Reportajes

Biophilia

Viendo el nuevo experimento de Björk desde primera fila

Biophilia Después de un Glastonbury prácticamente seco, por no decir casi completamente libre de barro, la fiebre festivalera continúa en Inglaterra esta semana con el arranque del tercer Manchester International Festival, que comenzó justo ayer. A lo largo de los próximos dieciséis días la ciudad albergará todo tipo de eventos, entre ellos la “ópera inglesa” de Damon Albarn, “Doctor Dee”, desarrollada conjuntamente con el MIF del mismo modo en que lo ha sido el espectáculo “Biophilia” de Björk, y también un concierto de la actual gira de Snoop Dogg, “Doggystyle”. El festival se ha ganado una buena reputación por ayudar a los artistas a llevar a cabo proyectos a gran escala que venían soñando con completar durante largo tiempo, y con Björk han logrado crear con éxito una experiencia que se percibe muy personal y emocionalmente accesible a la vez que derrocha un alto nivel intelectual. Aunque ella misma admitía que el ensayo general al que pudimos acudir el lunes por la noche era su primer concierto, “y por tanto estamos todos un poco nerviosos, pero que estéis todos aquí me hace sentir en muy buena compañía”, la percepción general era de que el momento era algo más que especial. Podría decir que nos sentimos afortunados de estar a apenas un metro de una artista que, de una manera tan constante, nos ha venido trayendo música cargada de tantísima belleza e innovación. Qué más se puede decir. Bjork Biophilia

“Biophilia” es un título que se describe a sí mismo, pues es un proyecto que investiga “las estructuras en la música y las estructuras en la naturaleza, así como todos sus puntos en común”. De este modo, se fundamenta en la fascinante premisa de utilizar tecnología en desarrollo y conceptos especialmente diseñados para explorar estas similitudes y su potencial creativo. En el Campfield Market de Manchester, para presenciar el alzamiento del telón para “Biophilia”, cabíamos 1.800 personas, pero en ningún momento nos sentimos apretados, o con la sensación incluso de que fuera un concierto. En el centro de la sala estaba el escenario cuadrado, y suspendido por encima estaba lo que parecía un zoótropo digital gigante en el que se proyectaban cadenas de ADN, virus y árboles para acompañar las canciones. Björk y su coro, formado sólo por mujeres, se iban desplazando hacia zonas de proximidad diferentes con respecto al público en cada una de las canciones, dándole a todo el mundo una buena visibilidad alterna. Yo me mantuve en mi posición, en la primera fila cerca de las arpas pendulares, en parte porque así podía ver cómo funcionaban cuando entraban en acción, con el movimiento de una cuerda punteada para poner en marcha la maquinaria. Este espectáculo despierta la curiosidad por encima de cualquier otra cosa.

Musicalmente, las nuevas canciones son, y a la vez no son, una ruptura con respecto a sus anteriores ritmos y desarrollos basados en cuerdas. Al insistir alrededor de la idea de la dimensión micro y macro del mundo físico –las moléculas y las notas y los arquetipos–, “Biophilia” se alinea con la Björk que hemos conocido como músico y como humanista, a la vez que es un importante progreso en su plan visionario de incorporar aplicaciones de software y tendencias educativas al álbum que está por editarse, a la gira y a un documental que se filmará en breve. “Crystalline”, un tema que hemos podido escuchar por primera vez esta semana, fue una de las canciones más aplaudidas del espectáculo, con sus sonidos de xilófono imitando el crecimiento expansivo en la formación de los cristales, subrayados por ritmos sincopados que construyen un final que culmina en un traumático arranque drum’n’bass.

El coro, metido en faena, se arremolinaba por momentos como si fuera una masa de plancton amorfa y sin rumbo, y en otras fases del concierto como si fueran un sistema de auto-clonación de células perfectamente programado en su función genética. En medio de la teatralidad del espectáculo en directo de “Biophilia”, las proyecciones parecían a ratos demasiado literales en su interpretación lírica, y acentuaban la sospecha de que, si se mantiene esta agenda tan plagada de compromisos, quizá las letras del álbum puedan acabar resintiéndose, pero habrá que esperar hasta que escuchemos el disco entero antes de llamar al mal tiempo.

Tras media hora de material nuevo, por fin llegó la primera canción conocida. Que la canción fuera “Hidden Place” resultó incluso mejor, y lo fue porque el proyecto, en su conjunto, cobraba un mayor sentido así. Las partes de su repertorio antiguo que recibieron el ingreso en “Biophilia” no se han añadido tras un meditado proceso de recontextualización, sino que más bien pareciera que siempre habían estado ahí, dormidas, y a las que se les hubiera permitido salir, enriquecerse con las letras ya familiares cantadas por el espectacular coro (el estribillo de “It’s Not Up To You”, por ejemplo) o ser tocada por los instrumentos diseñados para la ocasión. Sería algo interesante poder ver más de estos instrumentos en acción, ya que el show se basa demasiado quizás en el coro, tanto en lo musical como en lo escenográfico –eso sí, son buenísimas cuando tienen que integrarse y formar asteroides, o glóbulos rojos; trabajan en pequeñas unidades dentro de un conjunto mayor, cruzándose en cada parte vocal, por momentos, con otros sub-grupos–.

En la primera canción del bis tuvimos una reconfortante versión como para emisora de larga frecuencia de “One Day”, extraía de su “Debut” (1993), interpretada en lo que parecían tres puntiagudas naves espaciales (con sonidos como de cajón) y cantada en solitario por una Björk resplandeciente en un vestido bordado en oro con una placa frontal de cobre y un peinado gigantesco a juego, como si fuera una monja ataviada con un hábito azul eléctrico levemente diseñado por Leigh Bowery. Parecía que la noche estaba conectando su final con el principio gracias a las letras sobre volcanes y aviones, y como si fuera una promesa sutil, todos y cada uno de nosotros respondimos con indisimulables reacciones físicas. Cuando llegó “Declare Independence” (del disco de 2007, “Volta”), el coro de 24 cantantes se había convertido en un grupo de danza que convirtió el escenario en una pequeña rave. “¡Levantad vuestra bandera”, cantaba Björk. “¡Más alto, más alto”, respondía el coro, y después todo el público sumándose a la respuesta, disfrutando el momento de abandono en la música, en la multitud, hasta que concluyó el ritmo abrasivo, las arpas pendulares se detuvieron y todo el grupo abandonó el escenario definitivamente. Un espectáculo llevado con desenvoltura que irá mejorando a medida que se vayan sucediendo los conciertos.

Biophilia Setlist 01. Thunderbolt 02. Moon 03. Crystalline 04. Hollow 05. Dark matter 06. Hidden place 07. Mouth’s cradle 08. Isobel 09. Virus 10. Its not up to you 11. Sacrifice 12. Sonnets/Unrealities 13. Mutual core 14. Where is the line 15. All is full of love 16. Cosmogony 17. Solstice 18. One day 19. Declare independence

Biophilia Björk

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