Listas

Los mejores conciertos del FIB 2012

Cuatro días en el recinto del FIB dan para mucho, y después de superar la prueba un año más, hacemos balance con una selección ordenada de los mejores directos

Concluida la edición 2012 del FIB, es hora de hacer balance: aquí van, en estricto orden alfabético, los diez conciertos que más nos han gratificado, comenzando por la A de At The Drive-In y acabando en la Z de Zola Jesus.

El FIB es, posiblemente, el festival más duro del calendario: cuatro días al sol, horas y horas interminables de conciertos de primeras figuras de la escena internacional. También es el festival que, además de sol, tiene playa al lado, lo que ayuda a que la maratón de música se haga más fácil de sobrellevar. Sin embargo, no hablaremos de playa aquí. Sí de conciertos. Aquí van los diez que, de este FIB 2012, más nos han complacido (en estricto orden alfabético).

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1. At The Drive-In

De todas las confirmaciones de este Benicàssim, la de At The Drive-In fue, de largo, la más inesperada e impactante. Apenas unas pocas fechas tenían programadas los de El Paso en esta gira de reunión “por la pasta”, por lo que estar en el FIB se antojaba imprescindible. Y lo cierto es que aunque ha pasado más de una década desde que se separasen, siguen rindiendo a un nivel muy alto. Cedric transmitió toda la rabia de las canciones, muchas de ellas clásicos básicos del post-hardcore, con momentos de incontrolada insolencia (sobró que escupiera, golpeara las cámaras y tirase agua a los fotógrafos) y otros algo desconcertantes como cuando alternaba sus rugidos con sorbitos a una taza de café con un Cristo hortera estampado. Tampoco se cortó Jim Ward a los coros. Calcaron el setlist de Coachella, tanto en orden como en selección. Es decir, cayeron todos los pepinazos del esencial “Relationship Of Command”, pero también se acordaron del “In/Casino/Out” y de “Vaya”. Concierto a piñón fijo que acabó, como no podía ser de otra manera con “One Armed Scissor”, que desató salvajes pogos en las primeras filas. Una pena que se olvidasen de la intro de Iggy Pop de “Enfilade”. This station is now operational, ¿pero hasta cuándo?

2. Django Django

Seamos honestos, la gente lo que quería a las doce de la noche era bailar y ver a cuatro veinteañeros en bermudas que se lo permitiese. Y para eso estaban Django Django. A medio Bob Dylan llegaban ecos de que el escenario de Little Dragon estaba petado, pero no llegamos a imaginar que habría tanta gente para ver a los escoceses, que coincidían con el final del concierto del cantautor de Minnesota. Pero se entendió, en parte, cuando preguntaron al público qué les había parecido y respondieron con abucheos. Repasaron casi todo su debut homónimo, a ratos recordaron a unos Animal Collective más orgánicos y accesibles y en ningún rato pisaron el freno. Si el éxito de una canción se tuviese que calibrar a partir de los saltos y los gritos de las personas, “Default” sería la mejor del año. Otros puntos álgidos fueron el desmadre de “WOR”, el final ultrasintético de “Waveforms”, el ramalazo schaffel de “Firewater” y los diversos instrumentos de percusión que emplearon (pandereta gigante incluida). No trajeron consigo persianas venecianas ni se disfrazaron estrambóticamente como acostumbran, pero ni falta que les hizo.

3. Kurt Vile

Es difícil decir de dónde vienen las numerosas influencias de Kurt Vile. El ex The War On Drugs picotea de entre lo mejor que ha dado el rock. Por ejemplo, en “Freeway”, de su debut como solista, recordó a lo que imaginamos que era Bob Dylan hace unas cuatro décadas. “On Tour”, por su parte, fue un precioso homenaje a Fleetwood Mac (es alucinante como cada vez más grupos se acuerdan de los recién reformados londinenses). Demostró ser un excelente guitarrista en “Jesus Fever”, donde desplegó un brutal riff para despedir la canción. Los cortes de “Smoke Ring For My Halo” se crecieron y demostraron en el terreno del directo que el disco es de lo mejor de la cosecha de 2011. Especialmente brillante fue el tramo en el que enlazaron la versión de Bruce Springsteen de “Downbound Train” con “Hunchback”, con buenos momentos de feedback. Y, como marcan los tiempos, no faltó el momento saxo en “Freak Train”.

4. Miles Kane

Se sabe que cuando los ingleses quieren, clase les sobra. Y Miles Kane es uno de ellos. Ya lo avisaron quienes les vieron a principios de año abriendo para Arctic Monkeys, los reyes de la función fueron ellos. Y lo que ocurrió en Benicàssim no fue más que una confirmación de dichas afirmaciones. Sorprendentemente –por la hora– el británico logró llenar hasta la bandera un Maravillas que aún se estaba asando. Pero poco importó con números rockeros como “Better Left Invisible” e irresistibles bombones bailables como “Quicksand”. Vestidos con una elegancia acorde a ese rock clásico que practican, y que mucho debe a Scott Walker, fueron cayendo casi todos los temas de “Colour Of The Trap” (con una traca final de infarto: “Inhaler” y “Come Closer”) más dos covers muy distintos, “Looking Out My Window” de Tom Jones y “Responsible” de Jacques Dutronc. Sorprendió que tuviesen tantas tablas sobre el escenario porque el proyecto como solista apenas lleva dos años en activo y su pasado en la anodina banda The Rascals no hacía presagiar un presente tan brillante.

5. Pony Bravo

El primer contacto con los talentos nacionales no podría haber ido mejor. Pony Bravo demostraron que no se les quedó grande el Maravillas con un cancionero sorprendente por lo ecléctico, que mezclaba influencias que iban desde ESG hasta The Clash pasando por The Doors o Manolo Caracol. Efectivamente, sonó esa versión que rebautizaron como “Ninja De Fuego”. Los sevillanos caldearon con lentos ritmos dub herederos de Lee Perry en “El Guarda Forestal” e hicieron tocar el cielo (aunque lo más apropiado sería decir infierno) en “Noche De Setas”, ese fogonazo psicodélico que bien podría haber formado parte de la banda sonora de “Abierto Hasta El Amanecer”.

6. The Antlers

No conocemos muy bien la decisión de que The Antlers no tocaran ayer tarde ningún tema de ese precioso pero devastador “Hospice”. Quizá piensan que ya está bien con una patada en los huevos como aquella. Su nuevo disco, “Burst Apart”, editado el año pasado, siguió la senda de su predecesor, sonaba a lo mismo sin ser lo mismo. Había más lugar para la luz, las canciones respiraban más en lugar de oprimirte, y eso fue lo que se sintió en su concierto. Una especie de liberación, pero sin concesiones a la euforia, con contención, con un humor sereno de irresistible belleza. “No Widows” sobrecogió, con esa pausa entre el slowcore y el shoegaze más silencioso de bandas como Slowdive. Peter Silberman además ofreció grandes momentos vocales con un falsete capaz de emocionar sin caer en el arrebato gratuito. Dibujaron atmósferas sugerentes en “Rolled Together” y acuáticas en la reciente “Drift Dive”. Por su parte ,“Parentheses”, sostenida por una potente sección rítmica, recordó a lo que se hacía en Bristol hace veinte años, y “Putting The Dog To Sleep” fue el momento más oscuro, más cercano a esos terrenos lóbregos que transitaron en “Hospice”, con unas guitarras ondulantes que alargaron el tema hasta casi los diez minutos.

7. The Horrors

Con el tiempo parece que The Horrors han encontrado su sitio. Había quien podía pensar que “Primary Colours” era sólo responsabilidad de Geoff Barrow, que ellos sólo ponían sus figuritas. Pero para despejar todas las dudas sobre su indudable talento, produjeron ellos mismos su tercer largo, “Skying”. En él encontraron un buen equilibrio entre el noise-rock y el krautrock que ya sonó en su predecesor y las nuevas inclusiones, épica rock de estadio y baggy beats Madchester (hasta la nueva camiseta que se podía comprar en el stand de merchandising recordaba a muchas bandas del género). Sin embargo, en los dos ocasiones que tuve de verles el año pasado la maquinaría no estaba del todo engrasada, les faltaba pegada y no acababan de despegar hasta bien entrado el concierto. Anoche nada de eso ocurrió, pese a que el setlist fue bastante similar. Con un sonido impecable y alternando entre lo bueno y mejor de estos dos discos (ignoraron, cómo no, del debut), cada uno de ellos interpretó su rol con solvencia, con poco desmelene pero mucho aplomo. Hay quien pueda reprocharles que fuesen con el piloto automático (apenas se saltaron el guión con un eléctrico y apoteósico tramo central de la ya de por sí colosal “Sea Within A Sea”), pero si de lo que se trata es de sonar bien y transmitir energía al personal, cumplieron de sobra.

8. The Stone Roses

A juzgar por los vídeos de sus conciertos en el Heaton Park de Manchester y el anterior paso de Ian Brown como solista en el FIB 2010, había bastante temor de que el concierto de The Stone Roses fuese un poco fiasco debido al paupérrimo hilo vocal con el que a veces nos tortura king monkey. Aunque lo de ayer fue meteórico. De acuerdo que el tipo no tenga la mejor voz de la historia, pero anoche no se le pudo exigir más. Estuvo pletórico, tan macarra como siempre, con esa actitud de chunguillo de barrio, escupiendo al escenario y besándose el brazo. Esta vez, por lo menos, no iba en chándal, pero como es habitual el look de la banda dejó bastante que desear, exceptuando un elegante John Squire, y con especial hincapié al gorro/mocho de Reni. Sonó todo lo que tenía que sonar, pero con una segunda mitad celestial. Squire estuvo colosal a la guitarra en “Fool’s Gold”, en la que abrumó con su pericia a la guitarra y regaló ondas de reverb inesperadas. Fue una vuelta a los tiempos de The Haçienda en toda regla. Cayó “Waterfall” y esa suerte de versión al revés que es “Don’t Stop”. La última media hora fue el summum, con “Love Spreads”, “Made Of Stone”, “This Is The One”, “She Bangs The Drums” y “I Am The Resurrection”, así del tirón y sin concesiones. Es decir, respecto a los conciertos de Barcelona, dos canciones y 15 minutos más y un sonido a la altura de lo que se puede decir, sin exagerar, un momento para la historia.

9. Totally Enormous Extinct Dinosaurs

Lo de Totally Enormous Extinct Dinosaurs es la hostia. Ya le puede dar al house, al pop electrónico cantadito, al 2step, a la batucada o soltar bombos guarros, que sale como un campeón. Su actuación fue arrolladora, tanto que quizá hubiese estado mejor como fin de fiesta. Pero, en realidad, su propuesta, de tan festiva que es, encaja a la perfección en cualquier horario. Sólo hace falta que tras la valla haya un público entregado, cosa que sucedió anoche. A sabiendas de que los directos de laptop y maquinitas a veces son un soberano coñazo, Orlando le puso color, literalmente, al asunto. Con su habitual atuendo estrambótico, cañón de confetis para volver loca a la muchachada y dos bailarinas con disfraces horteras, booty shakes y coreografías que mucha gente intentó seguir con poco éxito, puso Benicàssim del revés. Hay que ver lo tontos que nos ponemos con un buen bombito ( “Garden”) o cómo sacamos a ese salvaje que llevamos dentro al escuchar cortes apabullantes como “Household Goods”, que de primeras podría pasar por ser un single de Ed Banger o similares, pero en realidad suena rabiosamente actual. Cantó y jugó como una mala puta con la entrada del bombo en esa “Your Love” que respira sexo por los cuatro costados y que sonó muy acertada en ese contexto. El triunfador absoluto.

10. Zola Jesus

Empezar el festival con Zola Jesus se antojaba casi inmejorable. La americana se amoldó perfectamente a las difíciles circunstancias (ya saben, su música no casa demasiado con la luz del sol) y hasta le echó humor al asunto con un “buenos días”. La puesta en escena cambió radicalmente respecto a su anterior paso por la Península, en el marco del Primavera Club. En lugar de llevar prácticamente todo pregrabado, se trajo consigo una banda de apoyo con batería, teclado y violín, dispuesta en tres tarimas. Ella empezó algo modosita para lo que acostumbra, sin esos movimientos poseídos de antaño, pero en medio de su actual sencillo, “Seekir”, se marcó descalza un baño de masas que ya querría la Pantoja y que volvió locos a los guardias de seguridad. Su chorro de voz resultó imponente en cortes como “Lick The Palm Of The Burning Hands”, uno de los numerosos temas que sonó de su excelente “Conatus”. También escogió los cortes más reposados de “Stridulum II” y hechizó con “Trust Me”, en la que demostró que cuando aparca la épica también puede poner los pelos como escarpias. Corto pero intenso.

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