Listas

Los mejores momentos de Sónar

Selección de recuerdos memorables de un festival que ha batido todos sus récords

Momentos inolvidables (algunos tiernos, otros muy freaks) para grabar en la memoria de entre todo lo que ha sucedido en este último Sónar. Del momento Pantoja de Lana del Rey a la sobredosis de políticos de CiU que se dieron un voltio por el CCCB.

A toro pasado, este último Sónar ha sido un buen Sónar, al César lo que es suyo. El modelo de festival, basado en la simultaneidad de varios escenarios sin interrupciones, y la limitación de los cabezas de cartel en beneficio de un flujo compacto de nombres de gama media, la mayoría en progresión ascendente –hay que ir más a la sorpresa que a lo conocido para tener una experiencia plenamente visionaria–, así lo incentiva. Siempre hay alguien de máximo interés en cada escenario, un descubrimiento a cada paso, y más allá de la música, es un festival en el que suceden cosas. Para cerrar nuestro repaso y cobertura de Sónar, aquí va una selección de momentos que siempre rescataremos cuando tengamos nuestras conversaciones en los bares.

1. Sónar convergent

Fue un hashtag muy utilizado por los mejores tuiteros de la zona: este año, Sónar ha contado con amplia representación política del partido que gobierna en Cataluña y en Barcelona, y donde antes había vips como Alaska, que se paseaban por ahí y la gente les pedía una foto, este año los reyes de la fiesta fueron Xavier Trias, alcalde, y Jordi Pujol, ex President, que fueron allí como muy honorables ravers. Mención especial para el nuevo y flamante director del CCCB, Marçal Sintes, que gasta un apellido muy acorde con el festival y que ya querría para sí Daniel Lopatin.

Fotografía de Toni Rosado.

2. Hawtin y la trucha

Habría sido un perfecto guiño que Richie Hawtin, en lo que parece que ya va a ser su habitual sesión de media tarde en el vecino mercado de la Boquería, en vez de pinchar con dos cajas de fruta al lado, lo hiciera en la parada del pescado, aunque fuera a las cinco de la tarde y ya no estuviera fresco, porque es únicamente ahí donde, en una conexión metafísica, un perfecto ouroboros, coincidirían la trucha con la trucha. Y porque es el Sónar y una vez al año vale, pero un Ayuntamiento más serio debería plantearse impedir a Hawtin hacer el cani de esta forma, que su espectáculo ya roza el nivel vulgar de una estatua humana de la Rambla.

3. Hooligans del fútbol

Cada dos años, Sónar y fútbol van estrechamente unidos. Si no es el mundial, es la Eurocopa –ah, recuerdos lejanos de aquella edición de 1998, con DJ Fra comentando en la feria discográfica las opciones de pase que tenía España en aquel complicado mundial de Francia, cuando Zubi se comió los goles de Nigeria–, y el caso es que siempre trae alguna anécdota nueva. La de este año fue: Bernard Sumner sacando un aviso de que la selección de Pollón Del Bosque le había colocado cuatro chicharros a Irlanda, en plan “alegraos”, y buena parte del público silbándole. Sónar convergent. El de New Order no entendía nada.

4. Bola de Cesc

Otros años vimos más camisetas de España, e incluso gente que le imitaba el aspecto a David Villa, pero este año no, básicamente porque la gente iba medio en bolas y llevaban más carne al descubierto que al tapado –y, he aquí la novedad, especialmente los tíos, una letal combinación de abdominales a medio desarrollar e incipiente barriga cervecera–. Tuvo que venir el entourage de Brainfeeder a suplir esta diferencia, y así Jeremiah Jae se enfundó una camiseta roja de los tiempos de Caminero, y Thundercat se paseaba por el recinto con su disfraz de Vegeta, que no tiene nada que ver con el fútbol, pero sí con una bola. La bola de dragón. ¡Fusión!

5. Campo de nabos

Que había mucho macho en Sónar era evidente. Más evidente aún fue en el directo de Nina Kraviz en el SónarDôme, que se pobló de tíos babosos en celo que se arrimaron a ver si, por alguna conjunción astral, la cebolleta se les arrimaba a la sílfide rusa, que conocedora del calor que despierta entre la parroquia, se puso más felina de lo que acostumbra. No nos parece mal, pero que luego no se queje cuando la gente le acuse de potenciar otras virtudes en vez de su techno y su house, que es cierto que es buenísimo, pero eclipsado ante tanta pose de tigresa.

6. RBMA, espacio paranormal

Un día antes, DJ Spinn & DJ Rashad actuaban en el mismo espacio, ocupando la última hora, desarrollando un nervioso directo de footwork que, como es normal, nadie supo bailar correctamente. Era para verlo: miradas idas, gestos de incomprensión, gente que intentaba seguir el ritmo y no le salía, gente que renunciaba a seguir el ritmo y se quedaba como si fuera una columna dórica. Cosas muy extrañas pasaron ahí, cosas muy interesantes, como acercarse al polaco Eltron John –que nos hacía gracia por el nombre, y que nos interesaba porque está en la órbita del exquisito festival Unsound–, y tener dudas al principio sobre si era tío o tía. Resultó que lo segundo no, y sobre lo primero tenemos dudas.

7. Momento Massiel

En Lana del Rey había que estar, y estaba (casi) todo el mundo, unos por fanatismo de la diva con mirada de cordera lechal, otros arrastrados por las circunstancias, muchos con ganas de contemplar un naufragio. Al final, Lana del Rey salió airosa con una interpretación correctísima y unos arreglos estupendos con cuarteto de cuerda y piano –o sea, ir al Sónar y dejarse a propósito las bases pregrabadas tiene su encanto romántico, de persona a la contra–, aunque lo que nadie olvidará fue su momento Massiel, o Pantoja, o Conchita Velasco, cuando agradecida, emocionada, se bajó al foso y se puso a besar a los fans, a llorar y hacerse fotos, como una folklórica. ¡Lana Eurovisión!

8. Con la iglesia hemos topado

Gente había, montando algarabía, que en voz alta profería su opinión de que un concierto de Trust en una iglesia era un momento para tener en cuenta, porque el canadiense, que habla sobre penes que asoman por agujeritos tras la pared, profanaba de este modo una iglesia. No es exactamente así, porque la Capella dels Ángels hace tiempo que está desacralizada, no se oficia misa ahí y pertenece ya al mundo laico, no al secular, y por tanto se pueden hacer conciertos gáyeres, que no pasa nada, que Dios no se ofenderá. De todos modos, Trust sí fue momentazo, porque el tipo estaba poseído y daba entre risa y grimilla verle, y si nos ponemos a profanar, iglesias no nos consta, pero más de una inglesa sí.

9. Muchos cristianos

Mi abuela, q.e.p.d., cuando veía mucha gente junta, se espantaba y se escandalizaba, y exclamaba algo así como “cuántos cristianos juntos” –era una mujer recta, chapada a la antigua, que habría enviado a la cantante Sabrina a la cárcel por enseñar un pezón en televisión–. Mucho cristiano hubo también en Sónar, demasiado, hordas de ellos, riadas de personal, toneladas de carne europea, joven, jugosa y sudada, que lo ocupaba todo, y que hizo que el festival se saldara con su récord histórico de 98.000 asistentes. Ahora, para el año que viene, una de dos: o crecen los recintos o deja de venir tanta gente, porque los claustrofóbicos ya no podemos seguir así.

10. Los enanos

Por último: entre tanta gente, ¿alguien vio a los enanos?

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