Reportajes

Bloqueados en Bloc: el desastre de Londres, visto desde fuera

Mientras dentro del recinto del festival abundaban las colas, el caos y el pánico, en el exterior la imagen era muy similar: puertas bloqueadas, desinformación y cordón policial

La cobertura de Bloc que teníamos prevista incluía dos periodistas y un fotógrafo. Pero la abominación logística en que se convirtió el festival impidió tanto Jessica Jordan-Wrench como nuestro fotógrafo pudieran acceder al festival, que concluyó en colas y una evacuación. Jessica nos explica cómo vivió el desastre desde el otro lado de la barrera.

Parecía que algo estaba ocurriendo cuando intercambiamos trenes en Canning Town. En la estación nos llegaba un anuncio por megafonía que indicaba que el evento en London Pleasure Gardens estaba completamente lleno y que las puertas estaban cerradas en ese momento. Así que decidimos –iba con Eoin, que tenía que fotografiar el evento para PlayGround– que lo mejor era continuar el viaje, con la esperanza de que la restricción de entrada no se estuviera aplicando también a la prensa. Supusimos que, de entrar, entraríamos por otra puerta y que la oficina de acreditaciones estaría todavía abierta. Le envié un mensaje de texto a nuestro contacto en el departamento de prensa, preguntando sobre la veracidad de ese anuncio, pero no hubo respuesta. Muy pronto descubrimos la increíble verdad de todo lo que estaba ocurriendo.

Era casi la medianoche cuando llegamos a Pontoon Dock. Nos fuimos directamente a la puerta 2, por donde accedían la prensa y los invitados, pero ahí lo único que había era una barrera que bloqueaba el acceso y alrededor de 20 personas que se apelotonaban con la intención de entrar. Hablamos con un guardia de seguridad en la puerta que nos explicó que tenían órdenes de no dejar entrar absolutamente a nadie. Esa era, al parecer, toda la información que les habían dado, y nos sugirió que probáramos suerte en el aparcamiento para artistas, que estaba una puerta más allá. En el parking nos volvimos a encontrar con un solo guardia de seguridad, igualmente educado y desinformado. Nadie, al parecer, sabía qué estaba ocurriendo.

Esa misma tarde había tenido que actuar en Brighton y cargaba con un bajo a mi espalda. Por tanto, mucha gente daba por hecho que yo era un artista del festival que tenía que tocar esa noche. De vuelta a la puerta 2, de hecho, mucha gente empezó a preguntar con impaciencia si tenía que entrar para actuar. “Sí”, les soltó Eoin, “es la bajista de Squarepusher”. El tipo no pareció pillar la broma, ya que abrió los ojos como platos y exclamó “¡no puede ser, esta chica es la bajista de Squarepusher y ni siquiera ella PUEDE entrar!”. La atmósfera ya había cambiado en la entrada: habían llegado las furgonetas de los antidisturbios y empezaba a circular el rumor de que se iba a cancelar Bloc. Hablamos con otro guardia de seguridad

"En el metro, el estado de ánimo era compartido: decepción furiosa, aunque la gente se comportó de manera admirable"

En este punto, poco después de la medianoche, fue cuando empezaron a desalojar a la gente que estaba dentro. “¿Alguien me compra la entrada para mañana?”, oímos que gritaba una persona. Cuando empezamos a escuchar las sirenas, la llegada de los bomberos y el anuncio por megafonía de que Bloc estaba oficialmente cancelado, regresamos a la estación. En el andén hablamos con una pareja que había conseguido entrar. Nos explicaron que habían estado haciendo cola durante horas, y que cuando consiguieron entrar se volvieron a encontrar con más colas dentro. Insistieron en que la producción del evento no estaba terminada, que los bares estaban a medio montar y no funcionaban. Habían venido desde Dublín (Irlanda) dejándose mucho dinero.

En el metro, el estado de ánimo era compartido: decepción furiosa, aunque la gente se comportó de manera admirable. Había un tipo, por ejemplo, que empezó a hablar del desayuno que pensaba hacerse a la mañana siguiente, y que argumentaba sobre la mejor manera de hacer una cierta salsa holandesa ( “cuando te pones a pensarlo, e insisto, cuando lo piensas de verdad, es algo muy extraño: los huevos a la benedictina son huevos… con más huevos”, le decía uno, a lo que otro respondía empáticamente “sí, tío, es muy raro”).

En conclusión, Bloc fue un absoluto desastre. Una desorganización tal que sólo puede explicarse por la incompetencia de alguien, y tenemos ganas de saber quién está detrás de todo esto. En vez estar disfrutando de uno de los mejore carteles que se habían programado en Londres en muchos años, lo que estaba escuchando era una conversación sobre cómo hacer ensaladas con huevos por parte de dos ravers sobreexcitados que no sabían a dónde ir. En todo caso, y a pesar de que tenía toda lo pinta de que pudiera ocurrir, Bloc se saldó sin víctimas. Sí, la decepción fue mayúscula, una abominación logística, pero tragedias recientes como la del Love Parade hace que situemos las cosas en su justa perspectiva.

Fotografías de Eoin Furbank.

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