Reportajes

Beyoncé en el Palau Sant Jordi: ella sigue siendo la ama del cotarro

Eléctrico concierto de la divísima en el paso del Mrs. Carter Show por Barcelona, con extra de erotismo fino, una voz portentosa y fuerte carga feminista

Messi no se lo perdió. Nosotros tampoco. En el único paso del Mrs. Carter Show por España, Beyoncé arrasó ante las 18.000 personas que compaban el Palau Sant Jordi a golpe de caderazo, hits poderosos y las canciones de su último álbum. Bravísima.

En una palabra: brava. “The Mrs. Carter Show World Tour” hizo anoche su única parada en España con todo el papel vendido prometiendo un magnífico espectáculo de antemano. Y cumplió todas las expectativas. Beyoncé demostró ante el entregadísimo personal que a poderío y dominio escénico nadie puede hacerle sombra. Sin necesidad de pregrabados, sin grandes artificios que distrajesen la atención de su inmaculado muslamen y apelando a su ya patentado movimiento de cabellera al viento con ventilador invisible (su melena animal no cesó de moverse ni un solo instante durante la hora y cuarenta cinco minutos que duró), la señora de Jay Z dejó en bragas a toda su competencia directa con un directo que sólo pueden criticar aquellos que sufran de otitis y ceguera crónica. Hay bastantes cosas que contar, así que vayamos por partes.

La erótica del brilli brilli

La historia del pop siempre se ha movido por estímulos sexuales de dudoso gusto. Madonna llevó la lencería al entretenimiento mainstream en su “Blonde Ambition Tour” y, desde entonces, prácticamente todas en algún momento de su carrera han tenido que recurrir al nudismo y a mostrar su pezuña de camello para levantar el ánimo del respetable y disimular sus deficiencias escénicas. Aunque a Beyoncé ni falta que le hace. Ya puede ir vestida de burbuja Freixenet con bien de brilli brilli o reinventar los flecos de la Salomé eurovisiva, que toda su sexualidad se focaliza en unas piernas, unas caderas de infarto y una presencia arrolladora de taconazo firme.

Respaldada en todo momento por una banda de mujeres brillantísima y fotogénica, la vigorosa Supa Mama Band (los únicos varones visibles fueron Les Twins, dos de sus bailarines), desde un buen principio dejó claras sus intenciones de convertir la noche en una celebración feminista sobrada de clase. Arrancar con “Run The World (Girls)” ya marcaba la guía, pero inmediatamente reforzó la idea con una videoproyección durante “***Flawless” en la que la novelista Chimamanda Ngozi Adichie profundizaba acerca de ese “Girl Power” que tan bien les funcionó a las Spice Girls en su dominación mundial.

Ya fuese mostrando su flexibilidad sobre una barra de lap dance a lo Chiqui Martí en “Partition” o derrochando sensualidad en una silla móvil con unos movimientos de pierna excelentemente coreografiados en la muy celebrada “Drunk In Love”, la diva tiene sobradas herramientas para lucirse como la más sexy sin necesidad de enseñar las vergüenzas. La mejor: esas coreografías (como la de “Naughty Girl”) en las que presume de ser una atleta del show business sin soltar el micrófono. La maternidad no le ha mellado en absoluto.

“Beyoncé”, el álbum, funciona la mar de bien en vivo

"Mostró una versatilidad sobrehumana encandilando con su fiera gestualidad"

La gira arrancó en 2013, por lo que se entiende que haya sufrido variaciones a lo largo de este tiempo tras el reciente lanzamiento de su sorpresivo y homónimo álbum visual, que es de todo menos populista y sin apenas singles llamativos. Este último tramo europeo de la gira se vertebra sobre Beyoncé. Y para sorpresa, sus nuevos temas funcionan a las mil maravillas en directo y son canturreados por sus fans como si de hits de toda la vida se trataran. La anteriormente mencionada “***Flawless” provocó los primeros (e inesperados) cantos al unísono, pero a quien esto escribe le fascinó por completo el momentazo “Blow”, con ese groove disco-funk que se gastó moviendo el pandero sobre unas luces rosadas horterísimas.

De “XO” no hace falta decir nada porque, por méritos propios, ya se ha colocado entre lo mejorcito de sus baladones sentidos y se la guarda para bordarla justo antes de finiquitar el espectáculo con “Halo” (o un improvisado “Happy Birthday”, como aconteció anoche, dedicado a la madre de un fan que lloraba a moco tendido preso de la emoción).

Éxitos (y tijeretazos)

¿Qué sería de un concierto de Beyoncé sin “Crazy In Love”? Sin que sepamos muy bien el porqué, para la ocasión decidió maltratar su primer éxito en solitario interpretando tan sólo la canción hasta el primer estribillo. Gracias a dios que la leve decepción se esfumó cuando ipso facto se arrancó con “Single Ladies (Put A Ring On It)”. También sonaron “Baby Boy”, “Diva” o ese binomio formado por “Irreplaceable” y “Love On Top” (éstas dos desde el pequeño escenario central desde el que una decena de seguidores adinerados pudieron verle todos los poros de cerca) que le sirve para hacerse la folclórica y dejarse tocar lo justo por el público. Eso nunca falla. Incluso, por pedir, hubo amago de dejarse las cuerdas vocales con el “I Will Always Love You” de Dolly Parton/Whitney Houston aun quedándose sólo en eso, un amago de unos segundos que quedó en mera anécdota.

Resumiendo. Pop, R&B, trap, baladas que antiguamente hubieran servido para gastar la piedra del mechero… daba igual qué sonase: nuestra protagonista mostró una versatilidad sobrehumana encandilando con su gestualidad fiera y clavando vocalmente el guión de una noche que ni Messi ni Pinto (trajeados y deambulando cerca de la zona de prensa, ya empezado el concierto, en busca de sus asientos, donde ya estaban Alexis y Piquetón) quisieron perderse. Había que estar ahí y ellos lo sabían.

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