Reportajes

Si los vieras jugar nunca más dirías que son discapacitados

Por qué el básquet en silla de ruedas es mucho más que una terapia

Fotografías realizadas por Omar González

El balón sale de la banda. Con increíble velocidad, el defensa ha transportado la jugada hasta el espacio contrario, donde sus compañeros se desmarcan en busca de finalizar la maniobra. El rival aparece, bloqueando al jugador y haciendo imposible su entrada en la zona. Pero un pase a tiempo corrige la jugada. El esférico ha llegado al shotter. Al crack del equipo. Y, con una elegancia sublime, franquea a dos de sus contrincantes para anotar a falta de diez segundos del final del partido.

El Barça ha ganado. Pero no han sido Messi ni Neymar quienes han realizado la jugada. Tampoco Juan Carlos Navarro. Quien ha anotado los dos puntos decisivos ha sido Asterio José Sacristán. Teddy para sus compañeros.

Con cincuenta años y más de veinte a sus espaldas jugando a baloncesto, Teddy ha llegado a estar en lo más alto de este deporte. Ha jugado en la Selección Catalana y ha recorrido toda Europa transportando su estilo de juego. Pero pocos le conocen. Prácticamente ningún aficionado al baloncesto sabe su nombre.  Todo, por una nimia diferencia.

Lo practica en silla de ruedas.

"Un chaval que jugaba con una metralleta me dejó paralítico mientras hacía la mili"

“Tenía 20 años cuando sufrí lo que se llama síndrome de la cola de caballo. Recibí dos disparos que me rompieron la parte baja de la médula. Se me destrozaron los huesos, por lo que me quedé parapléjico”, me cuenta Teddy, con la voz apresurada de quien está cansado de repetir una y otra vez la misma historia.

El dorsal número 5 del Barça estaba haciendo la mili cuando quedó paralítico. "Salía de un servicio. Ya me estaba retirando cuando pasé al lado de un chaval que estaba jugando con una metralleta. Aunque sabía que podía dispararse en cualquier momento, no hizo caso a las advertencias y lanzó una ráfaga de cinco tiros. Dos impactaron en mi columna”.

Cuando escucho su relato, pienso que debe tratarse de un caso aislado. Me cuesta creer la facilidad con la que puede ocurrir algo así. Sin embargo, a medida que conozco al resto del equipo encuentro historias similares.

Un accidente laboral, dos de tráfico, una enfermedad crónica, un accidente clínico, un intento de suicidio… El pasado de los jugadores de deportes adaptados es siempre triste. Aun así, existen motas de felicidad que se sublevan ante la aflicción de pasar por una vida más dura que la de la mayoría. Y eso es lo único que queda en el terreno de juego.

Para muchos, el deporte ha sido una vía de escape. Les ha ayudado a seguir adelante, a desconectar. Es una motivación que tienen, y se les nota porque siempre quieren aprender más y más. Es superación. Es ambición. Es querer mejorar. Es querer superarse. Sus rivales son ellos mismos”, explica Oriol Claret, entrenador –y en muchas ocasiones psicólogo– del equipo.

"Es superación. Es ambición. Es querer mejorar. Es querer superarse"

Antiguo técnico de la Selección Catalana Sub-18, Claret ha fichado este año por el Barça después de convertirse en uno de los entrenadores españoles de referencia. Él no lleva silla de ruedas. Pero, según me cuenta, en este deporte es bastante habitual:

“El entrenador que tenían el año pasado sí que llevaba silla; era un exjugador. Pero ahora hay una oleada de gente joven que se interesa por el deporte adaptado y trae mucha savia fresca. Métodos nuevos de entrenamiento, ejercicios dinámicos… estudiamos cómo sacar el máximo partido a las movilidades reducidas para conseguir los mejores resultados".

No obstante, la marca Barça engaña en esta ocasión. Cuando decimos “Fútbol Club Barcelona” es inevitable que se nos venga a la cabeza la imagen de los mayores deportistas de élite del país. Pero el Barça de básquet en silla no es profesional. Entra dentro de la categoría “ Amateur” del club, que, además, integra atletismo, hockey hierba, hockey sobre hielo, patinaje artístico, rugby, voleibol y todas las secciones femeninas. Todos estos deportes, pese a mantenerse en un nivel alto de competición, no son considerados profesionales. Y, por lo tanto, sus jugadores no cobran nada por practicarlos.

“Hace años estábamos en División de Honor, la categoría máxima que ya se considera profesional. Pero cuando no hay presupuesto, no puede hacerse demasiado. Mantener un equipo en esa categoría supone un presupuesto muy elevado. Necesitas jugadores. Pagarles los gastos, una nómina… ahora mismo se nos antoja imposible”, defiende el entrenador, aunque reconoce que si llegaran a subir de categoría recibirían el apoyo de la entidad.

El Barça de básquet en silla de ruedas no es profesional

“Realmente, el Barça ya pone un importante dinero en nuestro equipo. Para que podamos viajar, tener material bueno… ten en cuenta que las sillas que utilizamos cuestan un pastizal. La que llevo ahora mismo cuesta 4.800 euros, esta otra (señala una, vacía, que tiene a su derecha) más de 3.000. Es muchísimo dinero. Una persona no puede costearse jugar a básquet en silla de ruedas por ella misma”, comenta Teddy.

De hecho, para ayudar a los que se inician en el equipo de formación, el jugador utiliza sus conocimientos como mecánico para adaptar sillas antiguas al deporte, ahorrándoles invertir una gran suma de dinero inicial.

El compañerismo de Teddy es el que define el ambiente habitual del club. Un apoyo constante entre unos y otros que trasciende la amistad para convertirse en hermandad. “ Todos tenemos los mismos objetivos y problemas muy parecidos, lo que se traduce como una segunda familia, que es lo que intentamos que sea”, me explica Antonio Parrilla, alias “Parri”.

Parri es el capitán del equipo, tiene 53 años y lleva más de 30 dedicándose al baloncesto en silla de ruedas. Con la honorable templanza del experto, Parri explica que muchos le ven como un segundo padre; un referente al que seguir pese a que ha sido paralítico desde que tiene uso de razón.

“Tengo poliomielitis desde los seis meses, una enfermedad muy grave que me tocó sufrir por una epidemia que hubo durante los años sesenta. Así que desde pequeño empecé a interesarme por practicar deporte adaptado, aunque no fue hasta los 19 cuando me animé a tomármelo como algo competitivo”, relata Parri, que pese a su edad dice no pensar en retirarse ya que puede seguir cumpliendo su función en el equipo.

"Todos tenemos los mismos objetivos y problemas muy parecidos, por lo que somos como una segunda familia"

En el baloncesto en silla de ruedas, padre e hija podrían jugar en un mismo equipo sin problemas. Es un deporte mixto que aúna tanto diferentes edades como sexos y discapacidades. “Al ser muy minoritario, se establecen una serie de normas para que todos puedan jugar juntos pero de manera igualitaria”, explica Oriol Claret.

De este modo, a cada jugador se le asigna una puntuación determinada, del 1 al 4’5, según el nivel de su parálisis. Los jugadores más perjudicados tienen menos puntuación y viceversa. Y los entrenadores tienen que tener en el terreno de juego un máximo de 14'5 puntos sumado entre los cinco. 16 cuando hay una mujer entre ellos.

Pero las reglas, establecidas para garantizar la igualdad entre los equipos, remarcan diferencias entre los deportistas, pudiéndose provocar fácilmente una diferencia entre los de primera y segunda categoría. Es el caso de Daniel Martínez, que tiene una puntuación de 1 punto ya que sufre una grave lesión lumbar que paraliza gran parte del movimiento de su espalda.

No me siento inferior porque cada uno tiene su trabajo, pero está claro que nos debemos adaptar a cada una de nuestras lesiones. Hay compañeros míos que andan, pero yo soy un usuario de silla de ruedas y tengo una lesión medular grave. Es lógico que ellos sean quienes llevan el peso del equipo”, relata Martínez.

"Mi novatada fue que me quitaron la silla de ruedas y me dejaron en el suelo. Tuve que ir arrastrándome, haciendo la culebra para ir a buscar la silla"

Si Parri es el padre del equipo, Martínez es, sin duda, el pequeño de la família. Con 26 años, en cualquier otro deporte podría empezar a verse como un jugador veterano. Pero aquí es el benjamín. " Llevo unos diez años jugando a esto. Cuando tenía 16, sufrí un accidente mientras llevaba un ciclomotor que me dejó paralítico. Se me cruzó un coche y no pude evitarlo", me cuenta con desánimo, aunque reconoce que su situación se ha normalizado mucho desde entonces.

"La gente que me trata a diario ve cómo soy. Si les digo '¿me puedes traer esto?' me dicen 've a buscarlo tú, perro'. Como te diría cualquier colega. Pero la gente que no me conoce tanto me trata con demasiada distancia. Me sobreprotege", explica Martínez.

Sin embargo, es gracias al básquet que consiguió sentirse como una persona totalmente normal:

"Antes tenía los mismos prejuicios que todo el mundo, pero cuando lo vives no tiene nada que ver. Aquí me tratan como si no tuviera ninguna discapacidad. Si te caes, te levantas. Mi novatada fue que me quitaron la silla de ruedas y me dejaron en el suelo. Tuve que ir arrastrándome, haciendo la culebra para ir a buscar la silla. Todo esto te enseña. Aprendes de gente que está en tu misma situación".

"Actualmente parece imposible formar un equipo femenino"

En el equipo, las diferencias entre los jugadores se minimizan hasta volverse insignificantes. Aunque este fenómeno se vería mejor ejemplarizado de contar con una mujer, ya que, actualmente, no hay presencia femenina en el club más allá de la segunda entrenadora. “El año pasado sí que contamos con una jugadora, pero el Sabadell se la ha llevado esta temporada. En la cantera contamos con varias, pero lo cierto es que son pocas las que llegan al primer equipo”, explica Claret.

Patricia Gracia, que forma parte del segundo equipo, corrobora su declaración. “ A las chicas nos cuesta más hacer deportes de este tipo. Aunque somos varias las que jugamos, no son tantas las que se lo toman como un deporte de alta competición”.

En su caso, este deporte “es una manera de desconectar con el mundo”. Durante una operación de reducción de estómago, Gracia sufrió un accidente por el que perdió la movilidad de prácticamente todo su cuerpo. Poco a poco, ha conseguido llegar a caminar ayudada por un andador, pero continúa en una lucha legal para que se reconozca la culpa del accidente.

“Gracias a esto he conocido a personas que entienden mi situación y he aprendido a salir adelante en las situaciones más difíciles. Así que agradezco que sea mixto, ya que de otra manera no podría haber tenido este apoyo. Actualmente parece imposible formar un equipo femenino, pero espero que en el futuro la situación cambie”, expresa.

En lo que todos coinciden, hombres y mujeres, mayores y jóvenes, es en que necesitan mayor visibilidad para que se considere un deporte serio.

“La gente viene una vez a ver un partido por curiosidad y ya no viene más. No es algo que venda. Falta aparecer en los medios y un importante aporte económico. Necesitamos que las empresas apuesten por los clubs”, comenta Martínez, quien también se queja de que el FC Barcelona no considere profesionalizarlo.

“Además, la situación en Cataluña está fatal. Es impresionante. He jugado en la Selección Catalana y hemos estados dos años seguidos sin poder competir en el Campeonato de España por comunidades por el tema económico. Ni la Generalitat nos subvencionaba para poder jugar. Con esto te lo puedo decir todo”, añade Óscar Pérez, pivot del equipo que sufrió un traumatismo medular después de que una máquina le golpeara mientras trabajaba haciendo pavimentos de hormigón.

Aun así, Pérez no cree que el problema solo venga de que sea un deporte adaptado, sino de que es un deporte minoritario:

"La mayoría de deportes en España no tienen visibilidad ninguna. Económicamente, las empresas fuertes apuestan por lo que da más visibilidad. El propio Barça lo hace, solo hay que fijarse en qué secciones son profesionales. A las secciones amateurs no nos dan la misma importancia; nos ayudan a jugar, pero no a lo que nosotros quisiéramos, que es profesionalizarlo".

"La gente viene una vez a ver un partido por curiosidad y ya no viene más. No es algo que venda."

Aunque Óscar Pérez conoce a jugadores que están ganándose la vida como jugadores de baloncesto adaptado en países como Italia, que será sede del Primer Campeonato Europeo Femenino, en nuestro país es una tarea altamente complicada. Mientras allí la liga conocida como FIPIC alberga equipos como el Santa Lucía Sport Roma o el Briantea 84 Cantù, centrados casi en exclusiva al básquet en silla, en España solo algunos como el Ilunion lo consiguen. Este último, además, depende en gran medida de la subvención de la ONCE.

"En otros países europeos, las televisiones retransmiten cada jornada de liga que se juega, lo que ayuda a que la gente lo conozca y por lo tanto se profesionalice. En España, prácticamente lo único que dan son las finales de la Copa del Rey. Aquí nos centramos en el fútbol y en algún deporte secundario más como el básquet convencional, pero dejamos de lado al resto. Todo está basado en el dinero. Y como nosotros no generamos dinero, periódicos, televisiones... no informan sobre reconocimientos que para nosotros son importantes", asegura Pérez.

El hecho de que sea un deporte minoritario en una sociedad de masas se suma a que sea practicado por personas con problemas físicos. " En el mundo de la discapacidad, si no eres medallista olímpico no vas a salir por la tele. Y ni así. A Teresa Perales, que tiene una cantidad de medallas impresionante en natación paralímpica, prácticamente nadie la conoce", concluye.

Ni empresas, ni clubes ni medios de comunicación apuestan por un deporte que muchos desconocen y otros pasan por alto. Pero si olvidáramos la discapacidad que todos ellos sufren, nos encontraríamos con mucho más que una terapia. En un partido de baloncesto en silla de ruedas hay mucho espectáculo.

Los mates se sustituyen por espléndidas canastas sin ángulo ni espacio aparente. Las bandejas se reemplazan por dramáticos tiros a una sola rueda. La guerra por la posición es frenética, llena de aparatosas caídas y formidables reincorporaciones. Y la lucha por los rebotes es tan o más encarnizada que en el baloncesto tradicional. Y todo ello con solo medio cuerpo funcional.

El baloncesto en silla de ruedas es, en definitiva, un deporte con mucho más potencial comercial del que parece. Es un juego que aúna superación personal con entretenimiento y táctica. Una manera de reivindicar la igualdad con tiros libres y triples.

Pero, sobretodo, es un deporte que no quiere dar pena, sino regalar emociones. Un deporte que no es solo una terapia. Es una competición.

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