Reportajes

Agresiones machistas contra prostitutas: entre el estigma y el desamparo legal

Varias denuncias recientes de violaciones y amenazas muestran a las prostitutas más desprotegidas ante el machismo

Hace unas semanas la Fiscalía provincial de Barcelona divulgó la acusación contra un joven de 20 años que, en 2015, amenazó con una navaja a una prostituta y la obligó a tener sexo. Se encontraban en el domicilio de l'Hospitalet de Llobregat donde ella trabajaba.

“Sacó una navaja que llevaba encima y se la puso en el abdomen, a lo cual le dijo, según recoge el escrito de la acusación, “ahora tienes que hacer lo que yo quiero, chúpamela”.

El escrito continúa: “Sacó sus genitales y de forma violenta agarró con una mano la cabeza de la sra. XXX obligándola a hacerle una felación y con la otra mano sostenía de modo amenazante una navaja poniéndosela a la altura de su cuello a la vez que le decía: “Si no me la chupas, te voy a pinchar”.

A pocos kilómetros de L'Hospitalet, Janet, portavoz de Putas Indignadas y prostituta del Raval, barrio de Barcelona, nos cuenta que ha denunciado varias veces en nombre de otras trabajadoras sexuales del barrio a un vecino agresor que les viene acosando durante los últimos meses.

En una ocasión, en agosto del pasado año, el hombre persiguió a una prostituta embarazada con una jeringuilla. La última amenaza contra el mismo vecino tuvo lugar hace dos semanas.

Entre el año 2010 y 2015, 31 prostitutas fueron asesinadas en España, según recoge un estudio de Feminicidio.net a partir de casos relatados en los medios de comunicación.

Los más recientes conocidos son el de una mujer asesinada y torturada en agosto del pasado año en Salou y el de una transexual que después de haber sido golpeada con arma blanca cayó de un balcón en la huída.

¿Son las prostitutas blancos más fáciles de la violencia machista? ¿Silencia aún más la sociedad este tipo de agresiones? ¿Cómo les perjudica su trabajo a la hora de enfrentarse a la violencia de género?

Actualmente, las prostitutas se enfrentan a dos enemigos extra cuando son víctimas de agresiones: el estigma y la falta de leyes que les protejan.

Desprotegidas por la Ley de Violencia de Género

El artículo 1 de la ley integral española contra la violencia de género dice: XXX “La presente Ley tiene por objeto actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las r elaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia”.

Esto perjudica no sólo a prostitutas, sino a cualquier chica agredida que no tengan relación afectiva con su agresor.

O sea, resulta difícil denunciar por una serie de amenazas de violación u otro tipo de insultos o agresiones machistas en la calle: son difíciles de probar y la complicación de que se apliquen penas bajas no compensa el riesgo de denunciar.

Pero las prostitutas, al trabajar en la calle y sufrir un estigma social, están más expuestas y sufren algunos obstáculos extra. La mayoría de prostitutas asesinadas, por este motivo, no figuran en las estadísticas de violencia de género.

En primer lugar, “muchas no quieren denunciar por miedo al agresor si trabajan en la calle, por el estigma y por el hecho de que pueda quedar registrado en un documento de comisaría que son prostitutas, pues muchas no quieren que se sepa”, señala Janet, portavoz de Putas Indignadas.

En las comisarías y ante la Justicia, las prostitutas se enfrentan al miedo a denunciar porque no quieren que se sepa su trabajo o por posibles represalias del agresor. Además, es habitual que sean criminalizadas o que su versión se cuestione

El peso del estigma y la persecución

En la relación con la policía, hay grandes diferencias en función del tipo de agente con quien te toque lidiar. Sin embargo, es común que a las prostitutas sean “estigmatizadas, criminalizadas o que se considere que te pueden liar o engañar o que tienen intereses espúreos”, sostiene Clarisa Velocci, directora de Genera, fundación que presta asistencia jurídica, psicológica y social a las prostitutas.

Clarisa pone un ejemplo que va más allá de las agresiones. En una comisaría, denunciando un hurto a una prostituta, un agente preguntó: “Pero la señora es....”. No acabó la frase, pero obviamente se refería a la profesión. “¿Qué tendrá que ver?”, se pregunta la activista.

En el barrio del Raval, la violencia ha aumentado en los últimos años contra las prostitutas. Clarisa Velocci, de la fundación Genera, cree que tiene que ver con el aumento de la presión policial

"Las violaciones son menos comunes entre las prostitutas de calle que en los prostíbulos porque hay una visibilidad y nos defendemos unas a otras", defiende Janet, que lleva 40 años trabajando como prostituta y pasó por clubes antes de ejercer en las calles.

"Pero las prostitutas que trabajan en la calle están más expuestas a la violencia social", matiza Clarisa, de Genera.

Para Clarisa, el aumento de la violencia contra trabajadoras sexuales en las calles del Raval tiene que ver con “la política municipal de persecución policial” que se vive en el centro de la ciudad desde 2006. “Si algunos agentes de la Guardia Urbana estaban insultando o echando de las calles a las prostitutas, el mensaje que se enviaba a la población era de que también podían hacerlo”.

Esta situación, asegura, ha mejorado desde que Ada Colau llegó a la alcaldía hace dos años. "Hay más comprensión, menos persecución y el agente que tiene ganas de insultar ahora se corta más", dice.

Pero más allá de las problemáticas locales y legales, Clarisa cree que el primer objetivo para reducir la violencia y la impunidad contra las prostitutas es el de luchar contra el estigma y contra una extrema victimización.

“O se les considera las malas malísimas, o las más pobrecitas. Y cuando son víctimas de una agresión son también, como toda mujer, las protagonistas principales de su recuperación”, expresa.

La activista concluye: “ Defender los derechos de las trabajadoras sexuales es defender los de todas las mujeres, porque el estigma nos toca a todas. Cuando una mujer no trabajadora sexual es atacada, a veces se pregunta: “¿ibas vestida como una qué?” Exacto, como una puta. En las sentencias y en la sociedad se cuestiona a la víctima de acoso sexual y si parecías una puta, había cierta legitimidad en la agresión. Si lo eras, ya ni te cuento…”.

Tags:

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar