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El público y el estilo de San Miguel Primavera Sound, a examen (parte 2)

Hay dos cosas necesarias en todo festival: música y público. De lo primero hemos hablado ampliamente; ahora analizamos de nuevo el estilo mostrado por los asistentes.

Segundo round en nuestro análisis del público que vino de todos los rincones de España y Europa a disfrutar de San Miguel Primavera Sound. La primera conclusión: el civismo en moda se ha esfumado y el festival se suma a la tendencia del ‘todo vale’.

La generosa abundancia de estilos, géneros y artistas que se dan cita en el festival crece a cada edición. Y eso se traduce directamente en la variedad de público que se acerca hasta el Fòrum año tras año. Pero quizá hasta esta última edición no se habían visto tantas familias estilísticas: hip hoperos, metaleros, emos… el abanico se amplía año tras año. Si el jueves la hinchada más hardcore y noir (fans de Refused y The XX, cada día más sofisticados) se dejó notar, el viernes fue el día de los seguidores del líder de The Cure, rey del gótico más dramático.

Entre la masa que coreó extasiada “Friday I’m In Love” se vio mucho negro, aunque a decir verdad, pocos estilismos a la altura de Mr Smith, que salió a escena con litros de eyeliner, labios carmín y ese cardado-pesadilla que, sin embargo, sigue hipnotizando tantos años después. Sabemos que imitar el look siniestro de Smith demanda coraje y exige un alto grado de entrega estética (y que los años liman las extravagancias del más atrevido), pero esperábamos un poco más de osadía por parte de sus fans más acérrimos.

Hace una semana desgranamos aquí mismo el estilo de Grimes, la joven canadiense también conocida en su casa como Claire Boucher. Su destartalado estilismo on stage (extensiones flúor, aspecto rayando en el perroflautismo y esa camiseta-pijama con el símbolo de la anarquía con la que se paseó por el festival) provocó por un momento un viaje al pasado, a aquellos 90s en los que la actitud antisistema se filtró en los armarios de varias generaciones. No acabamos de estar seguros de que la vuelta del look antiglobalización sea una buena idea, pero ahí está.

El sector femenino más aplicado acudió al festival acatando las tendencias más llevables de este verano: faldas plisadas (cortas, pero sobre todo largas y vaporosas), camisas con cuellos abotonados concienzudamente (calor, ¿qué calor?), shorts de infarto ultra ajustados (los tejanos, con el forro blanco de los bolsillos a la vista) y transparencias controladas, sin pasarse. Las hay que todavía no se han cansado de los cálidos tonos nude, omnipresentes desde hace demasiados meses.

El complemento más visto en ellos: las cazadoras tejanas y las camisas hawaianas alegremente floreadas (bueno, no exactamente hawaianas, sino en su versión más presumida, la ajustada). A ratos, ligera sensación de “Resacón En Las Vegas”. Momentos wannabe del festival: la cazadora de macarra con el escorpión en la espalda que luce Ryan Gosling en “Drive” (varios chicos la llevaban) y las fans de Lana del Rey que se atiborran el pelo de flores para imitar las poses más edénicas de la artista.

El revival de los 90s ya ha aterrizado en la mayoría de armarios. Y lo ha hecho en diversas interpretaciones de la década que alumbró fenómenos tan dispares como el grunge, los movimientos antiglobalización, el minimalismo y todo lo contrario, el amor sin complejos por los colores saturados. Un variado cóctel que no todo el mundo digiere con la misma sensatez. Como en todos los festivales, el look me-viste-un-ciego (o mejor dicho, me-visto-ciego) nos entregó momentos sublimes y entrañables sin los que un festival no es un festival. Vamos, que San Miguel Primavera Sound ha perdido un poco de aquel civismo estético ejemplar, urbano, moderno y consciente de sí mismo y se suma al libre albedrío de otras citas como el Sónar o el FIB, donde las reglas no existen.

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