada por su adición y por su estatus sobrevenido de yonqui de culto.

Y en el fondo de todo, como un rumor incesante, surge una preocupación, un dolor: que la idealización de su figura como exponente del 'heroin chic' pueda llevar a otros a tontear con las drogas. Eso a Christiane no le hace ninguna gracia. Ella no quiere ser influencia de nada.

"Es exactamente así", confirma su cómplice. "Siempre ha subrayado eso que otros ya dijeron en su día: que su libro puede seducir a los jóvenes y llevarlos a coquetear con las drogas. Por eso mismo tuvo la idea de crear la Christiane F. Foundation, que ahora trabaja para ayudar a la gente que sufre depresión y miedos relacionados con las adicciones, y de cara a la prevención del consumo de drogas".

Al llegar a la mayoría de edad, Christiane había acumulado casi medio millón de marcos en derechos de autor

Más allá de su trasfondo como cuento moral, Yo, Christiane F. Mi segunda vida se sostiene como relato que engancha gracias a una vida que acumula más de un episodio fascinante. Capaz al menos de fascinar a cualquier persona interesada en el morbo y en la mitomanía pop.

El libro indaga en la parte menos pública del personaje, la que queda más allá de Los niños de la estación del Zoo, rememorando sus primeros viajes en primera clase a Estados Unidos (aunque no es ella quien aparece en el filme de Uli Edel, sí fue ella la que viajó a promocionar la película al otro lado del charco), sus años en Hamburgo en compañía de la flor y nata del underground artístico de la ciudad, sus incursiones en la escena musical, sus días de retiro en Suiza acogida por una familia de editores con amplias conexiones en el mundo literario, o su intento por pasar página en Grecia en compañía de una de sus parejas.

En la narración se suceden nombres como David Bowie, Nina Hagen, Blixa Bargeld, Alexander Hacke (su novio durante algún tiempo), Frank Castorf, Klaus Maeck, F.M. Heinheit, Frank Ziegert (Abwärts), los tipos de Van Halen festejando la vida entre tiros de cocaína, Federico Fellini, Patrick Süskind, Friedrich Dürrenmatt, Patricia Highsmith... Con todos ha alternado Christiane a lo largo de su vida, aunque los brillos de la fama poco importan en su historia. "Para Christiane todas las personas son iguales", asegura Vukovic. " Puede interactuar con actores y escritores famosos de la misma manera que con personas que viven en la calle y con las que coincide en el médico de la metadona".

A grandes rasgos, Yo, Christiane F. Mi segunda vida es la historia de un fracaso personal bañado en opiáceos y enfermedad física y mental. Un viaje por la cara menos amable de su relación con las drogas narrado en primera persona, con pelos y señales, sin autocensura. "No hay censura, y eso lo hace todo tan simpático: ella como anti-heroína, hablando abiertamente sobre sus errores, problemas y pensamientos".

Su libro puede seducir a los jóvenes y llevarlos a coquetear con las drogas. Por eso mismo tuvo la idea de crear la Christiane F. Foundation

"Conocer su historia ha puesto mi vida del revés. Sobre todo desde una perspectiva personal", asegura Vukovic. "Yo misma vengo de una familia en la que hay problemas de alcoholismo y desarrollé —como muchos de los hijos de adictos— incluso una adicción. En Alemania, aproximadamente uno de cada seis niños vive con un padre que sufre algún tipo de dependencia. Sufrí durante más de diez años de un trastorno alimentario. Aunque me las arreglé para volver a estar sana, puse estos diez años de mi vida como un lastre sobre mis hombros, los escondí, y por tanto una parte de mí era como si nunca llegara a estar conmigo. A través de trabajar con Christiane tuve que mirar al tema de la adicción de otra manera, tuve que desarmarlo y de alguna manera encontré mi paz".

Hoy Christiane F. no concede entrevistas. Se podría decir que está 'desaparecida', refugiada en algún lugar de Berlín que pocos conocen. Su vida de excesos está pasando factura.

"Christiane sufre debido a la hepatitis C, enfermedad que le ha provocado cirrosis y que se ha complicado en gran medida en el último año", explica Vukovic. "Me he esforzado por ayudarla, hay métodos para tratar el hígado que permiten vivir más y mejor. Más allá de eso, poco hay que se pueda hacer, y por eso ella al final acaba rechazando el esfuerzo. El tratamiento es a menudo demasiado estresante. Yo también he llegado a mi límite en ese sentido, lo admito. Pero hasta la fecha seguimos teniendo contacto y cuando ella necesita algo, estoy allí".

Christiane sufre debido a la hepatitis C, enfermedad que le ha provocado cirrosis

Hace un par de años, coincidiendo con la promoción de la edición alemana de Mi segunda vida, Christiane sí se presentó ante los medios. Su mensaje entonces fue claro: la cirrosis me está matando, sé que me queda poco tiempo, pero puedo decir que no he dejado de hacer nada de lo que he querido hacer en mi vida. La vida que he llevado no es la mejor vida, pero es mi vida.

Christiane F ha vuelto para saldar cuentas con su propio pasado. A partir de ahora, sólo le queda el futuro. Mientras dure.

"Su hijo pronto cumplirá los 18, pasará a ser mayor de edad. La vida continúa".

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