Reportajes

Pero… ¿alguna vez ha existido el empleo de calidad en España?

Una vez más vuelve a subir el paro en España, a pesar de que la tendencia general en los últimos tiempos es a la baja. Hemos hablado con dos economistas para tratar de descifrar una pregunta en el aire: ¿alguna vez ha habido empleo digno aquí?

Año 2016. España consigue reducir su tasa de paro en 7 puntos desde 2013 (26%), la cifra más escandalosamente alta del país en los últimos 25 años. Lo hace, eso sí, a costa de un empleo precario y de baja calidad, lo que incluye camareros a los que después del verano si te he visto no me acuerdo o arquitectos con cuatro idiomas y dos carreras cobrando 850 euros al mes .

Año 2006. El país registra unas cifras de paro más o menos positivas: alrededor del 8%. Las cifras, eso sí, tienen trampa: se corresponden con el clímax del ladrillazo español, una burbuja que luego saltará por los aires, guiándonos a ese 25% de desempleo apenas unos años después.

Año 1996. Con un 22% de paro, Aznar gana las elecciones y en 8 años el desempleo desciende más de diez puntos. Sus críticos sostienen que esta reducción se consiguió a costa de un debilitamiento rotundo de la fuerza sindical mientras se pavimentaba el camino hacia el boom inmobiliario de la década posterior.

Las últimas cifras del paro registrado en noviembre no son positivas: sube 24.841 personas, a pesar de que la tendencia general en los últimos tiempos es a la baja. El descontento, eso sí, se mantiene: en 2015, casi 6 millones de personas ganaron menos de los 9.000 euros anuales fijados por ley, esencialmente por la temporalidad, según datos de la Agencia Tributaria. Y aunque el Congreso ha dado luz verde al aumento del salario mínimo propuesto por Podemos, el próximo día 15 de diciembre los sindicatos han anunciado movilizaciones en toda España contra la precariedad laboral.

Pregunta: ¿alguna vez en su historia existió el empleo digno en España?

Señores feudales, fábricas y suecas en películas de Alfredo Landa

Básicamente, la España del siglo XV y el señorío feudal vivía de la agricultura, la producción de lanas y el artesanato. Un siglo después se sumaron las riquezas del oro traído de las colonias latinoamericanas y otras importaciones que animaron el comercio.

Explica a PlayGround la historiadora económica Enriqueta Camps que, ya en el siglo XIX, "la producción y exportación de vinos y el sector textil generaban empleos de calidad en España. Eran trabajadores con poca educación pero con buen conocimiento técnico”.

Y entonces llegó el franquismo: "El franquismo —sostiene la historiadora— precarizó y desindustrializó España".

El crecimiento experimentado en los años 50 y 60 estuvo muy lejos de las políticas keynesianas que mejoraron la vida de los trabajadores en el resto de Europa, un déficit que aún hoy España sigue arrastrando.

El franquismo precarizó y desindustrializó España (Enriqueta Camps)

El desarrollismo o "milagro económico" de los últimos 15 años del franquismo rescató la economía, en parte gracias a la obra pública, la mano de obra barata que ofrecía España en comparación con Europa, las divisas de los migrantes y los primeros turistas que llegaron a las costas españolas y películas de Alfredo Landa.

He aquí el modelo de pelotazo y playa que aún hoy nos da de comer… y de doler.

¿Los años felices?

“La calidad del empleo depende de la estructura productiva. Con el predominio del turismo de sol y playa tenemos condiciones laborales de menor calidad que si predominaran otros sectores. El modelo productivo no ha cambiado, aunque en los años de la construcción y el sector inmobiliario sí mejoró un poco”, explica el economista Eduardo Garzón.

“El modelo, con turismo y agricultura, influye sobre la temporalidad pero en otros países con otras leyes laborales como Dinamarca la temporalidad de estos sectores es menor”, detalla Juan Ramón Rallo.

Queda claro que la hamaca y el ladrillo no son precisamente el último grito de Silicon Valley para una economía innovadora y de calidad, y es verdad también que España es más bien pobre en su molde. La crisis además ha devaluado el trabajo. ¿Cuáles fueron entonces  los mejores años —o menos malos— del país en cuanto a calidad de empleo?

Garzón lo tiene claro: “[los mejores tiempos fueron] l os años 80, gracias a la creación de puestos de trabajo públicos en el Estado del Bienestar. Eran puestos de trabajo en condiciones dignas y los estándares marcaron también a otros tipos de empleos. En aquella época se consolidan también puestos  en la automoción con salarios más elevados, y las condiciones mejoran en los sectores donde hay una importante lucha sindical”.

Rallo asegura que “aunque en 2006 los sueldos eran más altos y había menos paro, era una situación de burbuja e insostenible”, por lo que determina que los que comprenden entre el 93 y 2002 fueron los mejores años del país. “Era una época ilusionante de la economía, se creaba empleo de calidad y sostenible. Después nos volvimos locos y la economía se destrozó con todo el país convertido en una fábrica de ladrillos”.

Crisis y medidas

Tras el estallido de la crisis económica en 2008, las reformas laborales de 2012 y 2015 abarataron los despidos y dieron más facilidad a los empresarios para la contratación: “El objetivo —dice Garzón— ha sido precarizar el mercado de trabajo y deteriorar los salarios. Los salarios han caído por culpa de los contratos temporales. La negociación colectiva se ha reducido y cuanta menos movilización de los sindicatos hay, más rápido caen las condiciones laborales con la justificación de hacer que la economía sea más productiva”.

Garzón recuerda que también ha habido “pérdidas indirectas en el poder adquisitivo, más allá de la bajada de salarios, en las medidas de austeridad”. También asegura que se ha vivido “un brutal retroceso” que nos lleva  en algunos aspectos a asemejarnos a la España de 1990 en el ámbito laboral.

Para Rallo, en cambio, las reformas laborales del gobierno de Rajoy “han mejorado marginalmente” la calidad del empleo. “La probabilidad de encontrar un empleo indefinido es hoy más alta que durante la burbuja, aunque sigue siendo bajísima”.

Rallo defiende que “la prioridad absoluta en 2012 era despejar el riesgo de salir del euro porque era la única forma de mantener a las empresas y capitales en España”.

“La causa del empobrecimiento es la crisis y si no fuera por las reformas estaríamos aún peor”, dice Rallo. El economista afirma que el 75% del empleo hoy en día es indefinido y por tanto un 25% es temporal, porcentaje menor que en 2005-2006, cuando la temporalidad ascendía al 35%.

La probabilidad de encontrar un empleo indefinido es hoy más alta que durante la burbuja, aunque sigue siendo bajísima (J.R. Rallo)

Garzón, en cambio, asegura que “nueve de cada diez empleos que se crean son temporales”. Las dos lecturas numéricas de un mismo mercado parecen mostrar realidades contrapuestas, pero conviven y son complementarias. La economía también es interpretativa.

De diagnósticos casi opuestos es normal que surjan también soluciones antagónicas. Garzón cree que mejorar la calidad del empleo pasa por “aumentar el gasto público para que aumente el consumo interno y así se genere más empleo” y por una “apuesta por las energías renovables” o la nanotecnología y la bioquímica, “en la que España no invierte nada”.

Por contra, para R allo existe un problema de “sobreprotección” de los trabajadores indefinidos y propone que las indemnizaciones sean menos costosas, en la línea de Reino Unido y Dinamarca, para que la renovación sea más factible en las plantillas. “Y que no se le robe con impuestos al que quiere montar una empresa”, añade.

En cuanto a modelo productivo, Rallo no cree que haya que planificar o imponer desde arriba el desarrollo de un sector u otro, sino ayudar a crear un entorno en el que sea posible el surgimiento de nuevas empresas punteras con libertad y sin alta carga tributaria.

“En la línea de lo que se está intentando, España tiene que dejar de depender de las importaciones y mejorar sus productos de cara a las exportaciones. Pero es muy difícil ser competitivos internacionalmente sin abaratar los costes de producción, o sea los salarios.   De todos modos, sea liberalizando el mercado o con una línea más proteccionista, hasta que no se recupere la economía no volverán a crearse empleos de calidad y aumentar los sueldos. La crisis es esto, un empobrecimiento de la población, y aún no hemos salido de ella ”, concluye.

En eso, más o menos, la izquierda y la derecha están de acuerdo.

Los salarios han caído por culpa de los contratos temporales. La negociación colectiva se ha reducido y cuanta menos movilización de los sindicatos hay, más rápido caen las condiciones laborales con la justificación de hacer que la economía sea más productiva (E. Garzón)

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