Reportajes

Bat For Lashes, la superestrella es ella

La menuda londinense creció en presencia escénica en el corto concierto que ofreció anoche en Barcelona, tras el cierre de urgencia de la sala Apolo

Bat For Lashes volvió tres años después a España para ofrecer una actuación que se hizo algo escasa (poco más de una hora concentrada en la que no sobró nada), pero en la que se vio a una Natasha Khan deslumbrante e irradiando un enorme carisma.

Fotos de Noelia Rodríguez

Las ganas de ver a Bat For Lashes en España tres años después de su anterior visita, en el marco de San Miguel Primavera Sound (la edición de 2009), se han acrecentado en los últimos meses. Primero, porque muchos nos quedamos a minutos de verla en el pasado FIB por culpa de un problema técnico en su transporte de gira. Y segundo, y más importante, porque hace poco más de un mes que llegó a las tiendas su tercer álbum, “The Haunted Man”, una obra que mostraba a Natasha Khan en el punto álgido de una carrera que no ha hecho más que crecer desde sus inicios a mitades de la década pasada. Un disco, en definitiva, de confirmación, en el que la menuda londinense conseguía desatarse de los corsés para sonar como ella misma. Pero su paso anoche por Barcelona también estuvo algo accidentado por el repentino cierre por problemas de seguridad de la Sala Apolo. Así, la actuación pasó a celebrarse en el Arteria Paral·lel, una sala de teatro donde no es la primera vez que se celebran conciertos, pero desde luego, tiene algo que mejorar en términos de acústica.

En ese sentido, las primeras canciones del concierto sonaron algo planas, especialmente en una percusión a la que apenas se le notaban los matices. Natasha Khan salió al escenario con un precioso y sencillo vestido de rayas blancas y negras –que ya ha lucido en anteriores ocasiones– muy parecido al que lleva en el videoclip de “All Your Gold” y con un colgante como único complemento. Es decir, lejos de las plumas y los maquillajes excéntricos por los que apostaba en anteriores giras y más en sintonía con esa estética despojada de ahora. Casi en todo momento estuvo acompañada por una sólida banda que incluía guitarra, teclista, batería y violonchelo, además de distintos gadgets sonoros que fueron apareciendo a lo largo de la actuación (incluido un theremin). La escenografía se remató con unas piedras erosionadas que cubrían parte del piano y una de las esquinas y unos farolillos que se iluminaban al son de la música. Como en “The Haunted Man”, abrió con “Lillies”, una pieza ideal para caldear el ambiente, con esos sintes planeadores. Pronto desenfundó uno de sus primeros grandes hits, “What’s A Girl To Do?”, y a la altura de su cuarta canción, “Travelling Woman”, que interpretó sentada al piano, quedó claro el poderío de esta chica.

"Lo que ha ganado con el tiempo es una presencia escénica abrumadora"

Una cosa que siempre ha tenido es voz, y eso se pudo comprobar especialmente en diversos tramos de la actuación como en la sentida interpretación que hizo sólo acompañada por un pianista de “Laura”, pero lo que ha ganado con el tiempo es una presencia escénica abrumadora. La londinense embrujó (y enamoró) con un carisma que no se le intuía en el pasado, gesticulando mucho, moviéndose de un lado para otro, ofreciendo sensuales bailes (“All Your Gold”) y sonriendo con candor ante la reacción de un público respetuoso a la vez que apasionado. Llegó a la teatralidad pero sin rozar siquiera el histrionismo, todo muy comedido, quizá estudiado, aunque pareció francamente natural.

En lo que a repertorio se refiere repartió muy bien sus cartas entre sus tres álbumes, aunque se dejó en el tintero las más movidas del nuevo disco, “A Wall” o “Rest Your Head”, para apostar por las más intimistas ( “Laura” y un bonus track de iTunes muy björkiano, “Lumen”) y las más grandilocuentes ( “The Haunted Man”, en la que los coros masculinos sonaban a través de un viejo transistor de radio que ella sostuvo frente al micrófono). Para el tramo, digamos, más bailable apostó por canciones de “Two Suns”, “Sleep Alone” y “Pearl’s Dream”, en la que literalmente se volvió loca maraca en mano. El concierto se cerró, tras poco más de una hora, con “Daniel”, el único corte que consiguió arrancar unos tímidos coros por parte del público. La duración fue corta, sí, pero su acertada selección (no sobró absolutamente nada) y su enorme crecimiento como artista hicieron que los asistentes saliesen de la actuación con una sonrisa de satisfacción tan grande como la que Natasha tenía. La superestrella es ella.

*Puedes ver las fotos del evento aquí

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