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La crisis que viene te va a dejar con hambre

Insectos, salmones transgénicos y 'frankenburgers': o por qué tu comida en el futuro próximo no está para nada asegurada

Diez mil millones. Puede que la cifra no te diga nada, pero ese número pesa sobre nuestro futuro como una amenaza funesta.

Diez mil millones. Es la gente que se estima que estará caminando por el mundo llegados al ecuador del siglo. Diez mil millones de bocas que alimentar a diario. Pero, ¿con qué?

Hace un par de años, Stephen Emmott abordaba el tema de la sobrepoblación en Diez mil millones. Aquel era "un libro de terror", según sus editores. Un libro criticado en el que se describía un escenario futuro altamente preocupante. Su discurso destilaba un tremendo pesimismo de raíz malthusiana. Su conclusión, agorera: si seguimos a este ritmo, no podremos impedir nuestra propia desaparición como especie.

La realidad es simple: la población mundial crece a razón de unos 70 millones de personas al año, los recursos disponibles son cada vez más limitados, y la explotación de esos recursos de acuerdo a determinados modelos económicos está alterando de forma irreversible las condiciones de vida en el planeta. Combinar esas variables y hacer una proyección a 30 o 40 años arroja un resultado inevitable: escasez alimentaria a nivel global.

Hambruna para miles de millones de personas. Y no sólo en el "tercer mundo".

Antes de la aparición del libro de Emmott , el periodista y cineasta alemán Valentin Thurn había iniciado un proyecto en el explora ese mismo escenario desde una óptica igual de preocupada, pero notablemente más constructiva.

El año pasado su trabajo se materializó en Harte Kost (algo así como Comida Dura), un libro que pone su vista en el contexto de la producción alimentaria y los nuevos desarrollos en el campo de la nutrición. Es un interesante compendio de datos científicos, impresiones personales y hallazgos de dos años de indagación que ahora se acaba de transformar en película. De nuevo, Diez mil millones.

"Mi visión es parcialmente pesimista, parcialmente optimista. No es tan deprimente", aclara Thurn en relación a la obra de Emmott. "Si tomamos esa cifra para el título, es porque se trata de una cifra que a menudo es usada incorrectamente para promover intereses económicos del lado de la industria agroalimentaria".

La industria viene participando desde hace años del discurso agorero. En 10 Milliarden vemos a Liam Crondon, un alto ejecutivo de Bayer CropScience, hablar de la necesidad de actuar con urgencia, llegando a insinuar la posibilidad de una nueva guerra mundial causada por la escasez de alimentos.

"Existe la necesidad de actuar ahora. Particularmente en el mundo occidental", comenta el directivo. "El gran asunto es que no existe una sensación de urgencia. Porque en el mundo occidental la gente está más preocupada por la obesidad que por el hambre. Es necesaria una revolución para despertar a la gente".

Todos coinciden en el diagnóstico: si mantenemos los modelos de producción y los hábitos de consumo actuales, de aquí a 30 o 40 años no habrá suficiente alimento. Pero ¿cuál es la solución?

La solución no sólo pasa por producir más. También hay que producir distinto. Hay que comer distinto

                                      Instalaciones de Bayer CropScience en Monheim.

En el lado de las corporaciones, la cifra se usa para justificar el desarrollo de nuevos alimentos transgénicos, nuevas variedades agrícolas híbridas sujetas a patentes... Ahora bien, ¿cuánto hay de interés humanista y cuánto de oportunidad de negocio en esa preocupación?

" No creo que exista una intención moral detrás de sus investigaciones", opina Thurn. "Las coorporaciones tienen que ganar dinero. Y si hablan en términos morales, tienes que andarte con ojo".

Ante ese discurso corporativo, el alemán se muestra escéptico. Porque la solución no solo pasa por producir más. También hay que producir distinto. Hay que comer distinto.

"Las grandes corporaciones tienden a decir: tendremos a diez mil millones de personas que alimentar para 2050. Tenemos que producir el doble de lo que producimos ahora para que todo el mundo pueda llenar su estómago. Creo que la principal cuestión no es cuánto producimos, porque de hecho ya producimos suficiente para alimentar a diez mil millones, al menos teóricamente. Es sólo que un tercio de la cosecha mundial acaba en la basura".

Más de un tercio de la comida que se produce a nivel mundial acaba en la basura. Mientras, más de 800 millones de personas padecen subnutrición o hambre crónica

El despilfarro alimentario es un problema conocido. Un problema que Thurn abordó de manera decisiva en su documental Taste The Waste. Si se tratase del ahora, bastaría con aprender a gestionar ese casi 40% de comida que se tira a nivel mundial para saciar a los 805 millones de personas que padecen subnutrición o hambre crónica en el mundo. Mientras, unos 1500 millones sufren sobrepeso.

Pero 10 Milliarden no quiere insistir sobre eso. Prefiere la prospección de futuros.

"En este caso nos hemos concentrado en el lado de la producción. Pero al final el problema es una combinación de todo: es una competición entre lo que necesitamos para comer, lo que se tira, lo que se usa para alimentar animales, porque un tercio del grano mundial va a los animales, y también lo que se usa como biofuel. Esta competición la podemos ver desde el lado del problema, pero también desde el lado de la oportunidad".

Tú estilo de vida es de una gran importancia política

Rastreando oportunidades a nivel global

10 Milliarden se plantea como un viaje alrededor del mundo en el que se nos presentan iniciativas que pueden ser vistas como esfuerzos complementarios o totalmente antagónicos.

El filme comienza con una escena que viene siendo evocada de forma recurrente cuando se aborda el problema de la escasez alimentaria. Thurn deambula por un mercado en Tailandia. Se acerca a un puesto de comida. El alemán elige su ración de insectos fritos. Coge un saltamontes gigante y lo mastica.

En un escenario de escasez como el que todos vaticinan, los insectos podrían ser una buena alternativa por sus cualidades proteínicas. La FAO llegó a publicar en 2013 un estudio de 200 páginas dedicado a promover los insectos comestibles como solución a la inseguridad alimentaria global. Langostas, saltamontes, orugas... En un par de décadas podrían ser tus nuevos bistecs. Igual que podría serlo la "carne que no es carne". Porque las hamburguesas del futuro saldrán del laboratorio.

                                      Mark Frost con su hamburguesa de carne sintética.

En la Universidad de Maastricht, Thurn visita el Meat Lab. El investigador Mark Post, encargado del proyecto, devora frente a la cámara su hamburguesa artificial. Su desarrollo ha costado 250.000 dólares, un dinero que ha salido del bolsillo de Sergey Brin, cofundador de Google.

"Su idea es comercializar el producto en el futuro como 'no kill meat'", nos explica el director. Una denominación que apela a una realidad incuestionable: un modelo de alimentación esencialmente cárnico es, además de éticamente dudoso, insostenible.

Thurn nos lleva hasta Bayer CropScience, la compañía del mundo que cuenta con más patentes en el ámbito de la biotecnología de semillas y plantas. De ahí viajamos a un banco de semillas comunitario en Bangalore. En Canadá somos testigos del crecimiento anormalmente rápido de salmones modificados genéticamente. Visitamos pequeñas granjas ecológicas en distintos lugares de Europa y grandes explotaciones de soja en mitad de África. Fábricas de vegetales en Japón, plantas industriales de pollos en India, huertas solidarias en Alemania...

                                     Laboratorio biotecnológico de Bayer CropScience.

El filme despliega un abanico de opciones que dibujan una confrontación constante entre dos maneras de interpretar un mismo problema. Por un lado está el acercamiento biogenético, el cultivo tecnológico, las grandes explotaciones que anteponen la productividad a cualquier otra cuestión. Por otro, la aproximación a la producción regional, al consumo de cercanía, a la naturalidad ecológica.

El contraste es conocido. Son escenas que refuerzan los argumentos clásicos del movimiento alterglobalización, que aluden a la explotación capitalista de la tierra, a la especulación con materias primas y a un futuro biotecnológico no libre riesgos. El trabajo de Thurn es ponerle cara a todo eso, presentarnos a personas que están a uno y otro lado de esa cortina.

Lo que mostramos puede parecer un marco de iniciativas pequeño, pero si las consideras en conjunto son proyectos que tienen una importancia política grande

                                                                 Fábrica agrícola en Japón.

Para el director, el futuro pasa por lo pequeño, por lo regional, por recuperar una cierta independencia frente a un sistema agroalimentario global dominado por apenas diez compañías. Por eso Thurn ha puesto en marcha el proyecto Taste Of Heimat, una plataforma online que permite a los consumidores localizar dónde pueden comprar comida de producción regional.

En ese sentido apuntan también iniciativas agrícolas con trasfondo educativo como Growing Power, planteamientos comunitarios como la red SoLaWi, monedas locales como The Totnes Pound o el activismo en forma de 'gardening urbano' de Incredible Edible, todas representadas en 10 Milliarden.

"Quería hacer ver que no se trata simplemente de proyectos simpáticos", explica el director. "Tienen una importancia que va más allá del lugar en el que se están desarrollando. Porque es un movimiento realmente global. Lo que mostramos puede parecer un marco de iniciativas pequeño, pero si las consideras en conjunto son proyectos que tienen una importancia política grande".  

La posibilidad del cambio, una vez más, empieza en nosotros.

" Tú estilo de vida es de una gran importancia política. No diría que sólo cambiando los patrones de consumo vayamos a conseguir que todo cambie. Los políticos necesitan impulsar cambios. Pero si fuera por ellos, todo tendría que esperar demasiado tiempo. Ellos necesitan presión. Ese tipo de presión que los consumidores pueden hacer alejándose del comercio convencional. Muchos políticos actúan bajo presión de los lobbies. Necesitamos establecer otro tipo de presión. Una presión positiva que parta de la gente que quiera tener otra alimentación".

La amenaza de la escasez alimentaria en el futuro próximo es más que real. Las opciones son pocas: cambiar o cambiar. Sólo hay que decidir en qué dirección.

"Corresponde al consumidor impulsar el cambio. Con cada compra".

10 Milliarden se estrena esta semana en los cines alemanes. A partir del verano irá llegando a las pantallas del resto del mundo.

El futuro es el lujo de los que se alimentan

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