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Los mejores conciertos de Sónar 2012

A toro pasado, seleccionamos los diez mejores directos (y los cinco mejores DJs) del festival, tal como lo vio y vivió la redacción de PlayGround

Concluido Sónar, repasamos lo mejor que vimos, sentimos y bailamos durante estos tres días intensos de junio. Aquí va nuestra selección de los diez mejores directos (y los cinco mejores DJs) de un Sónar que superó todas nuestras expectativas.

El consenso es muy elevado: ha sido un gran Sónar, cargado de momentos memorables y excitación a cada paso. Allá donde fueras, siempre había un concierto con enjundia, o un DJ con buen olfato para intuir qué necesitaba el público. Por supuesto, ha habido algún chasco y nombres que no han dado todo lo que se esperaba de ellos, pero a la vez muchos que han colmado con creces todas nuestras expectativas. Aquí va nuestra selección de los diez mejores directos (y los cinco mejores DJs) de Sónar 2012, en estricto orden alfabético.

Amon Tobin - ISAM

Los cubos. Los malditos cubos. No sé si las ideas que se han presentado este año en el Sónar como la máquina de espejos de Daedalus o el casco neuronal de Masaki Batoh formarán parte del ocio del futuro o pasarán a la historia como ideas pintorescas de una tecnología obsoleta. Tampoco sé si los hologramas de artistas muertos seguirán cobrando millones de dólares durante mucho tiempo. Lo que sí que sé es que con la crisis de la industria musical hay cada vez más propuestas pioneras que nos sugieren cómo puede ser el entretenimiento del futuro. Entre ellas, la visualización de “ISAM”, sin duda alguna el álbum más difícil de Amon Tobin. Confieso que a veces me viene grande, con todos estos ruidos tan monolíticos: un disco que no gustará a fans de la música electrónica, pero sin embargo sí que puede agradar a seguidores del metal más industrial o el rock progresivo. Pues bien, en el escenario aparece una construcción cúbica de color blanco, una de cuyas unidades es la cabina en la que opera el músico paulista, la mayor parte de las veces tapada. Sobre la estructura se proyectan imágenes en movimiento que interaccionan con la geometría de los cubos: de galaxias, de una ciudad, de máquinas industriales con pistones monstruosos que nos aplastarían como una hoja de papel. De hecho, estos últimos ilustran a las mil maravillas el significado de los mamporrazos que son leit motiv del tema “Piece Of Paper”. La pantalla tridimensional en la que mora el músico como si fuera una crisálida con todo su alrededor moviéndose puede dar lugar a muchas interpretaciones, pero lo que es cierto es que el placer visual y el asombro que nos produce son colosales, extraordinarios. Tobin intercaló en su concierto una minisesión de DJ suculenta en la que pinchó drum’n’bass aceleradísimo a lo Bad Company y medios tiempos hip hop blindados, momento en el que los chicos de V Squared Lab Studio con sus visuales casi no le pudieron pillar. Dani Relats

Azari & III

Había ganas de ver por fin a Azari & III en una cita multitudinaria como el Sónar. Especialmente porque quienes les habían podido ver hablaban maravillas de un directo con una puesta en escena low-cost, pero irresistible. Los dos principales culpables son esas mamarrachas que llevaban como coristas y bailarinas, Fritz Helder y Starving Fut Yell. Mientras Dinamo Azari se ocupó de la percusión y Alexander III de los sintetizadores, las dos divas negras deleitaron al público con bailes voguing que fueron el despiporre (especialmente brillantes estuvieron en “Reckless (With Your Love)”). Les falta algo para ser Aerea Negrot de Hercules & Love Affair, pero por ahí van los tiros. El cuarteto canadiense se ciñó a ese house clásico y queer que llevan reivindicando desde hace unos cinco años con algunos virajes hacia el acid. Fue tal su homenaje que tuvieron el buen gusto y el acierto de regalar una colosal versión del “No Way Back” de Adonis. En pie y aplaudiendo Álvaro García Montoliu

Daedelus Archimedes Show

Si no lo he entendido mal, resulta que un ex presidente de Cataluña y una acumulación exagerada de público tuvieron la culpa de que conseguir entrar en el show Archimedes de Daedelus se convirtiera en toda una proeza. Había gente quejándose, otros que se inquietaban, pero al final los que tuvimos paciencia conseguimos traspasar la barrera y poder ver, por fin, al gran dandy de la electrónica en su nuevo ‘cuerpo’. Archimedes es un espectáculo audiovisual impresionante, y como el proyecto ISAM de Amon Tobin, que se podrá ver esta noche, es una experiencia para bucear en ella. Daedelus reproduce la energía de la música de baile relacionada con todo lo hardcore y rave –que es algo que apela al gusto de mucha gente– y lo acompaña de una representación visual en la forma de una máquina de espejos, no demasiado lejos de los efectos especiales de Hollywood en más de una ocasión. Incluso se me vienen asociaciones con el steampunk, sobre todo al ver a Daedelus en su traje elegante de época distorsionado en diferentes formas, al ser reflejado por su máquina de espejos –y que daba la sensación de que la música despertaba a la vida–. La invención de EMN y Daedelus ha permitido integrar un elemento visual más allá del truco fácil, porque es algo que está muy fuertemente vinculado con la música y su trabajo anterior, y eso me hace tener fe en que habrá todavía mucho espacio para que siga desarrollando su trabajo en el futuro. Archimedes es el próximo paso lógico en su evolución, tal como lo demuestra el directo. Se lo ha trabajado duramente, y ha conseguido de paso atraer al público con una propuesta más atractiva que la que siguen otros músicos parecidos a él. A mi alrededor tenía punks (sin perro), jóvenes ravers y ravers veteranos, e incluso un tipo que bailaba con muletas, y todo iba bien hasta que a los 30 minutos de empezar un corte de energía se llevó por delante a Archimedes. Se reajustó el volumen a las proporciones de la audiencia y los monitores, y cuando todo volvió a comenzar se escucharon aplausos. Prueba de que Daedelus ya había conquistado antes a todo el mundo. Laurent Fintoni

Diamond Version + Atsuhiro Ito

¿Cuándo nos han decepcionado las gentes de Raster-Noton? Probablemente jamás, por eso repiten año sí año también en Sónar con shows, a menudo casi exclusivos, para sibaritas de la electrónica. Si lo del año pasado con Cyclo ya fue de toma pan y moja, la nueva reencarnación de Alva Noto y Byetone, fundadores del sello, como Diamond Version junto al artista japonés Atsuhiro Ito fue un espectáculo impactante en lo visual y lo sonoro. Pocos eran los afortunados que los habían visto hasta ahora, por lo que la propuesta era doblemente atractiva (quizá no habrá una segunda vez). Mientras los alemanes lanzaron ondas de un techno bien limado, de formas minimalistas, rudo, industrial y seco, el nipón se dedicó a profanar tímpanos a través del Optron, un tubo fluorescente modificado para utilizarlo como fuente sonora. El experimento fue del todo menos extravagante, pues el tubo funcionó como un instrumento al uso, hasta tal punto que el nipón lo manejó como si fuese una guitarra. Así, la simbiosis entre las dos fuentes sonoras fue total. Ito ofreció buenas dosis de ruido brutal, directo a la yugular, que junto a los atronadores subgraves de la dupla teutona sacudieron a los presentes con una virulencia tan fuerte como la del Terremoto de San Francisco de 1906. Los visuales, portentosos a la vez que sobrios, echaron el resto. AGM

DJ2D2 AV Show

La sesión audiovisual del DJ barcelonés parece una versión de larga duración de aquel maravilloso tema llamado “Rappcats” de Quasimoto: un trepidante homenaje a la historia del hip hop, al mismo tiempo didáctico y bailable, que sirvió esta noche como complemento a la lección magistral –llámenle chorreo, si quieren– que nos dieron The Roots. El formato visual no está constituido únicamente por el videoclip original, sino que 2D2 aporta sus propias imágenes: el vídeo de “Sound Of Da Police” de KRS-One contiene filmaciones de los Mossos aporreando manifestantes durante el 15-M. Alguien dijo que si hubiera rappers catalanes comprometidos, Felip Puig, el Conseller de Interior, sería nuestro Giuliani. Ahí queda. Y con ello una retahíla de hits: la remezcla de “Paid In Full” de Eric B & Rakim a cargo de Coldcut, que jamás escuché con un sonido tan perfecto –gracias a la acústica del Sonar Pub–, una relectura Moombathon del “Intergalactic” de Beastie Boys, el “Can I Kick It” de A Tribe Called Quest y algunas otras rolas no tan hip hop –Adele, Bob Marley, Specials– introducidas en la mezcla con impecable maestría. Un formato a consolidar. DR

DJ Harvey

Cuando Trevor Jackson está en primera fila para ver actuar a un DJ es que algo importante está a punto de suceder. Y es que nadie puede discutir el aura de leyenda que rodea a DJ Harvey. Del mismo modo, nadie puede poner en duda su dominio absoluto del hechizo colectivo. Parapetado detrás de un mixer Bozak, un ecualizador de 5 bandas, filtros “crossover” y unas gafas de sol que le daban un aire a Eugenio, el mítico DJ británico dio una lección de cómo llevar a un público a la catarsis danzante. Y eso que su sesión fue un tanto extraña. ¿Quién podía esperar que pinchara el remix de Holden del “The Sky Was Pink”? ¿Y que lo mezclara con el “Poney” de Vitalic? Probablemente en manos de cualquier otro DJ del festival esos tracks hubieran sonado a recurso ultra-manido pero, en ese preciso instante, parecieron los tracks que todo el mundo parecía querer oír. La magia del alquimista. A medida que avanzaba la sesión las cosas volvieron a su cauce a base de clásicos disco como el “Do You Want My Love” de Debbie Jacobs o el “Wardance” de Kebekelektrik. Un acento discoide que se mantuvo hasta el final y mantuvo al público en un estado de efusividad permanente, derroches de sudor y palmas incluidos. Para los connoisseurs probablemente no fue una sesión antológica, pero seguramente fue la más conveniente para el momento. El variopinto público del Sónar ya ha cogido mucha carrerilla un sábado por la tarde y treinta años desarrollando tu instinto en las cabinas son demasiados como para no saber leerlo a la perfección. Franc Sayol

DJ Spinn & DJ Rashad

Para cerrar el escenario RBMA, DJ Spinn & DJ Rashad nos transportaron durante una hora al gueto de Chicago, directamente hasta el centro de Barcelona, y nos lo pasamos bomba. A partir de la primera pieza, que nos instaba a “tomar nota”, me empecé a fijar en el entorno que me rodeaba –y sobre todo en las cuencas oculares del tipo detrás de mí, que parecía fuera de sí–, y sólo veía sonrisas, la comprobación de que las nuevas vibraciones y velocidades del juke se estaban disfrutando a fondo. Bienvenidos a Chi: fue alucinante ver cómo la gente respondía a la música que escupía el sound system con extraños movimientos corporales. Había quien abrazaba la velocidad y la energía y se integraba en la música; otros ponían la mirada extraviada, incapaces de seguir con sus pies el ritmo. Todos se lo pasaban bien. Y a medida que transcurría su hora, Spinn & Rashad empezaron a excavar himnos reconocibles alternados con nuevas producciones, increíblemente duras en su patrón 4x4, con las cajas sincopadas y los samples de voz cargados de humareda. Y aún así, nadie se perdía ni un compás: había ecos de hardcore europeo y gabber entre el material más duro que pincharon. La pareja indujo al público a un trance, y podría decir que me parecieron chamanes modernos, aunque sería mejor llamarles por su nombre: los tecnócratas del gueto. Esa es la mejor expresión paras describir lo que hacen: son los chamanes de las zonas suburbiales en 2012, los que disparan música joven, agresiva, desplazada a través de los canales del sistema, como otros antes que ellos hicieron años atrás. LF

Fatboy Slim

Fatboy Slim apareció en el SonarPub con un show en toda regla: más que un DJ, lo suyo parecía un circo, y más que la música lo importante era el momento, la comunión con ese sector del público que aguanta hasta el final con entereza, y que disfruta –¡eran las cuatro de la mañana!– el envoltorio que acompañaba al set del extrovertido y veterano DJ inglés. Nos vendió un directo, pero al final fue un set de DJ (o quizá un pre-grabado con todo el morro; con Norman Cook es mejor ser precavido), pero que dispuso todo lo necesario para arrasar como espectáculo: luces estroboscópicas, láseres, brazos homínidos al aire, una gran intro de presentación, música mainstream y entrega exagerada, incluso violenta, y una pantalla gigante con vídeos e imágenes que ayudaban a conformar una locura muy del estilo Fatboy Slim. El recorta y pega incluyó los mejores momentos de su discografía – “The Rockafeller Skank”, “Right Here, Right Now”, “Praise You”, “Bird Of Prey”– con pellizcos de hitazos de radiofórmula, clásicos e ingesta brutal de cerveza. Sergi Brunet

Hot Chip

Estos londinenses son la hostia. Podemos entrar en debates inútiles sobre cuál es su mejor disco o si In Our Heads innova o no, pero lo que está claro es que cuando Hot Chip se suben al escenario se empeñan en que absolutamente nadie salga decepcionado. De las muchas veces que los he podido ver, ­nunca han ofrecido un espectáculo que bajase del notable, y alguno lo catalogaría de histórico. Anoche cambiaron ligeramente el guión. En lugar de ofrecer un set con alguna baladita, salieron a piñón (hasta desprendieron a “Boy From School” de su halo cándido e inocente y la convirtieron en una apisonadora verbenera). Así, convirtieron a sus canciones en Walter PPK apuntadas hacia la sien del público incitándole a bailar hasta que le saliese callos en los pies. Sonó lo que tenía que sonar, lo mejor de ayer ( “Over And Over”, “I Feel Better”, “Ready For The Floor”) y de hoy ( “Flutes”, “Night And Day”) y hasta se sacaron de la manga una respetuosa versión de “Everywhere” de Fleetwood Mac. Además, su actitud sobre las tablas fue la de siempre: carisma infinito con un Alexis Taylor que parecía un cruce entre Super Mario y un mecánico de Fórmula 1 y un teclista con un repertorio de bailes desenfadados que contagió muchísimo buen rollo al personal. AGM

John Talabot

Segunda prueba de fuego para John Talabot en el terreno del directo y, de nuevo, superado con nota altísima. Esta vez tocaba adaptarse a un escenario más pequeño, recogido, oscuro y lleno hasta la bandera. Pero no hay ningún obstáculo que nuestro MVP particular no pueda sortear. Riverola y su compañero de sello Pional se repartieron las tareas vocales y de percusión del mismo modo que ocurrió en su reciente pase por el San Miguel Primavera Sound. El set fue el mismo, pero los visuales ganaron presencia y empaque, al situarlos en una pantalla justo detrás del dúo. Poco a poco, y nunca mejor dicho, fueron desgranando las mejores canciones de su estreno en largo, ƒ in”, un sensual house de beat lento. Dotaron a la voz de mucho más protagonismo que en el disco, especialmente en ese comunal cierre que fue “Destiny” –móviles bien en alto– y en los gritos asilvestrados, casi desesperados, de la enigmática “Oro Y Sangre”. Puede sonar atrevido, pero los centenares de personas que se congregaron en el SónarHall –muchos se quedaron fuera– fueron testigos de la consolidación de uno de los mejores talentos patrios electrónicos que ha dado este país en muchos años. AGM

Kode9

Sir Steve Goodman, el rey Midas del hardcore continuum, a los platos. Eso es sinónimo de expectación. Hasta Flying Lotus se ha acercado al escenario para ver la actuación del capo de Hyperdub. Y es que cualquier persona que quiera llegar a ser alguien dentro de una cabina debería tomar buena nota de las maneras de Kode9. Para él no existen las barreras estilísticas, y encima le sobra set para demostrarlo. Sólo con las cuatro primeras canciones, en las que ha empalmado UK garage, UK funky, grime y hip-hop, ya tenía al público totalmente desbocado. Goodman no se ha quedado en estos cuatro estilos, todo lo contrario. Ha explorado las fronteras de la música de baile moderna, sacando a paseo tanto a nuevos valores como Ill Blu, himnos neonatos como el “Woo Riddim” de S-X o auténticas glorias como Africa Hi-Tech. Para acabar a 160 bpms con footwork y jungle. Por el bien de la humanidad, alguien debería haber grabado y colgado este set en internet porque ha sido una clase magistral de electrónica bailable. Mónica Franco

Lana del Rey

La expectación en el masificado SonarPub hablaba por sí sola. Horas antes de su debut en España tuve la oportunidad de hablar con ella y me confesó que estaba realmente acojonada ante esta actuación (en breve podrán leer la conversación completa). Tenía motivos de sobras para ello. Este era su primer show en un festival, ese territorio en el que se dejan ver tanto los fans como aquellos más reacios al fenómeno que ha puesto patas arriba el pop de corte más melodramático. Ante este panorama sólo podían ocurrir dos cosas: o bien emulaba la desgracia acontecida durante su performance en Saturday Night Live o se venía con todo. No había espacio para las medianías. No obstante, gracias a los astros, al final ocurrió esto último. Cautivó con su naturalidad (repartiendo besos entre las primeras filas emuló el poderío de las folclóricas, cual Isabel Pantoja), con su saber estar en el escenario y el atino de su voz. Nada chirrío y se creció como nadie. Acompañada de un cuarteto de cuerda, un pianista y un guitarra, temas como “Blue Jeans”, “Born To Die” o “Million Dollar Man” sonaron desnudas, sin ningún atrezzo de beat, manteniendo la sustancia jazzística con la que fueron pensadas. Más allá de presentarnos dos piezas inéditas (cogimos al vuelo el título de “Body Electric”), lo más destacable fue cómo bordó “Video Games” y consiguió que todo el mundo, sobreponiéndose a los pelos como escarpias (y los lloros de los talibanes más sensibleros en las primeras filas), ejerciéramos como coristas de esta noche de excepción. Lana del Rey nos enamoró y dejó claro que puede cantar jodidamente bien. Revelación total no, lo siguiente. Nos ha ganado de mala manera y la esperamos con impaciencia en breve. Más allá del personaje hay demasiado talento, por mucho que a algunos les pese. Sergio del Amo

Mary Anne Hobbs b2b Blawan

Mary Anne Jobs con su chaqueta de lentejuelas enfrentándose a Blawan con sus bíceps tatuados. Una sesión de techno estricto con escasos destellos bass, cosa que esperábamos en él pero que no nos imaginábamos de ella. Podemos decir que la DJ británica estaba jugando en campo ajeno, mientras que Blawan estuvo muy a gusto, incluso para experimentar con bases y ponerles a cappellas de R&B o de spoken word. La sesión fue subiendo de intensidad cuando él se puso al mando y lo que se escuchó entonces fue hard techno hasta que al final acabó en una bacanal de frecuencias entre drónica e industrial que fue para quitarse el sombrero. DR

Peaking Lights

Tremenda cola para acceder al SonarComplex minutos antes de que Peaking Lights iniciasen su concierto. Nada nuevo en las citas más tardías de las jornadas diurnas del festival, pero señal inequívoca de que la propuesta del dueto norteamericano se ha erigido en uno de los grow ups de los dos últimos años. En directo conservan el encanto lo-fi que transmiten sus discos, ese sonido casero y algo polvoriento, pero en ningún momento renuncian a la seriedad y fiabilidad de su propuesta, que mantiene ese embrujo de dub-pop evanescente y melodías envolventes que les ha convertido en un secreto a voces del underground electrónico estadounidense. Indra Dunis y Aaron Coyes se valen ellos solos para recrear con mucha fidelidad el universo onírico y litúrgico que consiguen en el estudio, y el marco del Complex ayudó a cimentar y fortalecer el sentido de la atmósfera y la melancolía confortable que guía sus composiciones. Fueron de menos a más y, lo más importante, consiguieron que no echáramos de menos nuestra cama y nuestros auriculares, hábitat natural para disfrutar de su música. David Broc

The Roots

La noticia que no es noticia: The Roots son demasiado buenos, el gran quebradero de cabeza de cualquier grupo o artista que comparta escenario con ellos en un festival. Te crujen vivo. Y tan cierto es que los medleys de versiones que incluyen en todos sus shows –ayer con “Sweet Child O’ Mine” a la cabeza– tienen un punto kitsch de orquesta de fiesta mayor como que es fácil perdonárselo por todo lo que ha venido antes y lo que llega después. Y ahí sí hubo noticia: el grupo de Filadelfia no cedió ni un solo minuto de su show para revisar “Undun”, ya no sólo uno de sus tres mejores álbumes sino la principal noticia por la que la banda está de gira por Europa estos días. Desconozco si esta marginación se debe a razones de contexto –su repertorio, atiborrado de clásicos antiguos, fue especialmente ‘festivalero’– o a razones artísticas –dado su carácter conceptual y narrativo, si no lo interpretas íntegro quizás pierde sentido y personalidad–, pero más allá del ligero chasco de no catar en directo esta obra maestra las sensaciones con el concierto no pudieron ser mejores. Sobre todo en los primeros cuarenta minutos: arranque a cuchillo con homenaje a Beastie Boys –versión sui generis de “Paul Revere”– y retahíla de hits entre los que incluyeron “Proceed” y “Mellow My Man”, sentidos recordatorios de sus inicios. La banda, impecable y rejuvenecida mental y musicalmente: agradezcamos al señor Fallon esta versión mejorada, más rodada y engrasada, de unos The Roots en estado de gracia que han crecido de la única manera posible, ni más ni menos que tocando y ensayando más. Para el final, la traca: “The Seed 2.0” y su particular versión del “Men At Work” de Kool G Rap. A modo de guiño, y cuando el grupo ya enfilaba rumbo a los camerinos, los bafles empezaron a escupir “The Other Side”, uno de los momentos cumbre de “Undun”. Actitud. DB

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