Reportajes

Bilbao BBK Live: la crónica del viernes al sábado

Dos horas espectaculares de Radiohead en un festival al alza, redondeado por las actuaciones de Mumford & Sons y Garbage

Radiohead deslumbraron durante dos horas el recinto de Kobetamendi, donde el Bilbao BBK Live alcanzó su cima. Este año la asistencia en tres días se cifra en más de 100.000 personas, también gracias al tirón de bandas como Mumford & Sons y Garbage.

Si The Cure coparon el cartel del jueves, Radiohead fue reclamo más que suficiente para la jornada del viernes del Bilbao BBK Live (o mejor dicho, para todo el festival), y más teniendo en cuenta que aseguraron que éste era su único concierto previsto en España. Con un sabor de boca algo amargo, Thom Yorke y los suyos se plantaron en Kobetamendi sin desconvocar la cita bilbaína tras el accidente ocurrido en Toronto hace menos de un mes, cuando se derrumbó el escenario horas antes de un concierto, en un accidente en el que falleció un técnico de su equipo, Scott Johnson.

De acuerdo que ver el show previsto con pantallas móviles y una pantalla gigante de Led probablemente habría sido legendario, pero no nos engañemos, después de ver el pedazo de concierto que ofrecieron, cualquiera se atreve a decir que apechugaron con lo que pudieron. En las casi dos horas que duró, Radiohead presentaron su último disco, “The King Of limbs”, con temas como “Bloom” y “Lotus Flower”, pero también hubo tiempo para complacer a los menos puestos, con himnos míticos como “Idioteque”, “Paranoid Android”, “Karma Police” y con el colofón final de la enorme “Everything In Its Right Place” (con una intro de “After The Gold Rush”). No se pudo pedir más; bueno sí, que no cayera una tormenta y que solo chispeara, lo justo para hacer el momento más memorable si cabe, mientras se cantaban baladas sin complejos. Una postal.

Un rato antes, el cuarteto de chicas Warpaint ya se había encargado de prepararnos en la introspección, con su rock algo psicodélico que fue a conjunto con la foto general de aires apocalípticos: viento sacudiendo el fondo del escenario y nubarrones negros acechando a lo lejos. Pero el tiempo aguantó, y vaya si aguantó bien. Lo hizo nada menos que con Mumford & Sons, que estuvieron enormes y reunieron a muchísimo público en el difícil escenario principal. En plan director de orquesta, Marcos Mumford salió de punta en blanco e hizo enmudecer a todos con su voz rasgada. Pero a partir de ahí, todo fue un desmelene muy cowboy, y pese a que avisó de que se había roto la mano y no podía tocar demasiado, se le vio entregadísimo cantando, tocando el bombo con una mano y el sonajero con otra. Y nosotros preocupados por darnos golpes en la cabeza con una mano a la vez que dibujamos círculos en la barriga con la otra… Estuvieron soberbios, él y el resto de la banda con montones de instrumentos y una puesta en escena con lámparas y para de contar. Sin duda, la alegría más elegante del festival.

Hasta que lancen el nuevo disco y vuelvan a España en septiembre a presentarlo, habrá que conformarse con temas que van avanzando (tocaron “Lover Of The Night” y “Below My Feet”) y con los subidones de su impresionante primer disco, como “Little Lion Man”, “Winter Winds” y el memorable de “The Cave”, canción con la que concluyeron el concierto y que hizo saltar al público hasta que el polvo se levantó en las primeras filas de la pista. ¡Yijah!

El sábado sufrió un bajón de asistencia notorio, sin un cabeza de cartel al frente, algo que no obstante se agradeció puesto que desahogó el recinto y lo hizo mucho más transitable, dónde vas a parar. Los conciertos fueron más flojos –también lo estaban nuestras energías, digámoslo todo–, pero Garbage estuvieron enormes y mereció la pena quedarse un día más. (Cabe recordar que dos entradas de día individuales eran más caras que el abono completo, por lo que de este modo muchos se dejaron convencer y se quedaron también el sábado). A lo que íbamos: Shirley Manson fue un espectáculo, yendo de lado a lado del escenario con unos taconazos (que no dudó en quitarse al final para cantar “I’m Only Happy When It Rains” corriendo en círculos), guapísima, expresiva, fotogénica, tirándose al suelo para cantar la mítica “Why Do You Love Me”, dándolo todo en “Tell Me Where It Hurts” y “Blood For Poppies”, en las que el público respondió entregado. Ni siquiera el fallo técnico que hubo casi al final del concierto y que dejó en silencio a todo el grupo la hizo parar, puesto que siguió como si nada, se resolvió el problema y volvió el sonido, y sin quererlo provocó un subidón de aúpa.

Y es que si el carisma lo es casi todo, también hay que pensar en, por ejemplo, The Kooks y Awolenation (el viernes) y el espasmódico Eli Paperboy Reed (el sábado), tres conciertos que aunque contaron con dispares cantidades de público consiguieron el mismo resultado en los festivaleros: bailar, bailar y bailar. Casos que demuestran que los líderes son vitales para trasladar al público este buen rollo de “estoy como una regadera y quiero contagiarte”. Recibido. Y apuntado queda Awolenation, un descubrimiento de Los Ángeles, con un tipo al frente –Aaron Bruno– con un vozarrón, pelo rubio de envidia, rock electrónico y mucho don de gentes.

El buen nivel evidenció –se acerca un lugar común– la buena salud del festival, que alcanzó los 109.000 espectadores entre los tres días, la cifra más alta en los siete años que lleva de vida. De todos modos, hay un pero: sí a que los números crezcan y bravo por que siga siendo en pro de la calidad, pero ojo con caer en la trampa de querer abarcar demasiado espectro, porque eso podría volverse en su contra del festival, impidiendo que tenga un perfil más definido para ser un festival que guste a todos sin conseguir convulsionar a nadie. Y queremos larga vida a las emociones fuertes.

Bis: Lo que se oyó por ahí

1. Vetusta Morla salieron a tocar saludando a Donostia, y cuando los silbidos del público hicieron evidente su error intentaron corregirlo enumerando otras ciudades vascas para acabar diciendo que saludaban a todo Euskadi. Muy patillero.

2. El extraño fenómeno de la mini carpa Vodafone, entre el escenario 1 y el 2, liderada por un DJ vestido de negro y a todas horas gente dándolo todo. Habría que analizar esto.

3. El olor a kebab en medio de un concierto cuando el de al lado abre la boca, y le dices que no gracias, que ya has cenado y no quieres repetir.

4. Después de hacer cola para coger el bus, para comprar tickets, para comprar comida y bebida, para ir al WC y para simplemente caminar (había zonas demasiado estrechas), hubo atrevidos que hicieron cola para que les maquillaran. Ansias de riesgo.

5. Gente con cara de haber acampado en la zona 3, la única que no se llenó y que tenía un desnivel de aproximadamente el 20%. Algunos se justificaron diciendo que sólo llevaron al extremo la recomendación de dormir con los pies en alto.

6. Siguiendo con la acampada, pocas duchas para tantos acampados. Un acampado confesó que se le pasó por la cabeza la idea de irse a duchar durante el concierto de Radiohead para no encontrarse con cola.

7. Buses de varias autonomías para las lanzaderas desde Bilbao hasta Kobetamendi, y aún así hubo colas que hacían que uno se planteara subir al recinto haciendo trecking.

8. La barra del montículo de detrás del escenario principal y el sueño de bajar haciendo la croqueta hasta la primera fila.

9. Gente que se compró solo entrada de día del sábado para ver a Keane, que además volverán solos en concierto a España en octubre (???).

No te pierdas las fotos del Bilbao BBK Live en nuestra fotogalería.

Mira la actuación de Robert Smith en acústico en el Bilbao BBK Live.

*Fotografías de Jon Aspuru y rhythmandphotos.com

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