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Anonymous

Crónica de la revolución silenciosa desde internet

Anonymous Crónica de la revolución silenciosa desde internet

Por Edu Mas

Los centros de poder han cambiado. Uno se imaginaba a tipos de 55 a 75 años con planes realmente afilados para preservar su imperio de putas, oro y farlopa: las tres cosas de las que, más o menos, cualquier villano nunca tiene suficiente. Ah, pero no. El hombre del año es Mark Zuckerberg, que tiene 26 añitos y una cara de incapaz que no le dejarías cuidar ni de un zapato viejo. Y él es la punta del iceberg.

Si empiezas a mirar quién le sigue en la cadena alimentaria, la edad desciende hacia el centro de la pirámide, mientras que aumenta en su base. Al fin y al cabo, Zuckerberg ya es historia. ¡David Fincher ha hecho una película sobre él! Es una vieja gloria, está caduco: es un viejoven.

Hay cientos de miles de adolescentes con horribles problemas de comunicación, colapsados de hormonas, cuya idea del éxito ya no son las putas, el oro y la farlopa, sino el trend topic, la reputación online y el pelotazo mediático.

Mirad a Andrey Ternovskiy, creador de Chatroulette. Este chaval tiene 17 años y apunta maneras. Cuando, a inicios de 2010, las ofertas millonarias por Chatroulette empiezan a aparecer, el verano y la incontrolable cantidad de pollas que aparecían en el video-chat hicieron mella en los usuarios y rebajó las visitas al 50%. Lejos de darlo por perdido y sacando su tenacidad rusa, el joven Andrey crea e implementa en Chatroulette un sistema de escaneado de rabos. No es broma. Un sistema que, básicamente, detecta la chorra del marrano de turno y lo redirige hacia webs de contenidos pornográficos (penthouse.com) o de contactos para adultos (adultfriendfinder.com).

Este señor está ganando 100.000 $ mensuales gracias a su pequeña infestación genital. Y todavía le quedan nueve años para llegar a la edad de Zuckerberg. ¿Le dejamos un ratito solo? Venga.

Precisamente, de “ternovskiyes” y proto-Zuckerbergs está hecha una de las bestias negras más infalibles del mundo, el azote de la civilización: Anonymous, el innombrable.

Sólo con mentar ese nombre se le pone el culo como una roca al más pintado. Este grupo del que tú o yo podemos formar parte empezó con incursiones menores en sitios de internet como Habbo o la web del supremacista blanco, negacionista del holocausto y fundamentalmente hijodelagranputa Hal Turner. Pero (ellos, nosotros, vosotros) empezaron a captar la atención de los medios cuando iniciaron una cruzada en contra de la Iglesia de la Cienciología llamada Project Chanology. Y terminaron en el “top of mind” de todos los gestores de crisis mundiales, cuando se convirtieron en el auténtico enemigo público número uno. Fue, precisamente, al proteger al enemigo público número 2, Julian Assange. Anonymous lanzó una serie de ataques en su Operation Payback que tumbaron a gigantes como PayPal, Amazon, Mastercard, Post-finance y al dios VISA. Fue un castigo por cortarle las vías de crowd-funding a WikiLeaks.

En España también sufrimos la cólera de la bestia. Bueno, algunos la aplaudimos cuando cayeron las webs de la SGAE, Promusicae y del Ministerio de Cultura como aviso ante lo que vino a llamarse la ley Sinde.

Anonymous ha llevado a cabo una serie de actos arbitrarios que responden al patrón de una idea de la libertad algo confusa. La idea de libertad que hace convivir en una misma solapa las chapas de anarquía, paz y la cara del Ché.

Recientemente el grupo ha prestado apoyo, tanto en intendencia como en armas de desconexión masiva, a las distintas revoluciones de Oriente Medio a las que estamos asistiendo. Turquía, Egipto y ahora Libia están siendo causas apoyadas por Anonymous y sus consecuencias circulando a través de Facebook y Twitter. Éste último fundado por tres amiguetes de los cuales ninguno llega a los cuarenta. Unos dinosaurios que, sin embargo, se han visto bendecidos por la inmediatez y la adrenalina que despierta Twitter entre sus usuarios. Muchos de los cuales son menores y adolescentes.

Siguiendo el rastro hormonal, vemos que Anonymous nació en el seno de 4chan, un foro que maneja unos seis millones de usuarios y cuya edad media sigue siendo entre los 15 y los 25 años. Se generó concretamente en su sección /b/, cuyo topic es “random”. ¿No es divertido?

Si eres usuario habitual de Internet, la ley dice que has tenido que toparte con algún acto nacido de este caldo de cultivo al menos una vez en tu vida. Son gamberros, sensibleros, listos y cabrones. Son una comunidad internacional de teens con mucho tiempo libre y altamente cualificados y además se mueven todos a la vez. De ahí proviene el poder de Anonymous, de la capacidad inédita de estimular a los adolescentes, del poder de movilizarse todos a una hacia un objetivo. Eso les convierte en algo mucho más potente que una ojiva nuclear o un millón de dólares.

Puede decirse que es en 4chan y en sus mirrors territoriales donde se encuentra el epicentro de los movimientos sísmicos de la red. Twitter queda relegado al abuelo que cuenta los mismos chistes una y otra vez. Twitter es un medio, no un generador de contenidos, no lo olvidemos. Lo que se crea en los foros y blogs influyentes, se twittea y, una vez salta a la parrilla de noticias, se comparte en Facebook. Ése es el circuito natural de los memes, de los escándalos y de los trending topics.

La cara de Anonymous es uno de sus fallos más brutales y, a la vez, resulta perfectamente lógico: la máscara de Guy Fawkes, anti héroe de la novela gráfica de Alan Moore “V De Vendetta”. Ahí es donde está la pose, ahí es donde se encuentra el nerdo interior. Darle cara a Anonymous es una maniobra tan estúpida que solamente puede achacarse a la viralidad de la imagen.

Cuando uno ha asistido a las manifestaciones en contra de la cienciología, a favor de WikiLeaks o de abucheo a los miembros de la academia, está viendo a una serie de gente que lleva una máscara que ha conseguido comprando la versión especial de dos discos de la película o la ha adquirido en una tienda de objetos de cosplay. Está asistiendo a una chiquillada.

De entrada, tener una imagen puede provocar la suplantación ¿Qué pasaría si el próximo terrorista suicida llevara una máscara de Guy Fawkes? ¿Cómo afectaría una campaña electoral con esa imagen? No es una camiseta del Ché, no confundamos. Es un símbolo de pertenencia.

Es posible que esa sea la única grieta por la que se pueda destruir el movimiento: suplantándolo sistemáticamente, obligando a nosotros, vosotros, ellos a desmentir o disculpar, a acotar su marco de acción.

¿Pero por qué adoptar una imagen tan reconocible y tan fácilmente imitable? Por la necesidad de tener un símbolo, claro. Algo a lo que se tema. Pero también responde a una tendencia muy concreta: la necesidad de construir una nueva imagen de la justicia ante la denostada imagen de la autoridad que ostentan los estados y naciones. La urgencia de generar la conciencia y el alcance del poder del Quinto Poder: internet.

Las dudas al respecto de Anonymous las plantea también Alan Moore: “¿Quién vigila a los vigilantes?”. Es la misma pregunta que deberíamos estar haciéndonos. Solamente se sabe una cosa con certeza y unanimidad por parte de todos los medios al respecto del colectivo Anonymous y es: no cabrees a Anonymous.

Anonymous tiene la edad del pavo, pero también es el sedimento revolucionario que queda de nuestra adolescencia. Es la justicia ciega y cegada, es el caballero negro. Es la persona que nos gustaría ser en el momento que necesitamos y no después. Anonymous es la versión mejorada del poder del pueblo y el reverso de ese mismo poder. Es el deber cumplido y el capricho concedido. Anonymous podéis ser vosotros o ellos, incluso yo. “We did it for the lulz” suele ser su lema. Es una idea aterradora, ¿verdad?

Me parece más aterrador que, teniendo 29 años y escribiendo estas líneas, sienta una pregunta como un rayo que me atravesara el cerebro. Una duda terrible. ¿Hemos perdido la oportunidad? ¿He perdido el testigo y ha caído en manos de la siguiente generación y sin preguntar? Después de años y años esperando y trabajando para tener la oportunidad de ofrecer algo, el espíritu del tiempo se ha cebado en mí y me ha convertido en un proscrito. Somos unos paria, queridos amigos del segmento 30 a 45 de clase media. “Somos la mierda cantante y danzante de la sociedad” y los edificios los han hecho estallar otros.

Somos los que tenemos más que perder en cualquier bando y en cualquier conflicto. Si el poder está en los adolescentes, si nuestros futuros jefes son vírgenes a día de hoy, vamos a pasarlo mucho peor que mal. Habrá que tomar ejemplo y empujar hacia arriba, hacer crecer lo antes posible nuestra proyección y hacer nuestra parte. Mandar al retiro a esta panda de post-hippies atardecidos que nos ha dejado en herencia esta mierda de futuro y este enemigo sin cara. Corramos a por nuestro lugar. Tengamos el valor de proteger nuestro legado empezando desde ayer, ya tendríamos que estar ahí.

Nos hemos dedicado a quejarnos y se nos han comido los enanos, literalmente: los niños y los enanos mentales que tenemos a la cabeza de nuestras instituciones. La revolución no será televisada, decía sabiamente Gil Scott-Heron, y hace diez años que vivimos el 11-S. Nos hemos cagado encima y lo vamos a tuitear muy fuerte.

"We are Anonymous, We are legion. We do not forgive, We do not forget. Expect us”. Espabilemos o murámonos de vergüenza porque hemos sido unos perezosos y lo pagaremos. Algo se mueve en internet, algo anónimo y silencioso que va socabando los cimientos del sistema. Se llama Anonymous. Nadie sabe quién está detrás, porque puedes ser tú o cualquiera.

Mark Zuckerberg Mark Zuckerberg

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