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I Am Is To Madrid

Una inspección del reality de Alaska y Mario en MTV

Una inspección del reality de Alaska y Mario en MTV Por Mario G. Sinde

Que dos personajes como Mario Vaquerizo y Olvido Gara (de aquí en adelante, Alaska) se presten a mostrar ante las cámaras su vida diaria, o al menos una representación de ella, no sorprende a nadie. Marujas confesas y adictas al credo semanal de la revista Cuore, amigos de lo kitsch y de la fauna del famoseo madrileño (tanto la que se mueve por Malasaña como la que no sale de los muros de La Moraleja), la pareja, gracias a “Alaska & Mario” –cada miércoles en MTV Spain, a las 21.30h.–, ha conseguido reunir en los sofás de casa a un heterogéneo púbico ávido de superficialidad y vulgaridad con ganas de pegarse unas risas (sobre todo con, más a costa de, Vaquerizo) cumpliendo perfectamente con la función de darnos una visión (editada) de las pautas de conducta que cualquier icono postmoderno tiene que llevar a cabo para seguir en el candelero de la siempre cruel exposición mediática.

Twitter está que arde, y nuestros ojos también ante los estucados con los que la pareja adorna las paredes de su nidito de amor. Pero el programa, estrenado ayer por MTV, a fin de cuentas, fue un carrusel de momentos impagables que forman ya parte de la historia de los realities patrios para envidia de la factoría de Paolo Vasile. Gran Hermano who?

Alaska es quien, de momento, se despoja en mayor medida del personaje que ha ido construyéndose con los años. Sin maquillaje ni atrezzos, la diva, pese a no haber mostrado su locuaz verborrea, lleva la batuta de esta atípica pareja. Ella es quien decide la lista de la compra (y más cuando se es esclavo de la dieta), la que habla con los abogados para formalizar en territorio español su sonada boda en Las Vegas y la guía espiritual-estética de un matrimonio cuyo altar lleno de santos (tal cual) les echará en algún momento de casa por cuestión de espacio. Alaska equilibra este matrimonio con cordura, sin necesidad de abusar de los homenajes de cerveza que se pega su marido. Y si a todo esto le sumamos la aparición estelar de su madre, América, que con 81 años aterriza sola en Barajas, con taxista propio y con el ajuar a cuestas (todos hemos querido alguna vez unos platos con forma de porción de pizza), únicamente podemos postrarnos ante sus rollizos pies.

Lo de Vaquerizo es bien distinto. Él siempre ha ansiado una cámara delante a la que deleitar con sus morritos, lucir su Balmain (tranquilos, ya ha hecho su primera aparición) y codearse, más allá de sus representados, con lo más granado del papel couché. Su historia es la de cualquier hijo de vecino que suertudamente consigue materializar sus sueños. De origen humilde (por fin hemos conocido a su familia), nadie puede negar que Mario es un cachondo mental con graves problemas para chapurrear el inglés. Frases como “I am is to Madrid” o “Estaitis Uneision” difícilmente nos las podremos quitar de la cabeza. Ahora entendemos la razón por la que dejó de representar a Elsa Pataky cuando decidió cruzar el charco para fracasar en tierras hollywoodienses.

Mario, al ser un gran desconocido para el gran público, puede dejar de ser una mamarracha por unas horas para convertirse en un icono pop a imitar tras el visionado del programa. Su delirante visita al dentista o la vena cándida que de vez en cuando le aflora hacen que el marido de Alaska acapare tanto las miradas como las risas del respetable. Entrañable como él solo (a pesar de tenerse el personaje más que estudiado), el ideador de las Nancys Rubias puede convertirse en la mayor revelación televisiva del año al igual que hace dos temporadas ocurrió con Carmen Lomana. Quien, por cierto, ya ha hecho de las suyas soltando una de sus sentencias de pija: “Si no me voy de vacaciones se me va a quedar cara de proletario”. ¡Bravo tú, Lomana!

De momento, en cuanto a cameos se refiere, ya han aparecido, sólo en la primera dosis del reality, Fonsi Nieto, el siempre a reivindicar Fabio McNamara o Vicky Martín Berrocal. Para el resto de capítulos dicha lista se verá acrecentada con apariciones como las de Loles León, David Delfín o Bibiana Fernández. Pero lo que aquí importa es que “Alaska & Mario”, dejando de lado lo falseado de cualquier reality que nos han ido endusando últimamente –de “Laguna Beach” y su spin-off “The Hills” al día a día de la familia Osbourne–, representa un divertimento que va que ni pintado para volver a poner sobre la palestra la “Removida”. El veredicto del comienzo está claro: te partes la caja, te entretienes, no da vergüenza ajena y apesta a programa de culto del que demandaremos, llegado el momento, una edición en DVD para poderlo revisar en fines de semana tontos. Oficialmente, un servidor se ha enganchado y recomienda a cualquier persona sin prejuicios que le eche un ojo. Supongo que el ridículo de “Piratas” el lunes ha ayudado a maximizar el impacto favorable del reality de Olvido y Mario. La próxima semana, por tanto, más y mejor, y pegados a la tele. ¿Cuál será vuestro menú de snacks?

Ayer se estrenó el reality de Mario Vaquerizo y Alaska en MTV España. Nos gusta. Es fresco, divertido y no da vergüenza ajena. Nos tendrá pegados a la pantalla. O, al menos, a Mario G. Sinde, que nos cuenta aquí sus impresiones.

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