Reportajes

Amy Winehouse

¿Merece ser encumbrada como un mito?

Amy Winehouse

La defunción de Amy Winehouse, a pesar del shock inicial, no sorprende a nadie. El errático estilo de vida de la artista hacía suponer que, más temprano que tarde, leeríamos su esquela. Desde 2005 jamás ha corregido su conducta y, ni siquiera, la publicación de un nuevo álbum –que se rumoreaba para este año, aunque desde primavera había comenzado ya la clásica tanda de retrasos en el anuncio de la fecha definitiva porque Amy, lógicamente, aún no había empezado a grabar en serio– le había hecho replantearse sentar la cabeza. Atormentada e incorregible, decidió por voluntad propia jugar día sí y día también a la ruleta rusa a sabiendas de que en algún momento el destino la arrebataría de Camden para llevarla a la sala de autopsias.

Las reacciones inmediatas tras su muerte indican algo innegable: se ha convertido en un mito. Al igual que ocurriera con Michael Jackson, millones de personas recordarán dónde y con quién se encontraban cuando se enteraron de la noticia, lo cual da vía libre a Amy Winehouse para ingresar en el panteón de las celebridades del pop. ¿Los motivos? Su personalidad a contra corriente, su icónica y reconocible imagen, su condición de celebrity excesiva que acaparaba los tabloides con cualquier nuevo escándalo, y la personificación de la muñeca rota a la que le vino grande la sobriedad y el éxito mientras se acomodaba en su malsano limbo existencial. Pero a todo esto, varias dudas se asoman a día de hoy: ¿Merece Amy, como artista, ser considerada una grande? O mejor aún, ¿puede pasarse a la historia sólo con 22 canciones, dos discos y cinco años de improductividad?

La voz que marcó a una generación

No hay duda de que su enorme calado generacional ha marcado escuela. Blanca y orgullosa de formar parte de la fauna londinense, cuando saltó a la palestra con su debut “Frank” (Universal, 2003) muchos afirmaban que existían otras voces como la suya. Aunque el tiempo ha demostrado que no ha sido así. Pocas veces el star system ha abrazado a una mujer con unas cuerdas vocales tan puras y potentes capaces de vomitar miserias con una sinceridad tan atronadora.

El soul más carnal, gracias a ella, volvió a recuperar la juventud tras varias décadas de letargo en el espectro mainstream. Y, como viene siendo habitual, prendió la mecha para que una nueva camada aprovechara su impacto en las listas de éxitos. Duffy, Joss Stone, Eli Paperboy Reed o Adele, en mayor o menor grado, le deben su actual parcela al terreno alineado por Winehouse durante los últimos años.

Del mismo modo, la británica marcó tendencia en las pasarelas. Karl Lagerfeld la tomó como musa para su colección de otoño de 2008 de la firma Chanel y hasta se atrevió a confeccionar una serie exclusiva para Fred Perry. Su moño imposible heredero de las Ronettes, la línea del eyeliner o los vestidos que en más de una ocasión le hicieron enseñar las vergüenzas, la convirtieron en una pin up desafiante, un modelo estético imitado en las calles y los escaparates de las tiendas democráticamente low-cost. Muchas, seguramente, decidieron perforarse el labio superior e incrustarse un trozo de plata tomándola como modelo. Su sombra, su influencia, nos sigue cubriendo.

Legado musical

Contrapesando la década dorada de las artistas-producto (aunque ella se haya dejado querer por Salaam Remi y Mark Ronson, en el estudio su voz nunca se valió de trucos embellecedores ni trampas como el autotune), el desembarco de su debut puso sobre la mesa un talento en ciernes. Pero no fue hasta tres años más tarde que con “Back To Black” (Universal, 2006) explotó su popularidad inesperadamente.

“Frank” citaba a Sinatra en su título y significó su puesta de largo, tomando como punto de partida tanto a artistas más acordes con lo urban como Miss Dynamite como leyendas del jazz de la talla de Billie Holliday (esclava, también, en este caso de la heroína). Por aquel entonces Winehouse lucía 19 años y una vida aparentemente normal. La ira del desamor no invadía sus venas y se limitaba a narrar simpáticas historias de mujeres que buscan las sábanas de un futbolista ( “Fuck My Pumps”) o denunciar aquel absurdo anticiclón de la metrosexualidad ( “Stronger Than Me”) que tanto daño hizo en los cánones estéticos de la época. Le encasquetaron la etiqueta de la Lauryn Hill de flema británica y optó al influyente Mercury Music Prize. Aunque lo que nadie podía imaginarse es lo que vendría después.

En 2005 su vida dio un giro radical. Aquel año conoció a quien fuera su pareja, Blake Fielder-Civil (posteriormente marido de 2007 a 2009), y tras unos meses de relación le dejó por su antigua ex novia. Este es el capítulo del que parte “Back To Black” (Universal, 2006), su metamorfosis de cantante de jazz a rebelde diva soul que cristaliza su enfermizo cabreo por verse abatida y abandonada por su pareja. Ya fuera lamentándose con el corazón encogido ( “Love Is A Losing Game”), narrando sus celos ( “You Know I’m No Good”) o exprimiendo el recuerdo de cuando Blake la tiró como una colilla consumida ( “Back To Black”), Winehouse, con la ayuda de un Mark Ronson que jamás ha firmado una producción mejor que aquella (ni la firmará), se valió de la temática más manida del género para convertirse en la Aretha Franklin de nuestros tiempos. “Rehab”, su credo, le dio el espaldarazo definitivo para alcanzar la cima de las listas de éxitos meses antes de recibir (vía conexión televisiva, ya que las aduanas estadounidenses le cerraron el paso) cinco Grammys que no le hicieron replantearse sus excesos. Las apuestas acerca de su defunción ya empezaban a estar al alza.

Universal, llegados a este punto, se verá en la obligación de rescatar aquella primera versión de su tercer álbum que registró en la caribeña isla de Santa Lucía escapando, precisamente, de sus fantasmas reincidentes. Nada se sabe del resultado de aquellos temas salvo que estaban fuertemente influenciados por el reggae. Ante la negativa de su sello de publicar su ya disco póstumo porque carecía de empaque comercial, a estas alturas de la historia no existe otra alternativa que alimentar su cadáver con canciones inéditas y caras B que engrosen los beneficios.

El corazón devorado por el escándalo

Amy Winehouse vivió al límite abusando de aquella química que le hacía volar a un mundo mejor en la que sus depresiones e inseguridades carecían de dueño. Hizo lo que quiso cuando lo creía oportuno y era más que consciente de la letra pequeña de su destino. La debacle empezó allá por 2005, momento en el que los tragos duros y la sangre envenenada empezaron a correr por su cuerpo al mismo tiempo que su cardado luchaba contra las leyes de la física. Y puestos a encontrar un culpable, Blake Fielder-Civil encarnó la figura de villano abriéndole las puertas de un círculo vicioso del que sólo se pudo librar, tristemente y con el resultado ya conocido, el pasado sábado.

Más que un mito, en la práctica Amy Winehouse se ha quedado en un proyecto de mito. Su muerte no resulta dolorosa por quién ha sido, sino por lo que podría haber llegado a ser. Tenía mucho más dolor que compartir con su música. Su escueto legado no puede compararse con el de otras personalidades destructivas como Billie Holiday o Janis Joplin, quienes, pese a sus fatídicos finales, estiraron al máximo su productividad en vida grabando centenares de temas a diferencia de Winehouse. Joplin, por ejemplo, grabó su última canción el día antes de entregarse al sueño eterno. Precisamente, estas mujeres fatales hicieron de su música su válvula de escape, un antídoto para quemar sus miedos y compartirlos con el mundo creando, por consiguiente, una carrera con cara y ojos acorde con su mitificación.

Amy, en cambio, ha tirado cinco años de su vida y su talento por la taza del wáter. Las idas y venidas de los centros de desintoxicación nunca causaron efecto. Nadie, ni siquiera su discográfica –con talonario de por medio– consiguió ponerle freno a sus excesos. Las constantes cancelaciones de sus conciertos (la última, a raíz del desastroso estado que mostró en Belgrado el pasado mes de junio) ponían en evidencia su falta de profesionalidad. Pero, precisamente, cuando conseguía mantenerse en pie, su sola presencia era lo que llevaba al público a acudir en masa para observarla de cerca y atestiguar cómo se encontraba. Poco importaba que sus shows en vivo no estuvieran a la altura de su talento.

La gente quería comprobar si la mujer que en 2007 salió de su casa descalzada y en sujetador existía. Si tendría las agallas de fumar crack bajo los focos después de que la policía londinense la identificara en un vídeo que circulaba por la red. Si le daría un puñetazo a un fan después de pedirle un autógrafo como hiciera en 2009. Si aparecería magullada tras una de las numerosas trifulcas con el novio de turno, o bien presentaría en sociedad esos pequeños ratones que, a través de la webcam, mostraba drogada hasta las trancas en compañía de su antiguo compañero de correrías Pete Doherty. En definitiva, el morbo siempre ha estado en saber si alguien como ella realmente existe más allá de los tabloides sensacionalistas. Llámese fascinación por el peligro ajeno.

Con su desaparición vuelven a evidenciarse las leyendas malditas de aquellos artistas aferrados a la mala vida. Músicos que plasmaron su carpe diem perpetuo en sus propias canciones y fascinaron por igual dadas sus controvertidas personalidades. He aquí la incursión de Winehouse dentro de ese selecto “Club de los 27” presidido por figuras como Janis Joplin, Kurt Cobain o Jim Morrison que optaron libremente por llevarlo todo al límite hasta que su cuerpo (o ellos mismos, como en el caso del alma de Nirvana) dijo basta.

Cualquier genio que se precie es una mezcla de obra y carácter. Y de esto último Amy iba más que sobrada. Pero si a ello le sumamos una exigua a la par que intensa discografía, rebosante de magia y capaz de marcar tendencia generacional, por méritos propios merece ser considerada un mito. Su paso por el mundo no ha sido en vano, sus canciones perdurarán, su ejemplo también, para que de él podamos extraer lecciones. Su leyenda, a pesar de su controvertida forma de afrontar la vida, merece quedarse en nuestras memorias. Allá donde se encuentre seguro que brindará con un copazo de whisky por haberse salido con la suya.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video

cerrar
cerrar