Reportajes

Arkives. 1993-2010

Plastikman y la caja de los truenos

Arkives. 1993-2010

El anuncio a mediados de 2010 de “Arkives. 1993-2010” se acabó convirtiendo a medida que se acercaba el fin de año en una prueba de fe. Richie Hawtin venía a decir algo así como “ahora tendrás que demostrar si crees en mí o no”. Uno tenía que jugársela a ciegas: él había dado la pista de lo que sería “Arkives” –una caja, más que recopilatoria, totalizadora a la que, poco a poco, se le iban añadiendo más características y contenidos–; también había facilitado la descripción aproximada del material incluido, que iba mucho más allá de la reedición de todos sus álbumes de estudio oficiales para incluir un doble CD de remezclas ajenas, otro par de discos con remezclas propias, un volumen de inéditos, otro de versiones extendidas y alternativas de algunos de sus clásicos, un libro, un DVD y mil golosinas más, y a partir de ahí se planteaba la disyuntiva, que era aflojar la mosca o guardarse la Visa en la billetera. Porque este “Arkives” no era precisamente barato –se iba a los 150 euros, impuestos incluidos– y, como la caja se iba a fabricar sobre pedido, primero había que reunir la demanda y los euros para, más adelante, construir el objeto y enviarlo al cliente. La prueba de fe, por tanto, consistía en pagar una pastizara importante en diciembre a cambio de nada, con la promesa de que ese objeto llegaría en febrero. Se trataba de decidir si se le daba un voto de confianza a una de las grandes figuras históricas del techno o, por el contrario, considerar que lo suyo era más una maniobra comercial y lucrativa a costa de un producto menor y un fan crédulo e incauto. El 31 de diciembre de 2010 ya no había vuelta atrás.

El que arriba firma es uno de esos conejillos de indias que, respirando hondo y manteniendo el aire durante más tiempo del necesario en los pulmones, le dio al botoncito de “pay” y transfirió dinero de su cuenta corriente a la de M_nus. Un dinero con el que en un mes se pueden hacer muchas cosas –comer de manera bastante apañada, renovar vestuario, hacerse con un colchón de ocio para el duro invierno, etc.– y del que uno se había desprendido a cambio de nada (al menos nada inmediato). Esta caja –que se podía adquirir en dos versiones: el pack de 15 CDs + DVD + libro, o la versión expandida con otra caja adicional de vinilos en la que se reunía lo mejor de “Replikants” para goce de completistas y fetichistas– no tenía por qué llegar hasta febrero, pero un email de M_nus cambió toda la situación: la entrega iba a sufrir retraso porque ni siquiera se había empezado a fabricar la cosa. Hawtin, en su cómodo refugio canadiense, y revolviendo en el sótano de casa de sus padres, había empezado a encontrar nuevo material que merecía un lugar en el volumen que cierra su “libro 1” como Plastikman: fotos, audio alternativo, DATs con rarezas. La entrega se postponía: primero abril, luego mayo, más tarde “antes de otoño”. Había quien se mosqueaba –con razón: una vez aceptado el pago, el vendedor debe servir el producto en los plazos pactados para que no se le acuse de estafa–, había quien se resignaba a esperar, y el mensaje desde M_nus era una mezcla de disculpa y optimismo, pues continuamente aseguraban que la espera valdría la pena: por el mismo precio, decían, se entregaría un “Arkives” considerablemente mejor al prometido inicialmente. A mediados de agosto se avisó de que las cajas estaban a punto para salir. Hace una semana, un mensajero de UPS llamó a la puerta.

La primera lección que hay que aprender del proceloso viaje de “Arkives” de la simple idea a la doble caja en que finalmente se ha convertido su edición completa –CDs por una parte, vinilos por otra, dos volúmenes distintos unificados por un elegantísimo diseño blanco coronado por letras rojas y negras y el omnipresente monigote elástico que ha sido el logo de Plastikman desde 1993 y que Hawtin lleva tatuado en su brazo–, es que en el hombre del flequillo hay que confiar a ciegas, como los creyentes creen en Dios. Habría quien debería meterse sus veladas acusaciones de estafa –de las de toma el dinero y corre, al más puro estilo Madoff pero en minimalista y ácido– en alguna cavidad larga y estrecha de su cuerpo, porque la comunicación de M_nus con el cliente, desde el primer momento, ha sido transparente y honesta, y ninguna de las promesas se han incumplido: se juró que llegaría una caja para los anales (perdón) de la historia, con más material del que habíamos soñado, y eso es lo que han acabado sirviendo en un embalaje perfecto y por mensajería, para no acumular más horas de retraso a los muchos meses de paciente espera.

¿Por qué es “Arkives”, indiscutiblemente, el recopilatorio de 2011 y una de las mejores cajas jamás editadas? Sólo hay que verla, tocarla, escrutar sus detalles: otros boxes recientes, como el de 20 años de Ninja Tune –que también tenía una pléyade de CDs y un libro de repaso histórico–, se quedan cortos ante la largueza de la integral de Plastikman. La otra gran caja reciente del mercado electrónico –y también de coste elevado en su pre-venta, la de 20 años de Warp– queda también por debajo de “Arkives”: lo de Richie aplasta por todos lados, entra por los ojos con su blanco virginal, se acaricia tanto como un anillo en manos de Gollum, el libro –firmado por Philip Sherburne, con un cierto deje hagiográfico, pero prodigiosamente maquetado y con diferentes tipos de papel– es una guía de información imprescindible para enterarse de la historia de Richie Hawtin (que tampoco es tan conocida, a pesar de la fama, Ibiza, las fiestas en Sónar y demás sobreexposición mediática y clubber), y el audio es, como ya se sabía, para mear y no echar gota.

De todos modos, si en su día no hiciste pre-order de “Arkives”, hay una solución: se van a poner a la venta en los próximos días varios volúmenes para el público general, aunque sin algunas de las prestaciones que sí obtienen los primeros compradores. Por ejemplo, el libro no vendrá personalizado con tu nombre –en una página de respeto que reza “Kreated February 2001 For” y la identidad de cada uno–, y la versión en vinilo de “Replikants”, el ambicioso volumen de remezclas de los grandes momentos de Plastikman, se tendrá que buscar –si es que se puede– en el mercado negro de compra y venta –aviso: servidor, como el Barça con Messi, no acepta ofertas–. Para los muy afortunados que ya la tienen presidiendo sus estanterías, poco más hay que decir: felicidades por tener a buen recaudo un objeto más precioso que el diamante Orloff. Para quien no y aún se esté pensando soltar los tres billetes de 50 por la caja básica –¿ven?, al final el acto de fe sale barato–, aquí van algunas reflexiones sobre el interior de un pozo sin fondo que, a diferencia de La Caja de Telecinco, ésta sí hace llorar.

1. Los álbumes

No hay añadidos en el material que guardan “Sheet One”, “Recycled Plastik”, “Musik”, “Artifakts (BC)”, “Consumed” y “Closer”, además enumerados según su fecha de creación, no de publicación, formando así una secuencia lógica de cómo Hawtin fue progresando en la idea musical de Plastikman. La única pena es si ya los tenías, aunque, sinceramente, hay que ser muy acólito de Nuestra Señora del Puño para pensar en esos términos.

2. El libro

Por la maquetación, con profusión de fotografías y memorabilia – flyers, pegatinas, lugares, logotipos, máquinas, así como troqueles que recuperan el diseño original perforado en rectángulo de “Consumed” o las tabletas de LSD de “Sheet One”–, y sobre todo por el contenido memorialístico del texto, en el que Hawtin le va explicando, paso a paso, toda su historia a un Philip Sherburne que actúa como una especie de notario de prosa fina, el libro “Arkives 1993-2010” puede recordar al “Electroshock” que Laurent Garnier escribió junto a David Brun-Lambert. Más que para comprender el techno, o para sumergirse en profundidad en una época, sirve para conectar mejor con el autor, conocer sus razones y procesos. Puede pecar de los defectos de las “biografías autorizadas” –en las que se admite poca autocrítica y el material más incómodo aparece convenientemente podado–, pero en el fondo Hawtin se muestra honesto hablando incluso de lo que le podría causar más daño, su devoción temprana por la fiesta, la crisis que le sobrevino al derrumbarse su mundo sentimental y vital a finales de los 90, las dificultades por comenzar de nuevo.

3. Sessions

Este es el CD que incluye la muy comentada, antes de que se publicara, sesión original de “Spastik” de 23 minutos de duración. Una vez escuchada, la sensación es que tampoco es gran cosa en comparación con la versión clásica, más que nada porque ésta no deja de ser un edit en el que están concentrados todos los momentos memorables de una jam inicial en la que Hawtin se dedicó a jugar con sus cajas de ritmos como un niño con sus figuras Star Wars de Kenner. Lo que sí tiene este “Spastik” primigenio es el doble de redobles, más hipnotismo y carga épica. No es lo mismo nueve minutos que el doble, sobre todo si te metes de lleno en el bucle. La “Peel Session” y los dos fragmentos en directo de “Spastik” –uno más cercano al “Thousand” de Moby, rondando los 300 bpms, que a la idea original del tema– son bonitos detalles para el hincha más insobornable. Spastik

4. Nostalgik

Hace unos seis años, Hawtin ya estaba preparando el terreno para esta caja con la edición de tres vinilos que, bajo la etiqueta “Nostalgik”, rescataban de su baúl de los recuerdos seis temas creados en diferentes etapas de madurez de la era Plastikman. Que “Arkives” recupere estas piezas –entre las que se incluye una toma alternativa de “Panikattak”– es un bonito gesto, incluso para los que ya tenían el plástico y querían un poco de asalto rítmico espasmódico en código binario.

5. Rekonstruktions I & II

Este es uno de los verdaderos puntos fuertes de la caja, pues recupera –sin ninguna ausencia– todos los remixes que Plastikman ha ido firmando y entregando a lo largo de estos años y en secuencia más o menos cronológica, comenzando por el de La Funk Mob que hace años iba buscadísimo en su edición original en Mo’Wax, a cosas extrañísimas para Talvin Singh, Blood Sucker, Bomb The Bass, Hardloor, Josh Wink o Depeche Mode. Del remix de 13 minutos para el “Alpha Wave” de System 7 se ofrece también una descarga para la toma original, que se iba hasta los 20 minutos. Toma abundancia.

6. Arkive Mix / Arkive / Extrakts

Aquí está el grueso de las proteínas y las calorías de la caja: tres CDs enteros dedicados a reunir rareras, inéditos, tomas alternativas (y nunca escuchadas) creadas por Hawtin que se quedaron a medias, o que no pasaron el corte de calidad o que, como en el caso de algunas piezas que originalmente debían ir en “Closer”, se quedaron fuera porque no cabían en los 80 minutos del disco compacto. Algunos han ido viendo la luz con el paso del tiempo – “Slinky” se planchó en vinilo el año pasado, por ejemplo–, pero como eso son excepciones, lo que queda aquí es un tesoro que hay que ir desenterrando con la misma paciencia que un arqueólogo en una excavación mesopotámica. Los muy fans de Plastikman reconocerán algunas cosas del volumen “Extrakts” –que recupera varios temas exclusivos entregados a recopilaciones, como “Hump”, que apareció en aquel mítico repaso al underground techno americano titulado “Trance Atlantic 2”–, aunque en conjunto es como escuchar tres discos nuevos de cuando Hawtin se afeitaba la cabeza, con las mismas líneas ácidas, los mismos redobles de tambor y el mismo eco misterioso. Discos un poco menores en comparación con “Consumed” o “Musik”, pero de un nivel considerable. Para casi cada tema hay liner notes en libro que explican su historia, su origen y el por qué de su olvido hasta hoy.

7. Replikants

En la versión download hay hasta casi cuatro horas más de material extraño que, básicamente, son remezclas nuevas o raras que artistas de la órbita Hawtin han hecho de algunos de sus temas. Pero si hablamos de remezclas, la chicha hay que buscarla en los dos CDs –o los seis vinilos (con póster de regalo) de la caja suplementaria– que llevan el nombre de “Replikants”. Son 21 remezclas firmadas por nombres inesperados, como el compositor habitual de las bandas sonoras de Steven Soderbergh, Cliff Martinez, y otros lógicos dentro de una estética plastikmaniana, como Alva Noto, Dubfire, Steve Bicknell o Heartthrob, gente que cubre los ángulos más arties, fiesteros, duros o minimalistas del techno de los últimos 20 años. No sólo están ellos: también Carl Craig, el ex Depeche Mode / Erasure / Yazoo Vince Clarke, Severed Heads, Moby, François K, Carter Tutti, Soul Center o Pete Namlook, que amplían el abanico estético de Plastikman dándole más fuerza donde no la había, más oxígeno donde antes no se podía respirar, o más rigidez donde las improvisaciones se hacían demasiado elásticas. Hay que devorarlo con paciencia, demasiada tela que cortar.

8. Optik

Finalmente, el DVD, que incluye de todo: videoclips, lógicamente, empezando por los más nuevos –dirigidos por Ali Demirel, el responsable de toda la imagen de M_nus; aquí entran “Ask Yourself”, “Disconnect”, “Lost”, etc.–, continuando por la etapa 90s, en la que los vídeos los dirigían Rob Heydon & Scott Souilliere y Sigma6, y con varios bonus inéditos: una introducción, un outro, un documental del paso de Plastikman por el festival de Glastonbury en 1995, la semblanza personal titulada “Kommentary” y una selección de fotos que, vistos del tirón, dan la talla como el contenido extra que siempre le faltó al documental que editó Electronic Beats como “Slices. Pioneers Of Electronic Music vol. 1”, que aunque iba muy sobrado de entrevistas, iba flojo de vídeos promocionales y la importante división visual del universo Plastikman.

Dicho esto, es el momento de sacar pecho o arrepentirse, según el caso de cada uno. “Arkives 1993-2010” no es una caja cualquiera. Es LA CAJA.

Plastique

Entrevista: Plastikman. La transición permanente

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